Estoy ahí sentado. Me veo desde el exterior atento a la discusión. Estoy en otro país, en otra escuela, en otro lugar. Ahí me gusta estar. Pero estoy dividido: uno es el que está ahí sentado atendiendo, el otro está viendo un riel de imágenes. Una pregunta domina ¿cómo llegué aquí?
Entonces lo veo en una sucesión infinita de fotos mentales: el joven editor en jefe, Bernardo aplicando a una maestría en el exterior, Ber buscando un nuevo trabajo, yo entrando al IPADE, el alumno en clases, Ber con Elie, Vero, Alf y una infinidad de caras. Un aeropuerto. La entrada a una nueva escuela y luego Ber ahí, sentado, en un aula, atento a la discusión. Ese es una de las respuestas al cómo. Llegue por esa sucesión de eventos.
Pero me pregunto por las razones, no las acciones. Y eso se convierté en el qué. ¿Qué hago aquí? Entonces me respondo rápidamente que para aprender, crecer, ser mejor, ser más grande, tener influencia, demostrar. Sin embargo la respuesta me deja insatisfecho. ¿A qué o a quién le quiero demostrar algo? A mí, a ella, a ellas. A todos, a los que dudaron, desconfiaron y me dieron la espalda. A los que me miran por encima del hombre. La demás gente me conoce, sabe qué y quién soy, no hay nada que demostrar.
Otra vez la inquisición: si la gente que importa no necesita demostraciones, por qué los que no deberían importar les dedicas esto. Llega el por qué y se impone. Sus razones son viserales, fastidiosas, humanas y ciertas. Me respondo que es para sobre salir del resto, pero ya soy único, contesta el debate interno. Estoy aquí porque aquí me trajo el camino. Llegué por algo. Y regreso al cómo.
¿Cómo llegué aquí? Entonces la respuesta cambia a la anterior. Llegué con éxitos y fracasos, con la dicha de un Dios y la desdicha de mi egoismo. Estoy porque debía... pero tampoco satisface. Es insuficiente. Las demás preguntas, qué, por qué, para quién se suceden y las respuestas varían. Es cansado y aburrido.
Omito las palabras internas. Sigo sin la mejor respuesta. Regreso a mi clase, a mi atención, a lo que quiero y debo hacer. Cómo.
Cómo.
Cómo. Cómo llegue. Cómo es que estoy aquí, ¿lo gané? ¿lo merezco? ¿qué hice para tenerlo?
Así, algo me responde. Por los que sí valen y a quienes no les importa la demostración. Con quien te quiere y te apoya, me digo. Por los que creen en mí. Por Elie, Vero, Alf, Marta, Efrén y Tita, Ali, Fer, Mike, Germán, Mónica, Rafa, Ricardo, Leo, Guillermo, Andrea... por ellos y tantos más que te saben es cómo llegaste aquí.
Gracias, entonces. Por ser respuestas a plegarias. A mis plegarias. Gracias.
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