miércoles, diciembre 2

Memorias del veneno X

-¿Quién eres tú?-, pregunta ella, desnuda, a la luz del alba, con una ligera sonrisa relajada. Lo ama.
-Lo que quieras que sea-, responde él, mientras su mirada está perdida en las figuras del rugoso techo. La ignora.

Ella, la amante en turno, la que no sabe que él se ira, se abraza con más fuerza a su torso.

Viven una falacia, Federico dice una mentira más. Ella, sin nombre, cree una verdad incoherente. El nuevo amor se apoya en la ausencia de conceptos, se afianzan en sentimientos corruptos, respira sexo insípido.

Ella: entregó su cuerpo y con él su corazón, abrió las puertas de su mente para que él forjara conceptos, ideas y una existencia a su lado. Le dio la llave de su cordura, las lágrimas de su inocencia, el poder de su voluntad y la confianza en sí misma. Mordió el anzuelo.

Él: fue sincero, dijo que era un ente libre, sin compromisos, que estaba abierto a las posibilidades pero que auguraba un mal final. Creó pasión de una mirada, hizo caricias de una ilusión, enterró una espina que la envenenó.

Federico quería un séquito de Fedes, personas igual de enfermas de amor, parejas carentes de compromiso, pero necesitadas de vida. Sabía que de todas, alguien respondería el llamado, alguien estaría igualmente lastimada, una de ellas aplacaría el dolor. Pero no habría más placer.

Despertaron. Ella se fue y una parte de él con ella. Federico se quedó con su inocencia. Ella, sin nombre y sin amor.

lunes, noviembre 30

Loca

Se llama Alejandra, tiene 27 años y está loca. Su locura no va por el sentido de la locura clínica, como una neurosis, psicosis o depresión, sino que está loca como la gente común, pero se nota más en ella por su intensidad.
Ha sufrido, como todos, pero lo sufre más. Ha amado, como todos, pero ama con más fuerza. Sí, Alejandra está enferma, pero no lo sabe. La poca cordura que le queda bloquea su cerebro. Ya no toma medicinas, pensaba que le hacían más daño que bien. Ahora sólo toma bebidas vigorizantes, desayuna cigarros y cena tafiles.
Le gusta subirse al transporte público y sentir el roce de sus ropas con los hombres. Fantasea con ellos mientras va sentada y siente el brazo de alguien rozarla. Sabe que no pasara a mayores, pero cierra los ojos y disfruta ese momento de intimidad con un extraño. Cuando lo ha contado a sus amigos ha visto cierta complicidad en sus ojos, pero todos lo niegan por aquello del qué dirán.
La gente le dice loca por hablar sola, por apoyar las piernas en la pared y comer entre fumadas.
Ella prefiere el término de libertad, aquella conferida por la razón, entregada por el amor, sentida por la humanidad y acechada por si misma.
Alejandra tiene 27 años y está loca. Le llaman pervertida por aceptar los experimentos sexuales y ninfómana por disfrutarlo.
Dicen que está en la flor de su vida, pero que su actitud no la llevará a nada. El éxito, para su círculo, se mide en pesos, no en lazos.
La consideran interesante, pero su locura impone. La realidad, para ella, es que no tiene ataduras. Por eso, dicen, está loca.

martes, noviembre 24

Mi licencia

Si me acoplo al significado más puro de tener una licencia (según la RAE) ahora tengo un permiso para hacer las cosas. Sin embargo, siempre lo he tenido, una permisividad intrínseca a mi ser, pero ahora está avalada por un tercero.
Si profundizo, como me gusta hacerlo, también me justifico ante la Academia con tener una "abusiva libertad para hacer"... pero bueno, eso ya no es ninguna novedad en mi categoría personal de mí.
Luego, tratando de licenciar mi licenciatura descubro que aunque el significado viene de "una persona que se aprecia entendida", el significante convive de desentenderse de las autoridades, reglas y problemas.
El papel que mi querida UP hoy me otorgó se entiende como "el grado obtenido para ejercer cierta habilidad" que, sin el aval, ejerzo desde hace casi cuatro años con muy buenos logros.
Al final, lo que un título me da, aunque diga lo menos de mí, es ser "declarado libre".

viernes, noviembre 20

intranquilo

Ya que el deseo llega a su límite, una vez que toda razón pierde sentido, justo en el momento que la cordura rompe con sus propios encierros, la caótica obsesión invade un cuerpo, lo posee y lo mutila con cada célula hasta doblegar su voluntad.
La conversión en ese momento es sencilla, cualquier ápice de fortaleza y templanza se transforma en un ávido incendio que recorre todas las terminales nerviosas, que nos deja inquietos, que seca la boca pero al mismo tiempo la mantiene salivando. Un escalofrío sube por la espalda, el tremor tensa los muslos, la garganta se cierra y un nuevo nerviosismo se instala en el estómago. Un peso invisible toca los hombros. La espera agota.
La agudeza se apodera de las visiones, el sigilo se convierte en religión y el pudor convive con cada segundo de silencio alebrestado. Una respiración agitada infla el pecho, la nuca se eriza, y sientes el poder de cada vibración. Ahí estás, al acecho, eres el perfecto homicida, la has estudiado a profundidad. Conoces las fortalezas pero te centras en las debilidades, de ahí depende tu triunfo. Estás frágil, presa fácil de tu propio juego. Sábelo. Es tu única oportunidad.

Otra vez ahí estás, tenso. Intranquilo.

Enamorado.

martes, noviembre 3

Privado

Y me quedé pensando en que debía cuidar lo que deseaba. Se cumple, siempre lo he sabido.

(...)

Entonces se convirtió en privado. De uno llegó a dos, para uno, para el otro, para ellos. Nosotros. En privado, silencio al exterior, siente al interior. Shhhh, es privado.


viernes, octubre 23

Ber.enjena

La berenjena es un fruto especial, raro y exquisito.
No cualquier sabe cómo prepararlo, comerlo y mucho menos combinarlo. Tiene un toque especial que escalda, una amargura peculiar que divierte y es por demás arbitraria. Se aparece donde menos uno lo espera y, aunque se puede encontrar en platillos caseros: frita como si nada, a últimas fechas se ha recreado como un insumo digno de reyes.
Es gourmet, por no decir muy mamerta.
Me gustan las berenjenas porque poca gente las tolera, pero quienes tiene el gusto de tenerlas cerca descubren que fuera de la dura cáscara exterior, el interior es suave, paladeable e interesante.
Las berenjenas son, grosso modo, diferentes.

jueves, octubre 15

Mujeres contemporáneas (y maravillosas)

Esta especie de féminas son el siguiente paso en la cadena evolutiva, hay muy pocas todavía, pero su proceso expansivo es cada vez más notorio. Sus principales características, además de las obviedades físicas, es que son más abiertas, libres y una alteración en su proceso de pensamiento que las hace más apegadas al objetivo masculino: son hembras en su sentido genérico, pero su proceso mental es similar la de su contraparte.

El hallazgo llegó cuando, de la nada, la señorita P, joven atractiva con planes y proyectos de grandeza, linda de su estructura ósea, y curioso pelo chino, me comentaba sobre su vida, anhelos y visiones. Una plática interesante siempre se agradece. La conversación llegó al punto del entendimiento que se tiene de las parejas: frees, sexuales, amorosas, de una noche y una amplia lista de etcéteras.

- ¿Sabes que sí no soporto?, me dice con un ímpetu y seriedad total.

Me quedo a la expectativa...

- ¡que las mujeres creen una dependencia con el hombre que tuvieron sexo!, si no te llama, ni qué hacerle, ¡next!

Damas, aprendan.
Caballeros les presento es siguiente eslabón en la cadena evolutiva.
P, gracias, J, gracias también.

domingo, octubre 11

Domingo

Los domingos son los días del Señor, el día del descanso y el día de arranque. Domingo carga con un desequilibrio constante entre el principio del fin y el final del principio, mantiene circulando la existencia, la eterna y relativa rutina de cada semana.
Domingo, aunque es del Señor y del descanso, por tratarse del sol, se presta para todo, para anular el pasado y olvidar el futuro. El séptimo día de semana, cabalístico, ritual, natural.
Domingo, nos decimos, domingo, él repite.
Tristemente, en la posmodernidad los domingos ya no sirven para sacar a la muchacha a caminar a la Alameda ni recorre Chapultepec, la nueva generación ha optado por omitir el sol del domingo para sumirlo en un letargo a cortinas cerradas.
Me gusta el domingo por las mañana. Lo odio momentos antes de dormir.

sábado, octubre 10

Sábado

Como un titán del universo, el sábado llega para esfumarse, es como un anhelado trago de agua en un desierto que no se siente, sólo desaparece en la garganta. Sábado sabe a descanso de pocas horas, a compromisos de presencia ausente. La gente lo toma como viene, pero luego queda aquella sensación de insuficiencia, de agonía porque se marcha.
Sábado toca las campanadas de la libertad laboral pero también es un verdugo silencioso, un observador injusto que cuenta los segundos. Es juez y parte del pasado y del futuro, es víctima de su presente.
Los sábados saben que no se debiera trabajar. Sábado tiene la consigna de maravillarnos con sus aros expansivos, de embriagarnos de descanso, de alentarnos a vivirlo y de refugiarnos bajo su manto.

viernes, octubre 9

Viernes

Si bien el viernes ofrece determinada fascinación por aquello del fin de semana, su etimología remite directamente a Venus, a la diosa y medio odiosa situación del amor. Viernes se regala para los amantes de todo tipo: desde los más impunes y célebres festejos de perdición hasta la pureza de una caricia perfecta.
El viernes no te juzga por lo que hagas, hiciste o dejaste de hacer, te colma de posibilidades infinitas para que te fundas con él, para que disfrutes se periódica existencia, para que olvidemos por un instante los pesares que le precedieron.
Él se vive de la magnitud, del amor y la pasión. Él se vive porque no queda de otra, él te susurra su alegría, él convive con tu libertad, él sabe que los viernes son para romper las cadenas. 
Quizá el único problema que tienen los viernes es el arranque. Un jueves de pequeños excesos siempre puede arruinar el comienzo de un viernes por la incomodidad de una cruda. Pero al final del día, olvidamos ese ínfimo detalle cuando el viernes alumbra el cierre laboral y se da el primer paso hacia el descanso. 

jueves, octubre 8

Don Pon Zoña (o mi alter ego)

Don Pon Zoña es un amante del buen vino, las letras y las mujeres, en otro orden. Le gusta vivir sin ataduras y comúnmente tiene problemas con la autoridad, es por ello que vive de venderles sus letras a sus amigos. Se cree de la nobleza pero lo más azul que ha visto en su sangre es el color de las venas de su brazo y no pierde la esperanza de que algún día lo nombren Lord, sin embargo, como un hombre de mundo, se conforma con un cacicazgo.

Quería estudiar Letras en Oxford, pero se conformó con ser repartidor de periódicos hasta que obtuvo un ascenso como elevadorista de la redacción del periodicucho de dos tintas. Aprendió el oficio del reportero y limpió su dicción con el paso de los años.

En la actualidad vive en un cuarto de azotea en la colonia Roma acompañado de un sabueso con principios de roña y cataratas avanzadas. Dedica su tiempo libre a curarse los dolores de cabeza provocados por tan amplias jornadas de placer, y mantiene su oficina en Nueva York esquina con Rochester como miembro honorario de los viene viene de la Nápoles.

Jueves

¡Oh Jueves tan dadivoso, tan lleno de vida, tan presente en cada semana! Jueves responde al nombre de juevebes, de viernes chiquito y de tragos coquetos. Cualquier día de la semana lo envidia, las personas lo añoran y él, tan olímpico como toda la eternidad, te recibe con los brazos abiertos. 
Los jueves son días de grandeza, de Júpiter y Zeus, de ascenso al Olimpo en compañía de un buen vicio y con la entrega de los buenos momentos. Jueves tiene la sutileza de envenenarte con toloache y morfina, llevarte al hedonismo puro y seducirte en la antesala de la esencia de un buen fin de semana. 
Jueves querido, sus horas transcurren en el vacío, eres querido. Eres único. Eres Júpiter y el Sol, más la luna y su alegría, eres la noche más divertida, el control más útil, el escape más radiante. Eres Jueves.

miércoles, octubre 7

Miércoles

Miércoles vive confundido, agobiado y ahorcado. Entre que el cine es un poco más barato y la vida social retoma su curso encaminándose al fin de semana, también sufre porque el lunes se alejó, el viernes se acerca y tiene crisis de identidad al no saber si es en verdad el ombligo semanal. Nunca ha sabido si se le quiere por la cercanía con viernes o se le discrimina por su papel de mediador.
Miércoles coquetea con jueves, lo seduce entre sus promesas de libertad mensurada y celebraciones malintencionadas. El día de Mercurio se presta a los abusos previos, a los excesos naturales y a los celos empedernidos de una semana posesiva.
Es ambivalente y medio bipolar, al ser el centro de una justa, en él comúnmente pasa una de dos cosas: o el nudo de la semana se deshace o se aprieta y augura un cierre fatal. Sin embargo, miércoles entiende más que nadie la alegría de los enamorados que anhelan un encuentro futuro y premeditado. 
 


martes, octubre 6

Martes

Tristemente los martes no le hacen honor a su gentilicio. Si fueran cercanos a Marte, los martes estarían destinados a la pasión, a la guerra, al orgullo... a algo trascendental o simplemente al pecado, pero en realidad, martes es escueto, vacío y sin chiste. Es gris.
Los martes, a diferencia de los lunes, son insípidos, ignorables y carentes de highlights. Martes sufre porque al menos quisiera un poco de la atención negativa que recibe el lunes y tal vez un poco del entrañable cariño del jueves. Los martes están enamorados de su antítesis ordinal de viernes chiquito. Los martes son mediocres, aburridos y taciturnos.
La sociedad pasa de largo estos días, su más grande importancia radica en la felicidad de que una quincena caiga sobre ellos. Ya ni un día feriado lo hace feliz, el descanso se recorre al tan odiado lunes y luego él, el patético, recibe la descarga de maldiciones semanales. 
Martes pensaba que con el tiempo sería agradable, imaginaba su vida de otra manera, se veía como un guerrero librando una cíclica lucha contra la espesa carga del segundo día de la semana. 
Maduró y se dio cuenta de su destino. Nulificarse.

lunes, octubre 5

Lunes

Pobre lunes, siempre le va mal, si no le mientan la madre por ser el primer día de la semana, le va mal por hacerlo santo y no presentarse a trabajar. 
El lunes no tiene la culpa de ser lunes. 
Sólo se responsabiliza, de vez en vez, por cargar con el estigma de empezar una semana y contar con el periodo de cinco días para que le digan que en siete días más, la monserga vuelve a empezar. 
Pobre lunes, cuando la gente toma vacaciones, se olvidan del día de la luna, no les importa el momento que viven y simplemente se dejan llevar por la libertad de su tiempo. Pero siempre latente, en sus mentes está el fatídico primer día de la semana, un lunes seguramente, que les hará regresar a sus labores. 
De niños los lunes eran más agradables, pese a la chinga de ir a la escuela, hacer honores a la bandera y hacer ridículas representaciones en el patio del colegio, los lunes significaban ver a los amigos otra vez. 
Los lunes, todos ellos, desde que existe el lunes, odian a los viernes y un poco más al sábado. Sólo se entiende con domingo, y eso, un poco nada más.
Sin embargo Lunes se burla del mundo, él no tiene la culpa del ser lunes y lo sabe. 
"Pobres todos, por tener que vivirme", recita. 

martes, septiembre 29

Amasiato (y de otras perversiones modernas)

También conocido como concubinato, unión libre y demás acepciones posmodernas al concepto de no quererse casar, su significado indica que al final que se se trata de una relación "marital" entre dos personas sin tener un compromiso legal -que incluye el religoso. 
Entiéndase por relación marital el coito constante entre dos personas que, además compartir un lecho y un techo, dependen económicamente del otro. 

Así, consideremos que:

1. Si te vas a vivir con alguien no es precisamente porque "te puede dar algo estable", es quizá, porque te quiere sacar del mercado y espera ganarse la lotería para casarse. Además, quien dijo que te tiene que dar algo, no es que estén casados. Se tienen que dar mutuamente (en todos sentidos) para que funcione.

2. Los valores son muy importantes, la ausencia de ellos, es mejor. Saber en que cimenta tu pareja su relación, es indispensable. No juzgarás.

3. El tiempo... ese tiempo. Algunos dicen que hay que andar de novios al menos seis meses. Yo opino que más que investigación profunda se llama aceptación completa. Una semana o un mes de diferencia sólo probarán que entre más lo pienses, menos querrás hacerlo. O más acostumbrado estarás sin haber saboreado lo que esperabas. 

Aplaudo los arranques, siempre traen buenos resultados.

4. El temor aquel de ver siempre a la misma persona, el saber que tu libertad puede verse interrumpida, que tu espacio personal, que el full contact es drástico... bueno: reglas claras, relaciones largas. Qué quiere cada uno al momento de aventarse irse a vivir juntos (persignación total): tal vez ella mire al futuro ilusionada, tal vez tu sólo quieras probar. Tal vez llegue el momento adecuado.

5. Por último, Z alguna vez me dijo que lo hermoso del noviazgo y de la unión libre es que uno siempre se puede echar para atrás. Completo su frase: hoy día, el divorcio soluciona casi todo.

La vida se trata de eso, qué no, probar. Unos lo encuentran inmediatamente, otros prefieren indagar más. 

miércoles, septiembre 23

Disturbing facts

Aunque haya sido tiempo atrás las noticias del martirimonio de algún ex nos afectan, si no en lo profundo, causan ruido en el sistema. 

Las causas de esta interferencia pueden ser varias, desde un toque de celos hasta una grata y bienvenida sorpresa. Sin embargo, eso nunca nadie se lo espera gracias a un sentimiento de egoísmo feliz y/o a alguna de las siguientes premisas: es mía, la dejé marcada, regresaremos o cualquiera de las mentiras y letanías que nos inventamos constantemente para esperar algo en nombre de ese drama, de ese estrés, de ese quizá. Todo por una probabilidad. 

Y chun, en estos días me ha llovido sobre mojado al enterarme de este tipo de cosas. Fuera de que "la generación" (pretexto para poder omitir las edades)... bueno, mi generación ya está en edad de eso que llaman sentar cabeza y varias mujeres comienzan ya a circular sus invitaciones, mesas de regalo y demás calamidades... con fecha de hoy me entero alguien más será mamá.

La primera vez que algo así pasó en mi vida (enterarme de algo fuerte de alguien de mi pasado) y mi sistema colapsó fue en la preadultez cuando me enteré que E, después de cortar conmigo, ya tenía un novio nuevo. Tan fuerte me pegó, que mi estómago se aflojó por completo.

Con el paso de los años aprendí que luego este tipo de noticias non gratas llegan y hay que saber tomarlas, como que G fue mamá muy joven. 

Me parece que estos momentos de reconocimiento situacional responden directamente a las chaquetas mentales que nos hicimos con determinada pareja... o mujer endiosada. Ejemplos típicos: con esta yo me caso, con ella viviré en la Condesa, con aquella tendré un chilpayate y seremos felices a los 28... con tal chava, bueno, que al menos ande conmigo, o me de un besito pa que pueda seguir clavado. 

Y, como vivimos del quizá, de la esperanza y de la incertidumbre, cuando la falsa probabilidad más cercana se ve rota, la noticia nos altera. 

Ahora me caen de zopetón un titipuchinmadral de estos reportes. Enumero: 
1) La forense será mamá, 
2) todo indica que E ahora sí se nos casa, 
3) L está saliendo con un hombre decente y de buena familia (divorciado)... 
4) pa' acabarla me encuentro con P y descubro que tiene un niño y también ya mero se casa también. 
5)A ya tiene "un espacio" con su amante y... 

... bueno, podría seguir con la lista, pero fuera de que "todo eso pudo haber sido mío", tengo lo que me toca. 

¡Ah! y no sé de M, lo cual es igualmente jodido. El saber mata pero el no hacerlo te mantiene en agonía permanente.

lunes, septiembre 14

Rubia 86 back to basics

Cuando niños, a las madres no sé qué les da por sentirse estilistas, pero nos cortan el pelo a su muy peculiar forma y manera. De infantes, a muchas de ellas no les importaba cómo quedara siempre y cuando se acoplara a su estilo de peinarnos. En mi caso se trataba de un corte a la príncipe valiente que evolucionó en un copete "con ola" hasta terminar en un rape a la militar, casquete corto y toda la cosa.

Al final, por ahí de la pre adolescencia y puberta' tuve la posibilidad de escoger mis propias greñas y opté por un look muy a la pelos puntiagudos con gel, a la moda según yo. Sin embargo, como en esos tiempos la crisis nos golpeó -igual que ahora- y me negué rotundamente a que mi madre siguiera jugando a la estética unisex conmigo. Terminé yendo a una escuela para cortadoras de pelo en la que cobraban 5 pesos -o su volunta- y lo dejaban decentemente bien.

Crecí y tuve más fondos para cortarme el pelo en la peluquería de Don Beto por 60 pesos pero nunca quedé realmente convencido, era uno de esos hombres fiel a su oficio que pedirle un corte "moderno" iba en contra de sus tradición.

Luego hubo más capital y fui, en un par de ocasiones a una estética donde terminaba peinado como Walter Mercado o Juan Gabriel y pagaba mucho más dinero: 280 pesos por un corte en el que me daban un refresco, me hacían masaje en la cabeza y tardaban casi hora y media por dejarme el pelo corto.

Ahora, que las vacas gordas han sido sacrificadas y el tiempo no permite cortes caros, regresé a la escuela de estilistas e identificaron mi pelo como rubio cenizo y lo chulearon porque muchas mujeres buscan ese tono sin conseguirlo. El corte no fue el mejor, pero no me puedo poner muy exigente por 10 pesos.

¿Quién necesita pagar 280 pesos por cortarse el pelo cuando una aprendiz lo hace por menos del 5% de ese precio? Back to basics, insisto.

domingo, septiembre 13

Un bodegón llamado Patrick Miller

Así como de un día para otro decidí convertirme en crítico de arte (con algún éxito), reseñador de libros (sin tanto) y estudioso de películas (principalmente de testosterona), ahora me propongo como auditor de los lugares que conozca en aquellas noches de fiesta y juerga (que son, por decirlo así, muy constantes).

La inauguración se la dedicó al Patrick Miller, o el antro-bar-tugurio en el que más he sudado. Los rumores me decían que era un lugar alternativo, diferente y quizá un poco demasiado kitsch para mis gustos. Y sí lo fue. En todo. Se trata de un bodegón de la colonia Roma que no tiene pinta de lo que es. Se trata de una locación que, citando a mi bitch, "entre más raro seas, es mejor" y al cual calificó como un establecimiento "cómico-mágico-musical" que llena por completo la descripción.

La aplicación de la ley antidiscriminatoria por sexo, religión, estatus social, preferencias y demás aquí es plenamente aplicable con un cover de 30 pesos que cualquier persona interesada en el baile puede pagar. La forma de pago para embrutecerse son fichas de colores para el refresco de cebada (el único alcohol que se vende) de colores: amarillo para una chela y cuesta 25 pesos, naranja-rojizo fosforiloco para el doble por 50 morlacos y así exponencialmente.

La fiesta empieza desde que abren (supongo que será por ahí de las 21 horas) pero nuestra comitiva llegó pasada la media hora de las 22 y se veía poca actividad. El bodegón es tan sólo una gran pista de baile sin las comodidades de un antro tradicional que carece de ventiladores con lo cual evitan borracheras excesivas y más transpiración que en una clase de yoga, spinning o aerobics, si uno se deja llevar por la tradición del lugar: el baile. Resalto que los baños son bastante mejores de lo que uno podría esperar.

Pude comprobar la existencia de las retas de baile con todo tipo de bailarines, todo tipo de movimientos, coreografías y movimientos -en ocasiones excesivos- que van rotándose en el interior de una bola de danzantes que puede ser retada para mostrar sus pasos en un popurrí que va desde Underdog project, Gillete e INXS, pasando por Paul Van Dyck hasta Luis Miguel y Daniela Romo con un beat sostenido.

La comitiva llegó preocopeada y salió sobria. Ustedes dirán.

viernes, septiembre 11

Comehombres

Cuando yo era un joven imberbe con ínfulas de grandeza y hermosura aria (ahora soy una adulto contemporáneo con las mismas características), siempre me pasaba que las chicas me veían con buen agrado, pero no había nada más hermoso que ir a una escuela secundaria llena de estrógenos en desarrollo para alimentar el ego... y qué decir de una escuela pública de puras mujeres. Eso era hermoso y a la vez aterrante. Uno se podría haber sentido como pedazo de carne ante tanta fémina con complejo de Malinche. De puberto preadolescente me encantaba pasearme por la secundaria 8 a la hora de la salida y sentirme carnada ante tanta chamaca con una espiral de deseos carnales en ascenso. Nunca pasó de un "güero, hazme un hijo" o de lo más fuerte "métemela para hacerte hombre" y cosas así.

Por azares del destino, hoy pasé por la misma escuela secundaria pública y me traumé. Casi no había niños-pubertos-hombres esperando a sus flaquitas afuera, los pocos que había se veían más bien temerosos y eran arrinconados por sus las "inocentes criaturitas" con senos en crecimiento contra paredes y coches para ser besados, toqueteados, manoseados y sí, lo vi, cuasi fajados. Sí, como buenos hombres ellos estaban dispuestos, sin embargo, en sus miradas se veía el temor, un miedo infundado por el ascenso de una sombra silenciosa: hormonas femeninas descarriadas.

Como es época de vacas flacas, yo iba en mi democrático camión rtp que pasa por la escuela 197 Canadá ubicada en la Nápoles y luego por la ya tan mencionado centro de entrenamiento femenino. Primero los chamacos de la 197 iban haciendo el relajo que podían en el pecero pero, en cuanto las dominatrices en potencia abordaron el vehículo los papeles cambiaron y confieso que quedé absorto de los resultados.

Las miradas de las fieras esas que se dicen adolescentes provocaron que temiera por mi integridad física y preferí caminar. Me repetí como cuando puber: tu vales mucho y mereces respeto.

Vicos y nada más


martes, septiembre 8

Un final feliz

A la gente le gustan los finales felices. Disney ha viciado los cuentos que hizo caricaturas con el "y vivieron felices para siempre" cuando en realidad, el final de Blanca Nieves, Cenicienta y Bambi es completamente triste.

Agárrense que ahí les va la verdadera historia de sus cuentos de hadas: Blanca Nieves era violada por 7 mineros chaparritos y feos, Cenicienta no se casa con el príncipe porque una de sus hermanastras le deforma el pie y Bambi se convirtió en barbacoa nórdica. Sí, ya sé, eso no vende. Creo que debería tomar un curso de marketing.

Sin embargo, las noticias sí que venden y tampoco tienen un final feliz. En todo caso, son realistas y la realidad también vende. Si no, entonces porque hay tanto fans viendo Survivor, Big Brother o cuanta pendejada últimamente hay en los medios.

Está bien, confieso, voy a participar en un reality virtual y eso me tiene feliz aunque me vayan a destazar en público. A todos nos gusta un poco de morbo malsano, un deje de realidad alegre, pero es una ironía: mientras que todos queremos el final mágico de Disney, nos encanta ver sufrir a los demás.

Hasta Hollywood ya se dio cuenta de que el "y vivieron felices para siempre" deja lana por un ratito y por eso luego sacan la secuela de que la falacia de la felicidad eterna sólo duro un par de años y que es necesario entrar en nuevos conflictos para llegar nuevamente al punto de quiebra.

Dejo claro que no soy Scrooge, creo que podemos tener un final feliz. Pero también sé que alguien será infeliz y no porque deseé el mal, es porque es realista.

Me preguntan que por qué mis cuentos, novelas y narrativas no tiene un final feliz. Mi respuesta es bien sencilla: porque no existen.

lunes, septiembre 7

forceps

Mi cráneo tiene una forma rara. No es redondo, ni plano, ni nada de eso, de hecho sólo por el pelo parece que mi cabeza es común, pero pues no es así. Tiene una forma ovalada en la parte superior provocada por la presión de las paredes internas del cuerpo de mi madre que me lo deformaron gracias a mi necedad de encaminarme en el canal de salida del cuerpo de mi madre con dos meses de antelación.
La primera vez que me raparon, fuera de bebé, fue a los 10 años. Desde entonces, cual manda, me rapaba en las mismas fechas una vez al año. Sin embargo, no fue hasta hace un par de años que descubrí que en ambos lados, a la misma altura y distancia, tengo dos cicatrices muy feas en las que no me crece el pelo, son las marcas de los forceps.
Tenía tanta prisa en salir del vientre de mi madre que a la hora de la hora, no más no quería dejarme parir y tuvieron que aplicar la fuerza bruta para mostrarme el mundo. Pero eso no es todo, aún hay más: nací enredado en el cordón umbilical y había tirado el líquido amniótico con no se cuantas horas de premura. Total que todo mi cuerpo quería salir, pero a la hora de la hora, me estaba rajando y deseaba quedarme calientito dentro de Vic.
Todavía me duelen las cicatrices cuando me las toco, aunque casi siempre las tengo en el olvido.

domingo, septiembre 6

una más

Me mira altivamente. Ya no tiene argumentos, su dignidad se escabulle rápidamente en el silencio. Puedo dañarla, lo sé.

- ¿Qué vas a hacer entonces?-, me pregunta sin importarle la respuesta, sólo quiere terminar con la entrevista.

- Espero a una amiga que ya no ha de tardar en llegar-, le respondo como si nada.

- Es otra de tus putitas, ¿no?

- Sí, cómo tú-, le respondo.

Espero lo peor, una cachetada, que me escupa o de perdida que me mate con la mirada, parezco el ardido, pero en realidad soy un cínico. Una lágrima le escurre por el ojo, le corre el rímel, niega con la cabeza y da media vuelta.

Sigo con mi taza de café, no pasa nada. Sí, fue una más, una putita más.

jueves, septiembre 3

on any given thursday

No soy entrenador del equipo de Miami ni mi jefa es Cameron Díaz, tampoco me parezco a Al Pacino, pero como un jueves cualquiera, como hoy, te das cuenta de que seas quien seas, tarde o temprano tendrás que limpiar la mierda de un perro que se cagó en la puerta de tu casa, por más emperifollado que te encuentres. 
También que un jueves cualquiera, como el actual, puede servir para pedir trabajo dónde uno no lo esperaba. Un jueves común es tan parecido como al anterior por el tianguis que se pone afuera de mi casa, el viene viene que se apaña los lugares de la calle pero que siempre reserva un lugar, de igual manera como que fumo igual que la semana pasada y que hoy se trata de un viernes chiquito. 
'On any given thursday' uno puede hacer y deshacer como mejor le plazca... como hoy.

del orgullo, su eufemismo

Me gustaría poder escribir algo como 'Orgullo y Prejuicio', de Jane Austen, pero en realidad sólo tengo que hablar del orgullo, aunque es curioso como ambas situaciones se imponen la una ante la otra. 

Según el señor Wikipedia (término acuñado por el Chiquis) orgullo y soberbia van de la mano, de hecho podrían significar casi lo mismo. Para la RAE el orgullo radica en la insensatez de no aceptar lo que se debe aceptar, algo así como un exceso de vanidad propia; mientras que la soberbia va de la mano con el apetito personal menospreciando a terceros. A fin de cuentas se trata de eufemismos. Mi defecto según los test de Facebook es el orgullo, acorde a mi terapeuta, es la soberbia. Vamos sobre lo mismo. 

La vanidad propia me han hecho hacer de mí un silogismo perfecto, una lógica imperfecta basada en la subjetividad partiendo de la necesidad de superarme con respecto a los demás. La soberbia me ha inclinado a siempre creer que soy más de lo estimado, a valer más de lo que cuesto, a ver por encima del hombro, a pensar que valgo lo que me digo que estimo. No lo niego, pero también tengo que aprender un poco de la tierra y sus virtudes... de humildad.

El momento actual me presenta una oportunidad que en el pasado me dio vida y un despegue adecuado. Sin embargo, el orgullo, que aprendo a tragarlo, se antepone a mi simple y vaga necesidad de vivir. Por otra parte, la soberbia me hace saberme lo que soy con unas cuantas flores que están de más en el adorno. Mientras que mi sumisión me regala una ventana, el orgullo crecerá de otras personas y caemos en la misma cuenta de siempre. La humildad de uno compra la soberbia en otro.

Soy soberbio. Llámame orgulloso. 

Soy un sujeto, con verbo circunstancial, intentado dejar de lado la adjetivación.

martes, septiembre 1

el bar de confianza

Seguramente los amantes de la noche y del buen beber tienen un bar de confianza en el cual desahogar sus penas, un rincón en el cual fraguar futuros, compartir con amigos, develar misterios y siempre ser atendidos a bien. 

El bar de confianza se caracteriza por estar siempre en el mismo lugar, con la misma gente y con buenas relaciones con los meseros, cantineros y, por qué no, con el dueño y demás adeptos culturales. En mi caso, el bar de confianza siempre ha estado lo suficientemente cerca para poderme regresar a rastras -cosa que nunca ha sucedido, pero he estado cerca. 

Desde hace casi tres años, los manteles han cambiado una sola vez de tono y siempre han mantenido ese sabor de trattoria italiana en los cubremesas con un ligero toque de kilt escocés corriente. Queen, the Beatles, El Padrino y James Dean son los testigos de todas y cada una de las veces que el bar de confianza me ha abierto las puertas para liberar mis penurias, festejar cumpleaños, coquetear al aire libre y saborear la embriaguez de mis excesos. 

Si las paredes de ese lugar pudieran hablar seguramente dirían que... no sé que tanto dirían, pero me conocen en casi todas mi facetas, desde el sobrio cumplidor que toma limonadas hasta el briago más feliz que canta y baila Rasputín poco antes de clarear. Quizá contarían cómo me hice de amigos nuevos y reencontré a los viejos, comentarían de las despedidas que se fraguaron en un precopeo o de la necesidad de sus bajos precios a la que acudo. Es probable que haya bebido más de 5 veces del mismo vaso en ese tiempo, que haya consumido incontables (mili) litros de alcohol y que me haya enfrentado por primera vez en años a mi padre.

Ese minúsculo recinto de libertad se ha cobrado infinidad de quincenas propias y ajenas, ha atestiguado enemil circunstancias jocosas, lamentables y envidiables. En la mayoría de las veces me ha visto fundirme en un largo vaso de Jack con Coca en la siempre bienvenida compañía de mis falanges, aunque he de decir prefería los vasos cocteleros a los plásticos que hoy usan. 

En principio de cuentas llega el cervezco frío, radiante y lleno que se agota con el paso de las palabras, para después ofrecerse íntegro en un húmedo y largo trago de compañía. En festejos únicos, caballitos de un licor negro con apodo alemán se vierten con bebidas vigorizantes, o de mezcal con la misma pureza de un shoot azul para acabar con la sensibilidad de las manos en una ráfaga con llamas multicolor.

Tres trabajos han pasado por ahí, grandes historias de amistad, amor y desafío se han consolidado entre sus paredes, besos furtivos en algunos rincones, caricias ocultas entre los manteles... pero eso sólo es lo que yo he visto, en el bar de confianza.

Ya saben cuál, es mi bar de confianza.

miércoles, agosto 19

Hombres ¿malos?

J jura y perjura que los hombres son malos por naturaleza, y no es la única, a sus hordas se unen grandes cantidades de féminas que, aunque dicen confiar en el hombre, siempre están dubitativas de su estado. Ellas dicen hombres malos, yo digo, hombres incomprendidos. 

Somos malos porque no las tratamos bien, no somos caballerosos, una vez que conseguimos lo que queremos (sexo, según ellas) las olvidamos y seguimos adelante. Nos catalogan de arteros porque no doblamos las manitas cuando nos lo piden, porque defendemos los días de salidas con nuestros amigos y por nuestro simple y llano derecho a la libertad. Y podría continuar, pero creo que todos y todas conocemos los constantes reclamos que nos hacen ser 'malos'.

Malos, malos, lo que se dice malos, no. Incomprendidos, sí. 

Sé que dirán que no, pero ahí les va la realidad de las cosas. Aunque el homo sapiens es un animal sexual (eso las incluye) y es uno de los grandes placeres de nuestra existencia, no lo es todo para la virilidad. Los complejos de tamaño quedan excluidos por el momento. Al hombre, macho alfa, ejemplo de virilidad o panzón enano, le gusta sentirte deseado por su pareja pero a la vez, libre. Le gustan las cosas prácticas, sencillas y claras. Y sí, todo esto comúnmente se malinterpreta, por ende, somos incomprendidos. 

Nota al pie: Las mujeres también dicen ser incomprendidas... y los hombres las tachamos de malas.

viernes, agosto 14

En las rocas

Sirvió otro vaso de Jack Daniel’s y, mientras probaba el amargo dulzón de su bourbon, pensó que ya era demasiado, que había tocado fondo. Sin embargo, tocar fondo es un concepto bastante ambiguo, quien lo ha tocado, cuenta su experiencia a sabiendas de que siempre se puede caer un un poco más, pero eso, ya no lo dice, sus caídas son personales, aunque todos lo sepan.

La primer vez que uno toca fondo es con los pies, siente el piso, su propio abismo y con esto se impulsa para salir, se agarra de algo para hacer soporte y se eleva, como que no quiere la cosa, para estar en su mundo de nubes otra vez. La siguiente vez la caída es de rodillas, hincado se reza por convertir la tortura en una camino de éxito, en una experiencia más o una raya más al tigre. A partir de ese momento, las caídas son cada vez con más extremidades, a cuatro patas, apoyado con los codos, hasta que se saborea el polvo que invade nuestras fauces incapaces de gritar. El fondo es el mismo, pero la presión que uno se autoimpone hace que sostenerse en piernas sea insoportable. Hacen falta agallas.

Era el quinto trago de su bebida esa noche y desde el primero sintió miedo. En la penumbra del estudio sabía que se había excedido desde la primer vez que sintió gota de alcohol en su boca, el sólo hecho de percibir cómo el líquido fluía por su cuerpo. Pero como casi todas las primeras veces, la experiencia sensorial opaca la razón y se dejó llevar por todos y cada uno de los tragos que le llenaban la sangre.

-Ya fue suficiente-, se dijo. A duras penas sabía en qué día vivía y, según su récord personal, rondaba entre los 32 y 33 años. No estaba seguro del tiempo que había transcurrido pero se sentía entretenido de saber que ya había librado los insoportables veintes a los que la gente tanto le apuesta para “ser alguien” y ahora, en sus primeros pasos en esta nueva década, la gente ya lo daba por causa perdida. Y le gustaba.

“Soy un hombre común, que ha hecho y deshecho lo que le ha venido en gana. Tengo amigos, sexo y un trabajo”, se repetía constantemente. Entre sus amigos gozaba de cierto estatus de borracho, vividor y aventurero, aunque él prefería verse y sentirse como un simple y llano humano, víctima de sí mismo, ausente de sus pensamientos y un romántico empedernido de enfrentarse contra todo lo que se le pudiera poner enfrente.

-Ya fue suficiente-, se dijo. Y se sirvió otro whisky para matar el tiempo. 

miércoles, agosto 5

Características laborales

Cuando niño, mi mamá me consiguió un trabajo en la vinatería de la esquina -de ahí creo que vienen mis problemas con el vino-, ganaba 15 pesos por día trabajado y me servía incluso para patrocinarle los cigarros a mi madre. 
Luego, por necesidad, me convertí en chef de hamburguesas y jochos al carbón en Chez Vic, el localito que mi sacrosanta puso. Después me hice florista en el mismo local que bautizamos, haciendo acopio de nuestra creatividad, como Flores Heymann; nos fue bien por un rato, vendíamos, comprábamos y hacíamos arreglos. 
La primer vez que busque trabajo, no lo busqué, me lo buscaron pues decían que no podía estar de huevón un año por lo que empecé repartiendo volantes y propaganda en Periférico e Insurgentes. Al día siguiente me ascendieron a supervisor de volanteros y a los dos días, mostrando mi verdadera naturaleza aseguré que mi tiempo valía más que 500 pesos a la semana y entonces me hice achichincle en una agencia de publicidad.
Total que para mi siguiente trabajo fui orillado por Z para hacer algo de mi vida y me convertí en asistente editorial de M. La entrevista fue rápida, yo de traje dije que quería escribir y que eso me gustaba. Me quedé por el tiempo que un bebé tarda en gestarse. 
Desde entonces, intento no vestirme de traje para una entrevista y ser más casual.
Mi querida T escribe y escribe notas de cómo sorprender al contratista, hacer un CV adecuado y lo que no se debe hacer durante las entrevistas... y ahí me tienen, no haciéndole caso, pero me ha funcionado: desaliñado, restándole importancia, diciendo la verdad de mis salidas y siendo más bien sarcástico de la situación. 
Y pasa que si me presento de jeans y camisa desfajada, me dicen desafiante; si contesto altivo y soberbio, dicen que tengo problemas con la autoridad y, si me enfoco en los resultados resulta que soy excesivamente sintético y práctico. ¿Quién entiende? 

El cinismo y mi natural naturaleza de llevar la contra, me ha dejado nuevas características que no sé si deba incluirlas en mi siguiente CV, pero que hasta la fecha, por excéntricas me han resultado positivas. 

miércoles, julio 29

Memorias del veneno IX

Federico conoció el amor de la forma menos dulce, lo conoció con la tragedia, el dolor y lágrimas. Descubrió que estar enamorado del amor era más conveniente que de la persona. Sus ires y venires estaban llenos de romanticismo puro, de pasión fulmimante y cariño, pero sólo para el amor.
M había sido su catalizador, su había sido su primer amor hasta que le mostró el otro lado del sentimiento. No sólo de las mariposas en el estómago sino de las dagas enterradas y de las heridas que se mantenían abiertas. El amor, ese veneno que se funde con la pasión eran una enfermedad que nunca podría dejar ir, de la que nunca se curaría, pero que sabía condonarla con abrazos ligeros, noches de ajetreo y caricias sin priomesas.
Con M había descubierto la panacea de las relaciones amorosas: no se trataba de estar siempre ni tampoco de vivir felices para siempre. Ellos, decían, estaban juntos sin estarlo, se amaban sin hacerlo, su amor vivía de la histeria ausente, del siguiente encuentro y, por eso, eran víctimas de su propio veneno. Habían seguido con sus vidas, tenían el amor de otros en sus manos y amaban sentirse enamorados. Su acuerdo era conveniente. Y frío.

No habían hecho el amor en mucho tiempo. La amistad prevalecía, los besos robados jugaban el papel de mantener el acuerdo eterno. La prudencia gobernaba casi todos las noches de apuestas perdidas, pero hacía falta recuperar el sabor, sentir la asfixia, opacar el dolor, aventurarse en el riesgo, deseaban recordar las razones que los habían unido pero que al final preferían mantener por separado: el amor.

-Quiero hacerte el amor, dijo ella un cuanto dubitativa pero con la seguridad de la respuesta afirmativa. Y lo que sucedió fue inmediato, se acostaron a oscuras. Él quería prender la luz, pero no lo dijo.

Tomaron un paliativo para esconder la culpa de la traición y se fundieron. Se separaron.

-Es sólo un juego-, aseguró M.
-Lo sé-, contestó Federico. -Siempre lo ha sido-, pensó él.

lunes, julio 27

Historias

La gente vive de historia mientras hace la suya. Fuera de las clases naturales en la escuela que sirven para culturalizar, de los aprendizajes que supuestamente tenemos del pasado, el hombre vive de lo que ha vivido, inhala de los momentos de grandeza que tuvo en el pasado. De añorar sus sonrisas.
Coleccionamos momentos para relatarlos después. Para dar un respiro de la cotidianeidad, recordar lo que nos mantenía juntos, por lo que nos fuimos, por lo que queremos ese momento de regreso. Por el simple hecho no olvidar.
Nadie quiere recordar los momentos malos, sin embargo ahí están también para hacernos recordar. A veces para manifestar el dolor no superado, otras veces para entender las razones de lo que somos, pero en verdad el recuerdo de la historia nunca se va. Podríamos decir que olvidamos, pero la realidad es que sólo se oculta. Dicen que la gente no muere hasta que la olvidan, y a veces es la única forma de protegerse. 
La ausencia es, irónicamente, presente. Tiene sabores, los olores nos transportan y los colores vibran en la cornea imaginaria al recordar cuando revivimos. 

Ella quedó con su historia. Yo continúo con la mía, quedan pendiente las letras que debo unir para que Victoria no se olvide.

martes, julio 21

Lo que he aprendido de las relaciones

Me gustaría decir de que de todas las relaciones que tenido me he llevado algo positivo, pero la verdad es que en muchos casos toman de mí y me quedo con unos malos tragos, recuerdos más bien oscuros y una que otra aventura amarga. 

Lo que sí he aprendido es que ninguna relación se parece a las anteriores ni a las que vendrán, podrán tener sus similitudes, pero cada cabeza es un mundo y, a veces, la mujeres manejan hasta 4 mundos cada una. Si es difícil para nosotros, imagínate para ellas. 

Dicen que el hombre (como especie) es el único que tropieza dos veces con la misma piedra... y bueno, el hombre (como género) es el único que cree que cambió de camino para encontrarse con otro peor. Mientras que está bien intentar aprender del pasado en la vida cotidiana, con las mujeres eso no aplica, verbigracia, si a tu ex le dabas una nalgada en un momento apasionado y lo quieres hacer con la presente... te puede ir mal si no es precisamente su tipo de acercamiento. Es una cuestión de comunicación, pero eso, en un pareja, es un fenómeno rarísimo.

Si a tu ex le dijiste que la amabas luego de mucho tiempo de andar y eso te causó problemas, en la siguiente relación no lo sueltes inmediatamente, se va a espantar y tu quedarás como la parte débil de la relación. Te dirán que eres un lindo, un cursi y un amor... pero habrás cedido los pantalones. Mejor sé sincero contigo mismo y dilo... cuando te la quieras llevar a la cama, es un remedio infalible y seguro, con el tiempo, sentirás algo similar, o quizá en tan sólo unos minutos. 

Podría decir que la comunicación es el principal pilar de cualquier relación. De hecho, sí lo es, pero eso no lo aprendí con las mujeres, de hecho la comunicación con ellas es un tema completamente diferente que dará para un capítulo entero de un libro, título tentativo: la comunicación en los tiempos de venus. 

Y cómo olvidar la confianza... pues así, olvidándola.

En  realidad, todo lo que he aprendido en ene mil relaciones (esperando que los one night stands no cuenten) es que el hombre busca en la mujer apoyo, cariño y entrega y sentirse útil y protector y admirado. Las mujeres quieren quién las escuche, las cuide y papache, saberse queridas y respetadas. Pero para llegar a ese punto, ningún acercamiento del pasado y ningún manual son realmente útiles. Se he aprendido algo, es que en realidad no se nada.

lunes, julio 13

Adagio


El Adagio es más cabrón que el mismo destino, y mira que eso es difícil. El equino es medio terco, está amañado y tiene complejo de grandeza. Es grande y hermoso, lo sabe. A través de su nombre dignifica a quien lo monta. 

"Toma las riendas con la misma fuerza con la que tomarías tu vida. Llévalo a dónde tu quieras, no dejas que te arrastre por el camino que él quiere ir", me dijo mi ángel de la guarda. Tarde o temprano el caballo me llevaría a dónde yo quería ir, pero no cachaba la idea de guiarlo. 

En la música, adagio va por un tiempo musical, lento y majestuoso. En la lingüística, un adagio se puede confundir con la ironía de la sabiduría popular, memorable. Un ejemplo claro. 

Así, en el reencuentro con Adagio, monté como inexperto, me costó identificar la cantidad de fuerza que necesitaba para guiarlo y llegar a mi destino. La falta de costumbre se hizo latente. No logré hacerlo trotar por más de 10 segundos y tampoco pude hacerlo llegar a mi destino en los primeros pasos. Hice que hiciera cosas complicadas sin saber cómo las había logrado y, cuando menos pensaba en "cómo hacer las cosas", salían bien. 

Nuestra segunda cita fue más fructífera. Trotó, se detuvo, volvió a trotar, caminó y en todo momento me obedeció, apliqué la fuerza necesaria, no fueron necesarios los golpes del fuete y los acicates se convirtieron en una útil herramienta de guía. No es que pensará mucho en el cómo, sólo sabía lo que tenía que hacer y cómo hacerlo. 

La vida como adagio es lenta y majestuosa, el ritmo puede ser largo o corto. Es tocar con pasión, montar con soltura y dejarse llevar. Sólo eso. 

miércoles, junio 24

cumpleaños

La última vez que celebró su cumpleaños fue a los 50, a un mes de fallecer. No quería hacer mucho, de hecho solo quería ir a comer, pero ante la evidente llegada de la muerte, opté por regalarle una sonrisa infinita, la llevé a nadar con delfines y la pasamos muy bien. Fue su último día sin dolores excesivos y la pasamos bien.
Después de eso, los 24 de junio eran días oscuros, sin chiste y sin memoria.
Dejé de tomar cerveza Victoria por obvias razones hasta que un día, mi ángel de la guarda, me dijo que sería divertido que, cada vez que voy a comer, pida una Victoria para invitar a mi mamá a comer.
Hoy la invitaré a cenar... con una Victoria en la mesa. Feliz cumpleaños, ma.

lunes, junio 22

Mi funeral

¿Por qué hacer los funerales aburridos, tristes y sombríos? Los funerales, y sobre todo los velorios permiten llorar de gusto ya sea porque ya se murió o de que está bien "en el otro lugar. O de tristeza si es que no nos incluyeron en la herencia, o quizá sólo era el pior es nada, alguien querido y amado. Total que morirse siempre implica lo mismo: negro riguroso, trapitos decentes, muchos kleenex y silencio sepulcral. No es divertido. 

Así, para cuando me muera, mi funeral será diferente. Enunció brevemente algunas características de mi celebración:

1) Cuando llegue el descanso eterno deberán darse cuenta rápidamente que estoy muerto antes de que me agarre el rigor mortis por que de ese hallazgo dependen varias opciones: ya sea que me acomoden en una mesa de mi bar favorito recostado en la mesa con vaso de jack en la mano para que todos brinden conmigo por última vez, o en su defecto, si me veo muy mal, pueden usar mi ataúd de velación como barra para el cantinero y acomodarme de lado sonriendo y two thumbs up para decir adiós. Creo que es tétrico pero podría funcionar.  

2) Al tratarse de una experiencia casi religiosa y dado el trato que dichas ceremonias reciben, he de dar recuerdos de mi funeral: una bolsita de papel celofan con parte de mis cenizas amarradas con un mecatito. Supongo que ochentaytantos kilos de materia servirán para que mis 10 deudos se queden con un trocito de mí. Si llega a ir uno que otra persona sólo a comprobar que en efecto morí, se le dará un cenicero con mi cara estampada para que puedan apagar su cigarro sobre mí y de esta manera limar asperezas. 

3) Tengo que empezar a conseguir el patrocinio de Jack Daniels para es ecuménico momento. 

4) Cigarros y Jack van por cuenta de la casa. Quien se quiera responsabilizar del festejo, avíseme para dejarle el 1% del seguro de vida para organizar.

5) Aún no sé como vestirme, se aceptan sugerencias, pero estaba pensando en que me dejen con la misma ropa con la que me vaya. Si muero desnudo, pónganme unas hojitas de parra. 

6) No morí por excesos, viví de ellos. 

viernes, junio 19

Negativas

Cuando una mujer dice que no, comúnmente quiere decir que sí. Una negativa masculina es eso, un simple, llano y rotundo no. Los mexicanos, por definición, no sabemos decir que no, es más fácil dejar plantado al mundo que aceptar un rechazo, que casi siempre, es mal visto por nuestros congéneres. En cambio, un pretexto "siempre se entiende".

El humano por lo general es pesimista. Todo es no, nunca, jamás, no se puede, no hay chance. Bueno, más bien creo que es un defecto de la generación postmoderna, total que siempre hay de qué quejarse, mentar madres y ser incapaces de tener un ratito de alegría. Pero también, curiosamente, el cerebro humano rechaza las negativas visuales. Ironías de la vida. 

El cerebro, cuando ve una negativa específica, o sea un no, la ignora, la brinca y no la archiva. El ojo, por su parte, lo omite en la lectura y hay que ser muy enfáticos para que quede marcado en el contexto necesario, ¿no?

Mi mamá decía que no es no aquí y en China. Pero ahora entiendo porque nunca le hice caso. Así que ahora, no digan que no, mejor vamos por los eufemismos que permiten la misma gracia que quedar mal y excusar las razones dignas que son necesarias. 

Entonces, no es sí, para las mujeres y por eso lo omitimos, sí es no para las citas sociales y no es no aquí y en China, por eso siempre hacemos lo que queremos. Ah... y si los hombres decimos que no, es que nomás no sabemos qué hacer, evitémonos la pena de dar explicaciones.

miércoles, junio 17

anti bloqueo

Receta para el famoso writer's block: escribir de la vida, de lo que me apasiona y de las obsesiones. Comentar de lo que pasa al día, de las trivialidades y de la pesadez de una jornada de trabajo. Escribir por escribir, desahogar y berrear en cada texto. Lo que me gusta y disgusta, lo que purga y me corroe, del amor y las respuestas sin sentido, de las aventuras, los sueños, los amigos y la falta de conceptos. 
Escribir por porque me gusta, no porque debo responder, amar el rasgo de la letra, inspirar de la tinta y saborear su desaparición. Analizar la vanagloria, respirar de la existencia y sumirme en entre sus brazos. 
Escribir, sólo por hacerlo, por que me gusta, por que lo anhelo porque quiero... no porque debo. 

jueves, mayo 14

En silencio

Esperaba -a sabiendas que es malo- una gran festividad, espaldarazos y buenos deseos. Todo fue más sútil.

Me extendieron una página impresa, la tomé sin entender de qué se trataba. Letras chiquitas, fe de erratas y, en marcatextos azul, un señalamiento. Observé bien: un índice y mi nombre subrayado.

Entendí, me quedo.

lunes, abril 27

Memorias del veneno VIII

Desde siempre ha pasado lo mismo. Se aman, lo niegan en público, pero en el silencio de la ausencia, lo afirman, lo incrementan, lo anhelan para después únicamente tomar un poco, lo mínimo para que no agote. Para seguirse envenenando
La historia de Federico y M es constante, es eterna, única y siempre inconclusa. Desde que fue infectado por M, Fede no la suelta, ninguna pasión es tan fuerte así cómo ningún amor que lo doblegue de nueva cuenta.
Se ven como cometas, esperanzados con la ilusión de un niño mientras ambos hacen sus respectivas vidas en pareja, tienen su secreto y es único. Sí, se han acostado, también hecho el amor y nunca es suficiente para ambos. Y ambos temen que lo sea.

-Bésame, pidió ella en su último encuentro.
Él lo hizo. La respiración de ambos se cortó, las mariposas en el estómago resurgieron, la piel eriza los invadió y el corazón se detuvo.

De nuevo, la estocada letal. Como el primer beso, el veneno penetra, invade, llena y asesina. Obsesiona.

-Hasta la próxima, dice él.
-No creo que haya otra, contesta M.

Ambos saben que no es así. Sonríen.

martes, abril 21

Gracias Charles

Ah, sí

Existen cosas peores que estar solo
pero a menudo lleva décadas darse cuenta
y la mayoría de las veces cuando lo haces
es demasiado tarde
y no hay nada más terrible
que demasiado tarde 


El final de una breve aventura  (fragmento)

el amor se seca 
pensé

se seca aún más rápido
que un charco de semen
en el ombligo de una mujer


Sí, él era un hombre que sabía demasiado.

viernes, abril 17

Simples detalles

Me conmovió hasta el tuétano.
Ahí vamos todos buscando lo que no tenemos, deseando más de lo que anhelamos sin deternos a vivir el momento presente.
El tráfico citadino, el estrés a flore de piel, los sonidos del malestar general y el inmenso calor haciendo aún más díficil la estancia. Horrible.

Un hombre, no es por juzgar, pero sin la mitad de los usos materiales de la gente que le rodeaba, estaba sentado bajo un árbol, a su sombra. Comía un durazo con paz, serenidad, sin prisa y disfrutándolo.

Le envidie. Y se me antojó un durazno, pero aún más, su estado de calma.

Cada cosa a su momento.

martes, abril 14

Periodista

Cuando nací, ni por la mente me cruzó ser periodista. Creo que cuando nací me vieron cara de príncipe o rey, pero jamás me pusieron un signo de periodista, escritor o algo por el estilo. Lo más cerca que estuve a algo artistístico fue ser pianista, pero desde ese momento, hasta la fecha, lo que hago ha sido plenamente circunstancial. Sí, decidí esto o aquello, fue por una situación que se me presentaba, pero nada más, opte por ella, pero no me la puedo adjudicar plenamente.
Entonces, cuando ella quería hacer más de mí, quise ser más, demostrar que era, que podía y lo logré. Trabajé como redactor-investigador de un calumnista de un periodico con una aguilita azul.
Emocionado, se lo comuniqué, entre lágrimas le dije que sería más de lo que fui... y desde entonces heme aquí, siguiendo el curso de esa decisión. Y de esa circunstancia.

lunes, abril 6

Se burla

Está ahí de pie, fornido e inmenso, los años se le ven pero sigue imponiendo. En cada ocasión que puede me insta y provoca a destazarlo, despedazar su armonía, a jugar con él y a usarlo para liberarme. Me niego.
En un tiempo éramos inseparables, se hizo mi aliado y cuando nadie más me comprendía, él sí lo hacía. Su monocromacia lo hace elegante y en el olvido, sabe que no está muerto, entiende mi necesidad, pero se burla, me ataca. No perdona.
En su memoria se han deslizado cantidad de historias exitosas y fracasos rotundos ataviados de un poder que no se controla frente su gran mandíbula chimuela.
Ella lo llamaba tiburón, expectante... un homicida sin control, una adicción y al mismo tiempo, el rescate más inesperado.
Se burla de mí, me ve, espera que me acerque, que lo supere, que lo acaricie y maltrate. Que me deje llevar.
Extraño el sonido que emitía, la disonancia de nuestros encuentros, el frenesí de nuestra coordinación. Anhelo sus abrazos etéreos, el compás de nuestra unión, el grito ahogado que me reprimía, el juego que me liberaba y el odio que desaparecía.
Se burla de mi incapacidad de amar, de mi necedad de razonar, de mi justificación pasional para negarme a sentirlo.
Está ahí, como guardia insoluto, como carcelero del pasado. Me ve, me provoca. Le temo, lo amo: es mi piano.

jueves, abril 2

Causalidad y casualidad

En casa los bautizamos como accidentes cósmicos. El concepto podría definirse como la alineación inexacta de los astros en algún momento determinado de la vida, pero sería una simple coincidencia, una ascepción muy light para lo que representa enfrentarse al instante, sabiendo que llegaría, sin poderlo dominar.
Si se tratara de la visita de aries a Júpiter lo convertiríamos en algo programado y destinado, ergo perdería todo sentido de realidad, viveza y complejidad. Sería un efecto provocado por la causa del movimiento universal, pero nada más. Carecería de sentido.
La visión de un cometa es causal, pero es una casualidad verlo cuando estamos vivos, seguirlo y disfrutarlo, ya es un efecto del deseo. Eso sería un accidente del destino.
En la casualidad todo lo programado, archivado y estudiado se cae por un fenómeno inesperado, cambia la imagen de la realidad para converger en un instante diferente, tangible e insuperable. Deja una huella que a veces prevalece.
Causalmente, todo está estudiado, lo esperado no lo es pues ya se manipuló el efecto que provocaría cada uno de los pasos dados. Sí, marcará a la presa y a nadie más.
Un accidente cósmico cambiaría el sentido de una existencia -si es causal-, o pasaría desapercibio, si fuera casual. Es lo que debe ser.

martes, marzo 31

Realismo puro

Mi naturaleza es inquisitiva, insaciable y curiosa. En mi realidad ser como soy es llevadero y divertido, pero no para el mundo, que descubrí, es igual de inquisitivo. 
En realidad me gusta tener una pareja, con quien estar pero no me gusta que me pongan un título porque me segmentan, me limitan y debo actuar según el concepto. 
Antes, cuando cazaba, toda la parte del cortejo me divertía, el dejarme conocer por partes, convertirme en un misterio y después, dejar con más dudas que verdades. 
Ahora, esa parte me da hueva: conocer, decir y callar. Opté por el cinismo, nada de queda-bien, que me conozcan como soy, como quiero y cuando quiero. Una mentira por omisión. 
Ahí, en ese realismo tangible, el mundo se convierte en la inquisición, con todo y sus Torquemadas y juicios llenos de envidia o de falta de comprensión. Más eso, el no entender.
Si vivo en el realismo, la gente vive en el fantasionismo desvestido como magia, oscuridad y sacrilegio.
Me gusta mi naturaleza. Me da pánico el control. En realidad, me gusta curiosear y sólo tengo miedo de quererme controlar, para que una vez en el abismo descubra que no puedo cambiar. 

lunes, marzo 30

homenaje

Vivió 95 años y conviví 22 con ella. La recuerdo con su pelo cano, sus rutinas irrompibles y su profunda sabiduría compartida en los detalles. 
Tenía corazón gitano, mente alemana y emociones mexicanas. Recorrió el mundo el campers de circos, domó elefantes, caballos y una vez, hasta un león porque el entrenador enfermó. Nunca llegó a ser prima ballerina de ningún ballet pero en Sevilla la recuerdan por su pasión al bailar flamenco. Yo por obligarme a aprenderme el demi plie. 
Los jinetes guardan la memoria de su manera de adiestrar caballos a la alta escuela y los charros por ser ella quien les hizo inventar el rejoneo para no volver a ser humillados por una alemana nacionalizada que nada que ver con el arte nacional ecuestre. 
No le gustaban los niños, pero me hizo unas chambritas cuando nací. Cuando nos quedamos solos, se convirtió en la abuela, amiga, confidente, caja de pandora y protectora. Luego, me dejó libre para hacerse una con el universo. 
Creo que nunca le dije cuánto la admiraba, hoy lo hago. 

viernes, marzo 27

Contra la gamia

En su sentido más práctico, gamia significa unión. Estoy a favor de las posibilidades y múltiples opciones, pero creo que también están felices los monos, y los fieles.
Lo creo porque cuando fui mono, me gustaba pero siempre estaba a la espera de algo más, a la intención de la cacería. En la poli -no la escuela- encontré el hábitat natural de un predador. Me gustan las presas, las víctimas, por su lado me dan pereza. 
Aclaro que la unión es algo necesario naturalmente, como la sociedad y la comida, pero también es un tema que no conviene a mis intereses o mi religión. Practico el cacerismo masivo y me dejo cazar sin convertirme en la podredumbre del ruego por el fin.
Soy el amante más profundo de la unión siempre y cuando me permita no ver ni sentir el lazo. 
Empero, ser el victimario también me da pereza, es por ello que cuando hay unión siempre hay que dejar algo positivo. Al momento de la desunión llegan los golpes y reproches, la presa no sólo fue alimento, sino también se convirtió en la carga de sí misma y, por ende, del cazador.
Estar a la expectativa y ser el espectador del juego convierten al asesino en el amo de su terreno, de su gamia, de su unión.
Apunto en nombre del amor y que quede claro, no va con la poli, endo, multi o mono. Todos se convierten en sufijos -a priori de cualquier situación- o prefijos -muerte lenta y segura de estar con alguien. 
Apelo a los nombres y palabras porque dan certeza, niego rotundamente el papel del concepto subjetivo. Soy una parte que se une, nada más. 
No me endilguen muertes no correspondidas, no es mi parte. 

viernes, marzo 13

¿Cuándo es suficiente?

Me cae mal la frase "tiempo de calidad". Acaso existe un ISO 9000-dos-mil-algo para certificar que todo el tiempo que pasamos con alguien es de calidad, ¿quién lo decide?,¿quién lo certifica? y más aún, ¿quién demonios puede comprobar que toooooodo el tiempo, es realmente de calidad?
Eso de que "más vale calidad que cantidad" es también una mentira vil. Si lo importante fuera aquel segundo místico, maravilloso y lleno de vida, porque nos frustra la incómoda situación de que nuestros amigos, familiares y demás entes, no nos dediquen más tiempo. Siempre estamos buscando pasar más tiempo con la gente que queremos, la calidad viene dada por la persona.
Queda claro que muchas veces no es así -la tía incómoda que ves cada año bisiesto jamás será tiempo de calidad, por menos tiempo que estés.
Con la gente querida siempre queremos extender el tiempo. Su misión, de pasar, es eterna cuando todo es aburrido, y es fugaz cuando se disfruta. Es complicada la comprensión del tiempo. Al momento del tic, toca el tac, la situación pierde sentido, queremos extender la unión pero se corre el riesgo de que la calidad desaparezca. Nos quedamos sólo con la cantidad.
Siempre hay que saber decidir cuando fue suficiente.
La calidad es permanente. La cantidad, subjetiva. Y el tiempo... sólo pasa y no regresa.

jueves, marzo 12

Camaleónico

El camuflaje muchas veces no viene incluido con el paquete. A veces, uno se pierde con el contexto, pero muchas otras, las diferencias se hacen presentes. Es ahí cuando nos resignamos. 
El entendimiento de esa palabra nos remite a sinónimos más bien mal empleados: a chingarnos. Resignarnos implica reinventarnos, modificar el significado y de paso el significante. 
En la pureza de la resignación está la idea de dar un nuevo significado a las cosas. El camaleón siempre será eso, pero tiene la facilidad de perderse con lo que le rodea y seguir siempre siendo lo que es. Sólo navegando con bandera de pendejo, cuando no lo es.

martes, marzo 10

De poner nombres

"Como el hombre ha creído (...) en las ideas y en los nombres de las cosas como aeternae veritates (...) creía realmente tener en el lenguaje en conocimiento del mundo".
-Nietzche. Humano, demasiado humano.

Decimos los cursis que "cuando le pones nombre a algo, lo haces tuyo". Por eso llamamos a nuestra gente por apócopes: mi amor (desde el pronombre está la posesión), cosa, mi vida, chiquita, chaparra, hermano, cuate, marsupio, chiquis, bitch, brody, jovita, trudis o, simplemente lo generalizamos como wey. También podemos usar pompi, nalga, chile, pero en mi léxico, casi no.
El lenguaje es políticamente correcto.
A todo lo queremos llamar por su nombre o lo que nos enseñaron que era. Las palabras abarcan tantos niveles que al final, muchas veces "no hay palabras para decir esto o expresar aquello".
Amor: sentimiento que es más que querer, pero después de eso es ilimitado -según esto.
Papá: usado comúnmente para definir al progenitor, también lo usamos para ocultar complejos de Electra y Edipo: papito, mamacita y sus demás efectos.
Tendemos a nombrarlo todo para darnos seguridad, para comprender lo que es y poderlo interiorizar.
Nombrar es etiquetar, cito: por el nombre algo te gusta más o deja de hacerlo. Funciona quizá como lo prohibido, lo tienes, pero lo llamas por otro nombre que acaba de excitarte más sólo por el hecho de ser silencio. Las palabras incitan a la prohibición. A la limitación.
El concepto encasilla la idea, pero hay palabras que de suyo, no llegan siquiera a eufemismo y se quedan únicamente como vacíos a la necesidad de nombrar algo intangible. Así, apodamos a las parejas, a los amigos, a las cosas. Pero "la cosa" es cualquier cosa, y "la desa" también entra como cualquier cosa. Sin embargo, sí sabemos que es una amigo, hermano o novia y lo que eso conlleva.
Puedo decir que amo tal cosa, pero mi amor es diferente a tu amor, mi concepto comulga con el tuyo, pero se evade en demasiadas partes. Casi todas, de hecho.
Tenemos el nombre, no la razón.
Eufemismo: ser hipócrita.
Free: te quiero, me gustas, pero no quiero un compromiso, pero me puedo clavar. Pero somos libres.
Relación: disese de aquella relación interpersonal mutua que tiene reglas insolutas, impuestas por cada uno de los bandos. Y no se las comparten.
Sexo: hacer el amor.
Hacer el amor: tarde o temprano, nomás es el placer del sexo. Bueno, ni eso.
Haciendo uso del lenguaje: si te nombro, eres mía. Si la etiqueto, la encasillo; pero si lo dejo al aire, puede que este se la lleve.
Y sólo queda la ausencia de lo que nunca fue.

lunes, marzo 9

Perspectivas

Él entra en una habitación sabiendo que algo no está bien. La ve tendida en una cama, inmóvil. Inerte. Las sábanas están llenas de sangre ya seca. Ha pasado no mucho tiempo, pero ahora el momento es lo menos importante. Ella está echada en la cama en posición fetal, recostada sobre su lado izquierdo. Haciendo acopio de fortaleza, él la toma del hombro y la gira. Comprueba su hipótesis, está muerta; no hace ni dice nada, sólo se va. 
Llega a un comedor desconocido, hay varias personas irreconocibles pero cercanas. Dos niños están frente a él, lo ven con asombro. Baja la cabeza y se recuesta sobre su antebrazo derecho dejando la mano libre. Una mano ajena toma la suya. Él llora. 

Uno
Él entra, la ve y dice: 
"No, por qué te fuiste ya. No luchaste, eres una cobarde, tenías que haber hecho más. Debiste darme más poder de decisión, tu vida iba de la mano con la mía. Me dejaste sólo, me abandonaste. Te extraño, llevo ya meses aquí y tu no estás. Ahora sí ya no estás. ¿Por qué a mí?".

Dos
Ella, muerta, lo ve entrar y dice:
"Perdóname. Te amo... pero era mi vida. Ahora tu haz la tuya. Te amo".

Tres
Uno de los niños que están a la mesa le dice:
"Ven a jugar, ya pasará". Corre y lo abraza. No entiende por qué llora aquel desconocido, pero no le importa, sabe que con un abrazo inocente y puro podrá calmar ese sufrimiento".

Cuatro
Una mano tersa, estética; fina pero fuerte le toma la mano. No dice nada, pero se comunica con un leve apretón. Le da la fuerza para seguir, la confianza para llorar y la intimidad para ser frágil sin verse débil. "Se vale sentir, se vale llorar".

jueves, marzo 5

Posesión

Quisiera que se tratara una de esas posesiones en las que un ente poderosísimo -una mujer-tomara mi cuerpo y lo hiciera suyo, pero no se trata de eso.
En la naturaleza los animales, machos alfa marcan su territorio pero no lo poseen, están dispuestos a perder en el momento en el que son vencidos y otro macho gana el poder. Ese poder está dado, nuevamente, por una mujer: el que se la quede, hereda todo. Insisto, no tienen nada y sólo poseen, durante segundos, a su fémina en cuestión y partirse la madre con tal de vivir esos momentos, lo vale.
Con el hombre es muy diferente, la obsesión nos lleva a querer poseer todas las cosas materiales e incluso aquellas que de suyo no se pueden hacer propias: la naturaleza, pedazos de tierra, mujeres y otros hombres.
Cuando nacemos, no teníamos nada y así será cuando muramos. La tierra seguirá ahí y será otro quien la llame suya. Antes de nosotros seguramente hubo muchos quienes murieron tratando de "hacerse" de su patrimonio, de poseer algo que jamás sería suyo.
Machistas y misóginos dirán: los hombres poseen y las mujeres tienden a ser poseídas, está en la naturaleza.
Ahora bien, quizá físicamente parezca eso, pero en realidad, por un instante de amor único, entregado y pasional, por sabernos poseídos: hacemos de todo.

miércoles, marzo 4

Amante

Leo, por influencia -y presión- de mi falange derecha, a Milan Kundera. Encontré entre las páginas de su insoportable levedad muchas justificaciones para mí y mi estilo de vida. De los muchos cúlmenes y orgasmos realistas de su obra destaco lo siguiente: 

"el amor, cuando se hace público, se convierte en una carga".

El término de amante, aún cuando en la actualidad significa affair, infidelidad y demás cosas negativas para la sociedad, se trata, por el contrario de eso, de amor. Al amante, cuerno, free, amaciato o cómo quiera ser llamado, se le ama como es, con los horarios que tiene y a escondidas. Uno no publica a los cuatro vientos -a menos que seas un cínico como yo- que tienes una amante. Y a veces, ni así lo dices porque ese amor, esa amante es tuya y no lo compartes. Sólo tu.

Ese amor, el puro y oculto, es el que más duele, pero el que más se disfruta. Es cuando uno está más vulnerable. Con el paso del tiempo, las parejas van creando barreras infranqueables, terribles, con castigos propios por divulgarse, arrecifes de amor a medias. El amante -en el sentido del amor únicamente- no puede ocultarse con la contraparte. No se esfuerza por nada, sólo ama con lo que tiene y con lo que puede. Y recibe lo mismo, cuando se es amante.

¿Quieres ser mi amante?

lunes, marzo 2

Curiosidad, duda y necesidad

La curiosidad es para la gente que no sabe lo que necesita. Simplemente camina por la vida y cuando algo es interesante o atractivo lo toma y hace suyo por un instante pero no le encuentra función. Cuando se satisface la curiosidad, esta termina pues el interés es tan sólo momentáneo. La gente es curiosa por naturaleza, pero la confundimos con la necesidad de encontrar algo. 

La necesidad es diferente y complementaria con la curiosidad. La necesidad es la constante búsqueda de algo. Si sabes que quieres una mujer, que la necesitas, vas sobre de ella y no te metes con todas las mujeres, sólo con la que necesitas, con la que quieres, con la que tu curiosidad te indica. Aquí no hay confusiones, cuando localizas lo buscado, sacias esa sed. 

La duda es curiosa y necesaria. Dudar ante la curiosidad resulta comúnmente positivo, dudar ante la necesidad, nos hace idiotas. Una duda siempre podrá más que cualquier certeza comprobada. La duda incita a la curiosidad mal sana y a necesidad de satisfacerla. A obsesionarnos. 

Aquí la sinergia y ambigüedad: la curiosidad por la naturaleza (femenina) es directamente proporcional a la necesidad de encontrar a la adecuada para no tener dudas de que en efecto ellas despiertan el interés, la sed que sólo saben apagar y el temor a no quedar nunca satisfechos.

domingo, marzo 1

Breve ensayo del silencio

La mayor verdad, universo, Dios o como quiera ser llamado está basado en la fe. En la razón que no entiende una razón y el deseo único de saber que sobre algo o alguien, estamos creados. Nuestra existencia se basa en lo etéreo, en la metafísica, en lo mayor e incompresible.
Lo que trasciende, de alguna manera, es lo deseado en silencio. La comunión con las personas, el habla, la idea se desvanece de lo tácito y tangible, pero prevalece.
Ahí está nuestra fe para recordarnos, nuestros pensamientos para envenenarnos y el silencio para acallarnos. Sigue siendo ausente, pero no por eso más o menos presente. Vive.
La vida de los creyentes -como los que tiene un credo o código de vida- y de los no creyentes -sólo por llamarles agnósticos- se basa en el silencio del habla, el barullo de los pensamientos, de las letras invisibles que se tatúan en el paso de una vida.
En silencio, el silencio.
Lo que comunicamos no trasciende como tal: se escucha, asimila, archiva; queda escondido. Aquello que callamos es lo que hace que el engrane gire y cuadre con la realidad.
Es una versión de la diplomacia, de la incoherencia del silencio con la verdad.
Y qué si decimos todo lo que pensamos: la bruta verdad. Qué si hablamos sólo aquello que queremos comunicar: verdad bruta. El silencio no se calla y por ello trasciende. Es etéreo, como Dios y su ausencia de sonidos, como todo lo que no decimos. Así sobrevivimos.
Las relaciones personales no se dan por lo dicho sino por los espacios negros que quedan en el silencio. Por las palabras ausentes dichas a escondidas en una mirada, una caricia o una buena pausa.
En plena discusión alguien dice algo -cierto o no- y el otro se calla. Se separan, se van y queda un hueco. El otro hubiera querido contestar, pero nada, sólo silencio. Provocamos una evolución.
Ese espacio de silencio, esa bruta verdad llena de orgullo hace que el ciclo no se cierre, siempre quedará algo que decir para volver.
Nuestras relaciones se basan en el silencio de lo no dicho al mundo.
Si tuviéramos el valor -o congruencia al hablar- no habría momentos de blanqueo en confidencia negativa o positiva.
Burda comparación con Dios: en su grandilocuencia silenciosa de confianza, saber y de libertad bien asistida da vida por ser etéreo; el ser humano en los soliloquios acallados, vive en la física que va más allá de él para sobrevivir hablando.
No es necesario decirlo todo. Sólo en silencio.

viernes, febrero 27

BFH

Me llamo Bernardo. Soy yo. Soy "me, la letra m y la letra e; o sea; me"... entiénde-me-, conóce-me-, míra-me-, siente-me-. 
Pude haber sido Platas Flores pero en todos mis papeles me leen como Flores Heymann, al final, soy sólo yo. El apellido sale sobrando. 
En este momento soy yo, Bernardo, el escritor que escribe, el periodista que odia el periodismo y el analista que boicotea todo, incluso a él mismo. Soy bueno por eso. Porque sé cómo chingar el todo, inculso chingándome a mí mismo. Pero no. 

jueves, febrero 26

Métodos de socialización

Socializar no es tanto un arte sino una necesidad. Cuando niños los carritos, playmobiles y barbies son las herramienta de nuestro primer acercamiento social. Se conocen, juegan, socializan entre ellos; están dictaminados por nuestra volutad. Los dañamos y desquitamos con ellos, entre ellos.
Luego, conocemos a otros niños y damos los primeros pasos en el ser social, nos hacemos amigos inmediatamente y al terminar el día, no esperamos que aparezcan al día siguiente. Siempre hay nuevas personas, nuevas caras y juegos que inventar. No sé en qué momento tememos a la socialización, pero se da. Buscamos nuevas formas de conocer allegados, tener conocidos y jugar a platicar, conocernos y hacer de otros algo nuestro y confabularnos con sus ellos. Pero siempre, desde la pubertad, adolescencia y juventud, limitamos los acercamientos.
Que sin son "buenas influencias", si traicionarán la confianza, que si nos dan mala espina, malas habladurías, todo, nos encierra en un cúmulo social. Empero, ahí vamos, queriendo encontrar alguien para compaginar.
El encendedor, incluso ahora que todos odian a los fumadores, es una gran herramienta para romper el hielo, no falta el fumador social que quiere impresionar, que quiere acercarse, o el empedernido que olvidó su mechero y muere por oxígeno falso.
Ayer, siendo el nuevo, jugué a ser niño y socializar como tal. Las mesas estaba ocupadas y encontré un lugar en una, pregunté si me podía sentar y listo, hice seis amigos -en el sentido de la niñez- nuevos. Hoy me saludaron efusivamente y me invitaron a comer en su mesa, pasé. Descubrí que siempre hay mesas con lugares disponibles, tengo otros dos amiguitos nuevos que hice hoy cuando, solitario, leía y comía y me preguntaron que qué tal estaba mi libro. Compartimos opiniones, hablamos de diversos textos y mañana quedamos en vernos, cuando nos vieramos, para platicar más.
Es curioso, pero cuando he intentado "hacer amigos" o socializar en un antro, bar o centro de recreación social, la respuesta es diferente. Es burda. Ni los cigarros, los libros o la inocencia rompen el hielo. Sólo romper el esquema, todas y cada una de la veces, nos permite acercarnos. Y por eso, de niños, socializamos mejor, no tenemos un método establecido, simplemente llegamos y somos.

Memorias del veneno VII

Domi era diferente a todas las demás mujeres que habían estado en el pasado de Federico. Fuera de que por fin él se había decidido a romper el molde y el actual modelito era más bien curveado y vertiginoso, cabello largo, actitud desafiante y mirada pura y de intriga; lo que más le había llamado era su carácter más bien artero, nada sumiso y siempre listo a cuestionar.
Otro reto que veía en ella fue que, dentro de las dos primeras citas le dejó muy en claro que no habría retozos horizontales, ni verticales, ni nada por el estilo en mucho tiempo... o hasta que él se ganara la confianza de ser el primero.
Ser el primero, dicen, es un gran responsabilidad, más cuando se tiene experiencia en el campo. Si ambos son vírgenes, no pasa nada, se entiende que haya fallas, pero cuando no es así, uno -por más egoísta que suene- puede marcar un hito en la vida de su pareja sexual, se puede endiosar, convertirse en el punto de comparación para el futuro de ella o el.
Para la tercer salida de la parejita en cuestión, Federico estaba completamente endiosado con Domi. La adoraba, la amaba y la quería sólo para él, para siempre. O al menos para siempre, mientras duraran juntos. Pensó incluso en pedirle matrimonio, claro que no se lo dijo, pero estaba latente la idea.
La sorpresa -una más que Domi había dado- fue que al finalizar la tercera cita, ella le dijo que aún era temprano, que porque no iban a casa de él. Fueron, bailaron sin música en la oscuridad, cerca, tiernamente, con la inocencia digna de un par de niños que encuentran atractiva la atracción entre ambos. Después de bailar se recostaron en un sillón y ella se fue encima de él. Lo besó, desabrochó su camisa y su pantalón. Lo tocó con furia pero en paz, con amor. Ella se dejó tocar, seducir y acariciar. Federico estaba confundido, pero no quería arruinar el momento. Sentía algo parecido al amor y a la pasión, pero no estaba seguro. Al final, con un hilo de voz, le dijo que le quería hacer el amor.
-Lo haremos... cuando me ames de verdad,- respondió ella, y siguió besándolo, ahora con tranquilidad.

El palpitar de su corazón se frenó por completo.
¿Amar? Ya no sé cómo es eso, se repetía. Pero si algo sabía es que con ella, por ser diferente, quería hacerle el amor o sentir al menos lo que le decían que era hacerlo: ver las estrellas, ir al cielo, fundirse en un orgasmo mutuo con la otra parte y quedarse abrazados. Hasta el momento había tenido partes individuales de eso, sabía que le habían hecho el amor, pero él siempre se había negado a darlo por completo.
No más amor.
-Buenas noches.

miércoles, febrero 25

Ella

Ella no tiene nombre y los ha tenido todos. Desde Andrea hasta Zaide, pasando por acrónimos franceses, ingleses y alemanes. La he encontrado a la vuelta de la esquina y después se fue o la fui. También me la presentaron. Otra llegó a mis brazos como caída del cielo. Al final, todas llegaron de la misma forma. Y se han ido igual. 
Cuando las -sí todas- conocí supe de inmediato que ella era la adecuada para mí. Sus rasgos eran únicos, frívolos y coquetos. Entendí que no era igual a las demás. Existe la mujer para mí. Ha llegado y seguirá llegando. 
No creo que sea una sola, sino que todas, en potencia, al igual que nosotros, podemos ser el adecuado.

La imagen mental -e incluso sensible- que tenemos de la ideal dista de la realidad. No se parece a las que vemos en las películas, no es despampanante para el mundo pero sí para nosotros. Todas ellas, cuando llegan una después de la otra, son Ella: la indicada, la que soñé.

Pero seamos realistas, el ideal rara vez aparece por lo que siempre terminamos adaptando la parte tangible y racional de nuestra mujer soñada a lo que más y mejor nos conviene. 
Ahí está el problema: si no dejamos que la existencia adopte la forma ideal, jamás estaremos satisfechos y, de todas las parejas con las que nos crucemos en el camino, querremos hacer la única, que se aleja, aún más, de todo. 

Ella es para mí. Sólo tengo que decidirlo. Y de paso, ella. 

lunes, febrero 23

Mar

Sólo en él me siento tan seguro como inseguro. No recuerdo mi primer acercamiento con las olas pero sé que en algún momento le tomé miedo cuando una corriente me revolcó y sentí morirme. Pero aún así, me cuidó y protegió a su manera, llevándome a la orilla. Manteniendo desde entonces la distancia. 
Cada vez que la encuentro me paralizo y hago todo para no estar cerca, sin embargo anhelo su calma para rozar mis pies, extraño la sensación de las caricias cuando me echaba cerca y llegaba a acariciarme, con calma, sin prisas, sólo para decirme que era mutuo. 
Quiero que me arrastres en tu corriente, que me guíes por tu inmensidad, que me hagas ser más de lo que soy. Que pueda vivir caminando por la orilla sabiendo que siempre llegarás aunque con la luna te alebrestes, que los vientos te provoquen y al final, harás tu sacrosanta voluntad. 
Te quiero, volátil y única, ambigua, arriesgada, temerosa de ti misma pero grandiosa como no puedo imaginarlo.  
Ahí estás tu, también ella. Ahí quiero estar. 

sábado, febrero 21

mala fama

Sí, fui un patán. He sido noviero, puesto el cuerno y abusado, en ocasiones, de la confianza de algunas mujeres que me rodean. Ahora bien, el que no lo haya hecho, por favor aviente la primera piedra.
¿Nadie? 
Luego entonces, no entiendo porque juzgarme.
Pueden decir que rompí corazones, que las use y que tengo, por ponerlo así, un corazón de condominio; yo lo llamo de pollo, o o muy abierto al mundo. Sin embargo, y sí, me estoy excusando, la mayoría de las veces, cuando no quiero un compromiso, pongo sobre aviso mi status quo... y si aceptan, eso no es mi culpa. No soy tan malo. ¿O sí?
La gente por si sola no cambia, es necesario que algo afecte desde el exterior para lograr una transformación, sea para bien o mal. Uno no entra en una relación esperando que la otra persona cambie -supuestamente-, pero en realidad no es así, ahí vamos todos diciendo que aceptamos tal y cómo es a la pareja para que, con el tiempo, descubramos que todo se basó en la fugaz idea de que podríamos hacer del "pior es nada" alguien mejor, alguien más similar, más ad hoc a lo que teníamos en mente. Desmiéntolo. Por eso las relaciones ya no funcionan como antes. Tal vez siempre han sido una falacia. 
Pueden llamarme zorro-perro, caliente, jugador y manipulador. Incluso mujeriego. Soy cínico, soy sincero. Todos los somos y no. Hay alguien siempre con quien desquitarnos, reflejarnos y lanzar la furia de los males propios. 
Soy una huella que se marca. Así soy.

viernes, febrero 20

Memorias del veneno VI

El amor es como una herida que, una vez hecha, nunca sana. Actúa como cualquier veneno, se va expandiendo dentro del cuerpo, sientes cómo va paralizando el corazón, los pulmones y el cosquilleo en el estómago. El aletargamiento que deja en las extremidades y la necesidad que queda cuando sale del cuerpo. El ansia de sentirse bien y liberado, las caricias ausentes y la total dependencia de esa adicción, de ese veneno que siempre extrañas una vez probado.
Cuando se es víctima de ese veneno -siempre sucederá- la vida pierde sentido, vale o no la pena vivir.
No hay medicamento para contrarrestar este veneno, la soledad sólo lo aisla pero queda la sensación de lo que hubo. Es como una inyección de heroína, de placer y de vida. Es también la locura de buscarlo y desearlo, de querer controlarlo sin poder, la histeria de no hallarlo y la psicosis de saber que está, pero no en nosotros.

Federico sabía que era víctima de picadura. No reconocía el momento de vulnerabilidad y se negaba aceptarlo. Su corazón había sido virgen. ¿Quién era la culpable? ¿cómo lo habían envenenado? ¿por qué lo había permitido?

Ahora moría. Siempre lo haría. Al menos hasta que aceptara que había amado. Y no estaba dispuesto a hacerlo. La siguiente de la lista: Domi. Y cómo le gustaba.

jueves, febrero 19

Economía y negocios "for dummies" (pa' weyes)

Empezaré por el principio. No sé nada de economía y hasta hace dos semanas, nunca había tenido ni la menor intención de aprender. Creo que sigo reacio. 
Siempre le huí a las matemáticas, a los saberes aritméticos y a los mercados. Desde que tengo uso de razón, sólo aprendí de fórmulas físicas, químicas y ecuaciones por pasar la materia. Cuando por fin llegó el momento de liberarme de los números: taran, meten las pinches matemáticas a área cuatro y por si fuera poco, llevo economía y me enseñan las leyes. Pasé por matado, de panzazo y sabiendo que Hobbes, Maquiavelo y Smith tuvieron algo que ver con la ciencia y la forma de complicarnos la vida ahora. 
Predijeron, a su manera, las crisis actuales y ahora, en su tumba, cagados de la risa, nos han de ver sufriendo por sus ratos de ocio mal intencionados. O bien capitalizados. O algo así, pero nomás no entiendo las subidas, caídas, Nasdaq, Dow Jones y el petróleo mexicano, el que se cotiza en Niu Llor y el de Londres. 
De paso Stanford, GM, Lehmann Bros y los rescates de Obama. Antes hubiera dicho "y eso a mi qué". Hoy digo: de eso he de comer.
¡Pero si yo era de Clu'!, sabía de vestidos, lugares, socialitos mamones y un poco de deportes para fresas: equitación, polo, golf, parapente y madres de esas para las que no me alcanza. 
Entonces, aquí mi breve manual para periodistas fresas y soft, entiéndase, para dummies en las ciencias económicas y negociables, o sea, para mí y los que le sirva. 
Si no sabes, aprende. Si está difícil, entiende. Si no es tu fuente, conócela. Si tienes dudas, pregunta. Si no hay quien responda, investiga. 
Y si todo eso no funciona, haz como que sabes.

martes, febrero 17

De coach potato a hot seat

La evolución más bien parece una involución. Podríamos nombrar este post como "Una vida en nuestras nalgas" y, difiriendo de mi costumbre, el texto no tiene nada que ver con sexo ni las protuberancias femeninas bien puestas, de hecho va de la mano con el simple hecho de estar sentado. 
Descubrí que para casi todo uno necesita usar sus aposentaderas, tengan o no relleno y carnita para cubrir los huesos y si no lo necesita, al menos eso hemos aprendido, o nos hemos orillado.
Tiene que ver, por supuesto el hecho de lo huevones que nos hemos hecho y la necesitad constante de hacer nada, de que la vida sea única y sencillamente, un aparador para admirar la vida de los demás. O las vidas que pasan en las telenovelas, o las series de Fox, o la que cuenta Meyers en sus libros de vampiritos. Al final, estamos nomás sentados y ya.
a) Así las cosas, somos unos coach potatoes cuando vemos tele, leemos o nos asoleamos. 
b) Somos bench uncomfortables desde el kinder hasta terminando la universidad.
c) Vivimos como seated passengers cuando nos transportamos en coche, avión, moto, tren o vehículo que se le parezca e incluso, antes de hacer cualquiera de las anteriores, estamos sentados, esperando. 
d) Cuando jugamos, nos sentamos. Después de correr, nos sentamos y, si no hay donde, nos acuclillamos. 
e) Al momento de trabajar, triste pero cierto, estamos casi siempre sentados. A esto se le llama hot seat. 
f) ... niéguenlo...
g-x) ... piensa en tu vida y el tiempo que estás sentado
z) En la vejez, ya estamos demasiado cansados para querer estar de pie y por lo tanto sí, nos sentamos. 

lunes, febrero 16

Mi primer enésimo día

No recuerdo haber llorado cuando entré al kinder, ni a la primaria, ni a la secundaria. Creo que sufrí un poco cuando, luego de una vida en la misma escuela, odiaba estar en ella y no me quería ir a ninguna otra por no revivir un primer día, pero ahí fui y me cambié de prepa. En quinto de prepa sufrí todo el año como si fuera el primer día, ya todo mundo estaba integrado y yo era el arroz más blanco, más reciente y medio podrido del platillo. En sexto ya no era un primer día, sino que había varios como yo que dejamos de tener primer día.
Luego, la universidad, otro primer día en filosofía, y otro primer día en comunicación. También hubo un primer día en la maestría, pero nada como el primer día en el trabajo.
En el trabajo con el que me inicié en las artes quesque profesionales entré un lunes, creo. Mi jefa, que me había gustado mucho -y creo que fue muto- me explicó como hacer cosas y las hice, me guiaba con respecto, estilo y mucho silencio. Pero duró poco tiempo, aprendí y seguía haciendo las cosas. Cambié de trabajo. 
Quise incorporarme a las causas sociales y ahí me tienen, mi primer segundo día de trabajo, en una fundación. Llego a casa de mi jefe y nos vamos a Valle de Bravo a ver niños reintegrados a la sociedad. Un gran shock. En la oficina, aunque me llevaba con la gente, lo mejor eran las voluntarias extranjeras, pero con ellas siempre me sentía como el primer día. Risitas disimuladas y ya, párale de contar. 
Los primeros días en el trabajo son para ver de qué se trata la empresa, que te digan lo bonito que estar ahí, pasearte un rato y después, descubrir que todo el sermón de medio día, las dinámicas que viviste y lo que te dijeron, no era cierto.
Hoy tuve mi enésimo primer día en el trabajo. Un trabajo nuevo, una dinámica diferente, una gestión similar pero gente nueva, aunque la mayoría viene del mismo lugar del que saliste. 
Horario regular -eso dijeron, días feriados oficiales más otros que la dadivosidad de la empresa te da. Prestaciones superiores a las de la ley, buen salario, estacionamiento gratuito y jardines para que te relajes y estés en contacto con la naturaleza en momentos de estrés. Por cierto, el seguro de gastos médicos mayores no me cubre enfermedades que vengan dadas por el estrés. 
En fin, termina la inducción y estoy emocionado. Me presento con mi jefe y mis nuevos compañeros de trabajo, les digo que el curso estuvo bien, que estoy listo para empezar. 
Con una mirada pícara, los cómplices me ven y mi jefe habla: "Todo lo que te dijeron en el curso, aplica para las revistas... ellos se lo llevan todo, es información quincenal. Aquí es información cotidiana. Pero bueno, te doraron la píldora medio día".
Bienvenido.