sábado, noviembre 24

crónica de un asalto argetino

Disculparán la catarsis.

Entonces ahí voy, aventurándome por el metro capitalino de lo que otrora fue una bella ciudad para comprar los boletos de camión para viajar con mi prometida en dos semanas tiempo. Todo va bien, me disfrazo de local, compro los boletos y pretendo regresar a casa luego de la aventura.

Trasbordo de línea en Diagonal Norte a Tribunales, estoy llegando al andén y tres personajes nada pintorescos me orillan cerca de la escalera y me rodean antes de que entre al andén. -Conocen ese sentimiento interno de que algo no está bien y todo ya valió... bueno, justo así me sentí-.

Hay mucha gente en la estación.. todo pasa muy rápido y la gente, los locales, están en sus asuntos o se hacen de la vista gorda. Uno saca una navaja, otro me abraza de lado y me dice que todo va a estar bien, que no haga nada. Un tercero me quita la mochila que cargo y la abre, esculca los monchis -dos sanwichitos que me prepare, unas papas y un alfajor- los saca y se los guarda. El que me tenía por el lado toma mi celular y se lo guarda. El de la navaja la agita y mira incierto para varios lados.

El tren está llegando.

El que me abraza saca mi cartera, la abre, toma el efectivo que traía y tira la cartera al piso. El hombre de la navaja me insta a no decir nada y permitir que todo fluya como sigue.

Corren.

Me quedo ahí, con bilis en la boca, las piernas temblando de ira y todos los músculos contracturados. Se acerca un local y me pregunta si no me hicieron nada. En ese instante quería golpearlo, preguntarle por qué no hizo nada si vio lo que pasaba. Contesto que estoy bien, se da la vuelta y se sube al tren. Corro atrás de él y entro al tren también. Quizá quieran regresar por las tarjetas.

En el metro el mismo local me dice que vaya a la policía en la siguiente estación. Otro, que aparentemente vio lo que pasó me dice que lo deje ir y lo olvide, que la policía es poco eficiente. En la siguiente estación me bajó y busco a la policía.

Los emisarios de la justicia son parecidos a los mexicanos... no dicen 'uy joven', pero sí dicen 'che qué mal, no creo que podamos hacer mucho'. Y cierra diciendo 'este país está cada vez más mal'.

Me subo al metro de nueva cuenta, estoy aún más enojado. Sólo me queda gritar '¡cabrones¡' dentro de mí y seguir aquí un mes más.

sábado, noviembre 17

Las mujeres no mueren


Las mujeres no mueren. Está en su naturaleza el don de la vida, el dar vida y a su vez, el terminar con ella. Las mujeres viven del amor que profesan y del que reciben por el haberse entregado a vivir.

Cuando una mujer se entrega a otro ser, su alma se traspasa de cuerpo y se establece en el de su amado. No omite al alma que la recibe, pero la acompaña y se convierte en su consciencia hasta que se fusionan. O es lo que dicen los sabios.

Renata nació fácilmente de una cascada de sangre, el elixir que asesinó a su madre la lleno de vida y fuerza, aún desde muy pequeña. Su padre, José quedó a cargo de su hija y con un duelo eterno hasta el día que murió, cinco años después, cuando la tristeza y la soledad lo abandonó.

Y es que la madre de Renata murió en cuerpo, pero sobrevivió en el alma de su hija. La pequeña era lo más amado para la madre, por lo que José quedó desamparado una vez más. Las madres aman más a los vástagos que a sus parejas. Las mujeres jóvenes aman en demasia a sus hombres y por eso es que el ‘sexo fuerte’ logra grandes cosas cuando enamorados y jóvenes, pero una vez que nuevas y pequeñas vidas llegan, se pierden en el universo.

Si los hombres tienen hijas, estas se convierten en el nuevo pilar de la fuerza masculina. Las niñas pequeñas tienen más que dar que las adolescentes y las adultas porque no difieren de personas, son apasionadas, únicas y se entregan. Sin embargo, esta fuerza infantil sólo puede ocurrir cuando la madre vive.

Renata, como se llevó a su mamá, no podría convertirse en el oráculo de su padre y este falleció pronto, solo, confundido y amando terriblemente lo que no entendía ya.

En el pueblo de Santo Domingo siempre se escuchaban estas historias. Las mujeres eran longevas, los hombres no. Las familias completas, con niñas, siempre se veían saturadas de alegría y tenían un éxito diferente a aquellas que no eran lo que se conoce como familias comunes.

Había familias en las que la madre había muerto, como era el caso de Renata y, en estos núcleos, el hombre mayor moría relativamente más joven que los demás del pueblo. Los hermanos, si los había, huían de Santo Domingo cuando llegaban a cierta edad para aventurarse en el mundo y escapar del destino de morir antes que sus mujeres y no poder cumplir con sus obligaciones al comprometerse. Pero tarde o temprano volvían, porque las mujeres del pueblo eran únicas. Eran la vida. Eran las mujeres que no podían morir.

Las familias en las que el padre había muerto y una mujer lideraba al pequeño feudo, los hijos crecían con una perspectiva diferente al mundo ya que la mujer adoptaba el papel de madre y padre, cosa que un hombre jamás podría hacer. Una mujer a la cabeza de la familia significaba éxito y era un buen augurio, aunque pocos se atrevían a decirlo. El éxito de estas familias no era el esperado en recursos económicos y tampoco en cosas materiales y banales. Su victoria  consistía en una sabiduría novedosa de la vida.

Los hijos e hijas de mujeres solteras o viudas crecían con una consciencia más amplia de la vida. Sabían que las mujeres no podían morir y luchaban incluso con mas fuerza para convertirse en el receptáculo del amor no sólo de su madre, si no de su amada para sobrevivir al futuro. Así, cuando quedaran solos, si pasaba, no cayeran perdidos en el abismo terrible de la perdición por ausencia.

Es que no hay nada más malo que sentirse amado por alguien que ya no está. La desesperación invade cada miembro del cuerpo, cada órgano está alerta para sentir una caricia otra vez y el corazón, esperanzado, se sabe muerto.  

Renata era la luz de José. Su tesoro, pero también se perfilaba como su perdición. Él lo sabía y antes de enfrentarse a su destino, prefirió ahogar las penas en aguardiente local. Dejó ir el poco soplo de vida que le quedaba por temor a dejar a su pequeña sola… pero fue lo que acabo haciendo.

José había sido no un joven guapo ni atractivo. En realidad José no tenía cualidades diferenciadoras notables. Era un hombre más. De niño fue promedio, juguetón y risueño, en la adolescencia se convirtió en una persona taciturna y oscura, receptáculo del amor de su madre cuando su cuerpo murió a manos de la golpiza que le propinó su esposo. Sin embargo, esta etapa oscura no le duró mucho tiempo. Conoció a la que sería la madre de su pequeña, una mujer con ojos almendrados color miel, manos firmes, callosas y con muchas líneas naturales dibujadas en la piel, lo que confirmaba el linaje del pueblo de Santo Domingo, y la filosofía de vida digna de una familia con padre ausente.

José revivió. José hizo todo lo que alguna vez soñó y creyó imposible. José fue feliz, tenía todo el amor de su esposa, hasta que ella quedó embarazada de Renata.

-José, estoy embarazada. Lo sé. Y será una niña, dijo la señora de José una tarde. El tono no podía ser más neutral. Ella sabía lo que eso significaba.

José hizo un ruido que pareció una afirmación pero sus otrora ojos verde se oscurecieron. La mueca se le desdibujó. Era hora de volver a la realidad, sabía. No más fortaleza prestada, no más vida gratis, ahora tenía competencia. Él hubiera querido ser más egoísta, tener a su mujer más tiempo para él. Aún no llegaba su pequeña pero ya extrañaba la atención de su esposa. Todo iba a cambiar.

-¡Por fin!, dijo sinceramente y dibujo una pequeña sonrisa en su cara. –Se llamará Renata, y me regresará la vida cuando nazca.

Su esposa, sabia como todas las mujeres de Santo Domingo, asintió. La verdad es que no sobreviviría y lo sabía, pero era mejor darle esperanza a su marido.

miércoles, noviembre 14

Cualquier parecido con la realidad... es que lo es

Hacer estudios vocacionales, perfiles laborales y análisis de capacidades es como ir a que a uno le lean el tarot, la mano o que vean algo en la bolita mágica. Suena increiblemente bien. La diferencia es que con los perfiles sí se indican cuáles son las áreas de mejora.

Está en la naturaleza del hombre perfeccionarse constantemente en cualquier ámbito: personal, profesional, espiritual, de pareja, de familia e incluso de educación. En este sentido, mis carecias profesionales-personales han mejorado considerablemente: sigo siendo ermitaño y despreocupado por la gente, aunque ahora menos, aparentemente.

Acorde a la magnífica ciencia de la lectura psicológica de las personas que trabajan, tengo un perfil directivo, con mucho empuje y alta capacidad de frustración, pero con un 'mecha' muy corta. Esto es, que puedo explotar ferozmente por cualquier estupidez, pero suelo aguantar y perdurar con situaciones más difíciles. Me resulta irónico, pero cierto.

Debido al perfil creativo-humanista que tengo, se recomienda al candidato, o sea yo, buscar lugares para emplearse en los que yo cuente con altos niveles de autoridad e independiencia, con un líder-mentor que me cuestione constantemente y me recuerde que las reglas existen por algo (pero que me permita romperlas, de vez en vez, comprobando la razón por las que 'me salí del huacal').

El candidato yo podría decidarse a la academia en el futuro, como un proyecto a largo plazo. En el corto y mediano plazo es menester que enfoque en conjuntar la parte humanista-númerica como un valor agregado que pueda ofrecer y desarrollar para su futura labor docente. Esto es, que me dedique a los medios, experimentando con la docencia poco a poco. La razón de esto es que el candidato, o sea yo, no tiene la disciplina que la investigación requiere y es más bien una persona que gusta de la movilidad, la socialización y de la presunción, aunque disfruta hacer que los demás se cuestionen constantemente sobre el status quo que les rodea.

El candidato tiene una curva de aprendizaje muy corta, por lo que se aburre fácilmente en una misma posición y/o situación profesional. Se recomienda que el personaje en cuestión trabaje en áreas estratégicas o creativas y de innovación que pueda implementar. Seguidas las recomiendaciones de dedicarse a los medios de comunicación, Bernardo tiene dos opciones profesionales en el presente.

La primera: trabajar en medios de comunicación más bien pequeños que le permitan reforzar sus capacidades de liderazgo y trabajo en equipo, sin embargo esta opción mermará su conocimiento holístico de otros canales y limitaría probablemente su capacidad creativa. La otra opción es que siga con su plan del programa para MBA's recién cocinados que le darán la oportunidad de trabajar en equipo, retarse constantemente e integrar sus capacidades en un ambiente no controlado por él, lo que a futuro puede ser más positivo. Cualquiera de las dos opciones es viable para el candidato, ambas con un desempeño adecuado y resultados positivos como ascensos, promociones y bonos en el mediano plazo.

El candidato es altamente susceptible a la decepción. Se le recomendó a mí que aprenda a distinguir entre lo mío y la empresa, entiéndase, que la empresa es suya y yo soy mío, y ninguno es del otro.

Tengo una presentación formal, aunque un estilo más bien desenfadado, retador y cínico que puede resultar ofensivo, aunque demuestra mucha confianza en su persona, que raya en la soberbia (y vuelve la burra al trigo).

El candidato cuenta con suficiente experiencia profesional y tiene los elementos necesarios para involucrarse en cualquier empresa, aunque necesita experimentar y practicar la parte numérica con el fin de alcanzar rápidamente la posición que busca.

En síntesis, el personaje entrevistado cuenta con las capacidades necesarias para 'llegar lejos' y tener una carrera prominente comenzando en el corto plazo.

Al igual que con las vistas esotéricas al futuro, esto cambiará, evolucionará pero de momento calma el ansia sobre el futuro inmediato. Refleja la necesidad de enfocarse en el presente y sacarlo adelante. El mañana vendrá, quiera o no, y ya tengo las herramientas para enfrentarlo.