La primera vez que me raparon, fuera de bebé, fue a los 10 años. Desde entonces, cual manda, me rapaba en las mismas fechas una vez al año. Sin embargo, no fue hasta hace un par de años que descubrí que en ambos lados, a la misma altura y distancia, tengo dos cicatrices muy feas en las que no me crece el pelo, son las marcas de los forceps.
Tenía tanta prisa en salir del vientre de mi madre que a la hora de la hora, no más no quería dejarme parir y tuvieron que aplicar la fuerza bruta para mostrarme el mundo. Pero eso no es todo, aún hay más: nací enredado en el cordón umbilical y había tirado el líquido amniótico con no se cuantas horas de premura. Total que todo mi cuerpo quería salir, pero a la hora de la hora, me estaba rajando y deseaba quedarme calientito dentro de Vic.
Todavía me duelen las cicatrices cuando me las toco, aunque casi siempre las tengo en el olvido.
3 comentarios:
Las cicatrices olvidadas son como condecoraciones en el armario; sólo de repente te acuerdas que están ahí pero, su historia bien vale remembrarse pues cada una es parte de uno.
Las cicatrices de nacimiento son un tema delicado para mi, ya que las mías están en mi cara y por lo tanto, imposibles de olvidar. Pero lo cierto es que a veces, ya no las veo cuando me miro en el espejo. No se qué tan diferente sería sin ellas, pero talo vez ya no sería yo.
yo creo que por eso eres un ser especial, es decir, un gran ser humano, que desde que nació de la panza de tú mami, lo hiciste de manera diferente y eso te marco de por vida.
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