Los hombres no siempre vemos el futbol, de hecho, yo no lo veo. Seré la excepción pero me queda más que claro que no es lo único que hacemos.
Nos juntamos con los amigos, platicamos, vamos a bares a confesarnos y a veces, la noche te lleva a un table. No puedo decir que soy asiduo, pero ahí he estado en varias ocasiones -
mea culpa.
No me daré golpes de pecho, han sido visitas interesantes: en una ocasión sirvió como centro de investigación para conocer la trágica y millonaria vida de las bailarinas exóticas. La verdad es que muchas trabajan ahí no porque su vida sea un drama griego sino porque es dinero fácil y tiene cierto dote de adrenalina, morbo y sensualidad. Más morbo, creo. Y ninfomanía.
Nunca he trabajado en uno. Y no quiero. Pero es cierto que un table es un centro de investigación y observación antropológica: en síntesis se trata de hombres -quesque
homosapiens aunque pienso más bien en
cromangones- de todos los estratos babeando por una mujer plastificada o quizá natural.
Se observan mujeres vacías seduciendo billetes y una que otra alma perdida asimilando la realidad. Es triste. Es divertido. Es una variación del oficio más antiguo de la historia.
Después de más de un año de no pararme en uno accedí a ir embriagado por el desmadre, la fiesta y por qué no, empaparme de sabiduría popular. Fue una pésima experiencia y no por el vaivén de las carnes que danzaban en el tubo, la cerveza tampoco fue un problema y ni mucho menos la compañía. Las pantallas proyectaban películas para adultos sumamente explícitas. No me espantó. La música de fondo, la sexualidad a flor de piel, las feromonas contaminando el aire y un exceso de testosterona en el cuarto. Hasta ese momento, todo seguía bien. Pero lo que siguió jamás lo esperé: "en un momento más, sexo en vivo en la pista principal". Esa frase me dio miedo. Mucho.
Se trata de un estudio de campo, me dije.
Ajá, -maldito morbo- reafirmé.
Una señorita de muy mal ver y cascos ligeros -o ausencia de los mismos- se posó en la tarima, un hombre la acompañó, ambos se desnudaron, ella lo intentó seducir, el hombre no tuvo reacción física alguna, lloró y se bajó del escenario.
"No que muy macho", le gritó la plebe deseosa de suciedad.
Sube el segundo 'macho alfa' y está temblando. Ahora la prostituta hace más por enceder la mecha, se arrodilla frente a él y lo demás ya lo saben. Comienza un acto sexual en vivo. Es asqueroso. La gente no habla, no mira al centro. Él termina, ella se va y ambos se bajan de la tarima.
Terminé mi cerveza y me fui. Quedé en shock.
So much for anthropological studies