En mi amplia experiencia de cuatro días como yogui de yoga acalorada, alias bikram he descubierto el poder de la mente. Es maravilloso, fenomenal, grandilocuente y, por encima de todo, casi imposible de silenciar. En serio, cómo demonios se aquieta la ardilla de la cabeza. Puede pasar el día entero en cuasi reposo, pero eso sí, cuando tiene un momento en el que en realidad debería estar callada, no, se pone a trabajar sobremarchas.
Por azares del destino... No, por azares de mi novia, ahora prometida, futura esposa (sí, es mi destino) caí en el yoga de bikram o bikram yoga o ese yoga del infierno (literalmente) para ser un yo más saludable (y se lo agradezco profundamente) y descubrí lo que el silencio de mente puede lograr con diversos personajes propios: Ber yogui, Ber intelectual, Ber MBA y Ber.
Ber sufre cada postura después de dos clases en las que el sofoque fue inmenso y exquisito, una tercera en la que el aturdimiento llegó al máximo, mareado se salió y, pálido, se devaneció. En esta cuarta clase Ber se esfuerza al máximo.
– No te rindas, mente en blanco, respira por la nariz, – dice Ber
– No me interrumpas, cabrón, – responde alterado Ber yogui.
La clase fluye. Enfocados todos en la respiración. El aguante. Ber yogui en su máximo esplendor después de tres clases listo para acabar por primera vez cueste lo que cueste.
– Que extraordinaria sensación esta de dejar la mente en blanco, asegura el intelectual
– Cabrón, me estás interrumpiendo, y sulfura a su alter con la mirada. –Respira hondo, eso es, inhal...–
– Sí puedes, no te desconcentres, responde irritado Ber.
– Es que si lo analizas, no estamos pensando en nada.
– Estás pensando en la extraordinaria sensación de no pensar, no que la mente en blanco, resopla el yogui inspirando con fuerza.
Mientras, el yogui respira profundamente, infla las aletas nasales, mira en el espejo de enfrente el punto plateado que cuelga de su pecho, nada más es enfocable. Ber intelectual comienza a quejarse del por qué los demás decidieron quitarse los lentes.
– Es que si te dejo ver en el espejo, tu vanidad nos impide concentrarnos, responde Ber yogui haciendo un esfuerzo máximo en el shwarma triple mortal en posición de tortura marina.
– ¡No es vanidad! – contesta de un bufido Ber.
– Cállense, ruega el yogui
– No les fascina esto de no pensar, es extraordinario, la mente en silencio, nada más está pasando a nuestro alrededor, es como la panacea, filosofa el intelectual.
– Pero tu eres el primero que estás pensando, gritan los otros al unísono y voltean los ojos.
Ber normal quiere saber la hora, los otros le dicen que no pasa nada, que se entregue por completo, el final está cerca. Ber piensa en que debería dejar la mente en blanco, pero los otros tres internos no lo dejan meterse en su papel de yogui. El hacedor de yoga se esfuerza al máximo. Sabe que está cerca del final.
El intelectual guarda silencio, el normal alza los ojos al cielo, ya no puede más. El yogui resopla, inhala, exhala, inha...
– ¿En qué momento me empezaron a ignorar? Yo estaba profundizando sobre e.., y lo interrumpe en el acto.
– Podrías callarte.
– Podría, pero estamos con la mente en blanco. Además, te has dado cuenta del tapete, será higiénico pararnos sobre él. Estoy pensando en dejar la mente en blanco pero no...
– ¡Inhaaaaaala! mantenlo
– ¡Sí puedes! – argumenta Ber
– Un poco más, estírate más...
– No que la mente en blanco, me están interrumpiendo para tener la mente en blanco. Yo quiero apoyarlos en no pensar. Cómo puedo escribir esto en el blog. Como una obra de teatro. Es impresionante todos lo pensamientos que tenemos por segundo.
– Cállense los dos, carajo, el que manda soy yo– dice Ber, y sigue: aunque eso del alfombrado también me tenía preocupado ¿eh? deberíamos preguntar sobre eso. Es que estoy es como un caldo de cultivo, Fer nos ha dicho que...
– Te lo dije, no es nada higiénico. Y el olor, a las cuantas horas el olor nos impacta. ¿Hablaremos del olor en el post?
– Por favor, shhh, al rato solucionamos tus issues, pero creo que estaría bien escribirlo.
– Ustedes y su vanidad, esto se trata de relajarnos, de controlar el cuerpo, la mente, callarnos.
– Y eso es lo que estoy intentando, pero es casi imposible, a ver, inténtalo.
Y todos nos vemos interrumpidos por la yogui teacher. La clase ha terminado, todos los Ber asienten satisfechos, aunque el yogui es el más molesto, el intelectual se la vivió dejando la mente en blanco, interrumpiendo sus esfuerzos, pero se miran, cómplices. La instructura nos acuesta en posición del muertito en sabananazaaassss, o algo así. Nos dice que los grandes cambios empiezan desde dentro para poder impactar afuera. Nos insta a meditar.
– Oigan, es una excelente reflexión, ¿no creen? Cuando llegue a la dirección de una empresa, primero hay que lograr los cambios por dentro, medita Ber MBA
Ber intelectual lo mira de forma reprobatoria.
– Sí, los directores que entorpezcan el cambio, a la chingada, no necesitamos gente que nos limite, argumenta.
El yogui lo mira suplicante, cállate, dicen sus ojos.
– Y me culpaban a mí de interrumpirnos a todos, dice irónico el intelectual. Ya que por fin nos habíamos callado todos y llegas tú, creído.
– Pero, pero... está bien.
Y silencio. Por fin.
Que extraordinaria sensación, esa de callar la mente. Aunque sea por un minuto. Gracias, pandita.
miércoles, agosto 29
jueves, agosto 16
Manpower
Durante dos meses tuve el privilegio de convivir con una tribu diversa y entretenida, los conocen como Manpower. Aprendí que en realidad se trata de ManpowerGroup, pero esas son nimiedades. Con esta tribu de personas conviví con dos colonias principalmente, la primera era de comunicación interna y la segunda una mezcla comercial de marketing, relaciones públicas y business intelligence. Me cobijaron por dos meses, al principio con reservas, creo, después me integraron como uno de ellos.
Recordé la pertenencia de un equipo, los consejos y los jueves de convivencia extraoficial. Viví momentos emotivos, alegres, y otros no tan agradables. Pude poner en práctica aquello que durante un año absorbí para después verlo aplicado en tribus verdaderas, organismos vivos en los que cada persona juega un papel preponderante en las actividades diarias, personalidades que pueden parecer que tienen responsabilidades limitadas, pero que sin su saludo reconocido para entregar cartas, no sería lo mismo. Gente que es invisible durante el día, y para casi todos, pero que se encargan de controlar las alergias por polvo en los escritorios. Intelectuales roqueros que escriben poemas y critican con argumentos. Economistas que cambiaron de carrera e imagologos que acertan con sus comentarios. Mercadólogos y diseñadores intensos, platicadores y abrigadores. Comunicólgos analíticos. Directores prepotentes. Directores líderes. Directora coach. Una lidereza impotente.
Ambas tribus con las que conviví me enseñaron sin intentarlo. Y se los agradezco. Crecí profesionalemente, me abrí a nuevos auditorios, me permití ser un libro abierto, me dieron la oportunidad de conocerlos. Viví.
Ahora entiendo. Ellos, Manpower, mis tribus, me permitieron crecer y me enseñaron que crecerme no daría nunca los mismos resultados. Gracias.
Recordé la pertenencia de un equipo, los consejos y los jueves de convivencia extraoficial. Viví momentos emotivos, alegres, y otros no tan agradables. Pude poner en práctica aquello que durante un año absorbí para después verlo aplicado en tribus verdaderas, organismos vivos en los que cada persona juega un papel preponderante en las actividades diarias, personalidades que pueden parecer que tienen responsabilidades limitadas, pero que sin su saludo reconocido para entregar cartas, no sería lo mismo. Gente que es invisible durante el día, y para casi todos, pero que se encargan de controlar las alergias por polvo en los escritorios. Intelectuales roqueros que escriben poemas y critican con argumentos. Economistas que cambiaron de carrera e imagologos que acertan con sus comentarios. Mercadólogos y diseñadores intensos, platicadores y abrigadores. Comunicólgos analíticos. Directores prepotentes. Directores líderes. Directora coach. Una lidereza impotente.
Ambas tribus con las que conviví me enseñaron sin intentarlo. Y se los agradezco. Crecí profesionalemente, me abrí a nuevos auditorios, me permití ser un libro abierto, me dieron la oportunidad de conocerlos. Viví.
Ahora entiendo. Ellos, Manpower, mis tribus, me permitieron crecer y me enseñaron que crecerme no daría nunca los mismos resultados. Gracias.
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