viernes, febrero 27

BFH

Me llamo Bernardo. Soy yo. Soy "me, la letra m y la letra e; o sea; me"... entiénde-me-, conóce-me-, míra-me-, siente-me-. 
Pude haber sido Platas Flores pero en todos mis papeles me leen como Flores Heymann, al final, soy sólo yo. El apellido sale sobrando. 
En este momento soy yo, Bernardo, el escritor que escribe, el periodista que odia el periodismo y el analista que boicotea todo, incluso a él mismo. Soy bueno por eso. Porque sé cómo chingar el todo, inculso chingándome a mí mismo. Pero no. 

jueves, febrero 26

Métodos de socialización

Socializar no es tanto un arte sino una necesidad. Cuando niños los carritos, playmobiles y barbies son las herramienta de nuestro primer acercamiento social. Se conocen, juegan, socializan entre ellos; están dictaminados por nuestra volutad. Los dañamos y desquitamos con ellos, entre ellos.
Luego, conocemos a otros niños y damos los primeros pasos en el ser social, nos hacemos amigos inmediatamente y al terminar el día, no esperamos que aparezcan al día siguiente. Siempre hay nuevas personas, nuevas caras y juegos que inventar. No sé en qué momento tememos a la socialización, pero se da. Buscamos nuevas formas de conocer allegados, tener conocidos y jugar a platicar, conocernos y hacer de otros algo nuestro y confabularnos con sus ellos. Pero siempre, desde la pubertad, adolescencia y juventud, limitamos los acercamientos.
Que sin son "buenas influencias", si traicionarán la confianza, que si nos dan mala espina, malas habladurías, todo, nos encierra en un cúmulo social. Empero, ahí vamos, queriendo encontrar alguien para compaginar.
El encendedor, incluso ahora que todos odian a los fumadores, es una gran herramienta para romper el hielo, no falta el fumador social que quiere impresionar, que quiere acercarse, o el empedernido que olvidó su mechero y muere por oxígeno falso.
Ayer, siendo el nuevo, jugué a ser niño y socializar como tal. Las mesas estaba ocupadas y encontré un lugar en una, pregunté si me podía sentar y listo, hice seis amigos -en el sentido de la niñez- nuevos. Hoy me saludaron efusivamente y me invitaron a comer en su mesa, pasé. Descubrí que siempre hay mesas con lugares disponibles, tengo otros dos amiguitos nuevos que hice hoy cuando, solitario, leía y comía y me preguntaron que qué tal estaba mi libro. Compartimos opiniones, hablamos de diversos textos y mañana quedamos en vernos, cuando nos vieramos, para platicar más.
Es curioso, pero cuando he intentado "hacer amigos" o socializar en un antro, bar o centro de recreación social, la respuesta es diferente. Es burda. Ni los cigarros, los libros o la inocencia rompen el hielo. Sólo romper el esquema, todas y cada una de la veces, nos permite acercarnos. Y por eso, de niños, socializamos mejor, no tenemos un método establecido, simplemente llegamos y somos.

Memorias del veneno VII

Domi era diferente a todas las demás mujeres que habían estado en el pasado de Federico. Fuera de que por fin él se había decidido a romper el molde y el actual modelito era más bien curveado y vertiginoso, cabello largo, actitud desafiante y mirada pura y de intriga; lo que más le había llamado era su carácter más bien artero, nada sumiso y siempre listo a cuestionar.
Otro reto que veía en ella fue que, dentro de las dos primeras citas le dejó muy en claro que no habría retozos horizontales, ni verticales, ni nada por el estilo en mucho tiempo... o hasta que él se ganara la confianza de ser el primero.
Ser el primero, dicen, es un gran responsabilidad, más cuando se tiene experiencia en el campo. Si ambos son vírgenes, no pasa nada, se entiende que haya fallas, pero cuando no es así, uno -por más egoísta que suene- puede marcar un hito en la vida de su pareja sexual, se puede endiosar, convertirse en el punto de comparación para el futuro de ella o el.
Para la tercer salida de la parejita en cuestión, Federico estaba completamente endiosado con Domi. La adoraba, la amaba y la quería sólo para él, para siempre. O al menos para siempre, mientras duraran juntos. Pensó incluso en pedirle matrimonio, claro que no se lo dijo, pero estaba latente la idea.
La sorpresa -una más que Domi había dado- fue que al finalizar la tercera cita, ella le dijo que aún era temprano, que porque no iban a casa de él. Fueron, bailaron sin música en la oscuridad, cerca, tiernamente, con la inocencia digna de un par de niños que encuentran atractiva la atracción entre ambos. Después de bailar se recostaron en un sillón y ella se fue encima de él. Lo besó, desabrochó su camisa y su pantalón. Lo tocó con furia pero en paz, con amor. Ella se dejó tocar, seducir y acariciar. Federico estaba confundido, pero no quería arruinar el momento. Sentía algo parecido al amor y a la pasión, pero no estaba seguro. Al final, con un hilo de voz, le dijo que le quería hacer el amor.
-Lo haremos... cuando me ames de verdad,- respondió ella, y siguió besándolo, ahora con tranquilidad.

El palpitar de su corazón se frenó por completo.
¿Amar? Ya no sé cómo es eso, se repetía. Pero si algo sabía es que con ella, por ser diferente, quería hacerle el amor o sentir al menos lo que le decían que era hacerlo: ver las estrellas, ir al cielo, fundirse en un orgasmo mutuo con la otra parte y quedarse abrazados. Hasta el momento había tenido partes individuales de eso, sabía que le habían hecho el amor, pero él siempre se había negado a darlo por completo.
No más amor.
-Buenas noches.

miércoles, febrero 25

Ella

Ella no tiene nombre y los ha tenido todos. Desde Andrea hasta Zaide, pasando por acrónimos franceses, ingleses y alemanes. La he encontrado a la vuelta de la esquina y después se fue o la fui. También me la presentaron. Otra llegó a mis brazos como caída del cielo. Al final, todas llegaron de la misma forma. Y se han ido igual. 
Cuando las -sí todas- conocí supe de inmediato que ella era la adecuada para mí. Sus rasgos eran únicos, frívolos y coquetos. Entendí que no era igual a las demás. Existe la mujer para mí. Ha llegado y seguirá llegando. 
No creo que sea una sola, sino que todas, en potencia, al igual que nosotros, podemos ser el adecuado.

La imagen mental -e incluso sensible- que tenemos de la ideal dista de la realidad. No se parece a las que vemos en las películas, no es despampanante para el mundo pero sí para nosotros. Todas ellas, cuando llegan una después de la otra, son Ella: la indicada, la que soñé.

Pero seamos realistas, el ideal rara vez aparece por lo que siempre terminamos adaptando la parte tangible y racional de nuestra mujer soñada a lo que más y mejor nos conviene. 
Ahí está el problema: si no dejamos que la existencia adopte la forma ideal, jamás estaremos satisfechos y, de todas las parejas con las que nos crucemos en el camino, querremos hacer la única, que se aleja, aún más, de todo. 

Ella es para mí. Sólo tengo que decidirlo. Y de paso, ella. 

lunes, febrero 23

Mar

Sólo en él me siento tan seguro como inseguro. No recuerdo mi primer acercamiento con las olas pero sé que en algún momento le tomé miedo cuando una corriente me revolcó y sentí morirme. Pero aún así, me cuidó y protegió a su manera, llevándome a la orilla. Manteniendo desde entonces la distancia. 
Cada vez que la encuentro me paralizo y hago todo para no estar cerca, sin embargo anhelo su calma para rozar mis pies, extraño la sensación de las caricias cuando me echaba cerca y llegaba a acariciarme, con calma, sin prisas, sólo para decirme que era mutuo. 
Quiero que me arrastres en tu corriente, que me guíes por tu inmensidad, que me hagas ser más de lo que soy. Que pueda vivir caminando por la orilla sabiendo que siempre llegarás aunque con la luna te alebrestes, que los vientos te provoquen y al final, harás tu sacrosanta voluntad. 
Te quiero, volátil y única, ambigua, arriesgada, temerosa de ti misma pero grandiosa como no puedo imaginarlo.  
Ahí estás tu, también ella. Ahí quiero estar. 

sábado, febrero 21

mala fama

Sí, fui un patán. He sido noviero, puesto el cuerno y abusado, en ocasiones, de la confianza de algunas mujeres que me rodean. Ahora bien, el que no lo haya hecho, por favor aviente la primera piedra.
¿Nadie? 
Luego entonces, no entiendo porque juzgarme.
Pueden decir que rompí corazones, que las use y que tengo, por ponerlo así, un corazón de condominio; yo lo llamo de pollo, o o muy abierto al mundo. Sin embargo, y sí, me estoy excusando, la mayoría de las veces, cuando no quiero un compromiso, pongo sobre aviso mi status quo... y si aceptan, eso no es mi culpa. No soy tan malo. ¿O sí?
La gente por si sola no cambia, es necesario que algo afecte desde el exterior para lograr una transformación, sea para bien o mal. Uno no entra en una relación esperando que la otra persona cambie -supuestamente-, pero en realidad no es así, ahí vamos todos diciendo que aceptamos tal y cómo es a la pareja para que, con el tiempo, descubramos que todo se basó en la fugaz idea de que podríamos hacer del "pior es nada" alguien mejor, alguien más similar, más ad hoc a lo que teníamos en mente. Desmiéntolo. Por eso las relaciones ya no funcionan como antes. Tal vez siempre han sido una falacia. 
Pueden llamarme zorro-perro, caliente, jugador y manipulador. Incluso mujeriego. Soy cínico, soy sincero. Todos los somos y no. Hay alguien siempre con quien desquitarnos, reflejarnos y lanzar la furia de los males propios. 
Soy una huella que se marca. Así soy.

viernes, febrero 20

Memorias del veneno VI

El amor es como una herida que, una vez hecha, nunca sana. Actúa como cualquier veneno, se va expandiendo dentro del cuerpo, sientes cómo va paralizando el corazón, los pulmones y el cosquilleo en el estómago. El aletargamiento que deja en las extremidades y la necesidad que queda cuando sale del cuerpo. El ansia de sentirse bien y liberado, las caricias ausentes y la total dependencia de esa adicción, de ese veneno que siempre extrañas una vez probado.
Cuando se es víctima de ese veneno -siempre sucederá- la vida pierde sentido, vale o no la pena vivir.
No hay medicamento para contrarrestar este veneno, la soledad sólo lo aisla pero queda la sensación de lo que hubo. Es como una inyección de heroína, de placer y de vida. Es también la locura de buscarlo y desearlo, de querer controlarlo sin poder, la histeria de no hallarlo y la psicosis de saber que está, pero no en nosotros.

Federico sabía que era víctima de picadura. No reconocía el momento de vulnerabilidad y se negaba aceptarlo. Su corazón había sido virgen. ¿Quién era la culpable? ¿cómo lo habían envenenado? ¿por qué lo había permitido?

Ahora moría. Siempre lo haría. Al menos hasta que aceptara que había amado. Y no estaba dispuesto a hacerlo. La siguiente de la lista: Domi. Y cómo le gustaba.

jueves, febrero 19

Economía y negocios "for dummies" (pa' weyes)

Empezaré por el principio. No sé nada de economía y hasta hace dos semanas, nunca había tenido ni la menor intención de aprender. Creo que sigo reacio. 
Siempre le huí a las matemáticas, a los saberes aritméticos y a los mercados. Desde que tengo uso de razón, sólo aprendí de fórmulas físicas, químicas y ecuaciones por pasar la materia. Cuando por fin llegó el momento de liberarme de los números: taran, meten las pinches matemáticas a área cuatro y por si fuera poco, llevo economía y me enseñan las leyes. Pasé por matado, de panzazo y sabiendo que Hobbes, Maquiavelo y Smith tuvieron algo que ver con la ciencia y la forma de complicarnos la vida ahora. 
Predijeron, a su manera, las crisis actuales y ahora, en su tumba, cagados de la risa, nos han de ver sufriendo por sus ratos de ocio mal intencionados. O bien capitalizados. O algo así, pero nomás no entiendo las subidas, caídas, Nasdaq, Dow Jones y el petróleo mexicano, el que se cotiza en Niu Llor y el de Londres. 
De paso Stanford, GM, Lehmann Bros y los rescates de Obama. Antes hubiera dicho "y eso a mi qué". Hoy digo: de eso he de comer.
¡Pero si yo era de Clu'!, sabía de vestidos, lugares, socialitos mamones y un poco de deportes para fresas: equitación, polo, golf, parapente y madres de esas para las que no me alcanza. 
Entonces, aquí mi breve manual para periodistas fresas y soft, entiéndase, para dummies en las ciencias económicas y negociables, o sea, para mí y los que le sirva. 
Si no sabes, aprende. Si está difícil, entiende. Si no es tu fuente, conócela. Si tienes dudas, pregunta. Si no hay quien responda, investiga. 
Y si todo eso no funciona, haz como que sabes.

martes, febrero 17

De coach potato a hot seat

La evolución más bien parece una involución. Podríamos nombrar este post como "Una vida en nuestras nalgas" y, difiriendo de mi costumbre, el texto no tiene nada que ver con sexo ni las protuberancias femeninas bien puestas, de hecho va de la mano con el simple hecho de estar sentado. 
Descubrí que para casi todo uno necesita usar sus aposentaderas, tengan o no relleno y carnita para cubrir los huesos y si no lo necesita, al menos eso hemos aprendido, o nos hemos orillado.
Tiene que ver, por supuesto el hecho de lo huevones que nos hemos hecho y la necesitad constante de hacer nada, de que la vida sea única y sencillamente, un aparador para admirar la vida de los demás. O las vidas que pasan en las telenovelas, o las series de Fox, o la que cuenta Meyers en sus libros de vampiritos. Al final, estamos nomás sentados y ya.
a) Así las cosas, somos unos coach potatoes cuando vemos tele, leemos o nos asoleamos. 
b) Somos bench uncomfortables desde el kinder hasta terminando la universidad.
c) Vivimos como seated passengers cuando nos transportamos en coche, avión, moto, tren o vehículo que se le parezca e incluso, antes de hacer cualquiera de las anteriores, estamos sentados, esperando. 
d) Cuando jugamos, nos sentamos. Después de correr, nos sentamos y, si no hay donde, nos acuclillamos. 
e) Al momento de trabajar, triste pero cierto, estamos casi siempre sentados. A esto se le llama hot seat. 
f) ... niéguenlo...
g-x) ... piensa en tu vida y el tiempo que estás sentado
z) En la vejez, ya estamos demasiado cansados para querer estar de pie y por lo tanto sí, nos sentamos. 

lunes, febrero 16

Mi primer enésimo día

No recuerdo haber llorado cuando entré al kinder, ni a la primaria, ni a la secundaria. Creo que sufrí un poco cuando, luego de una vida en la misma escuela, odiaba estar en ella y no me quería ir a ninguna otra por no revivir un primer día, pero ahí fui y me cambié de prepa. En quinto de prepa sufrí todo el año como si fuera el primer día, ya todo mundo estaba integrado y yo era el arroz más blanco, más reciente y medio podrido del platillo. En sexto ya no era un primer día, sino que había varios como yo que dejamos de tener primer día.
Luego, la universidad, otro primer día en filosofía, y otro primer día en comunicación. También hubo un primer día en la maestría, pero nada como el primer día en el trabajo.
En el trabajo con el que me inicié en las artes quesque profesionales entré un lunes, creo. Mi jefa, que me había gustado mucho -y creo que fue muto- me explicó como hacer cosas y las hice, me guiaba con respecto, estilo y mucho silencio. Pero duró poco tiempo, aprendí y seguía haciendo las cosas. Cambié de trabajo. 
Quise incorporarme a las causas sociales y ahí me tienen, mi primer segundo día de trabajo, en una fundación. Llego a casa de mi jefe y nos vamos a Valle de Bravo a ver niños reintegrados a la sociedad. Un gran shock. En la oficina, aunque me llevaba con la gente, lo mejor eran las voluntarias extranjeras, pero con ellas siempre me sentía como el primer día. Risitas disimuladas y ya, párale de contar. 
Los primeros días en el trabajo son para ver de qué se trata la empresa, que te digan lo bonito que estar ahí, pasearte un rato y después, descubrir que todo el sermón de medio día, las dinámicas que viviste y lo que te dijeron, no era cierto.
Hoy tuve mi enésimo primer día en el trabajo. Un trabajo nuevo, una dinámica diferente, una gestión similar pero gente nueva, aunque la mayoría viene del mismo lugar del que saliste. 
Horario regular -eso dijeron, días feriados oficiales más otros que la dadivosidad de la empresa te da. Prestaciones superiores a las de la ley, buen salario, estacionamiento gratuito y jardines para que te relajes y estés en contacto con la naturaleza en momentos de estrés. Por cierto, el seguro de gastos médicos mayores no me cubre enfermedades que vengan dadas por el estrés. 
En fin, termina la inducción y estoy emocionado. Me presento con mi jefe y mis nuevos compañeros de trabajo, les digo que el curso estuvo bien, que estoy listo para empezar. 
Con una mirada pícara, los cómplices me ven y mi jefe habla: "Todo lo que te dijeron en el curso, aplica para las revistas... ellos se lo llevan todo, es información quincenal. Aquí es información cotidiana. Pero bueno, te doraron la píldora medio día".
Bienvenido.

viernes, febrero 13

abuso y pendejez lingüal

Desde tiempos de antaño, cuando Marco Antonio se andaba dando a Cleopatra, el amor dejó de ser un sentimiento puro y se convirtió, más que en una oportunidad de unir a dos personas, en una herramienta traicionera, útil y agresiva. Aquí, abordo el tema del amor en el lenguaje, el uso de las palabras adecuadas, en el momento adecuado. 
Decir te quiero es sólo eso, pedir y exigir todo de una persona: su cuerpo, su esencia, su sexo, quererla es bonito, ser querido, a veces también. Por otro parte, amar y expresarlo tiene una connotación completamente diferente, es entregarse por completo y no pedir nada a cambio. Claro, se puede querer y amar, pero en la actualidad decir te amo es como un insulto a la lógica, a la racionalidad y un utensilio más bien desechable. Nada que ver con un bien aplicado cuni linguis.

1. La pruebita del amor es muy solicitada entre jóvenes pubertos y adolescentes del género másculino. Para conseguirla, en la mayoría de las ocasiones se recurre al viejo truco de decirle te amo a la novia para que ceda. Y ahí va la boba y lo hace.

2. Sin duda el lenguaje -la pluma- es más fuerte que la espada -los puños y demás. Ajá, pero no hay nada más poderoso que una niña, mujer, fémina o brujer mirándote con ojos de borreguito a medio morir y diciéndote "es que te amo". Luego de eso, no hay nada más que hacer, ningún hombre tiene el poder de negarse. 

3. Te amo como insulto. Esto es de lo mejor, luego de una pelea y aún cuando esta continúa, una de las partes, inmersa en soberbia dice: -"es que yo sí te amo". Creo que significa algo así como: si me amaras no estarías armándola de tos, o ya cállate, o ajá. Algo así.

4. Es interesante analizar como en una relación el decir te quiero o te amo se vuelve una obligación. Al principio, repites tus sentimientos no para que sepa, sino para convercerte de que en efecto, estás enamorado de que sientes eso. Luego, cuando se cambia al estatus de "enamora-miento", decirlo es para mantener a flote esa sensación que aunque ya no tan pasional, sigue siendo intensa. Sin embargo, si con el tiempo, después de una llamada no se dicen las mágicas palabras, seguro hay bronca y empiezan los reclamos: "antes de lo decías", "qué, ya no te gusto", "es que has cambiado", y demás frases trilladas comunes y hartantes.

5. En la cama, luego de un faisán, cojín o incluso una entrega más o menos adecuada de cariño mutuo, es un garrafal error dejarse llevar por las maripositas que uno tiene en la panza, o por la sensación de satisfacción y placer, o nomás por el agotamiento del yuju yuju uno termina diciendo estupideces como "es que creo que te amo", o "me fascinas", o "quiero estar contigo" que siempre, en el calor de las sábanas, se malinterpreta como un compromiso real y tangible entre los dos. Sí solo se trataba de sexo. 

6. Decir te amo sin sentirlo es válido cuando los dos están igual de confundidos, pero ninguno aceptará su confusión por miedo a verse descubierto en su mentira. Entonces, desde punto se teje un red estúpidamente grande de mentiras y al final uno acaba diciendo "te amo, bye", en cada momento y preguntándose cómo es que repite tanto eso sin siquiera sentirlo.

7. Qué tal cuando una relación va bien, creciendo, logrando una buena interacción y, de la nada, uno suelta, así como que la cosa no quiere las fortísimas palabras: te amo. En realidad no quiere decir eso o tal vez sí, pero siempre, la contraparte, va recibir las noticias como un balde de agua fría y, tartamudeando, contesta que también. 

jueves, febrero 12

Un hombre feliz

Aún no consigue su millón de dólares. De hecho, no tiene el gran coche y su casa es más bien como la estancia de una típica residencia clasemediera de los united, pero es feliz. Tiene un perro, vive en la rutina y no, pero todos los días, amanece sonriente. Le envidio. 
Se levanta medio tarde, medio temprano, pasea al perro. Besa a su mujer y desayunan juntos. Toman las cosas con calma y con prisa, sin alterarse. Les va bien. Llegan vicisitudes, las sortean, hay huracanes, se protegen. Y él, sigue feliz. 
Descubrió que aunque lo material es bueno y da diversas diversiones, no es el todo, de hecho, dista de serlo. Sus pequeños placeres: caminar con los pies descalzos en la arena de nacar, tomar jugos naturales, patinar en el malecón, asolearse acompañado de su mujer, leer esporádicamente y de vez en cuando, tomar un poco de más. Lo admiro. 
Me enseño que sí, ser uno y ser sólo, es maravilloso. Así llegamos, así nos vamos. Pero mientras estemos vivos, se vale compartir la vida, el espacio, el camino y la felicidad. 
Lo quiero. 

domingo, febrero 8

si Él sabe

Nunca he sido fan de aquella creencia en la que Dios tiene un destino ya hecho para cada uno de nosotros. Creo que lo único que espera al final de la vida, es la luz en el tunel, el camino que lleva a otra vida, la que termina con la nuestra. La muerte. 
Aunque podríamos ser marionetas de un gran teatro, también existe eso qué se llama el libre albedrio. La libertad de ser, de sentir de ir y venir. De jugar y desaparecer. De hacer y deshacer. Si Él sabe lo que hace, para que lo necesitamos, pero también, si no existe, por qué lo creemos y veneramos. Dónde está.
Somos los arquitectos de lo que hacemos con el día a día. Somos conscientes de lo que dejamos vivir y por lo que estamos vivos. Si Él sabe todo, porque le destino nos hace jugarretas, nos da la libertad y al final Él nos premiará. 
Es muy fácil dejar todo en manos de Dios porque así, no nos tenemos que hacer responsables de lo que nos pasa, nos hacemos guajes y siempre le podemos echar la culpa a él, que tanto sabe. Pero de hacerlo así, dónde queda la libertad, lo que nos hace sus semejantes. 
Creó el mundo en siete días, nosotros vivimos y destruimos en el mismo tiempo. Nos dio la capacidad de ser grandes pero nos limitamos a esperarlo, a quejarnos, a que nos guíe. 
Pero si existe, él sabe, y por ende, nosotros también. Sólo hay que aceptarlo.

jueves, febrero 5

Marketing aplicado

La gran mayoría de los problemas existenciales se pueden extrapolar a muchas disciplinas, en este caso, con la pareja, puedes analizarlos desde la psicología, pero nos vamos a topar con enemil conceptos partiendo desde las diversas etapas -anal, dedal, de biberon y de chichi- hasta el complejo de Electra, el síndrome de Peter Pan y una terrible falta de inteligencia emocional (según Gore). 
También podemos incluir a la sociología, ya saben, todo el rollo que parte desde el nombre de una familia, apellidos rimbombantes -cosa de hace siglo y medio- hasta el nivel socioeconómico, pasando por la colonia y el código postal.
Se puede hacer un acotamiento por el lado de la comunicación -y la falta de la misma- en casi todas las relaciones: con los amigos, la familia y, como siempre con la pareja. Lo no dicho es siempre importante, incluso más que lo expresado. 
Sin embargo, en términos de marketing, negocios y leyes básicas del mundo capital, nunca lo había analizado y gracias a B que lo compartió conmigo, expóngolo con mis palabras, bajo conceptos universales, luego de las incontables horas que mi hermano pasó filosofando en el tráfico. 

La casa de bolsa. Cuando uno descubre el mundo femenino -o masculino en su defecto- está entrado al mercado, pero pronto uno se da cuenta que la cotización en la bolsa es de suma importancia. Cuando uno está libre, tiene seguidores, pero no tantos como cuando está ocupado. Al iniciarse en el capitalismo carnal, el plan de merca es lo más importante, literal, no se puede crear un nombre en el aire. Así, el costo de oportunidad es un plus, pero también un contra. Si no estás ocupado, date a desear. Si estás ocupado, ocúpate en que te deseen más. Siempre puedes tener más acciones -con derecho a voto o sin él- en tu corporación.

Productos sustitutos. Puedes comer en Vips, Sanborns o Toks; pedir pizzas en Domino's, Papa John's o del italiano en la esquina, total, siempre hay más de lo mismo. Si te gusta el café del Vips, pero la comida en Sanborns te late más, pues cambias un mínimo detalle, pero sigues estando satisfecho. Los mismo sucede con las relaciones, uno escoge porque le gusta, pero tal vez la atención (cariños, papachos, etcétera) ya no son como cuando empezaron y el producto que está al lado (hombre, mujer, transexual o perro) ofrece lo mismo. Tanto encandilamiento por simple "lealtad a la marca". Serás leal cuando mantenga su promesa de marca. 
Y de aquí surge el siguiente paso, la recordación y todo lo que conlleva.

Top of mind. Estar enamorado es tener siempre a tu pior es nada en la mente. En el corazón. A flor de piel. Es dedicarle el primer y último pensamiento del día y todas las demás cursilerías naturales. Cuando empiezas a salir, luchas incansablemente por que tu marca -nombre- tenga la recordación suficiente, luego, cuando formalizas, buscas mantener el top of mind. Aquí el sexo, caricias y demás "detalles minúsculos" juegan un papel importantísimo. Luego de varias saliditas si no hay approach con el producto, la recordación baja y por ende su share of market. Así que hábilmente, una de las dos partes opta por soltar el siguiente paso de la estrategía, el besuco, apapacho, arrimón, faje o el sexo. Luego de varios meses, las nuevas posturas, locuras y demás, siguen siendo parte de la táctica por mantener la lealtad para seguir manteniendo el top of mind. ¿Qué pasa cuando la persona en cuestión pierde esa posición? Posibles escenarios: productos sustitutos, nuevo costo de oportunidad o un radical cambio en el plan de marketing. En fin, el mercado siempre existirá.

Oferta y demanda. Cual cotizarse, cuando hay mucho, el precio baja, cuando hay poco, el precio sube. Cuando hay mucho y quieren más, sube el precio; cuando hay poco y no se consume, ya te chingaste. ¿Qué hacer? Buscar la necesidad de tu mercado y satisfacerla. 

Motivación. Nacimos, estamos creciendo, quizá nos reproduzcamos y seguro vamos a morir. El móvil de la vida es darle sentido a la misma. Ya sea por trascendencia histórica, científica, lógica o familiar estamos en la constante búsqueda de eso. Nos enseñaron que llega un momento en el que hay que sentar cabeza -gracias a la modernidad que eso ya no implica a los veintitantos- con la persona que amamos con la misma intensidad con la que nos debiéramos a nosotros. De eso se trata todo: de amor. Y a veces, de dinero, cuando el amor no da de comer.

lunes, febrero 2

Niño con juguete nuevo


Mi sabio padre siempre me ha dicho que la diferencia entre el niño y el adulto es el precio del juguete. Creo que ya me hice adulto.