martes, agosto 28

Sufijos

Es constante y lasciva mi burla cuando alguien muestra una ligera falta de educación y se le escapa un "es": dijistes, entedistes, etcétera. No puedo evitarlo, es divertido y mórbido disfrutar de la vergüenza ajena.
Lo triste es que, de vez en cuando, esos feos "es" vienen dados por tu sangre, esa que creías pura, mezcla teutona con aragonés para mejorar la raza. Confieso, mi padre es un naco cuando está borracho. Y no es que no todos lo seamos, pero él lo es más, con unos cuantos tragos encima pierde el glamour y el porte español -aunque prefiero el alemán, es más nice- y comienzan los dijistes, entendistes, enviastes y todos los es que hacen que te de pena ajena. "Y eso es mi sangre", me repito con arrepentimiento de mis pasadas e incisivas burlas.
Me di a la tarea de cambiar mi pensamiento, investigué a profundidad, escarbé en las bibliotecas, recorrí los pasillos de la Real Academia de la Lengua española, me entrevisté con García Marquéz y discutí en diversos cafés con lingüistas de hueso colorado. Obtuve una respuesta al final: el sufijo 's' no es malo: ¡es una deformación del español antiguo, de la tierra de Castilla, de mis antepasados!
Sucede que al conjugar en segunda persona del plural: vosotros o del singular: tu, algún verbo en pasado se termina en eis. Me edsplico (otra deformación de la que me burlo, típica de los altos cerros y ranchos de iletrados -no porque yo sea culto- o huevones):

tu escribísteis - tu escribistes
tu dijísteis - tu dijistes
...sucesivamente al infinito
En fin, después de esta justificación sin valor informativo ni veraz, me seguiré burlando de las conjugaciones pretéritas de lo que he denominado: español para incultos, ignorantes y mi padre, cuando se le pasan las copas.

martes, agosto 21

Cuerpo irreverente

Sufro. Cada mes o mes y medio, de la misma pena. No sé por qué cuando mi cuerpo se acostumbra a un desodorante deja de funcionarme. Hoy me apesto el sope en la oficina. Me dio muchísima pena. Por qué hoy, mi cuerpo hizo acto de irreverencia, haciendo que mi viril olor inundara mi cubículo cada vez que alzaba el brazo.
Necesito cambiar de desodorante.

miércoles, agosto 15

Ahh.... dormir

Bosques de las Lomas es bonito y glamoroso. De hecho es sexy. La zona residencial mezclada con los grandes corporativos da un toque de soberbia, poder y mucho mucho dinero.
La gran mayoría de los que trabajamos en la zona vivimos en el sur o muy en el norte de la ciudad, por lo que llegar a tiempo a la oficina implica un sacrificio desmañanador, esto es, levatarse tres horas antes para que el tráfico no obstruya nuestra llegada. Ni nuestro sueldo.
Sin embargo, lo atractivo de Bosques de Duraznos (específicamente hablando) se pierde todos los días entre las siete y las nueve de la mañana. Una hermosa colección de todos los tipos de coches estacionados en las aceras; desde la moto de repartido hasta el BMW del director de algún corporativo. Hasta ahí todo bien. Lo malo es cuando uno se da cuenta de al interior de los coches hay ciertas masas corpóreas recostadas en los asientos, dormidas, soñando con un mejor sueldo, un trabajo más cercano y con una rara sensación de extrañeza en su ser: dormir en el reclinable asiento del coche no es lo mismo que en la extensíón de la cama, con sus sábanas, almohadas y comfort. Pero al final es rico, es bueno.
Dormir es agradable aunque arruine las mañanas de Bosques de Duraznos.

lunes, agosto 13

Más absurdos laborales

Es irónico el mundo laboral. Cuando uno empieza a trabajar gana una madre de sueldo y hace muchas cosas, de hecho la talacha es cosa de los recién contratados asistentes, se quedan horas extras -sin goce de sueldo- para mostrar su compromiso con el empleador y con la mira puesta en el ascenso al año cuando mucho. Por su parte el jefe sale temprano más seguido que el subordinado, va a comidas, eventos, firmas, negociaciones y demás cosas digas de su posición en la cadena alimenticia.
Alguien me puede explicar por qué el que más trabaja es el que menos dinero gana y el que más gana no trabaja tanto.

Cabilación sobre entrar a trabajar

De qué me sirve entrar a trabajar a las 9 de la mañana si tengo que levantarme a las seis para que el tránsito no me haga llegar tarde.

domingo, agosto 12

martes, agosto 7

Maternidad moderna... o de las pubertas irresponsables

No cabe duda que en el pasado las mujeres sí, se casaban jóvenes, pero al momento de tener un hijo, no era nomás porque no tenían nada más que hacer. Incluso, recordando un poco mi pasado, sucedió que cuando mi tía abuela descubrió que mi madre estaba embarazada a los 31, casi arde Troya. Claro, el problema ahí era la soltería de mi madre y mi falta de padre... el punto es que la maternidad no fue vista como un antojo: "ay chin, ya quedé embarazada".

La sangre de mi casa está maldecida (y mal dicha): casi todas las mujeres en la misma línea metieron la pata a los 18. Mi abuela con un cabrón que la dejó. Ella, su primogénita, lo mismo, a los 18 con panza y todo. La hija de mi abuela -sí, mi tía- también a los 18 dando a luz a una mujer extraña que más bien se parece a Mel Patiño. Esta, mi prima, la que parece Patiño, a los 18 tuvo a Viviana, mi sobrina que es casi cuatro años más grande que yo, quien a su vez cuando yo tenía 14 dio a luz a si primer hijito. El punto no es está maldición que se cierne sobre las féminas Flores-Heymann sino que al menos ellas se hicieron responsables de sus hijos. Trabajaron, se partieron el lomo, llevaron la comida a casa y se enfrentaron al rechazo social por su circunstancia de calientes...

Creo que lo inn es tener hijos. Las chicas de jet se embarazan tiro por viaje. La modernidad decía que había que poblar el mundo y la posmodernidad parece decir que está de acuerdo y aumenta una cláusula: la adopción aplica para todo aquel ser humano adinerado que no quiera echar a perder su cuerpo cargando un hijo. Y anexa: camboyanos, vietnamitas, y africanos en general, de oferta.

Quién les dijo a las futuras madres que ya podían serlo. A duras penas llegaron a la adultez, se llaman maduras porque sostienen relaciones cimentadas en los dólares que ambos ganan y el fondo de retiro que tienen pensado para cuando cumplan 26. Las vemos saliendo de la clínica de rehab, decididas a ser mamás... ¿qué, qué quééééééééé? A ver, escuinclas entiendan: lo bebés no son mascotas. ¿Eh?

Esa es la maternidad moderna, mucho verde -en todos los sentidos- poca madurez. Bienvenidos a la época del antojo: "ay sí... ahora quiero ser mamá".

Yo, Bernardo, también.

sábado, agosto 4

Posibilidades de posteo

A una semana de no haber escrito gran cosa, iba acumulando ideas cada día sobre posibles temas de posteo. Todos tan comunes y llanos como complejos e inocuos.

"Manjares baratos" se llamaría el primer tema. Quizá. No importa. Después de creerme un socialité, de comer en los restaurantes más exclusivos, pensé que había conocido y probado todo. Pero no, me equivoqué, no hay como regresar a las raíces para saber lo que en verdad es bueno, como pasa en Ratatouille; Ego descubre la alegría del comer en un plato por demás campirano, nada elevado. La fonda La Fogata fue mi inspiración. Cuando era niño comía ahí al menos tres veces a la semana, mi mamá no tenía tiempo de cocinar entonces la "cocina económica" me alimentaba. En fin, describo la experiecia: la sopa de verdura estaba muy rica, sabía a comida casera; el arroz a la mexicana me encantó y el huevo bañado en aceite -literal- fue el detalle soberbio del segundo plato. Al final, un chile relleno de queso con frijoles. ¡Qué cosa! Es de los platos más ricos que he probado en mi vida y, todo, bien servido. No podría decir que fue suculento, que el chef de los cielos aterrizó en la fondita ni que Thierry Boulet poseyó a la "señora" dueña de la fonda, simplemente es sabroso. Muy sabroso. Es el mejor termino, con sabor a casa, mezclado con pueblo. Y comer en fondas tiene otros beneficios: mis tres tiempos acompañados de agua de tuna natural y gelatina como postre por la módica cantidad de $32 (sí, treinta y dos pesos 00/100MN) aunado al don de socializar con gente de varios estratos. En la misma mesa, el despachador de la gasolineria de calle 5, el fresa de mí, un oficinista y una señora yas mayor: como si fueramos familia, pasándonos las tortillas, sirviéndonos agua, cruzando miradas para afirmar en silencio: sí, estoy comiendo solo, pero no tan solo.

A otro tema. En las mañanas escucho la radio en el coche. En la pubertad escuchaba Alfa Radio, era muy fresa pero era lo que me gustaba, de ahí me entró, a los 19, mi etapa retro que duró hasta los 22 más o menos. Hace poco me inicié en el pop, rock pop, pop rock, rock y... bueno, lo que sea que pasen en las estaciones fresas de música en español. En Alfa, cuando lo escuchaba, el programa matutino era divertido: el locutor ponía juegos y se aprovechaba del desmañane de los escuchas para hacerles bromas estúpidas, nunca participé. Hace seis meses me aficioné demasiado a "Ya párate" de los 40, disfruto de las estupideces de los locutores, pero ya no tanto, hay ocasiones en las que Facundo me irrita y le cambió y así fue como regresé a escuchar a Toño Esquinca y la muchedumbre. Antes era divertido: la canción feliz, los muchos buenos deseos, la frase del día, incluso -aunque para mi era un abuso- las frases inspiradoras del día, etcétera. Era bueno. Ahora ya no. Toño Esquinca se convirtió en el nuevo Mariano Osorio, el nuevo "comunicador". Y que hueva. Mi cuñado dice estupicedes -¿qué no es común?- en La Papaya y los huevos de Sofía Sánchez son lo mismo desde hace como cuatro años. Por si fuera poco, la franja matutina ya se extendío de las 6 AM a la 1PM. Por eso, ahora escucho noticias. Será que ya soy adulto. O los locutores unos idiotas. Ninguna me convence.

Otros temas de relevancia semanal: la cerveza alemana y su venta en México; los tacos del Villamelón son una gran cosa; odio el DF; me purga la ciudad, maten a los microbuseros, que se extingan los taxistas, manden a los nacos al espacio.

Seamos felices, no nos queda de otra (según Toño Esquinca, aprendiz de Mariano, el verdadero comunicador)

Definicion A

Amor es una palabra, un sonido. Su asociación con un sentimiento particular es arbitraria, imposible de medir, y del todo carente de sentido.
H. Laurie, Una noche de perros. Planeta. Madrid, 2007