jueves, junio 30

Quiero clics (más por mi ego virtual)

Alguna vez hice el ejercicio de buscarme mi nombre completo en Google para ver cuántos resultados aparecían. Me sorprendí mucho y además, me espanté. Aparecieron secretos del oscuro pasado scout, del ñoño preparatoriano y otros temas de los que no puedo escapar.

Lo positivo fue que tenía muchos resultados, hasta 10 páginas que mencionaban mi nombre pa' diversas cosas, desde tuiter hasta facebook, desde mis artículos, hasta mis desecantos, de mi blog hasta... bueno, pues mi blog. Sin embargo, se qué la relevancia en internet no es sinónimo de éxito, pero qué bien se siente verse tanto. En fin, aquí un compendio de lo que más me gusta por si les interesa leerlo que si bien darán más clics y eso, al final del día, me beneficia.

Ya saben, si me va bien, a ustedes también (creo). 'Ándelen', denle clic.

http://bit.ly/jT2wQu (Entrevista con el Presidente de Manpower para América)

http://bit.ly/jp3CgS (Posgrados 1)

http://bit.ly/k5ZTa9 (Posgrados 2)

http://bit.ly/iPrlTD (Ilusiones de un pobre soñador)

martes, junio 28

Lo que dejo pasar de la música

Piensa en finanzas y música, me pide mi editor. En el primer tema me ubico, sé de que va y cómo funciona, es mi fuente tradicional, es uno de los dos temas que mueven al mundo, todos siempre están buscando más dinero, en cualquier presentación. Sobre el segundo me declaro inculto. Conozco a Beethoven, Chopin y Liszt. Practico con Hanon para apurar la digitación y fotalecer los dedos. Crecí escuchando al Puma, Air Supply y me hice fan de Bon Jovi cuando era prepuberto. La otra influencia musical que me marcó fue Herbert von Karajan, los Tres Tenores y Gloria Trevi.

La conclusión a la que llego es que la música y yo somos más bien 'conocidos' en una sociedad de amigos. La relación que llevo con ella consiste en acariciar el piano con piezas clásicas, una que otra balada y desquitarme con acordes disminuidos para quejarme del periodismo de negocios y sus eternas complicaciones.

Hoy soy fan de Alicia Keys (y aquí sé que muchos dejarán de leer), en realidad ni siquiera soy eso, quizá la mejor definición que acomodaría rondaría cerca de la ilegalidad siendo un stalker de quinta, enamorado de una cantante –compositora de R&B, y que la mujer ideal que aspira en mi psique se comparará siempre con ella–. Pero tampoco resulta una musa, es nomás una alguien que escuché de joven y me perdí en sus compases.

Sigo pensando en dinero y música y se me ocurre que puedo hablar de mi última fantasía musical bautizada 'Viaje exprés a Nueva York'. La morena de mis sueños (y sólo me refiero a Alicia Keys) dará un concierto en un teatro pitero cerca de Broadway, pienso en comprar el boleto: 150 dólares, no es tanto, pero no es barato. Sin embargo, escuchar esa voz en vivo lo vale y dado que no tiene fechas, ni rumores, ni presencia en México, lo mejor será ir a gringolandia. El avión cuesta 499 dólares ida y vuelta, saliendo el 30 del presente por la tarde para volver el 1 de julio por la mañana. Me vi paseando por la quinta avenida toda la noche luego del concierto y... me paralicé del miedo al pensar que un pinche homeless –latino, gringo, oscuro, ucraniano o algo así– me fuera a asaltar y perdiera mis papeles. Sumé 88 dólares de un hotel de poca monta al presupuesto del viaje. Opte por dejar pasar este concierto.

Claro que no es la primera vez que estas ideas se me vienen a la cabeza. Para cambiar al 2011 la misma mulata daría una cena privada en Las Vegas, no recuerdo el hotel. Sólo el boleto de la cena de año nuevo costaba 1,000 dólares e incluía una hora de concierto con Keys. Claro, había otros cantantes, comediantes y demás gente que amenizaría la velada, pero mi objetivo no eran los demás. El paquete vacacional completo por cuatro días en una suite con desayunos incluidos y pase a la fiesta era de 5,000 dólares. Soy pobre.

Si quisiera que la gringa, de ascendencia latina, me diera un concierto privado, me costaría cerca de 300,000 dólares. Tampoco puedo costearlo.

Me considero arriesgado en muchas cosas, sobre todo cuando el mentado órgano sensible del corazón está en juego, pero con el dinero intento no jugar y menos cuando es un robo. Lo más que he pagado fue por un concierto de Ricardo Arjona (si me quieren dejar de leer ahora, lo entenderé) casi 1,500 pesos por boleto en zona preferencial. De ahí, lo más caro fueron 500 pesos por ver una puesta escena increíble de Carmina Burana en el Auditorio Nacional con el ballet cubano. ¡Cosa mía! Arte, cultura, música, baile, gente por mucho menos dinero y más satisfactorio.

Sí, soy un aburrido de lo peor. Pero pienso en los negocios y la música y me exaspero terriblemente. Fabricar un CD cuesta menos de 5 centavos de dólar a granel. Grabar 10 mil CDs en promedio cuesta mil 800 dólares y ya incluye todos los insumos, todos. La logística y la transportación me rebasa por completo pero, al llegar a Mixup, Tower, o cualquier tienda departamental y ver un disco compacto de Alicia Keys en 200 pesos (casi 17 dólares) mientras que la 9a Sinfonía de Beethoven, dirigida por Karajan está en 21 pesos, es una patada en donde más duele.

Está bien, los CDs ya pasaron de moda, ahora todo es piratería, bajar bites y bytes gratis, y entonces ¿dónde se recuperan? en los conciertos y justo por eso, me da pereza la industria musical.

Además, en este pesimismo artístico y flatulento, pienso en lo que queda después de un concierto: una experiencia que será opacada tristemente por la deuda en la tarjeta de crédito. Es más, pensar en el cúmulo de gente a mi alrededor, los olores, los gritos y empujones limitan mis ganas por escuchar, incluso a Alicia Keys en Nueva York. Si a esto le sumamos el llegar al 'venue' con horas de antelación –tiempo aprovechable en otra actividad más productiva y más económica– y luego salir, tolerar embotellamientos, gritos, ladrones viene viene para decir que viste en vivo a un artista, paso.

Y luego qué, sólo vacío y un recuerdo mal recordado.

Entonces si pienso en finanzas y en música... me quedo con que mis finanzas personales no están a la orden de los gustos musicales en general. Pero acepto donativos para ver a Alicia Keys.

viernes, junio 24

35 años después

Mi mamá tenía de todo, un deje locura estoica mezclada con una pasión por lo desconocido, el espíritu de la aventura inyectado por una profunda comprensión de la libertad; un pensamiento audaz arremolinado con la fuerza de vida, la claridad de lo que quería y lo que no.

Justo hoy, hace 35 años probablemente terminó de forjar su carácter, tomó al toro por los cuernos y se lanzó al vacío a sabiendas de su realidad, de su existir y de que todo lo demás, fuera de su amedrentado confort, siempre sería desconocido. Entonces, de la nada, habló con su madre y le dijo que, sorpresivamente, había ganado una beca en La Sorbona y que debía irse inmediatamente a estudiar. Creo que su voluntad siempre es y sería más fuerte que cualquier limitante.

Además, por si fuera poco, mintió adecuadamente para que su familia, principalmente su hermano, le prestara dinero para el avión. Ya con una back pack con lo mínimo necesario, fotos de sus sobrinos más queridos, cartas de su familia, el corazón destrozado y su intelecto poco aprovechado, llegó al aeropuerto internacional del DF, se formó en la fila de Air France y compró el primer boleto de avión a París.

No sé a qué hora despegó, pero lo que recuerdo claramente es que siempre sonreía al decir que había cumplido años dos veces el mismo día. Una en México y otra en París.

Cuando llegó no tenía nada, sólo unos pocos francos hacían ruido en sus bolsillos, la idea de ser libre y de conocer el mundo llenaban su vida. Renació en México y rompió su jaula para nacer, de nueva cuenta, en París donde hizo lo que quiso. Como siempre lo hacía. Como siempre lo hizo. Como probablemente lo esté haciendo ahora, donde sea que esté.

Feliz cumpleaños, Ma.

miércoles, junio 22

Cualidades y defectos

- Por favor, dime 5 cualidades tuyas -, me pidió el entrevistador

Medité por un instante la mejor respuesta y contesté, haciendo énfasis en cada palabra, con pausas suficientes para que el inquisidor asimilara mi grandeza.

- Ambicioso. Audaz. Inteligente -, hice una pausa más larga y seguí -abierto y analítico-, terminé

- Interesante-, respondió él. -¿Y un defecto?-, prosiguió.

- La soberbia-, aseguré sereno, con un deje de humildad para que supiera que soy consciente de mí.

- Sí, me queda claro-, dijo mi interlocutor con una media sonrisa en la cara. -Si no la tuvieras, serías perfecto-.

Y mi ego se disparó. Aún más.

martes, junio 21

yo, el ouroboro que no aprende


Cada siete años se renueva el cuerpo completo, dicen. Además, cada siete años la personalidad se modifica, con cambios radicales y empezamos desde cero a devorarnos nuevamente. No siempre lo hacemos por la cola, hay veces que empezamos por el corazón, la mente o las ideas. Es probable que una que otra vez, la piel sea el primer índice de cambio, pero ahí vamos, a evolucionar, según. A cambiar. A empezar de nueva cuenta víctimas de nosotros mismos y de nuestra circunstancia.

Entonces, ahí estoy, sentado, pensando en qué momento el eterno retorno se convirtió en un espiral con vórtice mortal ascendente y descendente cual huracán. Me da pereza pensar en comenzar, otra vez, desde el punto cero en algunos ámbitos. Sin embargo, es más la emoción por la aventura.

Hace siete años me rehice por completo. No sé cómo.

Siete años después lo hago igual pero, a diferencia de las 3 primeras transformaciones, ahora me doy cuenta de los cambios y soy medio consciente, aunque no del resultado final.

Ese insípido lugar que vive de la memoria 'aprendida' para ver ahora en qué erramos y tragarnos de nueva cuenta toda esa historia. La nuestra. La que esperamos haber salido victoriosos, de la que nos nutrimos para rehacernos.

Estoy ahí sentado pensando que soy como una serpiente que se come su final para rehacerse. Y por más que me niegue, resulta necesario. Ahora empezamos con el intelecto y el corazón. Algún día supongo tendré que engullir todo de golpe para el constante proceso de reiniciar.

jueves, junio 2

Crónica de un detalle

Resulta extraño que me tomen en cuenta, pero la importancia que me dan es soluta. Por motu propio soy insignificante, pero en la mayoría de las ocasiones la voluntad externa me lleva a ser el más recordado, el significante más acaudalado y la presencia más tranquila.

Un detalle, lo que soy, es una muestra de cualquier emoción o sentimiento. Puedo ser crudo, hostil y artero, así como entregado, significado y manifiesto. Me demuestro en palabras, acciones y objetos. Lastimo, hiero, alegro y soluciono. Vivo inerte del olfato, de la textura y añoranza. Pero vivo.

Soy tan importante que sólo me recuerdan en momentos importantes, la coincidencia lleva mi acento y la memoria mi recuerdo. La existencia de un detalle común va desde un dibujo insignificante nacido del ocio, de la presión e ingesta de pasión, de la necesidad de expresar más allá de lo tangible, o por el sólo afán de iluminar la certeza conocida.

Un detalle se entrega para alegrar la vida de un tercero, para calcular la existencia de un ausente, para recordar la fortaleza de dos. Para revivir.

Si olvidas el detalle y la consciencia de su existir, sentencia la razón de lo demás.