domingo, septiembre 13

Un bodegón llamado Patrick Miller

Así como de un día para otro decidí convertirme en crítico de arte (con algún éxito), reseñador de libros (sin tanto) y estudioso de películas (principalmente de testosterona), ahora me propongo como auditor de los lugares que conozca en aquellas noches de fiesta y juerga (que son, por decirlo así, muy constantes).

La inauguración se la dedicó al Patrick Miller, o el antro-bar-tugurio en el que más he sudado. Los rumores me decían que era un lugar alternativo, diferente y quizá un poco demasiado kitsch para mis gustos. Y sí lo fue. En todo. Se trata de un bodegón de la colonia Roma que no tiene pinta de lo que es. Se trata de una locación que, citando a mi bitch, "entre más raro seas, es mejor" y al cual calificó como un establecimiento "cómico-mágico-musical" que llena por completo la descripción.

La aplicación de la ley antidiscriminatoria por sexo, religión, estatus social, preferencias y demás aquí es plenamente aplicable con un cover de 30 pesos que cualquier persona interesada en el baile puede pagar. La forma de pago para embrutecerse son fichas de colores para el refresco de cebada (el único alcohol que se vende) de colores: amarillo para una chela y cuesta 25 pesos, naranja-rojizo fosforiloco para el doble por 50 morlacos y así exponencialmente.

La fiesta empieza desde que abren (supongo que será por ahí de las 21 horas) pero nuestra comitiva llegó pasada la media hora de las 22 y se veía poca actividad. El bodegón es tan sólo una gran pista de baile sin las comodidades de un antro tradicional que carece de ventiladores con lo cual evitan borracheras excesivas y más transpiración que en una clase de yoga, spinning o aerobics, si uno se deja llevar por la tradición del lugar: el baile. Resalto que los baños son bastante mejores de lo que uno podría esperar.

Pude comprobar la existencia de las retas de baile con todo tipo de bailarines, todo tipo de movimientos, coreografías y movimientos -en ocasiones excesivos- que van rotándose en el interior de una bola de danzantes que puede ser retada para mostrar sus pasos en un popurrí que va desde Underdog project, Gillete e INXS, pasando por Paul Van Dyck hasta Luis Miguel y Daniela Romo con un beat sostenido.

La comitiva llegó preocopeada y salió sobria. Ustedes dirán.

3 comentarios:

CHERRY dijo...

Es un arte salir hasta la madre de ahi... pero de que se uede se puede... cuando me acuerde te cuento!! XD

Shaman dijo...

Chale, yo no fui...pero, siempre hay un mañana y dinero -en el mejor de los casos- para ofrecer al dios Cervezco; cuándo es la próxima noche retro?

la amiga del primo de un amigo dijo...

Ja,ja,ja está buenísimo como lo cuentas, me lo imagino como de película, no lo sé.
Pero dentro de lo que cabe a pesar de todo medio sano, no?. Pues pura chela, el lugar baráto, bailas y bailas hasta Luis Miguel, que ya te imagino ah y que decir de los baños que nos cuentas, no están hasta eso tan malos, je,je,je.

AH de ser TODA UNA EXPERIENCIA RELIGIOSA IR A ESE LUGAR.