domingo, diciembre 30

MMXII

Este año ha sido el más prolífico en cuanto a leer se refiere. Considerando que por la escuela tenía que leer en promedio tres casos al día de 20 páginas promedio, más una nota técnica de otras 17 durante los primeros seis meses: tenemos nueve mil 200 páginas, más o menos.


Pero también hay muchas otras cosas.

Durante el verano, en el trabajo, leí muchos reportes pero ahí perdí la cuenta sin embargo supongamos que eran otras mil. Para el intercambio pibeño, fueron en promedio 5 casos a la semana con 3 notas durante un lapso de tres meses . Ya van muchas más, algo así como mil 350.
Además, no sé qué pasó: entre el tiempo libre que tuve, y el ansía de lectura devoré la biografía de Steve Jobs, Erebos, Sé lo que estás pensando, Puedo explicarlo todo, La edad de la punzada,  El Club Dumas, los cinco libros de R.R. Martin de Game of Thrones, la trilogía de mommy porn de 50 Shades, La concubina del diablo y el Espía de Dios y estoy seguro que algo de Murakami. Ahora comienzo con Un final feliz, del papá del thriller Katzenbach. Pongamos que promediadas las páginas de todos los libros nos da cerca de 460 por cada uno, tenemos que son siete mil 800.
En todo el año entonces leí más o menos 19 mil 500 páginas. Espero el siguiente año poder leer más o menos lo mismo. Pero así como el 2012 fue el año de la lectura, el 13 se perfila para ser el año de mi nueva era: termino con la maestría, me caso con una princesa, y regreso al mundo laboral de manera permanente… y eso es sólo lo que está en los planes. 


A la numeralia de este año se le puede indexar lo siguente:

Me comprometí el 17 de agosto
Cumplí un año con mi futura esposa el 23 de septiembre
Volé cerca de 17 mil kilómetros
Estuve como 60 horas en transportes públicos argentinos
Dos iphones murieron en el camino
Probé cerca de 50 diferentes marcas de vinos
Comí el mejor lomo de mi vida
Tuve una tarjeta amarilla
Incontables momentos de alegría
Otros tantos de rabia
Aprendí a ser mejor conmigo
Me concienticé sobre otros
Cumplí 29 años
Conté año y medio viviendo en el paraíso
Recuperé amigos, perdí menos
Recibí un reloj de compromiso
Un kindle sustituyó siete libros y cerca de 4 kilos en peso
Fui feliz.
Vicos cumplió 60 años, yo la extraño 10. Christel sumó siete de partida pero cumplió 103.


Soy feliz. Gracias por el 2012 a quienes me lo hicieron. Pero más gracias a Ti, que sin yo entender cómo, sigo aprendiendo.

miércoles, diciembre 5

Change and me, or me changing (extract)

--> Have you ever heard the first movement of Rachmaninoff’s Third Concert? Well, something like that is how I describe my life. And from my living experience change is hard, necessary and most often, painful.

There is me coming to this world with a very dysfunctional family under very unattractive circumstances. But I grew wanting to become a pet doctor, an MD that would cure cancer, a caza pilot, an archeologist and a lawyer. Also, I wanted to be a writer, appear in the news as an anchorman and control a large media emporium with some time to become an actor. I suddenly discovered that I wouldn’t have enough time, so I adapted and prepared myself to be a philosopher. I still don’t know why I did that. But life urged me to change before. The passing of my mother made me confront all my paradigms, I had to change the structure of my life, the strategy I planned to achieve my goals and my competencies in order to survive.

The sense of urgency was all over me, but had no idea of what to become so I started working at 18 to pay for my tuition. After a sabbatical year to discover what I wanted to become, I decided to study communications. Everything in my personal organization had changed. I could no longer rely on my mother paying for everything and in order to pursue my dreams, I had to work a lot harder to get them and keep on adapting. All this was hard and painfully accepted, yet now I see it as learning process.

As communicator I decided to influence the world, to bring them the good, the bad and the interesting information everybody needed. Soon after graduating I was a pink journalist, writing about the local socialites and the events people should assist as a must. Though it wasn’t what I wanted to do as journalist, it was the job I got, and again, the issue was to adapt. However, life again tricked me and because of the world financial crisis in 2008 I was let go. The sense of urgency made me change and got a job in a business magazine, a source that I had not even a clue of how to write about it, but by letting me make awful mistakes and empowering my ideas, my boss made of me a well know business journalist in a year.

After that, the ambitious guy inside me, and some of my stupidities, left me without a job, yet again. But the experience I had gave more chances as an editorial and publishing consultant. Here I discovered the power of involving others in my projects by selling the full idea of how and what to change in order to get their support. Although I did all of the above, I didn’t know what I was exactly doing, just trying to adapt and to make things happen with some good results sometimes, but mostly bad ones.

Finally I got my own project. I was to become chief editor and everything was going to be the way I thought and wanted. Wrong me.

Despite the freedom to make a team and control the news project as I wished, people is the heart of every organization, and to achieve goals, you have to understand them and I didn’t. Of course the editorial director was supporting me, the vision we had of the project was fully understood by the news team, and our little achievements were celebrated, but frustration and top management lack of involvement limited our efforts. I tried to include them in our project, reach their ‘divine hand’ to get things moving, but their usual answer was: ‘you’re just a journalist, leave management for us’. I quit the publishing house after the project was running.

I had to learn how to influence, to make the right questions and to be empowered to learn how to empower others. After 28 year of life, and 6 as a media professional I knew very little, and the need to change was again knocking at my door: I was to study an MBA. I thought this time adaptation was going to be easier and simple, but I was wrong.  Again. Except this time, instead of fighting it, I just embraced it.

The problem with the past year and a half is that I had a humanistic point of view, even an artistic eye for business, and people around me were engineers, marketers, administrators and in order to be heard I had to learn again how to influence. Involve them in my vision, share it and search for teammates willing to prove my ideas to gain some consensus.

And it has been hard, much more than my previous professional efforts. And also painful, for doing an MBA is to challenge ideas with people as smart as one, or even more, and this has taught me humility as well.

There’s still a lot to learn, but when change stares you in the eye, there are two things to do… embrace it or die. If you take change as part of your daily context you’ll grow in capacities and capabilities, which will lead you to a better understanding or your surroundings. If you don’t, well, just sit and wait for something to happen, because it will, and you won’t like it for change is hard, painful, and necessary. Just as Rach’s Third piano concert, first movement, between the sixth and eleventh minute, your life will transform you, and then everything will be calm, until further change is needed.

sábado, noviembre 24

crónica de un asalto argetino

Disculparán la catarsis.

Entonces ahí voy, aventurándome por el metro capitalino de lo que otrora fue una bella ciudad para comprar los boletos de camión para viajar con mi prometida en dos semanas tiempo. Todo va bien, me disfrazo de local, compro los boletos y pretendo regresar a casa luego de la aventura.

Trasbordo de línea en Diagonal Norte a Tribunales, estoy llegando al andén y tres personajes nada pintorescos me orillan cerca de la escalera y me rodean antes de que entre al andén. -Conocen ese sentimiento interno de que algo no está bien y todo ya valió... bueno, justo así me sentí-.

Hay mucha gente en la estación.. todo pasa muy rápido y la gente, los locales, están en sus asuntos o se hacen de la vista gorda. Uno saca una navaja, otro me abraza de lado y me dice que todo va a estar bien, que no haga nada. Un tercero me quita la mochila que cargo y la abre, esculca los monchis -dos sanwichitos que me prepare, unas papas y un alfajor- los saca y se los guarda. El que me tenía por el lado toma mi celular y se lo guarda. El de la navaja la agita y mira incierto para varios lados.

El tren está llegando.

El que me abraza saca mi cartera, la abre, toma el efectivo que traía y tira la cartera al piso. El hombre de la navaja me insta a no decir nada y permitir que todo fluya como sigue.

Corren.

Me quedo ahí, con bilis en la boca, las piernas temblando de ira y todos los músculos contracturados. Se acerca un local y me pregunta si no me hicieron nada. En ese instante quería golpearlo, preguntarle por qué no hizo nada si vio lo que pasaba. Contesto que estoy bien, se da la vuelta y se sube al tren. Corro atrás de él y entro al tren también. Quizá quieran regresar por las tarjetas.

En el metro el mismo local me dice que vaya a la policía en la siguiente estación. Otro, que aparentemente vio lo que pasó me dice que lo deje ir y lo olvide, que la policía es poco eficiente. En la siguiente estación me bajó y busco a la policía.

Los emisarios de la justicia son parecidos a los mexicanos... no dicen 'uy joven', pero sí dicen 'che qué mal, no creo que podamos hacer mucho'. Y cierra diciendo 'este país está cada vez más mal'.

Me subo al metro de nueva cuenta, estoy aún más enojado. Sólo me queda gritar '¡cabrones¡' dentro de mí y seguir aquí un mes más.

sábado, noviembre 17

Las mujeres no mueren


Las mujeres no mueren. Está en su naturaleza el don de la vida, el dar vida y a su vez, el terminar con ella. Las mujeres viven del amor que profesan y del que reciben por el haberse entregado a vivir.

Cuando una mujer se entrega a otro ser, su alma se traspasa de cuerpo y se establece en el de su amado. No omite al alma que la recibe, pero la acompaña y se convierte en su consciencia hasta que se fusionan. O es lo que dicen los sabios.

Renata nació fácilmente de una cascada de sangre, el elixir que asesinó a su madre la lleno de vida y fuerza, aún desde muy pequeña. Su padre, José quedó a cargo de su hija y con un duelo eterno hasta el día que murió, cinco años después, cuando la tristeza y la soledad lo abandonó.

Y es que la madre de Renata murió en cuerpo, pero sobrevivió en el alma de su hija. La pequeña era lo más amado para la madre, por lo que José quedó desamparado una vez más. Las madres aman más a los vástagos que a sus parejas. Las mujeres jóvenes aman en demasia a sus hombres y por eso es que el ‘sexo fuerte’ logra grandes cosas cuando enamorados y jóvenes, pero una vez que nuevas y pequeñas vidas llegan, se pierden en el universo.

Si los hombres tienen hijas, estas se convierten en el nuevo pilar de la fuerza masculina. Las niñas pequeñas tienen más que dar que las adolescentes y las adultas porque no difieren de personas, son apasionadas, únicas y se entregan. Sin embargo, esta fuerza infantil sólo puede ocurrir cuando la madre vive.

Renata, como se llevó a su mamá, no podría convertirse en el oráculo de su padre y este falleció pronto, solo, confundido y amando terriblemente lo que no entendía ya.

En el pueblo de Santo Domingo siempre se escuchaban estas historias. Las mujeres eran longevas, los hombres no. Las familias completas, con niñas, siempre se veían saturadas de alegría y tenían un éxito diferente a aquellas que no eran lo que se conoce como familias comunes.

Había familias en las que la madre había muerto, como era el caso de Renata y, en estos núcleos, el hombre mayor moría relativamente más joven que los demás del pueblo. Los hermanos, si los había, huían de Santo Domingo cuando llegaban a cierta edad para aventurarse en el mundo y escapar del destino de morir antes que sus mujeres y no poder cumplir con sus obligaciones al comprometerse. Pero tarde o temprano volvían, porque las mujeres del pueblo eran únicas. Eran la vida. Eran las mujeres que no podían morir.

Las familias en las que el padre había muerto y una mujer lideraba al pequeño feudo, los hijos crecían con una perspectiva diferente al mundo ya que la mujer adoptaba el papel de madre y padre, cosa que un hombre jamás podría hacer. Una mujer a la cabeza de la familia significaba éxito y era un buen augurio, aunque pocos se atrevían a decirlo. El éxito de estas familias no era el esperado en recursos económicos y tampoco en cosas materiales y banales. Su victoria  consistía en una sabiduría novedosa de la vida.

Los hijos e hijas de mujeres solteras o viudas crecían con una consciencia más amplia de la vida. Sabían que las mujeres no podían morir y luchaban incluso con mas fuerza para convertirse en el receptáculo del amor no sólo de su madre, si no de su amada para sobrevivir al futuro. Así, cuando quedaran solos, si pasaba, no cayeran perdidos en el abismo terrible de la perdición por ausencia.

Es que no hay nada más malo que sentirse amado por alguien que ya no está. La desesperación invade cada miembro del cuerpo, cada órgano está alerta para sentir una caricia otra vez y el corazón, esperanzado, se sabe muerto.  

Renata era la luz de José. Su tesoro, pero también se perfilaba como su perdición. Él lo sabía y antes de enfrentarse a su destino, prefirió ahogar las penas en aguardiente local. Dejó ir el poco soplo de vida que le quedaba por temor a dejar a su pequeña sola… pero fue lo que acabo haciendo.

José había sido no un joven guapo ni atractivo. En realidad José no tenía cualidades diferenciadoras notables. Era un hombre más. De niño fue promedio, juguetón y risueño, en la adolescencia se convirtió en una persona taciturna y oscura, receptáculo del amor de su madre cuando su cuerpo murió a manos de la golpiza que le propinó su esposo. Sin embargo, esta etapa oscura no le duró mucho tiempo. Conoció a la que sería la madre de su pequeña, una mujer con ojos almendrados color miel, manos firmes, callosas y con muchas líneas naturales dibujadas en la piel, lo que confirmaba el linaje del pueblo de Santo Domingo, y la filosofía de vida digna de una familia con padre ausente.

José revivió. José hizo todo lo que alguna vez soñó y creyó imposible. José fue feliz, tenía todo el amor de su esposa, hasta que ella quedó embarazada de Renata.

-José, estoy embarazada. Lo sé. Y será una niña, dijo la señora de José una tarde. El tono no podía ser más neutral. Ella sabía lo que eso significaba.

José hizo un ruido que pareció una afirmación pero sus otrora ojos verde se oscurecieron. La mueca se le desdibujó. Era hora de volver a la realidad, sabía. No más fortaleza prestada, no más vida gratis, ahora tenía competencia. Él hubiera querido ser más egoísta, tener a su mujer más tiempo para él. Aún no llegaba su pequeña pero ya extrañaba la atención de su esposa. Todo iba a cambiar.

-¡Por fin!, dijo sinceramente y dibujo una pequeña sonrisa en su cara. –Se llamará Renata, y me regresará la vida cuando nazca.

Su esposa, sabia como todas las mujeres de Santo Domingo, asintió. La verdad es que no sobreviviría y lo sabía, pero era mejor darle esperanza a su marido.

miércoles, noviembre 14

Cualquier parecido con la realidad... es que lo es

Hacer estudios vocacionales, perfiles laborales y análisis de capacidades es como ir a que a uno le lean el tarot, la mano o que vean algo en la bolita mágica. Suena increiblemente bien. La diferencia es que con los perfiles sí se indican cuáles son las áreas de mejora.

Está en la naturaleza del hombre perfeccionarse constantemente en cualquier ámbito: personal, profesional, espiritual, de pareja, de familia e incluso de educación. En este sentido, mis carecias profesionales-personales han mejorado considerablemente: sigo siendo ermitaño y despreocupado por la gente, aunque ahora menos, aparentemente.

Acorde a la magnífica ciencia de la lectura psicológica de las personas que trabajan, tengo un perfil directivo, con mucho empuje y alta capacidad de frustración, pero con un 'mecha' muy corta. Esto es, que puedo explotar ferozmente por cualquier estupidez, pero suelo aguantar y perdurar con situaciones más difíciles. Me resulta irónico, pero cierto.

Debido al perfil creativo-humanista que tengo, se recomienda al candidato, o sea yo, buscar lugares para emplearse en los que yo cuente con altos niveles de autoridad e independiencia, con un líder-mentor que me cuestione constantemente y me recuerde que las reglas existen por algo (pero que me permita romperlas, de vez en vez, comprobando la razón por las que 'me salí del huacal').

El candidato yo podría decidarse a la academia en el futuro, como un proyecto a largo plazo. En el corto y mediano plazo es menester que enfoque en conjuntar la parte humanista-númerica como un valor agregado que pueda ofrecer y desarrollar para su futura labor docente. Esto es, que me dedique a los medios, experimentando con la docencia poco a poco. La razón de esto es que el candidato, o sea yo, no tiene la disciplina que la investigación requiere y es más bien una persona que gusta de la movilidad, la socialización y de la presunción, aunque disfruta hacer que los demás se cuestionen constantemente sobre el status quo que les rodea.

El candidato tiene una curva de aprendizaje muy corta, por lo que se aburre fácilmente en una misma posición y/o situación profesional. Se recomienda que el personaje en cuestión trabaje en áreas estratégicas o creativas y de innovación que pueda implementar. Seguidas las recomiendaciones de dedicarse a los medios de comunicación, Bernardo tiene dos opciones profesionales en el presente.

La primera: trabajar en medios de comunicación más bien pequeños que le permitan reforzar sus capacidades de liderazgo y trabajo en equipo, sin embargo esta opción mermará su conocimiento holístico de otros canales y limitaría probablemente su capacidad creativa. La otra opción es que siga con su plan del programa para MBA's recién cocinados que le darán la oportunidad de trabajar en equipo, retarse constantemente e integrar sus capacidades en un ambiente no controlado por él, lo que a futuro puede ser más positivo. Cualquiera de las dos opciones es viable para el candidato, ambas con un desempeño adecuado y resultados positivos como ascensos, promociones y bonos en el mediano plazo.

El candidato es altamente susceptible a la decepción. Se le recomendó a mí que aprenda a distinguir entre lo mío y la empresa, entiéndase, que la empresa es suya y yo soy mío, y ninguno es del otro.

Tengo una presentación formal, aunque un estilo más bien desenfadado, retador y cínico que puede resultar ofensivo, aunque demuestra mucha confianza en su persona, que raya en la soberbia (y vuelve la burra al trigo).

El candidato cuenta con suficiente experiencia profesional y tiene los elementos necesarios para involucrarse en cualquier empresa, aunque necesita experimentar y practicar la parte numérica con el fin de alcanzar rápidamente la posición que busca.

En síntesis, el personaje entrevistado cuenta con las capacidades necesarias para 'llegar lejos' y tener una carrera prominente comenzando en el corto plazo.

Al igual que con las vistas esotéricas al futuro, esto cambiará, evolucionará pero de momento calma el ansia sobre el futuro inmediato. Refleja la necesidad de enfocarse en el presente y sacarlo adelante. El mañana vendrá, quiera o no, y ya tengo las herramientas para enfrentarlo.

miércoles, octubre 17

preguntas y respuestas

Estoy ahí sentado. Me veo desde el exterior atento a la discusión. Estoy en otro país, en otra escuela, en otro lugar. Ahí me gusta estar. Pero estoy dividido: uno es el que está ahí sentado atendiendo, el otro está viendo un riel de imágenes. Una pregunta domina ¿cómo llegué aquí?

Entonces lo veo en una sucesión infinita de fotos mentales: el joven editor en jefe, Bernardo aplicando a una maestría en el exterior, Ber buscando un nuevo trabajo, yo entrando al IPADE, el alumno en clases, Ber con Elie, Vero, Alf y una infinidad de caras. Un aeropuerto. La entrada a una nueva escuela y luego Ber ahí, sentado, en un aula, atento a la discusión. Ese es una de las respuestas al cómo. Llegue por esa sucesión de eventos.

Pero me pregunto por las razones, no las acciones. Y eso se convierté en el qué. ¿Qué hago aquí? Entonces me respondo rápidamente que para aprender, crecer, ser mejor, ser más grande, tener influencia, demostrar. Sin embargo la respuesta me deja insatisfecho. ¿A qué o a quién le quiero demostrar algo? A mí, a ella, a ellas. A todos, a los que dudaron, desconfiaron y me dieron la espalda. A los que me miran por encima del hombre. La demás gente me conoce, sabe qué y quién soy, no hay nada que demostrar.

Otra vez la inquisición: si la gente que importa no necesita demostraciones, por qué los que no deberían importar les dedicas esto. Llega el por qué y se impone. Sus razones son viserales, fastidiosas, humanas y ciertas. Me respondo que es para sobre salir del resto, pero ya soy único, contesta el debate interno. Estoy aquí porque aquí me trajo el camino. Llegué por algo. Y regreso al cómo.

¿Cómo llegué aquí? Entonces la respuesta cambia a la anterior. Llegué con éxitos y fracasos, con la dicha de un Dios y la desdicha de mi egoismo. Estoy porque debía... pero tampoco satisface. Es insuficiente. Las demás preguntas, qué, por qué, para quién se suceden y las respuestas varían. Es cansado y aburrido.

Omito las palabras internas. Sigo sin la mejor respuesta. Regreso a mi clase, a mi atención, a lo que quiero y debo hacer. Cómo.

Cómo.

Cómo. Cómo llegue. Cómo es que estoy aquí, ¿lo gané? ¿lo merezco? ¿qué hice para tenerlo?

Así, algo me responde. Por los que sí valen y a quienes no les importa la demostración. Con quien te quiere y te apoya, me digo. Por los que creen en mí. Por Elie, Vero, Alf, Marta, Efrén y Tita, Ali, Fer, Mike, Germán, Mónica, Rafa, Ricardo, Leo, Guillermo, Andrea... por ellos y tantos más que te saben es cómo llegaste aquí.

Gracias, entonces. Por ser respuestas a plegarias. A mis plegarias. Gracias.

martes, octubre 9

hashazgos, día 4

Mi santa madre, que no tiene nada de santa... y muchos otros sabios dicen que si no tienes nada bueno que decir sobre algo y/o alguien, lo mejor es quedarse callado, así que me limitaré, con todos todos ustedes a decir, conocí Pilar. Y ya.


En fin, no puedo contenerme: luego de cuatro días en tierras lejanas hay muchas cosas malas: los billetes son horrible, feos, asquerosos y nada cuidados. Todos parecen de 1920, como de museo y una colección digna de un coleccionista de monedas. Todo es caro, menos los vinos, los alcoholes y los cigarros. Irónico que los males sean baratos y los bienes caros.

Viajar en taxi es carísimo, lo de hoy son los remises, entiéndase, taxis de sitio, mucho más baratos y lindos. Comer en un restaurante es caro, pero bien servido, tipo ración de Italiannis por plato y yo que pensaba que mi casera era una carera... ahora creoque le pediré a ella que prepare las comidas en lugar de salir. Pilar es feo como él solo, es del tamaño de la colonia San Pedro de los Pinos, al menos el centro del pueblo. Tiene dos centros comerciales, uno de comida y otro de shoppin y tiendas, ambos vacíos. Creo que sí están un poco jodidos. Los de compras no tienen marcas conocidas para mí y, aparentemente el concepto argentino de moda es muy distinto al que tengo en mente. En fin.

Cosas buenas: el vino es barato y muy bueno, muy rico y vasto, y sustantocioso. Casi infinito. La IAE es muuuuy grande, muy parecido al IPADE del DF, pero tiene algo que no lo hace tan lindo. Todos los buses 520 me llevan a la escuela y al centro y a casa. Pero el problema es que hay muchos tipos de 520: Derqui, Solar, Estación, etc, etc, etc.... es muy confuso. El clima ahora mejora, hoy hubo sol, el frío comienza a desaparecer y para el viernes todo volverá a la normalidad (normalidad según los locales).

He hecho un amigo colombiano, es mi roomie. Estudia-trabaja-hacesuresidencia en el Austral, es médico. Me indicó como llegar a la escuela y me sacó a conocer un poco más de Pilar... el área comercial. Ya hicimos planes de ir a Buenos Aires el fin de semana, al panteón de la Recoleta y no sé qué otro lugar. Me ha dado tips de viaje, también.

Como mi habitación está al lado de un jardín he tenido diversos bichos de visita. Un arácnido grande, peludo y feo me dio la bienvenida a mi hogar por los siguientes meses. Después de una encarnizada lucha a muerte, el peludo octódo falleció víctima de una sobredosis de Raid. Los caseros me informaron que esa araña no hace nada, que me preocupe de las chicas. No me impota. No iba a dormir tranquilo con semejante bicho hurgando mis terruños.

Recibí mi carga de trabajo... y no comentaré más. Espero no se me pegue el shhh de la región: hashazgos, sho, shuvia y demás. Tampoco me gusta su acentuación: viví por vive, animáte por anímate... es extraño esta versión del español. Ahora voy a disfrutar de los hallazgos locales: vino excelente, sabroso, barato y local.

sábado, octubre 6

Argentina, día 1

El taxista que me trajo hasta lo que será mi hogar por tres meses me dijo que todo de Argetina le gusta, menos los argentinos. Creo que eso pasa mucho en casi todos los países. Llegué a las 11 con algunos minutos, hora local. Desde que hice mi primer acercamiento con el cono sur quede impactado con su primavera: está nublado y me siento como en Londres.
Lo poco que vi de Santiago de Chile fueron montañas, nubes y chilenos agradables. Lo poco que he visto de Argetina son nubes, parajes estilo europeo con las nimiedades típicas de América Latina: pobreza para donde uno voltee. La gente no habla de su situación económica, pero sí hace especial hincapie en su 'no tan querida presidenta'.
Así que después de una jornada de asientos de avión, ver la última del Hombre Araña, un pedazo entre parpadeos y bostezos de ... ya no recuerdo cual; unos tortelinis, tres vasitos de vino, una cerveza y un whisky; un muffin con mal café para desayunar, aterricé en Buenos Aires. Pero sigo preguntándome ¿dónde está la primavera? El amable taxista me sirvió de pre guía de turistas, qué lugares visitar en la capital, a dónde viajar, qué comer y dónde. Un poco de la visión local del país sobre su economía, historia y cultura. También me ofreció recoger a mi pandita en diciembre a un precio más accesible ya que 'somos clientes'. Me dejó con mis nuevos caseros quienes me recibieron de forma agradable, me mostraron mis apostentos y me dejaron dormir un par de horas.
Firmamos el contrato y la señora de la casa me preparon unos mini sanguiches de roast beef, excelentes. Dormí. No vio con tan buenos ojos que yo sea fumador, pero las áreas abiertas de la casa me permiten mantener mi vicio.
Me dieron indicaciones de cómo llegar sl súper, qué tarjeta de transportación comprar y cómo llegar a la escuela. Creo que no podré irme en bicicleta pues aunque estoy relativamente cerca, y el poblado es como una tipo Cocoyoc, Metepec, Santa Fe posh... las calles dejan mucho que desear: baches, hoyos y, sobre todo: mucha lluvia.
La casera me informó que tengo dos roomies, un colombiano y no sé quien más. Ambos van a la Austral, entonces que el martes ellos me pueden llevar a la escuela pero que, como el lunes es feriado, fueron a Mendoza el fin de.
El taxista me sugirió que vaya a Tigre, un pueblo hermoso dice él. Lo apunté ya para ir con mi Pandita. Son cerca de las 7 de la noche ya. Los vecinos tienes como peda argetina, asado le dicen y tocan la guitarra, beben vino y huele excelente. Quiero ir a uno.
Me siento extraño estando acá, quizá es únicamente cuestión de que me acople. Ya les avisaré. No hay más que reportar desde esta zona del mundo. Buenas noches.

miércoles, agosto 29

shhh... cállate, mente

En mi amplia experiencia de cuatro días como yogui de yoga acalorada, alias bikram he descubierto el poder de la mente. Es maravilloso, fenomenal, grandilocuente y, por encima de todo, casi imposible de silenciar. En serio, cómo demonios se aquieta la ardilla de la cabeza. Puede pasar el día entero en cuasi reposo, pero eso sí, cuando tiene un momento en el que en realidad debería estar callada, no, se pone a trabajar sobremarchas.

Por azares del destino... No, por azares de mi novia, ahora prometida, futura esposa (sí, es mi destino) caí en el yoga de bikram o bikram yoga o ese yoga del infierno (literalmente) para ser un yo más saludable (y se lo agradezco profundamente) y descubrí lo que el silencio de mente puede lograr con diversos personajes propios: Ber yogui, Ber intelectual, Ber MBA y Ber.

Ber sufre cada postura después de dos clases en las que el sofoque fue inmenso y exquisito, una tercera en la que el aturdimiento llegó al máximo, mareado se salió y, pálido, se devaneció. En esta cuarta clase Ber se esfuerza al máximo.

– No te rindas, mente en blanco, respira por la nariz, – dice Ber
No me interrumpas, cabrón, – responde alterado Ber yogui.

La clase fluye. Enfocados todos en la respiración. El aguante. Ber yogui en su máximo esplendor después de tres clases listo para acabar por primera vez cueste lo que cueste.

Que extraordinaria sensación esta de dejar la mente en blanco, asegura el intelectual
Cabrón, me estás interrumpiendo, y sulfura a su alter con la mirada. –Respira hondo, eso es, inhal...–
– Sí puedes, no te desconcentres,  responde irritado Ber.
Es que si lo analizas, no estamos pensando en nada.
Estás pensando en la extraordinaria sensación de no pensar, no que la mente en blanco, resopla el yogui inspirando con fuerza.

Mientras, el yogui respira profundamente, infla las aletas nasales, mira en el espejo de enfrente el punto plateado que cuelga de su pecho, nada más es enfocable. Ber intelectual comienza a quejarse del por qué los demás decidieron quitarse los lentes.

Es que si te dejo ver en el espejo, tu vanidad nos impide concentrarnos, responde Ber yogui haciendo un esfuerzo máximo en el shwarma triple mortal en posición de tortura marina.
– ¡No es vanidad! – contesta de un bufido Ber.
Cállense, ruega el yogui
No les fascina esto de no pensar, es extraordinario, la mente en silencio, nada más está pasando a nuestro alrededor, es como la panacea, filosofa el intelectual.
– Pero tu eres el primero que estás pensando, gritan los otros al unísono y voltean los ojos.

Ber normal quiere saber la hora, los otros le dicen que no pasa nada, que se entregue por completo, el final está cerca. Ber piensa en que debería dejar la mente en blanco, pero los otros tres internos no lo dejan meterse en su papel de yogui. El hacedor de yoga se esfuerza al máximo. Sabe que está cerca del final.

El intelectual guarda silencio, el normal alza los ojos al cielo, ya no puede más. El yogui resopla, inhala, exhala, inha...

¿En qué momento me empezaron a ignorar? Yo estaba profundizando sobre e.., y lo interrumpe en el acto.
Podrías callarte.
Podría, pero estamos con la mente en blanco. Además, te has dado cuenta del tapete, será higiénico pararnos sobre él. Estoy pensando en dejar la mente en blanco pero no...
¡Inhaaaaaala! mantenlo
– ¡Sí puedes! – argumenta Ber
Un poco más, estírate más...
No que la mente en blanco, me están interrumpiendo para tener la mente en blanco. Yo quiero apoyarlos en no pensar. Cómo puedo escribir esto en el blog. Como una obra de teatro. Es impresionante todos lo pensamientos que tenemos por segundo.
– Cállense los dos, carajo, el que manda soy yo– dice Ber, y sigue: aunque eso del alfombrado también me tenía preocupado ¿eh? deberíamos preguntar sobre eso. Es que estoy es como un caldo de cultivo, Fer nos ha dicho que...
Te lo dije, no es nada higiénico. Y el olor, a las cuantas horas el olor nos impacta. ¿Hablaremos del olor en el post?
Por favor, shhh, al rato solucionamos tus issues, pero creo que estaría bien escribirlo.
Ustedes y su vanidad, esto se trata de relajarnos, de controlar el cuerpo, la mente, callarnos.
Y eso es lo que estoy intentando, pero es casi imposible, a ver, inténtalo.

Y todos nos vemos interrumpidos por la yogui teacher. La clase ha terminado, todos los Ber asienten satisfechos, aunque el yogui es el más molesto, el intelectual se la vivió dejando la mente en blanco, interrumpiendo sus esfuerzos, pero se miran, cómplices. La instructura nos acuesta en posición del muertito en sabananazaaassss, o algo así. Nos dice que los grandes cambios empiezan desde dentro para poder impactar afuera. Nos insta a meditar.

Oigan, es una excelente reflexión, ¿no creen? Cuando llegue a la dirección de una empresa, primero hay que lograr los cambios por dentro, medita Ber MBA

Ber intelectual lo mira de forma reprobatoria.

Sí, los directores que entorpezcan el cambio, a la chingada, no necesitamos gente que nos limite, argumenta.

El yogui lo mira suplicante, cállate, dicen sus ojos.

Y me culpaban a mí de interrumpirnos a todos, dice irónico el intelectual. Ya que por fin nos habíamos callado todos y llegas tú, creído.

Pero, pero... está bien.

Y silencio. Por fin.

Que extraordinaria sensación, esa de callar la mente. Aunque sea por un minuto. Gracias, pandita.




jueves, agosto 16

Manpower

Durante dos meses tuve el privilegio de convivir con una tribu diversa y entretenida, los conocen como Manpower. Aprendí que en realidad se trata de ManpowerGroup, pero esas son nimiedades. Con esta tribu de personas conviví con dos colonias principalmente, la primera era de comunicación interna y la segunda una mezcla comercial de marketing, relaciones públicas y business intelligence. Me cobijaron por dos meses, al principio con reservas, creo, después me integraron como uno de ellos.

Recordé la pertenencia de un equipo, los consejos y los jueves de convivencia extraoficial. Viví momentos emotivos, alegres, y otros no tan agradables. Pude poner en práctica aquello que durante un año absorbí para después verlo aplicado en tribus verdaderas, organismos vivos en los que cada persona juega un papel preponderante en las actividades diarias, personalidades que pueden parecer que tienen responsabilidades limitadas, pero que sin su saludo reconocido para entregar cartas, no sería lo mismo. Gente que es invisible durante el día, y para casi todos, pero que se encargan de controlar las alergias por polvo en los escritorios. Intelectuales roqueros que escriben poemas y critican con argumentos. Economistas que cambiaron de carrera e imagologos que acertan con sus comentarios. Mercadólogos y diseñadores intensos, platicadores y abrigadores. Comunicólgos analíticos. Directores prepotentes. Directores líderes. Directora coach. Una lidereza impotente.

Ambas tribus con las que conviví me enseñaron sin intentarlo. Y se los agradezco. Crecí profesionalemente, me abrí a nuevos auditorios, me permití ser un libro abierto, me dieron la oportunidad de conocerlos. Viví.

Ahora entiendo. Ellos, Manpower, mis tribus, me permitieron crecer y me enseñaron que crecerme no daría nunca los mismos resultados. Gracias.

viernes, julio 27

A veces se me olvida...


Estoy seguro que esa mañana ha sido una de las más duras de mi vida. Saber que tu cuerpo ya no estaba. Que me habías dejado solo y que por más que corriera escaleras arriba, que gritara tu nombre, que llorara buscándote, no encontraría tus brazos o tu sonrisa. Tu palabra o tu consejo. Ya no estás.
A veces creo que aún no sé que estoy haciendo y me haces falta para recibir tu sabiduría, para que me orientes. Ese 27 de julio en la madrugada cambiaría mi vida por completo. La cambió, de hecho. Se abrieron infinidad de puertas para que me convirtiera en lo que soy, para que terminara la cocción de lo que habías creado. Al mismo tiempo se cerraron otras puertas. O cambiaron de dimensión y no estoy seguro de cómo abrirlas, ni de querer hacerlo.
Todavía me pregunto que sería de mi si aquí estuvieras. Dueles.
Si estuvieras rondando por aquí creo que nada de lo que hasta hoy he hecho sería. Y entonces imagino. Seguramente hubiera acabado con la filosofía. Sería un lujurioso maestro o quizá ya un prominente doctorando. O quizá no estaría aquí. Pero aún podríamos ir a comer los domingos, luego ir por un helado y después al cine. Tal vez entre semana divagaríamos y me harías corromper cada una de las teorías llevándome al límite para vivirlas. En los últimos 10 años no habría vivido solo. Ni viajado tanto. Quizá ni siquiera hubiérame arriesgado a hacer todas las babosadas que me han hecho yo.
Pero muerta también me has llevado al límite. A romper todos los paradigmas que sin razón alguna me dijeron que debía seguir o los que me cree para sobrellevarte. El constante empuje de ver más allá. Pero te falto enseñarme de equilibrio. Ese lo medio he aprendido. Se te olvidaron las lecciones que dicen que hay un punto medio, que no todo es la pasión arrolladora, la fuerza de empuje sin calcular las consecuencias. Ahora que lo pienso, quizá en tu única visión de la vida, no querías que aprendiera de balanzas y sólo de entregas, pero te fuiste.
Han sido 10 años. Como a las 5 de la mañana me informaron que ya era hora. Diez minutos más tarde yo estaba tirado en el piso, impactado. Aún me pregunto ¿qué debo hacer? Y entonces hago lo que hacías: seguir. Dar el siguiente paso. Levantar la cara, secarte las lagrimas y caminar. Hasta que te canses, y en ese momento, seguir otra vez.
Te extraño mucho. A veces se me olvida que alguna vez estuviste, y me siento mal al descubrirme así. Luego me lavo el cerebro de que siempre estás y no es que te olvide, que algo de ti está conmigo, y por eso no te extraño tanto. Pero es complicado.
Con tu partida… Me despedí infinidad de veces pero nomás no me hacías caso. La esperanza. Esperaba que regresaras. Espero verte otra vez. Pero por favor, no te aparezcas en mis sueños, ni como fantasma, sólo espero verme alguna vez y ver que ahí estás, orgullosa, viva. Apasionada, en mi.
Te extraño. Te amo. Me cambiaste la jugada. Me diste una vida nueva. Renací. Tu también.

miércoles, julio 18

Quebrado II: el origen de ser


Como buen mexicano nació jodido, como buen español, vivió quebrado. De pequeño, cuando era el encargado del robo hormiga a los clientes, la abuela le daba el 10% de sus hurtos como comisión, pero para un poco letrado joven, el 10% no tenía validez real. Pero aprendió a la mala.
No sabe cómo, pero aprendió lo básico de economía, finanzas y microbanca. Y con microbanca nos referimos a la forma de burlar agiotistas, convertirse en usurero y crear esquemas ponzi tan maquiavélicos que parecían inocentes. Así, el borracho de pulquería tenía el oficio de portero, por cuidar la entrada del negocio del burdel de la abuela; además de mesero y cantinero. Un poco de herrero, carpintero y pastor. A veces se le daba lo electricista y otras tantas el de escolta, pero finalmente, lo único bueno que sabía hacer Torcuato Gómez Illundain era soñar. Soñar en grande, con tener no una sino dos botellas de vino; con un percheron que jalara su carretita en lugar de una triste mula mal parida y medio deforme. Soñaba con conocer a una mujer que lo dejara entrar en sus entrañas sin cobrarle y con un hijo que fuera sólo suyo al cual darle todo lo que existía en el mundo: su poco dinero. Además, se ilusionaba pensando en el momento en el que no tuviera que compartir su habitación con la abuela, en el instante en el que pudiera dejarse al alcohol sin la preocupación de deberse levantar a trabajar al día siguiente para conseguir lo suficiente para el plato de frijol que preparaba la última embarazada del negocio familiar y el medio litro de aguardiente nocturno.
Torcuato era Torcuato por que le había gustado el nombre a su madre. Alguien importante del pueblo llevaba ese nombre. Torcuato pensaba que así se llamaba el hombre que le había engendrado y que en honor a los 3 pesos que había dejado por los servicios otorgados le habían nombrado así. Pero luego, Torcuato pensada que su tesis era estúpida, cómo era posible que su madre supiera quién era su padre si se dedicaba  la vida galante, a los hombres y sus placeres carnales, a cocinar 4 meses al año durante los últimos 13 años por cada uno de sus hijos. Además, se inquiría Torcuato, sus otros 12 hermanos llevarían el nombre de su padre también. Pero se devanaba el seso pensando cómo sería posible que eso fuera posible si su sacrosanta progenitora se acostaba con al menos 10 clientes a la semana, según la abuela.
Pero su habilidad para soñar era grande, entonces imaginó como su madre sí era una mujer de cascos ligeros y que vendía sus carnes al mejor postor, pero que no era una cualquiera, que sólo los más educados señores se acercaban a ella por sus servicios, que la visitaban grandes y lores de lugares lejanos por sus habilidades amorosas y que por ende, sabía justo quién era el padre de él  de cada uno de sus hermanos.
La verdad es que Iván Torcuato Gómez Ilundai y Pérez Borgia, mejor conocido como Don Iván, nunca sabría la razón de llamarse cómo se llamaba. Lo que le calmaba por las noches era su Ilundain, ese apellido tan bravo y fuerte, proveniente de los conquistadores españoles, de un lugar vasco, le había dicho su abuela, y que en su tierra de origen tenían amplios poderes, pero por la ambición de unos, los habían desterrado al ‘chiquiero del nuevo mundo’ para que aprendieran de humildad y crecieran en templanza.
“Pa’ pinches aprendizajes”, repetía constantemente la abuela. La verdad es que el apellido era una herencia lejana, ganada, una vez más, por el valor de las carnes en una economía estancada.
Como español, Torcuato decía que tenía la visión para hacer mucho. Lástima que cuando tenía sus lapsos de iluminación estos se agotaban en tres vasos seguidos de aguardiente, mezcal, vino caliente o cualquier bebida alcohólica que apaciguara sus ímpetus de grandeza. Como mexicano, sabía que podía aguantar lo que fuera. Y lo hacía, vivía consigo mismo. Como Ilundain haría grandes cosas. Cuál Gómez, Pérez-sería.

martes, julio 17

Quebrado I


Tenía dinero. Era rico. Importante y poderoso. Bueno, eso creía Iván. La verdad es que en un golpe de gracia había ganado la lotería local por 25 mil pesos que, en sus tiempo de juventud, si era una suma considerable. Con esa ganancia, Iván Torcuato Gómez Illundain había pasado de ser un borracho de pulquería con oficio de vividor y obrero a ser un reconocido empresario fiestero y despilfarrador. Eufemismos de los buitres.
Iván fue el último nombre con el que se conoció luego de haber recibido una inmerecida fortuna. Torcuato era el nombre del pasado, el sucio, el que se embriaga de domingo a sábado y descansaba a media noche entre los días de descanso envuelto en lágrimas y promesas de no tomar otra vez. Y su vómito lo acompañaba.
Torcuato había nacido un miércoles o jueves. Nunca lo registraron adecuadamente, así que su abuela, quién lo crió luego de que su padre huyera y su hija –la mamacita de Torcua­– falleciera al dar a luz a treceavo bastardito, optó por celebrarlo cada tercer viernes de octubre. Para cuando Torcuato se vio en la necesidad de convertirse en Don Iván Gómez Illundain y Pérez Borgia se registró a billetazos para haber nacido el 6 de junio de 1936.
La infancia del niño fue como cualquier otra infancia: se revolcaba en el lodo, las ramas eran sus espadas y tenía un terrible odio por sus hermanos mayores que abusaban de él y él molestaba, golpeaba y sometía a los dos menores para demostrar su poder.
No vale la pena ahondar en detalles sobre sus hermanos, en realidad medios hermanos, pues lo único que los unía era la sangre materna y la esporádica protección de un hermano mayor. La gran mayoría fueron vendidos como casi esclavos para haciendas, rancherías y mercados de pueblos aledaños entre los 9 y 10 años de edad, menos Torcuato. El día que pretendían venderlo escapo de la casa y volvió cuatro días más tarde con 15 monedas, dos gallinas y un marrano para la abuela. La señora vio en él ‘al hombre de la casa’ que podía robar a los clientes de la casa de citas que la abuela regenteaba y de la cual su hija había sido una de las meretrices más querida.
Iván Torcuato tuvo que madurar rápidamente. Ya no podía solo jugar, era momento de invitar a los pestilentes y sucios obreros a gastar su raya con las mujeres que ofrecían sus servicios. Todas ellas, parientas cercanas de la abue. Además, les ofrecía bebidas refrescantes y adulteradas, míticas mezclas afrodisíacas para durar más en las artes amatorias y, luego del cortejo y coito comúnmente corto, hurgar en sus bolsillos tirados por monedas, baratijas y otros artilugios de interés mundano.
En una ocasión, luego de que el cliente frecuente del mes, un recién ascendido capataz del pueblo de Santo Domingo Actipan, quedó indigesto de lujuria, Torcuato investigó en sus bolsillos sin mucho éxito para el tradicional botín, sin embargo, del cinturón de mecate del cliente obtuvo un revolver aburrido, medio oxidado y que servía más para espantar que para disparar.
 La curiosidad lo invadió inmediatamente y mientras jugaba con el arma y probó con el duro y atascado gatillo, una bala salió disparada e impacto a escasos tres centímetros de la cabeza del ebrio capataz. Su condición lo hizo balbucear pero se rindió a los encantos del abuso del alcohol y cayó en sueño profundo, otra vez.  Mientras Torcuato paralizado de miedo veía la escena con la pistola en sus manos decidió regresar el juguete a su dueño y esperar a la siguiente ocasión para poder hacerlo suyo.

miércoles, julio 11

Nada


Todo está lleno de distractores, gente que camina, otra que habla y muchas que intrigan por su mirada perdida, por la sonrisa incandescente y otras porque están como muertos.  Además, hay luces con intensidades varias. El complemento perfecto es el murmullo cotidiano, los anuncios de la calle, el rugir de los motores y el lluvia. Luego el sol. Ahora el viento y de regreso al silencio.
Pero ahí está la nada. Su arbitrariedad con la importancia constante de la vida. Le resulta indiferente quién hace qué, le parece irrisorio la sorpresa por las vicisitudes y termina aplastándolo todo ante su hedor de confesión.
Se pregunta, quién le hizo creer a las moscas que son importantes. En qué momento el ego se apoderó de la creación humana, esa disque tan inteligente. La vomita. Y es que las personas infladas se creen tan importantes, tan únicas, como las otras 7 mil millones, pero de no ser por unas 40 que la rodean, una sola persona sola no existe. Es nadie. Es nada. Y como es nada, se acumula en ‘todo’ aquello que sobra, que resulta inconcluso, interminable pero insignificante. Se desvanece.
La nada es la ausencia de algo. Entonces, ella, así de digna y abusiva, sabe que todos sobran.  Pero le gusta reírse de la importancia que el hombre se da, un distractor más para su eterna faena de significantes aburridos.

martes, junio 26

60 años


En la última década no he podido seguirle la pista a las actividades que constantemente realizaba, pero todo indica que está bien. Al menos no me ha llegado un correo del más allá diciéndome que la van a regresar por mala conducta, o que tiene una demanda por incumplimiento de contrato. Tampoco he tenido en mis manos alguna señal tangible de cualquier tipo de comunicación paranormal o normal que pueda siquiera interpretarse como inconformidad. Así que está bien.

En una década, que es, hasta la fecha, un tercio de mi existencia han pasado muchas cosas. Muchas que me encantaría contarle, otras tantas que me niego a decirle y una que otra (siendo la mayoría) en la que me hubiera gustado tener su consejo –aunque no la escuchara– como lo recalcaba constantemente.

Y ahora que fue tu cumpleaños número 60 no escribí inmediatamente porque no sabía que decirte. Tantas cosas que en el silencio se pueden entender. Su silencio presente, su ausencia. Tu memoria en la mía. Además, no sabía que regalarte. No es que fuera muy constante en la cuestión de regalos. Pero no sabía que darte.

Lo único que siempre he podido darle es lo que soy. Quien soy. Como soy. Lo que hago. Lo que hice. Lo que estoy haciendo.

Entonces, ma, en tus pasaditos 60 años sólo puedo darte las gracias porque contigo llegue hasta donde estoy. Y sí, ya sé que no está tu cuerpo por acá, pero algo tuyo (si no es que mucho) está en mi. El lindo temperamento que me cargo, la inocencia maléfica, el maquiavelismo y empuje. Las ganas y la frustración. Los tamaños. El orgullo y los vicios. La alegría de cada día. El amor por hacer más. El hacer mejor, que como jodiste para que así lo hiciera,  que hoy da resultados. Y ni se te ocurra reclamar, yo no tengo la culpa de que tu ADN fuera tan pesado como para transgredir generaciones y ahora aquí estoy, haciendo lo mejor que me enseñaste a hacer: pelear. Andar. Entercarme. Vivir.

Feliz cumpleaños, Vic. Todo lo que soy, hasta hoy, es mi regalo para ti. Gracias. 

jueves, mayo 3

semántica: raro | especial | exótico

Adjetivar es una de las cosas que mejor hacemos las personas. Es una manera sutil de juzgar descaradamente y salir airoso. Sirve para nombrar las cosas, a las personas y, dicho sea de paso, a nosotros mismos, por los demás.

Y con nosotros somos especialmente duros. Y raramente blandos. Nos definimos exóticos. Sin embargo, sólo estamos buscando un apócope extra. Es un hiato de nuestra presentación. Un algo que nos haga diferentes. O iguales. O incluyentes. O que nos dé un algo más, pues.

Los adjetivos que escogemos son adquiridos. Son el vestigio y donativo de la sociedad, verdades que acabamos por creernos, incluirnos y asimilar como parte de nuestra persona. Así me convertí en el que tiene el perfil raro para estudiar un MBA. El que tiene ideas especiales, o el que sirve como muestra exótica de una especie en peligro de extinción, que me gusta creer que lo soy, pero nomás no dejo de ser un humano 'diferente' muy parecido a todos los demás.

Aparentemente, mi perfil profesional es raro y, en términos generales, debo hacerlo especial para quitarle lo exótico de la mezcla de profesiones, oficios, talachas y experiencias acumuladas en un resumé.

Ser raro es como algo feito, que disgusta y medio excluyente. Pero su definición va por otro lado.

Raro: que se comporta de modo inhabitual. Extraoridnario, poco común o frecuente. Escaso en su clase o especie. Insigne, sobresaliente o excelente en su línea. Extravagante de genio y propenso a singularizarse. 

Luego, ser especial es algo así como destacado, atrayente y de buen gusto. A veces como para definir lo políticamente incorrecto. La tendencia se parece al significado, pero resulta monótono al largo plazo, creo.

Especial: singular o particular. Muy adecuado o propio para algún efecto. Que está destinar a un fin concreto. 

Y finalmente, fuera de ser una cabaretera o vedette, ser exótico puede caer mal por su 'especial rareza'.

Exótico: extranjero, peregrino. Extraño, chocante, extravagante. Bailarina de cabaré.


Me parece interesante cómo las acepciones y definiciones se van haciendo más pequeñas y limitadas. Es que las palabras sirven para tanto y a la vez tan poco.

Lo más cruel, al final del día, es que los adjetivos que nos damos son imponentes y nos modelan, sólo hay que aprender a vivir con eso, pero sabiendo, a ciencia cierta, lo que queremos decir con eso. Ahora que se los significados, hasta me siento otro yo. Ya lo que los otros digan, opinen o gestionen o adjudiquen: bienvenido también.

jueves, abril 26

Los hombres de mi vida


Ahora entiendo a las mujeres. Creo entender, en parte, por qué nos odian y, aunque no soy mujer, he vivido rodeado de mujeres desde corta edad y viví todas y cada una de las quejas. En este sentido, soy víctima de esos cabrones –sí: yo, nosotros, pero más que nada, de ellos.

Es que los hombres sólo prometen y prometen, pero nomás nos la meten (me disculpo por el francés). Y a los hombres a los que me refiero ahora son a las figuras paternas que he desarrollado, querido, admirado, pero la gran mayoría de las veces, odiado. Es que son unos cabrones.

Ahí tienes al pequeño yo, de niño, de adolescente, de pre adulto, de joven posmoderno esperando que mi padre me cumpla la promesa que me hizo, esa de llevarme a dar una vuelta en moto, aquella en la que me dijo que ‘nomás le fuera bien’ a mis domingos les iría mejor. Una en la que me dijo que se desviviría por ayudarme. Al final, todas con el mismo resultado: llega el momento de que se cumpla la promesa y no hay respuesta, ni resultado. Es que no puedo, dice. Es que tengo otras cosas más importantes. Es que yo esperaba, yo quería, yo pensaba, imaginaba, anhelaba… pero siempre no.

El problema no es la justificación, ni que el regalo prometido llegue. El problema es el egoísmo de esa persona. Lo sé por que yo he hecho lo mismo.  A mi mismo. A mi mundo. Cuando se cumple el plazo que teníamos para cumplir, preferimos (en este caso mis múltiples tótems) hacer algo personal, desviar la promesa y ocultar la falta de resultado por una promesa más grande, más importante y que, como reses al matadero, creemos, confiamos. Aceptamos.

Nos decepcionan. Decepcionamos.

Creo además, que no quieren hacerlo. Que sí bien tienen la convicción de ayudar, de hacer más, parece que es preferible todo lo demás.

Pero también hay –habemos– otros hombres. Los que si cumplen. Los hombres de mi vida, la mayoría me han decepcionado. Y yo a ellos. Otro hombre prometió las perlas de la virgen para que yo logrará un cometido, se echó para atrás el día que no debía, confié en él y ahora tengo el compromiso en las manos. Me siento como si hubiera dado el tesorito, cuando sólo fue un one night stand.

Sin embargo, ahí estoy, esperando, con los brazos abiertos a que regresen, con una nueva promesa y a sabiendas de que no cumplirán, les creo.

Me parece que todos tenemos esa dualidad, aunque sigo sin entender el origen. Por qué a unos sí, a otros no. Hay otro hombre, que no promete y da por qué sí, se limita a decir que ‘algún día entenderé’, y eso, al menos hace la diferencia.

Las influencias mi vida pueden resumirse en lo que he sido, y ese, aquel que hace sin prometer es, sin temor a equivocarme, el que ha permitido que deje de ser como los demás hombres de mi vida. 

jueves, febrero 2

La soberbia en un pequeño ensayo

Soy lo máximo. En serio, lo soy.

¿Entonces qué necesidad de andarlo divulgando? El ego sirve como defensa. Es realmente útil en la soledad, en la justificación y en la defensa. El ego encasilla los problemas inculcando la culpa a alguien más. A ese que no hizo caso. Aquel que osó ignorarte. El malandrín estupefacto que hoy recibe las palmas y te ignoró. Es funcional en la depresión y sólo por un momento.

La soberbia, por su parte, es maravillosa. Es gloria personal requerida por la inseguridad. Es inseguridad revestida de pereza y es pereza, vil, que apesta a miedo. El mismo miedo que se oculta bajo el manto del ego.

El ego da para el orgullo lo que la soberbia a la revalidación. Son cómplices ineptos, paleros que se prostituyen por los pocos centavos de autoestima que nos dejan. Mientras que el orgullo se escuda de las gracias del ego, la persona, yo y tú, nos quedamos escudadas, mintiendo sobre la verdad que el orgullo achaca a un tercero, a la fantasía absurda de ser intocables. De no equivocarnos.

Maldita revalidación. Nos vemos inmunes hasta que el sudor nervioso marca la frente. Hasta que la diplomacia vence la realidad. La realidad de la soberbia es que es la hipocrecia personal más profunda. Es el juego de las mentiras que nos decimos cada día. Es la confianza sobrevaluada o el amor propio devaluado. Es la palabra que te grita el espejo con la altivez de tu prepotencia. Es el aullido de dolor que pide tu alma.

Es parte de tu ser. Es la humildad siendo ella, sabiendo que no estás tú, ahí, dentro de ese títere. Es la manipulación de creerte lo que eres. Manipula. Sé lo que soy.

Punto.


martes, enero 17

Invierta en mí (communication skills)

Ya en dos ocasiones me han dado clases para dar presentaciones, o hablar en público, sobre todo aquellas dirigidas a hombres de negocios, gente que invertirá en mi idea, en mi futuro. Debo ser convicente al hablar, directo y creativo, tengo cerca de 10 minutos para un presentación eficiente, el tiempo de atención de mi audiencia es de 18 minutos antes de que se distraigan. Además, por si fuera poco, tengo que practicar frente al espejo mi 'elevator pitch' para aprovechar ese minuto maravilloso de atención total.

Como periodista la historia es similar. Incluso puedo aplicar en ambos casos anécdotas, historias y hechos que le den más impacto a mi exposición. Siendo las cosas así, gente, ahora mismo pondré en práctica mi pitch en este medio. Estoy inspirado, además, por el éxito que han tenido ciudadanos 'random' al pedir cosas via internet -uno consigue cita con Kunis, otro un millón de dólares.


Estimados lectores de mi blog, invesionistas, mecenas y gente con dinero para ser altruista, escribo la presente misiva para darles a conocer un proyecto sustentable, con una gran posibilidad de éxito y una tasa esperada de retorno de 100%, se llama: invierte en el futuro de Ber. 

El proyecto es sencillo. Se trata de recaudar la cantidad de 400 mil pesos con la finalidad de que el prospecto de masterito del IPADE (desde ahora el alumno o Ber) termine con sus estudios de posgrado teniendo un nivel de vida decente y no se endeude sobremanera con dicha institución educativa. 

Como bien sabrá usted el IPADE es una escuela de negocios de lo más prestigiada a nivel mundial, y por si fuera poco, con amplio reconocimiento por lo que su inversión en la educación de Bernardo Flores Heymann será muy redituable para usted en un mediano plazo.

El candidato tiene cinco años de experiencia profesional en el ramo del periodismo de negocios, su caracter aunque afable es más bien explosivo y confrontador. No se le conoce por ser sumiso ni callado, sin embargo sabe dirigir a la gente, manejar e interpretar la información, así como analizar muy 'outside the box' las diversas circuntancias de la vida. Solía ser editor en jefe de una reconocida editorial mexicana, presentador de un programa de negocios y articulista para varias publicaciones. La expectativa que se tiene de él es que alcancé una dirección pocos meses después de finalizar su posgrado. 

Con justa razón usted podrá pensar que hay grandes riesgos al realizar esta transacción y le aseguro que en este caso son mínimos. En realidad solo hay tres riesgos actuales: 
A) que Bernardo se salga del MEDE, pero en caso de que usted invierta, dicho riesgo quedará omitido. 
B) que Bernardo sea expulsado del MEDE, cosa que podría suceder en caso de un severo ataque de valemadrismo ilustrado, cosa que le aseguro tiene menos de un 1% de probabilidad.
C) que Bernardo abandone el MEDE por una oferta laboral pero dudo que eso suceda si cuenta con su inversión. 

¿Cómo el alumno Bernardo mitigará estos riesgos? Quizá no parezca muy tangible la respuesta, pero usted sólo tiene que confiar en él e invertir en su futuro. 


Esto no es una broma, es más, tampoco es un simulacro, es una copia barata y personalizada del Teletón, pero para Bernardo. No quiero 400 millones de pesos, sólo 400 mil con la finalidad de omitir presiones extra-escolares, llevar una vida tranquila y tener la confianza de un benefactor que se beneficiará prontamente con su inversión. Por qué mi familia no apoya, qué pasó con mis ahorros, qué hice antes de ser un masterito en potencia, qué pretendo hacer de mi existencia después de los siguientes 18 meses, esto y todo lo que usted guste se podrá responder con una presentación en privado de esta posible inversión para su negocio. 

Si desea conocer más sobre el proyecto, por favor comúniquese con nuestro ejecutivo por medio de un mensaje en esta vía.


Sé que faltaron los gráficos, las entonaciones y un research más profundo sobre las posibilidades de éxito, pero todo se vale. ¿Los convencí? Espero que sí (también espero sus depósitos)

martes, enero 3

363 días más

Se me  hizo tarde para la publicación de la tradicional lista de propósitos de año nuevo, ya sabemos cómo funciona: haré esto, seré fuerte para aquello, omitiré ser así y demás cursilerías y clichés que van de la mano con la constante mejora y perfectibilidad de la naturaleza humana.

Así que, en comparación con el año pasado que mi lista de 13 propósitos era más bien una bitácora de países que quería visitar y de los cuales me quedé a la mitad, además de que no me fui a hacer la maestría a Dinamarca como tenía pensado, pero tampoco estaba en la lista regresar con Elie, este año he decidido que el único propósito por los siguientes 363 días de este bisiesto año es que seré feliz como pueda y como tenga que hacerlo.

Algunos dicen que es más fácil andar de hablador para ser feliz pero que al momento de aplicarlo es mas bien complejo. Estoy en desacuerdo, es más fácil andar poniendo pretextos a lo pendejo para no disfrutar la vida que en verdad dejarse ir así, a lo bestia, por la libre.

Sí, quiero tener más dinero pero esa situación requiere de un chingo de esfuerzo aderezado con algo de suerte. También quiero que no me amarillen en la escuela, pero eso implica que le eche ganas, que no me confíe y que haga lo que tengo que hacer. Por supuesto que quiero estrenar coche, pero regreso al punto número uno para explicar la situación... sin embargo, si no me hago millonario este año, si me amarillan y no me compro un auto nuevo, puedo seguir siendo feliz.

Inténtelo. Vale la pena. Sólo son 363 días más.