Un poco de honestidad es malo.
Honestidad absoluta es fatal.
-Oscar Wilde
-Oscar Wilde
No soy adepto a la ninguna religión. Cuando preguntan si soy católico, respondo que sí y agregó el termino "light". Fui bautizado e hice la primera comunión por deseos de mi madre, que, pese a su excomunión, me entregó al seno católico y con toda la capacidad que fui capaz de reunir en mi ser, mentí en mi primer encuentro consciente con Dios: no me sabía el Avemaría y no sé que demonios recé. No me sentí culpable.
Tiempo después tuve que ir a confesarme. Mala experiencia. Muy mala. Pésima. Abrí todos y cada uno de mis "pecados" al padre y recibí un cachetada y un revés por mis actos. Creo que se le antojaron algunas de mis perversiones o se frustró más de que tuviera un alzacuellos que se lo impidiera. O de que no tuviera los pantalones. O qué se yo. El punto es que me cachetearon en nombre del Todopudoroso pa expiarme de mis pensamientos impuros, revolcones apurados, pensamientos desgraciados y demás.
Caí en cuenta de que la sinceridad es mejor cuando se lleva con el cinismo. Y la honestidad es más divertida cuando la gente espera mentiras. Por ejemplo: decirle a alguien 'me gustas' es más fácil cuando se hace con desfachatez, con cinismo, con la puritititita verda (de Dios, si me lo permite). Aquí nos ahorramos las cachetadas.
Pero hay otras confesiones, secretos únicos y personales que jamás podrían salir a la luz. Amores platónicos, pasiones desenfrenadas, mitos adyacentes, versiones tangentes, lo peor de cada ser humano, lo más sencillo de la esencia y, al final aceptable, pero parte de nuestra máscara. De lo que nos callamos.
Hipócritas, ya somos. Cinicos también, sin pecado concebido. Digo la verdad.
Palabra de Ber.