Se me hizo tarde para la publicación de la tradicional lista de propósitos de año nuevo, ya sabemos cómo funciona: haré esto, seré fuerte para aquello, omitiré ser así y demás cursilerías y clichés que van de la mano con la constante mejora y perfectibilidad de la naturaleza humana.
Así que, en comparación con el año pasado que mi lista de 13 propósitos era más bien una bitácora de países que quería visitar y de los cuales me quedé a la mitad, además de que no me fui a hacer la maestría a Dinamarca como tenía pensado, pero tampoco estaba en la lista regresar con Elie, este año he decidido que el único propósito por los siguientes 363 días de este bisiesto año es que seré feliz como pueda y como tenga que hacerlo.
Algunos dicen que es más fácil andar de hablador para ser feliz pero que al momento de aplicarlo es mas bien complejo. Estoy en desacuerdo, es más fácil andar poniendo pretextos a lo pendejo para no disfrutar la vida que en verdad dejarse ir así, a lo bestia, por la libre.
Sí, quiero tener más dinero pero esa situación requiere de un chingo de esfuerzo aderezado con algo de suerte. También quiero que no me amarillen en la escuela, pero eso implica que le eche ganas, que no me confíe y que haga lo que tengo que hacer. Por supuesto que quiero estrenar coche, pero regreso al punto número uno para explicar la situación... sin embargo, si no me hago millonario este año, si me amarillan y no me compro un auto nuevo, puedo seguir siendo feliz.
Inténtelo. Vale la pena. Sólo son 363 días más.
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