martes, septiembre 29

Amasiato (y de otras perversiones modernas)

También conocido como concubinato, unión libre y demás acepciones posmodernas al concepto de no quererse casar, su significado indica que al final que se se trata de una relación "marital" entre dos personas sin tener un compromiso legal -que incluye el religoso. 
Entiéndase por relación marital el coito constante entre dos personas que, además compartir un lecho y un techo, dependen económicamente del otro. 

Así, consideremos que:

1. Si te vas a vivir con alguien no es precisamente porque "te puede dar algo estable", es quizá, porque te quiere sacar del mercado y espera ganarse la lotería para casarse. Además, quien dijo que te tiene que dar algo, no es que estén casados. Se tienen que dar mutuamente (en todos sentidos) para que funcione.

2. Los valores son muy importantes, la ausencia de ellos, es mejor. Saber en que cimenta tu pareja su relación, es indispensable. No juzgarás.

3. El tiempo... ese tiempo. Algunos dicen que hay que andar de novios al menos seis meses. Yo opino que más que investigación profunda se llama aceptación completa. Una semana o un mes de diferencia sólo probarán que entre más lo pienses, menos querrás hacerlo. O más acostumbrado estarás sin haber saboreado lo que esperabas. 

Aplaudo los arranques, siempre traen buenos resultados.

4. El temor aquel de ver siempre a la misma persona, el saber que tu libertad puede verse interrumpida, que tu espacio personal, que el full contact es drástico... bueno: reglas claras, relaciones largas. Qué quiere cada uno al momento de aventarse irse a vivir juntos (persignación total): tal vez ella mire al futuro ilusionada, tal vez tu sólo quieras probar. Tal vez llegue el momento adecuado.

5. Por último, Z alguna vez me dijo que lo hermoso del noviazgo y de la unión libre es que uno siempre se puede echar para atrás. Completo su frase: hoy día, el divorcio soluciona casi todo.

La vida se trata de eso, qué no, probar. Unos lo encuentran inmediatamente, otros prefieren indagar más. 

miércoles, septiembre 23

Disturbing facts

Aunque haya sido tiempo atrás las noticias del martirimonio de algún ex nos afectan, si no en lo profundo, causan ruido en el sistema. 

Las causas de esta interferencia pueden ser varias, desde un toque de celos hasta una grata y bienvenida sorpresa. Sin embargo, eso nunca nadie se lo espera gracias a un sentimiento de egoísmo feliz y/o a alguna de las siguientes premisas: es mía, la dejé marcada, regresaremos o cualquiera de las mentiras y letanías que nos inventamos constantemente para esperar algo en nombre de ese drama, de ese estrés, de ese quizá. Todo por una probabilidad. 

Y chun, en estos días me ha llovido sobre mojado al enterarme de este tipo de cosas. Fuera de que "la generación" (pretexto para poder omitir las edades)... bueno, mi generación ya está en edad de eso que llaman sentar cabeza y varias mujeres comienzan ya a circular sus invitaciones, mesas de regalo y demás calamidades... con fecha de hoy me entero alguien más será mamá.

La primera vez que algo así pasó en mi vida (enterarme de algo fuerte de alguien de mi pasado) y mi sistema colapsó fue en la preadultez cuando me enteré que E, después de cortar conmigo, ya tenía un novio nuevo. Tan fuerte me pegó, que mi estómago se aflojó por completo.

Con el paso de los años aprendí que luego este tipo de noticias non gratas llegan y hay que saber tomarlas, como que G fue mamá muy joven. 

Me parece que estos momentos de reconocimiento situacional responden directamente a las chaquetas mentales que nos hicimos con determinada pareja... o mujer endiosada. Ejemplos típicos: con esta yo me caso, con ella viviré en la Condesa, con aquella tendré un chilpayate y seremos felices a los 28... con tal chava, bueno, que al menos ande conmigo, o me de un besito pa que pueda seguir clavado. 

Y, como vivimos del quizá, de la esperanza y de la incertidumbre, cuando la falsa probabilidad más cercana se ve rota, la noticia nos altera. 

Ahora me caen de zopetón un titipuchinmadral de estos reportes. Enumero: 
1) La forense será mamá, 
2) todo indica que E ahora sí se nos casa, 
3) L está saliendo con un hombre decente y de buena familia (divorciado)... 
4) pa' acabarla me encuentro con P y descubro que tiene un niño y también ya mero se casa también. 
5)A ya tiene "un espacio" con su amante y... 

... bueno, podría seguir con la lista, pero fuera de que "todo eso pudo haber sido mío", tengo lo que me toca. 

¡Ah! y no sé de M, lo cual es igualmente jodido. El saber mata pero el no hacerlo te mantiene en agonía permanente.

lunes, septiembre 14

Rubia 86 back to basics

Cuando niños, a las madres no sé qué les da por sentirse estilistas, pero nos cortan el pelo a su muy peculiar forma y manera. De infantes, a muchas de ellas no les importaba cómo quedara siempre y cuando se acoplara a su estilo de peinarnos. En mi caso se trataba de un corte a la príncipe valiente que evolucionó en un copete "con ola" hasta terminar en un rape a la militar, casquete corto y toda la cosa.

Al final, por ahí de la pre adolescencia y puberta' tuve la posibilidad de escoger mis propias greñas y opté por un look muy a la pelos puntiagudos con gel, a la moda según yo. Sin embargo, como en esos tiempos la crisis nos golpeó -igual que ahora- y me negué rotundamente a que mi madre siguiera jugando a la estética unisex conmigo. Terminé yendo a una escuela para cortadoras de pelo en la que cobraban 5 pesos -o su volunta- y lo dejaban decentemente bien.

Crecí y tuve más fondos para cortarme el pelo en la peluquería de Don Beto por 60 pesos pero nunca quedé realmente convencido, era uno de esos hombres fiel a su oficio que pedirle un corte "moderno" iba en contra de sus tradición.

Luego hubo más capital y fui, en un par de ocasiones a una estética donde terminaba peinado como Walter Mercado o Juan Gabriel y pagaba mucho más dinero: 280 pesos por un corte en el que me daban un refresco, me hacían masaje en la cabeza y tardaban casi hora y media por dejarme el pelo corto.

Ahora, que las vacas gordas han sido sacrificadas y el tiempo no permite cortes caros, regresé a la escuela de estilistas e identificaron mi pelo como rubio cenizo y lo chulearon porque muchas mujeres buscan ese tono sin conseguirlo. El corte no fue el mejor, pero no me puedo poner muy exigente por 10 pesos.

¿Quién necesita pagar 280 pesos por cortarse el pelo cuando una aprendiz lo hace por menos del 5% de ese precio? Back to basics, insisto.

domingo, septiembre 13

Un bodegón llamado Patrick Miller

Así como de un día para otro decidí convertirme en crítico de arte (con algún éxito), reseñador de libros (sin tanto) y estudioso de películas (principalmente de testosterona), ahora me propongo como auditor de los lugares que conozca en aquellas noches de fiesta y juerga (que son, por decirlo así, muy constantes).

La inauguración se la dedicó al Patrick Miller, o el antro-bar-tugurio en el que más he sudado. Los rumores me decían que era un lugar alternativo, diferente y quizá un poco demasiado kitsch para mis gustos. Y sí lo fue. En todo. Se trata de un bodegón de la colonia Roma que no tiene pinta de lo que es. Se trata de una locación que, citando a mi bitch, "entre más raro seas, es mejor" y al cual calificó como un establecimiento "cómico-mágico-musical" que llena por completo la descripción.

La aplicación de la ley antidiscriminatoria por sexo, religión, estatus social, preferencias y demás aquí es plenamente aplicable con un cover de 30 pesos que cualquier persona interesada en el baile puede pagar. La forma de pago para embrutecerse son fichas de colores para el refresco de cebada (el único alcohol que se vende) de colores: amarillo para una chela y cuesta 25 pesos, naranja-rojizo fosforiloco para el doble por 50 morlacos y así exponencialmente.

La fiesta empieza desde que abren (supongo que será por ahí de las 21 horas) pero nuestra comitiva llegó pasada la media hora de las 22 y se veía poca actividad. El bodegón es tan sólo una gran pista de baile sin las comodidades de un antro tradicional que carece de ventiladores con lo cual evitan borracheras excesivas y más transpiración que en una clase de yoga, spinning o aerobics, si uno se deja llevar por la tradición del lugar: el baile. Resalto que los baños son bastante mejores de lo que uno podría esperar.

Pude comprobar la existencia de las retas de baile con todo tipo de bailarines, todo tipo de movimientos, coreografías y movimientos -en ocasiones excesivos- que van rotándose en el interior de una bola de danzantes que puede ser retada para mostrar sus pasos en un popurrí que va desde Underdog project, Gillete e INXS, pasando por Paul Van Dyck hasta Luis Miguel y Daniela Romo con un beat sostenido.

La comitiva llegó preocopeada y salió sobria. Ustedes dirán.

viernes, septiembre 11

Comehombres

Cuando yo era un joven imberbe con ínfulas de grandeza y hermosura aria (ahora soy una adulto contemporáneo con las mismas características), siempre me pasaba que las chicas me veían con buen agrado, pero no había nada más hermoso que ir a una escuela secundaria llena de estrógenos en desarrollo para alimentar el ego... y qué decir de una escuela pública de puras mujeres. Eso era hermoso y a la vez aterrante. Uno se podría haber sentido como pedazo de carne ante tanta fémina con complejo de Malinche. De puberto preadolescente me encantaba pasearme por la secundaria 8 a la hora de la salida y sentirme carnada ante tanta chamaca con una espiral de deseos carnales en ascenso. Nunca pasó de un "güero, hazme un hijo" o de lo más fuerte "métemela para hacerte hombre" y cosas así.

Por azares del destino, hoy pasé por la misma escuela secundaria pública y me traumé. Casi no había niños-pubertos-hombres esperando a sus flaquitas afuera, los pocos que había se veían más bien temerosos y eran arrinconados por sus las "inocentes criaturitas" con senos en crecimiento contra paredes y coches para ser besados, toqueteados, manoseados y sí, lo vi, cuasi fajados. Sí, como buenos hombres ellos estaban dispuestos, sin embargo, en sus miradas se veía el temor, un miedo infundado por el ascenso de una sombra silenciosa: hormonas femeninas descarriadas.

Como es época de vacas flacas, yo iba en mi democrático camión rtp que pasa por la escuela 197 Canadá ubicada en la Nápoles y luego por la ya tan mencionado centro de entrenamiento femenino. Primero los chamacos de la 197 iban haciendo el relajo que podían en el pecero pero, en cuanto las dominatrices en potencia abordaron el vehículo los papeles cambiaron y confieso que quedé absorto de los resultados.

Las miradas de las fieras esas que se dicen adolescentes provocaron que temiera por mi integridad física y preferí caminar. Me repetí como cuando puber: tu vales mucho y mereces respeto.

Vicos y nada más


martes, septiembre 8

Un final feliz

A la gente le gustan los finales felices. Disney ha viciado los cuentos que hizo caricaturas con el "y vivieron felices para siempre" cuando en realidad, el final de Blanca Nieves, Cenicienta y Bambi es completamente triste.

Agárrense que ahí les va la verdadera historia de sus cuentos de hadas: Blanca Nieves era violada por 7 mineros chaparritos y feos, Cenicienta no se casa con el príncipe porque una de sus hermanastras le deforma el pie y Bambi se convirtió en barbacoa nórdica. Sí, ya sé, eso no vende. Creo que debería tomar un curso de marketing.

Sin embargo, las noticias sí que venden y tampoco tienen un final feliz. En todo caso, son realistas y la realidad también vende. Si no, entonces porque hay tanto fans viendo Survivor, Big Brother o cuanta pendejada últimamente hay en los medios.

Está bien, confieso, voy a participar en un reality virtual y eso me tiene feliz aunque me vayan a destazar en público. A todos nos gusta un poco de morbo malsano, un deje de realidad alegre, pero es una ironía: mientras que todos queremos el final mágico de Disney, nos encanta ver sufrir a los demás.

Hasta Hollywood ya se dio cuenta de que el "y vivieron felices para siempre" deja lana por un ratito y por eso luego sacan la secuela de que la falacia de la felicidad eterna sólo duro un par de años y que es necesario entrar en nuevos conflictos para llegar nuevamente al punto de quiebra.

Dejo claro que no soy Scrooge, creo que podemos tener un final feliz. Pero también sé que alguien será infeliz y no porque deseé el mal, es porque es realista.

Me preguntan que por qué mis cuentos, novelas y narrativas no tiene un final feliz. Mi respuesta es bien sencilla: porque no existen.

lunes, septiembre 7

forceps

Mi cráneo tiene una forma rara. No es redondo, ni plano, ni nada de eso, de hecho sólo por el pelo parece que mi cabeza es común, pero pues no es así. Tiene una forma ovalada en la parte superior provocada por la presión de las paredes internas del cuerpo de mi madre que me lo deformaron gracias a mi necedad de encaminarme en el canal de salida del cuerpo de mi madre con dos meses de antelación.
La primera vez que me raparon, fuera de bebé, fue a los 10 años. Desde entonces, cual manda, me rapaba en las mismas fechas una vez al año. Sin embargo, no fue hasta hace un par de años que descubrí que en ambos lados, a la misma altura y distancia, tengo dos cicatrices muy feas en las que no me crece el pelo, son las marcas de los forceps.
Tenía tanta prisa en salir del vientre de mi madre que a la hora de la hora, no más no quería dejarme parir y tuvieron que aplicar la fuerza bruta para mostrarme el mundo. Pero eso no es todo, aún hay más: nací enredado en el cordón umbilical y había tirado el líquido amniótico con no se cuantas horas de premura. Total que todo mi cuerpo quería salir, pero a la hora de la hora, me estaba rajando y deseaba quedarme calientito dentro de Vic.
Todavía me duelen las cicatrices cuando me las toco, aunque casi siempre las tengo en el olvido.

domingo, septiembre 6

una más

Me mira altivamente. Ya no tiene argumentos, su dignidad se escabulle rápidamente en el silencio. Puedo dañarla, lo sé.

- ¿Qué vas a hacer entonces?-, me pregunta sin importarle la respuesta, sólo quiere terminar con la entrevista.

- Espero a una amiga que ya no ha de tardar en llegar-, le respondo como si nada.

- Es otra de tus putitas, ¿no?

- Sí, cómo tú-, le respondo.

Espero lo peor, una cachetada, que me escupa o de perdida que me mate con la mirada, parezco el ardido, pero en realidad soy un cínico. Una lágrima le escurre por el ojo, le corre el rímel, niega con la cabeza y da media vuelta.

Sigo con mi taza de café, no pasa nada. Sí, fue una más, una putita más.

jueves, septiembre 3

on any given thursday

No soy entrenador del equipo de Miami ni mi jefa es Cameron Díaz, tampoco me parezco a Al Pacino, pero como un jueves cualquiera, como hoy, te das cuenta de que seas quien seas, tarde o temprano tendrás que limpiar la mierda de un perro que se cagó en la puerta de tu casa, por más emperifollado que te encuentres. 
También que un jueves cualquiera, como el actual, puede servir para pedir trabajo dónde uno no lo esperaba. Un jueves común es tan parecido como al anterior por el tianguis que se pone afuera de mi casa, el viene viene que se apaña los lugares de la calle pero que siempre reserva un lugar, de igual manera como que fumo igual que la semana pasada y que hoy se trata de un viernes chiquito. 
'On any given thursday' uno puede hacer y deshacer como mejor le plazca... como hoy.

del orgullo, su eufemismo

Me gustaría poder escribir algo como 'Orgullo y Prejuicio', de Jane Austen, pero en realidad sólo tengo que hablar del orgullo, aunque es curioso como ambas situaciones se imponen la una ante la otra. 

Según el señor Wikipedia (término acuñado por el Chiquis) orgullo y soberbia van de la mano, de hecho podrían significar casi lo mismo. Para la RAE el orgullo radica en la insensatez de no aceptar lo que se debe aceptar, algo así como un exceso de vanidad propia; mientras que la soberbia va de la mano con el apetito personal menospreciando a terceros. A fin de cuentas se trata de eufemismos. Mi defecto según los test de Facebook es el orgullo, acorde a mi terapeuta, es la soberbia. Vamos sobre lo mismo. 

La vanidad propia me han hecho hacer de mí un silogismo perfecto, una lógica imperfecta basada en la subjetividad partiendo de la necesidad de superarme con respecto a los demás. La soberbia me ha inclinado a siempre creer que soy más de lo estimado, a valer más de lo que cuesto, a ver por encima del hombro, a pensar que valgo lo que me digo que estimo. No lo niego, pero también tengo que aprender un poco de la tierra y sus virtudes... de humildad.

El momento actual me presenta una oportunidad que en el pasado me dio vida y un despegue adecuado. Sin embargo, el orgullo, que aprendo a tragarlo, se antepone a mi simple y vaga necesidad de vivir. Por otra parte, la soberbia me hace saberme lo que soy con unas cuantas flores que están de más en el adorno. Mientras que mi sumisión me regala una ventana, el orgullo crecerá de otras personas y caemos en la misma cuenta de siempre. La humildad de uno compra la soberbia en otro.

Soy soberbio. Llámame orgulloso. 

Soy un sujeto, con verbo circunstancial, intentado dejar de lado la adjetivación.

martes, septiembre 1

el bar de confianza

Seguramente los amantes de la noche y del buen beber tienen un bar de confianza en el cual desahogar sus penas, un rincón en el cual fraguar futuros, compartir con amigos, develar misterios y siempre ser atendidos a bien. 

El bar de confianza se caracteriza por estar siempre en el mismo lugar, con la misma gente y con buenas relaciones con los meseros, cantineros y, por qué no, con el dueño y demás adeptos culturales. En mi caso, el bar de confianza siempre ha estado lo suficientemente cerca para poderme regresar a rastras -cosa que nunca ha sucedido, pero he estado cerca. 

Desde hace casi tres años, los manteles han cambiado una sola vez de tono y siempre han mantenido ese sabor de trattoria italiana en los cubremesas con un ligero toque de kilt escocés corriente. Queen, the Beatles, El Padrino y James Dean son los testigos de todas y cada una de las veces que el bar de confianza me ha abierto las puertas para liberar mis penurias, festejar cumpleaños, coquetear al aire libre y saborear la embriaguez de mis excesos. 

Si las paredes de ese lugar pudieran hablar seguramente dirían que... no sé que tanto dirían, pero me conocen en casi todas mi facetas, desde el sobrio cumplidor que toma limonadas hasta el briago más feliz que canta y baila Rasputín poco antes de clarear. Quizá contarían cómo me hice de amigos nuevos y reencontré a los viejos, comentarían de las despedidas que se fraguaron en un precopeo o de la necesidad de sus bajos precios a la que acudo. Es probable que haya bebido más de 5 veces del mismo vaso en ese tiempo, que haya consumido incontables (mili) litros de alcohol y que me haya enfrentado por primera vez en años a mi padre.

Ese minúsculo recinto de libertad se ha cobrado infinidad de quincenas propias y ajenas, ha atestiguado enemil circunstancias jocosas, lamentables y envidiables. En la mayoría de las veces me ha visto fundirme en un largo vaso de Jack con Coca en la siempre bienvenida compañía de mis falanges, aunque he de decir prefería los vasos cocteleros a los plásticos que hoy usan. 

En principio de cuentas llega el cervezco frío, radiante y lleno que se agota con el paso de las palabras, para después ofrecerse íntegro en un húmedo y largo trago de compañía. En festejos únicos, caballitos de un licor negro con apodo alemán se vierten con bebidas vigorizantes, o de mezcal con la misma pureza de un shoot azul para acabar con la sensibilidad de las manos en una ráfaga con llamas multicolor.

Tres trabajos han pasado por ahí, grandes historias de amistad, amor y desafío se han consolidado entre sus paredes, besos furtivos en algunos rincones, caricias ocultas entre los manteles... pero eso sólo es lo que yo he visto, en el bar de confianza.

Ya saben cuál, es mi bar de confianza.