viernes, junio 29

junio 29

Mi papá dice que mi problema es que soy huevón e inteligente y que eso casi nunca se lleva bien. Me dice que para ser huevón se tiene que ser millonario y yo no lo soy. Su conclusión es que le baje tantito a mi hueva... nomás por un rato.
Mi mamá siempre me dijo que era un flojo de lo peor, me tachaba de mediocre cada vez que podía y siempre me impulsaba, según ella, a que sacara mejores calificaciones.
Mi mentor sólo dijo en una ocasión "tienes buenas calificaciones haciendo nada, imagínate dónde estarías si le echarás ganas".
Mi ángel de la guarda nunca me ha dicho huevón, mediocre, ni nada por el estilo. Se queda en el "eres mejor que esto".

Es la fecha, hoy, que me graduo. No me siento ni huevón, ni mediocre, ni falto de esfuerzo. Me siento yo, feliz, ilusionado, emocionado. Soy lo que soy. Me gusta. Soy un feliz pasante de comunicación.

miércoles, junio 20

a... la vista

La vista es el sentido más infiel por excelencia. Nos traiciona muy seguido y nunca nada es lo que parece. Lo que pareciera una roca es quizá una ilusión de unicel para economizar y lo que es transparente no siempre es cristal belga, es más bien un polímero plástico denominado acrílico. Ese plato tan bien distribuido, el olor adecuado, los ojos -brillantes- la claman y el sabor... es fatal. Engañado una vez más.
La gran mayoría de los refranes lo dicen: "caras vemos... lo demás no sabemos", "las apariencias engañan", etcétera. Hoy choqué con un vidrio, mi visión falló. Soy falible, por lo tanto perfecto.

martes, junio 5

Lagartijas y dragones

Cuando me fui a UK me sentía el amo y señor de México, era el mero mero de los dragones. Había dominado las situaciones, aprendido de ellas y convertídome en todo un hombre (dragón adulto). Me enorgullecía tanto que pensé que el mundo era igual a mi casa: mordidas por acá, ser güerito para allá, y listo.
Triste pero cierto, cuando llegué a UK me di cuenta que el viejo mundo si era en realidad viejo. Habitan dragones antiquísimos pero que no se dejan ver. Lo cierto es que las dos semanas mis ímpetus draconianos eran más bien retrocesos a un cascaron protector. Confundido -ese drágon que había dominado México y su vida ahí- quería regresar a sus dominios, a la zona de comfort; quería regresar a mi seguridad.
El ángel -Decia- rió largo y tendido. Me dijo que que el gran dragón que se había gestado en casa no era más que una pequeña lagartija en la real tierra del dragón, Que aprendiera, que madurara, que entendiera.
Sigo siendo una lagartija con torrenciales ínfulas de dragón. Pero ya medio me defiendo.