lunes, febrero 25

Consideraciones

Factores a considerar antes de casarse y de mayor relevancia que los acuerdos económicos prematrimoniales según mi entendimiento de la divina unión entre un hombre y una mujer bajo el sacramento único de querer estar juntos. Nota a la introducción: La iglesia queda omitida porque sus creencias van en contra de mi religión.


1. Saber cómo coge la pareja es sumamente necesario. Eso de esperar hasta el matrimonio es un albur. Y una estupidez. Quizá se es corto, y de experiencia también. O tal vez es aburrido y tímido. Lo que sea, puede resultar en un divorcio, o mejor aún, en la infidelidad. 
La actualidad no acepta esos errores. Las instituciones religiosas sí.

2. Si ronca o no, si se mueve, patea o tiene el síndrome del acechador sonámbulo es preciso saber antes de decir "sí, acepto". Al final, podrían terminar durmiendo en cuarto separados. O con un intento de homicidio frustrado después de haber probado todos los remedios alópatas, homeópatas y de la abuelita.

3. Cuando uno está enamorado los gases pútridos huelen como a rosas pero después de un tiempo se cae en cuenta de la realidad: se trata de un ser humano más con flatulencias que disgustan y manías poco ortodoxas al momento de ir al trono.

La unión libre es lo de hoy. 
Pero aunque se parece al matrimonio, tiene menos compromisos escritos, más leales y mejores posibilidades de entendimiento, empezando porque se evita el "hasta que la muerte los separe". Que Dios no sabía que los humanos nos equivocamos. Por eso, pa' que nos limitamos.


lunes, febrero 18

Antropología urbana

Los hombres no siempre vemos el futbol, de hecho, yo no lo veo. Seré la excepción pero me queda más que claro que no es lo único que hacemos.
Nos juntamos con los amigos, platicamos, vamos a bares a confesarnos y a veces, la noche te lleva a un table. No puedo decir que soy asiduo, pero ahí he estado en varias ocasiones -mea culpa.
No me daré golpes de pecho, han sido visitas interesantes: en una ocasión sirvió como centro de investigación para conocer la trágica y millonaria vida de las bailarinas exóticas. La verdad es que muchas trabajan ahí no porque su vida sea un drama griego sino porque es dinero fácil y tiene cierto dote de adrenalina, morbo y sensualidad. Más morbo, creo. Y ninfomanía.
Nunca he trabajado en uno. Y no quiero. Pero es cierto que un table es un centro de investigación y observación antropológica: en síntesis se trata de hombres -quesque homosapiens aunque pienso más bien en cromangones- de todos los estratos babeando por una mujer plastificada o quizá natural.
Se observan mujeres vacías seduciendo billetes y una que otra alma perdida asimilando la realidad. Es triste. Es divertido. Es una variación del oficio más antiguo de la historia.

Después de más de un año de no pararme en uno accedí a ir embriagado por el desmadre, la fiesta y por qué no, empaparme de sabiduría popular. Fue una pésima experiencia y no por el vaivén de las carnes que danzaban en el tubo, la cerveza tampoco fue un problema y ni mucho menos la compañía. Las pantallas proyectaban películas para adultos sumamente explícitas. No me espantó. La música de fondo, la sexualidad a flor de piel, las feromonas contaminando el aire y un exceso de testosterona en el cuarto. Hasta ese momento, todo seguía bien. Pero lo que siguió jamás lo esperé: "en un momento más, sexo en vivo en la pista principal". Esa frase me dio miedo. Mucho.

Se trata de un estudio de campo, me dije.
Ajá, -maldito morbo- reafirmé.

Una señorita de muy mal ver y cascos ligeros -o ausencia de los mismos- se posó en la tarima, un hombre la acompañó, ambos se desnudaron, ella lo intentó seducir, el hombre no tuvo reacción física alguna, lloró y se bajó del escenario.
"No que muy macho", le gritó la plebe deseosa de suciedad.
Sube el segundo 'macho alfa' y está temblando. Ahora la prostituta hace más por enceder la mecha, se arrodilla frente a él y lo demás ya lo saben. Comienza un acto sexual en vivo. Es asqueroso. La gente no habla, no mira al centro. Él termina, ella se va y ambos se bajan de la tarima.

Terminé mi cerveza y me fui. Quedé en shock.
So much for anthropological studies

martes, febrero 12

una historia como cualquier otra

La vida es una mierda -lo es, creanlo,
pero cómo vale la pena vivirla.
-yo-

Esta no es una historia de una niña atractiva, de ojos claros y un perfecto cuerpo que estudió una carrera profesional en una universidad de paga, es más bien de una mujer que nació con nada a lo que aferrarse y todo para vivir. Su cuna no vaticinaba miles de dólares, si acaso, en el futuro, unos pocos miles de pesos.
Sus rasgos no son finos, son más bien deformes pero ocasionan una curiosa sonrisa en quien la mira. Es probable que ese sea su único rasgo de lindura.
Tampoco incluye a un príncipe azul con un buen cuerpo, de hecho es panzón, la barba no le cierra bien pero se esfuerza para dejársela. Tiene un trabajo común y sus aspiraciones en la vida ascienden únicamente a llegar al fin de semana, sobrevivir esta quincena y ver qué hay en la tele.
Dan hueva. Lo sé.
No diré que son grotescos, sólo son feos y talvez ni eso, son comunes, no tienen nada de imponente ni impactante. Sus ingresos son superiores al salario mínimo, pero tampoco son exhuberantes. Si acaso se podría decir que son clase media muy baja. Iguales a todos. Igual a tí, a mí.
Resultan invisibles para los ojos que los miran. El desdén es lo cotidiano, la ignorancia su religión y el noticiero de las 10:30 su ventana a la realidad.
¿Y por qué escribir de ellos?
No son protagonistas de nada, a duras penas se dan cuenta de que viven cuando esbozan una ligera mueca que los saca de la cotidianeidad. Caminan porque deben, respiran porque... porque no les queda de otra y, sólo a veces, viven.
Esos ratitos de lucidez son los que valen la pena ser contados.
Y por ellos, solo por ellos, se vive.

jueves, febrero 7

de escribir diarios

Hoy volé en avión. Nada sorprendente en eso, ya se sabe: mala comida, turbulencias, poco espacio entre los asientos, peda gratuita con malos alcoholes... total, nada del otro mundo. Lo curioso es que durante las cinco horas de vuelo, una gringa no soltó una libretita en la que escribía como poseída. Lloraba, reía, pensaba y se perdía... no estaba de chismoso, la tenía sentada a mi lado. Presumo que era su diario.
Cuando vi Hoolingans la disfruté y aprendí que un diario puede ser importante para un periodista. Claro, en ese momento no pretendía ser uno pero ayuda a tener un récord de los detalles.

Sólo llevé un diario por tres meses. Escribía en él mis pensamientos y sueños... no lo de ilusiones sino las pesadillas que me azotaban cada noche, todo dentro de lo normal, de hecho, me daba pereza hacerlo. Lo hacía para mostrarme que podía ser constante. Y sincero conmigo.
Una amiga me decía que los diarios eran buenos para desahogarse, ella lo hacía, por lo que yo también lo hice. Creo.
Escribí en mi cuaderno. Descubrí que tenía fantasmas y eso no me gustó. Demonios horribles que se esconden en la duda, en las indecisiones, en el terror de ser uno mismo. Odié a mis fantasmas. Me odié por tener fantasmas.
Dejé de escribir en el diario. Ahora tengo un blog.

viernes, febrero 1

El paradigma

En cuatro años de estudiar comunicación no aprendí nada. Bueno tal vez sí pero como la pasé con los ojos cerrados, no recuerdo mucho. Sé escribir, pero eso no lo aprendí en la escuela, está bien, sí aprendí pero en la primaria. Nada más.
El otro día recordabamos en clase de maestría el Paradigma de Laswell, queda claro que al momento no sabía que era. Hoy ya se pero lo aplico para demostrar su equivocidad del mismo.

El paradigma dice: Quién dice Qué a Quién a través de qué Medio con qué Fin y con qué Efectos... hueva.

El paradigma de Ber es: El mundo dice misa a quien le escuche por las formas que conoce por el simple hecho de comunicar y a nadie le impacta. Realidad.

¿Cuál es el paradigma de la realidad? Punto, este si es paradigmático.