–Disculpe señor, cómo llego a Constituyentes–, preguntó Joel encorvado hacia adelante, cubriéndose un poco la cara, el cuerpo y ocultándose bajo la sombra que su propio cuerpo proyectaba.
– Está muy lejos– respondió el interrogado. ¿A qué altura va?
– Constituyentes y Periférico– contestó Joel. –Voy pa' Oaxaca–, continuó. La mirada inocente, expectante de respuestas.
Joel había llegado al DF la noche del jueves desde Puebla. Llegó a la TAPO. Venía por su hermana, una muchacha que trabaja como ayudante doméstica en San Ángel. En la bonita Ciudad de México, Joel sufrió lo que la mayoría ya ha vivido, un asalto en la termina de autobuses. Le quitaron su mochila y con ella, la poca información que tenía de todo en este mundo. Dentro de su maletita traía la dirección para ir por su hermana, el teléfono para localizarla y algo más de dinero para continuar con su travesía a Oaxaca.
–Ok, respondió su interlocutor. Mire tiene que agarrar esa avenida grande que se ve ahí (Cirucuito Interior) a la izquierda y caminar. Está como a 10 cuadras grandes. Ahí va ver un letrero que dice Constituyentes...
– Es que no sé leer– respondió apenado Joel.
– Ah...
–Vine de Puebla a buscar a mi hermana, mire–, dijo mientras sacaba de su bolsa un papel y se acercaba lento, y más bien temeroso. –¿Me puedo acercar?– dijo con la mirada en el piso otra vez. –Ustedes en la ciudad son muy desconfiados, por eso le pido permiso. Tome, lea esta hoja– y estiraba su mano con la hoja de papel.
"Por favor ayude a este ombre, se llama Joel. Es un buen ombre y cincero. Va a Puerto Escondido, en Oajaca" Se leí en las primeras oraciones. La letra era femenina o de un niño.
Joel se extendió.
– Me quitaron mis cosas anoche. Me fui caminando a a San Ángel y estuve preguntando por mi hermana, pero es que ahí es muy grande– confesó.
– ¿Oiga, ya comió?– le preguntaron sus guías
– Sí, ya. Una señora me dio de comer en San Ángel dos panes con huevos. Ella estuvo hablando a Huatulco y a Puerto Escondido, pero mi rancho está muy lejos del teléfono y nadie contestó. Entonces y ¿si mejor me regreso a la termina de camiones?
– Sí, quizá es lo mejor. A ver, ¿cómo se puede ir?– dijo pensativo el transeúnte.
– Es que... es que no sé dónde estoy – dijo Joel con los ojos inyectados de frustración y lágrimas de desesperación. Llevo cuatro horas caminando desde San Ángel. Me voy a ir a la termina y me voy a subir a escondidas al camión pa mi pueblo.
Joel no había aprendido a leer y a escribir porque para trabajar la tierra eso no era importante ni necesario. Además, nunca lo había necesitado.
–Mire señor aquí tiene lo que traemos, le dijo el transeúnte mientras extendía cerca de $280 pesos, y váyase a la TAPO y de ahí tome un camión a su rancho.
Ya con lágrimas escurriendo, Joel tomó el dinero apenado mientras preguntaba entre respiraciones qué cómo iba a pagarlo. Le pidió a su citadino mecenas que apuntara la dirección de su rancho, en Puerto Escondido, domicilio conocido, para que cuando estuviera allá, pudiera pagarle.
Con la ayuda de un taxista le indicaron cómo irse en metro a la TAPO. Estaba a dos cuadras del metro Sevilla y a escasos 15 minutos de la terminal de autobuses. Ahora solo necesitaba completar casi $900 del pasaje y esperar 18 horas para llegar a su pueblo.
Dobló en la esquina y se perdió en las fauces de la colonia Cuauhtémoc mientras la Ciudad de México terminaba por robarle la esperanza.
lunes, julio 20
jueves, julio 16
Entrevistas (o de buscar trabajo)
No es la primera vez que estoy desempleado, pero sí es la primera que lo hago bajo circunstancias más bien favorables. Pero en esta incansable búsqueda de éxitos, dinero, ascensos y tristezas he descubierto algunas cosas que son realmente fascinantes.
1. Todas las putas entrevistas son iguales. En mis 10 años de trabajos forzados en diversos medios, empresas, compañías, changarros y demás, me he topado que de nada me ha servido la experiencia previa en el mismo ramo o ámbito porque todos al final preguntan exactamente lo mismo:
a) que si tus fortalezas, no, no soy un superhéroe pero sí soy re bueno en lo que hago, contrátame y lo veras
b) haz una prueba de tal: no mames y luego qué, ¿esperas que te dé la respuesta a tus problemas por una pinche entreviste pitera?
c) dónde te ves en cinco años: por favor, en un lugar menos godinez, más abierto y que tenga ventanas. Claro que respondes: en una posición más elevada, con gente a mi cargo y desarrollándome profesionalmente. Si se puede, me gustaría que mi oficina tuviera baño propio.
d) después de la primer entrevista, te entrevista alguien más y ¿qué crees? te hace exactamente las mismas preguntas que el tipo anterior y ahí vas, con la misma perorata para que al final te digan: nosotros te llamamos. El problema viene cuando te entrevistas con el segundo personaje tiempo después del primero y no recuerdas lo que dijiste aquella vez. Tip: tomen nota.
e) nunca te llaman y cuidado y lo hagas tú porque entonces te vuelves un ente non grato, incontratable y mal parido para trabajar ahí.
Cuando yo entrevistaba gente me gustaba hacer la rutina de good cop y bad cop con preguntas diferentes a las mismas... a grandes rasgos siempre me resultaron positivas mis contrataciones... si dependían de mí, porque si entraba mi superior al quite, me despedía de mis grandes prospectos.
¿Por qué es tan difícil apostarle al instinto? Estoy seguro de que me hubieran contratado hace mucho.
2. Con tanta especialización que tenemos ahora no puedo aplicar a cualquier trabajo, tristemente. Antes decir que era comunicólogo me abría las puertas a medios, empresas, todo... ahora con una maestría en negocios y siendo "un experto" en contenidos, transmedia y jerarquización de información estoy jodido porque solo alguien que busque un perfil así me querrá. Y justo así ha sucedido.
3. Estoy sobrecalificado. ¿En serio? ¿Neta? ¿es todo lo que pueden decir? Vende hules. Mejor suban sus salarios. Es impresionante la cantidad de direcciones de área que hay publicadas con un sueldo máximo de $20 mil. Sí, pido más sueldo, pero tengo la experiencia manejando gente, equipos grandes, de alto rendimiento, con resultados comprobables y tangibles... eso sí, el que aplique a la supuesta dirección de área necesita, de menos, maestría y cinco años de experiencia. ¿Por 20 mil? *suspira y voleta los ojos*.
4. Hay chingomil gente dedicándose a todo menos lo que les gusta o lo que estudiaron y creo tener la respuestas: porque a las empresas les viene valiendo madre tu vocación. Ahí va mi ejemplo. Amo los medios, me fascinan, me encanta destazarlos, estudiarlos y ver hacia donde van. Sin embargo, me gusta aún más la docencia. Mi vida feliz sería estudiar, dar clases e investigar... pero ¿qué crees Bernardito? Te chingas porque "estamos apostando por gente (mediocre en su mayoría) para que se forme en una carrera académica". Oigan, les digo, miren que pinche ñoño soy y la evaluación de mis alumnos. Soy punta de lanza en lo que estoy enseñando, podemos hacer un curso más largo, más interesante. Necesito de su apoyo, esto es lo mío. Y no responden. Así que tu vocación es aún menos importante que tu gusto, que tu vida y lo demás.
Pero no me desanimo porque bueno, ya tengo otra entrevista que me mantiene ocupado, un nuevo proyecto escolar para seguir pensando y un proyecto doctoral que está esperando ser aprobado. Ah, y el trabajo soñado ahí está, esperándome, nomás tengo que tener la entrevista adecuada.
1. Todas las putas entrevistas son iguales. En mis 10 años de trabajos forzados en diversos medios, empresas, compañías, changarros y demás, me he topado que de nada me ha servido la experiencia previa en el mismo ramo o ámbito porque todos al final preguntan exactamente lo mismo:
a) que si tus fortalezas, no, no soy un superhéroe pero sí soy re bueno en lo que hago, contrátame y lo veras
b) haz una prueba de tal: no mames y luego qué, ¿esperas que te dé la respuesta a tus problemas por una pinche entreviste pitera?
c) dónde te ves en cinco años: por favor, en un lugar menos godinez, más abierto y que tenga ventanas. Claro que respondes: en una posición más elevada, con gente a mi cargo y desarrollándome profesionalmente. Si se puede, me gustaría que mi oficina tuviera baño propio.
d) después de la primer entrevista, te entrevista alguien más y ¿qué crees? te hace exactamente las mismas preguntas que el tipo anterior y ahí vas, con la misma perorata para que al final te digan: nosotros te llamamos. El problema viene cuando te entrevistas con el segundo personaje tiempo después del primero y no recuerdas lo que dijiste aquella vez. Tip: tomen nota.
e) nunca te llaman y cuidado y lo hagas tú porque entonces te vuelves un ente non grato, incontratable y mal parido para trabajar ahí.
Cuando yo entrevistaba gente me gustaba hacer la rutina de good cop y bad cop con preguntas diferentes a las mismas... a grandes rasgos siempre me resultaron positivas mis contrataciones... si dependían de mí, porque si entraba mi superior al quite, me despedía de mis grandes prospectos.
¿Por qué es tan difícil apostarle al instinto? Estoy seguro de que me hubieran contratado hace mucho.
2. Con tanta especialización que tenemos ahora no puedo aplicar a cualquier trabajo, tristemente. Antes decir que era comunicólogo me abría las puertas a medios, empresas, todo... ahora con una maestría en negocios y siendo "un experto" en contenidos, transmedia y jerarquización de información estoy jodido porque solo alguien que busque un perfil así me querrá. Y justo así ha sucedido.
3. Estoy sobrecalificado. ¿En serio? ¿Neta? ¿es todo lo que pueden decir? Vende hules. Mejor suban sus salarios. Es impresionante la cantidad de direcciones de área que hay publicadas con un sueldo máximo de $20 mil. Sí, pido más sueldo, pero tengo la experiencia manejando gente, equipos grandes, de alto rendimiento, con resultados comprobables y tangibles... eso sí, el que aplique a la supuesta dirección de área necesita, de menos, maestría y cinco años de experiencia. ¿Por 20 mil? *suspira y voleta los ojos*.
4. Hay chingomil gente dedicándose a todo menos lo que les gusta o lo que estudiaron y creo tener la respuestas: porque a las empresas les viene valiendo madre tu vocación. Ahí va mi ejemplo. Amo los medios, me fascinan, me encanta destazarlos, estudiarlos y ver hacia donde van. Sin embargo, me gusta aún más la docencia. Mi vida feliz sería estudiar, dar clases e investigar... pero ¿qué crees Bernardito? Te chingas porque "estamos apostando por gente (mediocre en su mayoría) para que se forme en una carrera académica". Oigan, les digo, miren que pinche ñoño soy y la evaluación de mis alumnos. Soy punta de lanza en lo que estoy enseñando, podemos hacer un curso más largo, más interesante. Necesito de su apoyo, esto es lo mío. Y no responden. Así que tu vocación es aún menos importante que tu gusto, que tu vida y lo demás.
Pero no me desanimo porque bueno, ya tengo otra entrevista que me mantiene ocupado, un nuevo proyecto escolar para seguir pensando y un proyecto doctoral que está esperando ser aprobado. Ah, y el trabajo soñado ahí está, esperándome, nomás tengo que tener la entrevista adecuada.
miércoles, febrero 25
Jugar a los quemados
Ahí está él, sentado, pensando cómo pisotear el ego del profesor G de la G. Esperando la oportunidad adecuada. El momento único con el que pasará a la historia. A la breve historia de los anales de preparatorianos.
"Entonces la ética dice que debemos escuchar, antes de juzgar..." susurra a lo lo lejos con su voz falsa el profesor de barba bien peinada, mirada perdida y estoica estructura. La oportunidad apremia. Van dos veces que el maestrito ese, miembro poco honorable de alguna congregación religiosa cerrada y mística, humilla a su alumno sin razón aparente. No se aguantan, se ve a leguas.
El educando intenta entender por qué la tirria mutua, pero no encuentra razones. Solo sabe que le caga el tipo. Otros alumnos dicen que parece Cristo, pero con una barba envidiable y bien cuidada. Es solo un provinciano más con aires de grandeza. Una raya más al tigre asegura el joven imberbe. Llegó el momento, está seguro.
-"Entonces con la filosofía podemos entender a Dios... se detiene G y voltea agresivo -"¡Que te calles!"- le grita a su preaparatoriana némesis, quien, realmente no hacía nada, solo no prestar atención.
- "¿Por qué?"-, espeta el discípulo
- "Por que lo mando yo", responde intentando conservar la calma el inexperto profesor.
-"Decir eso no te hace muy ético ¿verdad?"- Fue la oportunidad perfecta, se dice a sí mismo.
-"¡Lárgate de mi salón! ¡salte! ¡salte! ¡salte!"- comenzó a gritar acercándose a su pupilo. Escupía involuntariamente con cada palabra. -"¡Vete!"- repitió a escasos centímetros de la cara de su alumno.
Él, triunfante lo miró a los ojos y despacio se levantó de su asiento. Media sonrisa iluminaba su rostro.
- "No"-, respondió el alumno. -"Si quieres que me vaya, necesitas una razón más fuerte que 'por qué tu lo mandas'".
Atónito, el profesor temblaba de ira.
- "Pero me saldré, porque claramente aquí no aprenderé mucho de ética", dijo. Jaque mate. De esta partida.
- "No"-, respondió el alumno. -"Si quieres que me vaya, necesitas una razón más fuerte que 'por qué tu lo mandas'".
Atónito, el profesor temblaba de ira.
- "Pero me saldré, porque claramente aquí no aprenderé mucho de ética", dijo. Jaque mate. De esta partida.
Problemas con la autoridad, sentenciaron. No era la primera vez que escuchaba eso. Y no sería la última.
viernes, enero 9
Dahinda
Poco iba a saber aquel niño entonces que desde joven ya traía el estigma de moverse y no estarse quieto. De que, en sus muchas características, viviera llamando la atención y que, quizá sin llamarla a propósito, su sola estirpe lo hiciera por él.
Cuenta la leyenda que se indignó tiempo después al saber que, aún siendo el hijo de líder, optara por nombrarlo detrás de un animal de segundo cuando estaba rodeado por lobos, alces, murciélagos y muchos otros fieros animales. ¿Qué habilidades le faltaban? ¿cuáles eran las competencias de las que carecía? ¡Una rana!, carajo, empezó como mosquito y evolucionó en una rana. Un triste rana. Un anfibio. Un bicho pegajoso y al que nadie le tira un pedo o le presta atención. Una rana, por Dios.
Ese nombre, el de la rana o sapo, Dahinda, se le da a los niños inquietos, que no se están tranquilos. Que llaman la atención. A los pequeños que está siempre brincando. Una. Rana. ¡Una Rana!
Leyendo sobre los orígenes de este diminuto personaje, ya después se entendió que las alegorías hablaban de una rana de lluvia, de esas de colores llamativos y atractivos, pero de piel venenosa. Que esta rana le enseñó a Mowgli sobre diversos y alternativos métodos de supervivencia. Le mostró lo que es ser visto, ero no poder ser tocado. Grosso modo, lo que es estar solo y arreglárselas para ser feliz. Una Rana, papá, un renacuajo baboso, no un lobo o mangosta, una chingaderita verde fosforescente.
Y es que años después, cómo no iba a suceder, que desde niño lo leyeron tan bien. Inquietud, ganas de moverse, de ver más y conquistar. De lastimar sin saber por qué y entender quizá que muchas veces así obra la naturaleza, da muchas cosas y quita otras. Llama la atención, pero genera envidias. Es pequeñas pero mortal. Una, una rana.
Siempre moviéndose, de una hoja a otra, de un reto a otro. De un salto cada vez más largo a paciencia para crecer. De intromisión escondido, esperando las condiciones para, otra vez, brincar. La rana empezó a caerle bien. Por supuesto que no naciendo lobo, aunque siempre quiso compararse con ellos hasta que entendió su naturaleza. De hombre con características de rana. Hasta que asimiló el nombre. El nombre dicta lo que eres. Le gusta ser un rana.
A saltar, otra vez, Dahinda, porque quieto eres presa fácil. Salta y sigue brillando.
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