viernes, junio 24

35 años después

Mi mamá tenía de todo, un deje locura estoica mezclada con una pasión por lo desconocido, el espíritu de la aventura inyectado por una profunda comprensión de la libertad; un pensamiento audaz arremolinado con la fuerza de vida, la claridad de lo que quería y lo que no.

Justo hoy, hace 35 años probablemente terminó de forjar su carácter, tomó al toro por los cuernos y se lanzó al vacío a sabiendas de su realidad, de su existir y de que todo lo demás, fuera de su amedrentado confort, siempre sería desconocido. Entonces, de la nada, habló con su madre y le dijo que, sorpresivamente, había ganado una beca en La Sorbona y que debía irse inmediatamente a estudiar. Creo que su voluntad siempre es y sería más fuerte que cualquier limitante.

Además, por si fuera poco, mintió adecuadamente para que su familia, principalmente su hermano, le prestara dinero para el avión. Ya con una back pack con lo mínimo necesario, fotos de sus sobrinos más queridos, cartas de su familia, el corazón destrozado y su intelecto poco aprovechado, llegó al aeropuerto internacional del DF, se formó en la fila de Air France y compró el primer boleto de avión a París.

No sé a qué hora despegó, pero lo que recuerdo claramente es que siempre sonreía al decir que había cumplido años dos veces el mismo día. Una en México y otra en París.

Cuando llegó no tenía nada, sólo unos pocos francos hacían ruido en sus bolsillos, la idea de ser libre y de conocer el mundo llenaban su vida. Renació en México y rompió su jaula para nacer, de nueva cuenta, en París donde hizo lo que quiso. Como siempre lo hacía. Como siempre lo hizo. Como probablemente lo esté haciendo ahora, donde sea que esté.

Feliz cumpleaños, Ma.

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