domingo, junio 29

Relaciones personales

Al igual que las relaciones internacionales, las personales son demasiado complicadas y requieren de demasiados tratados no firmados, palabras dichas al viento que se guardan en la memoria y todo es tan frágil por lo duro que asemeja.
He descubierto que cada país en un mundo y, que cada persona es un país por lo tanto, estamos vivos en una galaxia desquiciada.
Y todavía nos preguntamos si hay vida en otros planetas. Sólo busquen a la persona más cercana y ahí está la respuesta.

miércoles, junio 25

Crónica brasileira

Todo mundo pide de souvernirs fotos de brasileiras, mujeres llenas de bolas, sexosas, libidinosas y vestidas con atuendo de carnaval de Río. Es una falacia. Es como decir que todos los griegos son filósofos o que los argentinos son humildes. 
En menos de 24 horas estuve en tres aeropuertos: Sao Paolo, Belo Horizonte y San Salvador, en ninguno vi mujeres exóticas ni exhuberantes. De hecho, lo más parecido a eso fue una mujer bastante atractivas que resulto ser cubana. 
Tampoco se la viven bailando zamba y hay re pocos negros, bueno, sí hay un chingo, pero no son más que los blancos. Lo que de hecho hay para dar y regalar son orientales, pero no los consideraremos brasileiros.

Mal viaje
Ahí me tienen, rodeado de niñas de 10 años que comienzan a descubrir la pubertad y me quieren coquetear. Ocho niños bien -muy niños- que no hablan con las niñas porque les da pena y 5 adultos, cuatro de los cuales a duras penas dominan el español.
Mi vuelo viene una hora retrasado, dos brasileños se pelean en el avión y los federalas retienen el vuelo pero no bajan a los aguerrido cariocas. Me sientan junto a un gordo inmenso que ocupa su asiento con su trasero pero que su voluminoso abdomen invade la mitad de mi asiento. Se queja de que las aerolíneas lo tratan mal y se burlan de él, de que cada vez que vuela, se pone nervioso porque le avergüenza su ser... carajo, que se ponga a dieta si tanta pena le da, yo con mi tamaño, podría ser su feto.
Aterrizó 10 horas después en Sao Paolo, es invierno, estamos a 3 grados. El aeropuerto es horrible y siento que estoy en un DF al sur del continente donde todos hablan en portugués y entiendo por palabras lo que quieren decir. Sólo me queda claro algo: caipirinhas.
Pierdo mi conexión. Resultado, un vuelo que sale dos horas después a Belo Horizonte y haremos escala. Ahí vamos, 21 personas desamparadas que no hablan ni pio de brasileiro en un país resentido con el mío por aquello de las visas. 
Belo Horizonte, 4 horas esperando. Vuelo de hora y media y por fin San Salvador, literal. Bus, y para terminar un ferry de 40 minutos. Los niños con pila, los adultos hartos y Ber... por fin llegó al destino. Quería una caipirinha pero los martes a las 3 de la mañana no hay bares abiertos, ni féminas chichonas que te atiendan. 

El plus
Nunca había visto un cielo estrellado desde el hemisferio sur, es desconcertante pero único. Lo recomiendo. Estar en un hotel que está en un isla en la mitad del mar, en un país fiestero, es maravilloso, que el hotel esté sobre un lago, montado en pilotes, aún mejor.

Estoy en Brasil y no me tomado ninguna caipirinha. ¿Qué me pasa?

martes, junio 10

Maduro

Creo que estoy madurando. En efecto, se trata de algo que creo que está pasando pero no estoy seguro. Cuando niño, ser maduro era tener novia y tomarle la mano, ser responsable con las tareas y hacerlas los viernes antes de que empezara el fin. Ayudarle a mamá a lavar los platos y cumplir con mi hora de piano al día, dormir a las 20:00 horas y levantarme una hora antes de ir a la escuela para tener tiempo de jugar con mis carritos. Ahora entiendo que se trataba de un régimen militar y no de la madureza que creía tener.
Mi madre, en una borrachera que agarró con su buró, confesó que me presionaba tanto porque yo era el hombre de la casa, el único, el martir, y con ello, mi ego se infló, -y no es que sea algo difícil en mí. Pero tampoco entendía a qué se refería, pero sabía lo importante: yo era el hombre de la casa.
Ahora en este momento e instante, creo que medio empiezo a madurar.
Pero sí, sólo tengo fe en eso.
Trabajar de 8 a 14 horas al días, recibir un sueldo, mantener una casa, buscar una relación estable, ver por los amigos, embriagarse entre semana y llegar a tiempo al trabajo, pagar las deudas...
...eso me convierte en un esclavo asalariado, más que en un hombre maduro. Creo.
La edad no es síntoma de madurez, mi mamá constantemente le repetía a su pior es nada que tenía el complejo de Peter Pan porque se negaba a actuar como adulto, -qué no se supone que todos tenemos un niño por dentro.
Gente que me quería me tomaba con estandarte del crecimiento, de la responsabilidad y madurez, pero no, eran única y sencillamente las circuntancias, yo no hice nada y aún así, me digo a mi mismo: mi mismo eres maduro.