
Cada siete años se renueva el cuerpo completo, dicen. Además, cada siete años la personalidad se modifica, con cambios radicales y empezamos desde cero a devorarnos nuevamente. No siempre lo hacemos por la cola, hay veces que empezamos por el corazón, la mente o las ideas. Es probable que una que otra vez, la piel sea el primer índice de cambio, pero ahí vamos, a evolucionar, según. A cambiar. A empezar de nueva cuenta víctimas de nosotros mismos y de nuestra circunstancia.
Entonces, ahí estoy, sentado, pensando en qué momento el eterno retorno se convirtió en un espiral con vórtice mortal ascendente y descendente cual huracán. Me da pereza pensar en comenzar, otra vez, desde el punto cero en algunos ámbitos. Sin embargo, es más la emoción por la aventura.
Hace siete años me rehice por completo. No sé cómo.
Siete años después lo hago igual pero, a diferencia de las 3 primeras transformaciones, ahora me doy cuenta de los cambios y soy medio consciente, aunque no del resultado final.
Ese insípido lugar que vive de la memoria 'aprendida' para ver ahora en qué erramos y tragarnos de nueva cuenta toda esa historia. La nuestra. La que esperamos haber salido victoriosos, de la que nos nutrimos para rehacernos.
Estoy ahí sentado pensando que soy como una serpiente que se come su final para rehacerse. Y por más que me niegue, resulta necesario. Ahora empezamos con el intelecto y el corazón. Algún día supongo tendré que engullir todo de golpe para el constante proceso de reiniciar.
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