Concierto de rock metalero tirándole a heavy. Ciudad de México, viernes como cualquier otro, 21:00 horas. Puedo vivirlo. Soportarlo. Es más, puedo agitar la cabeza, gritar y parecer rockero -glam rocker- diría mi instructor, pero rockero al final.
Así empieza el surrealismo. Piezas lógicas acomodadas ilógicamente para expresar emociones sin racionalidad. Eje 3 oriente, una puerta negra que me recuerdan antes, requiere de estómado duro.
El cuadro se pinta solo: no hay un Virigilio dando la bienvenida, pero en efecto, parece la entrada al inframundo. No, la verdad es que solo es un toquín... en otro mundo. Un poco más feo. O ni tan feo, parte de este pero desconocido para mí.
Al cruzar el primer umbral todo cambió: el piso, que alguna vez estuvo pavimentado, ahora era de piedras y cascajo, un terrreno baldío, olvidado por el tiempo y por sus dueños. El lado derecho del amplio corredor lleno de basura y botellas rotas, a bien se tenían gallos dignos de un ritual demoniaco. No reconocí el círculo del infierno en el que estaba, pero ahí de pie, estaba autorizando mi secuestro voluntario en la locación designada para el vesperal nocturno.
Otro umbral y el retrato continuaba. Definitivamente eso no era un palenque.
Se trataba de una bodega abandonada pero con uso constante -para secuestros, asumo- y de buen tamaño, dos focos -de más de 100 watts- para iluminar la extensión del inframundo, una tarima elevada a dos metros, una cigüeña de peluche del lado derecho adornando la pared; y un retablo, único en su especie, representando un bautizo en compañía de los reyes magos a medio salón. Las ilustraciones, nada elaboradas, me regresaron a la infacia y me dio terror.
Una mesa de madera roída y apolillada se ocupó por algunos integrantes que, alegres, veían el escenario. Tomaban, fumaban y se enviciaban. Aplicaban el
'headbanging' y se divertían. Yo, rubio, fresa ,
lite, e inculto en las artes oscuras y del metal, ahí metido, disfrutando, o al menos intentandolo. Me esforcé, lo prometo.
Ahí, me violaron con la mirada y dejé de ser un sujeto para ser el objeto que no cuadraba en el cuadro.
Y, sin embargo, aparecí.