Hoy volé en avión. Nada sorprendente en eso, ya se sabe: mala comida, turbulencias, poco espacio entre los asientos, peda gratuita con malos alcoholes... total, nada del otro mundo. Lo curioso es que durante las cinco horas de vuelo, una gringa no soltó una libretita en la que escribía como poseída. Lloraba, reía, pensaba y se perdía... no estaba de chismoso, la tenía sentada a mi lado. Presumo que era su diario.
Cuando vi Hoolingans la disfruté y aprendí que un diario puede ser importante para un periodista. Claro, en ese momento no pretendía ser uno pero ayuda a tener un récord de los detalles.
Sólo llevé un diario por tres meses. Escribía en él mis pensamientos y sueños... no lo de ilusiones sino las pesadillas que me azotaban cada noche, todo dentro de lo normal, de hecho, me daba pereza hacerlo. Lo hacía para mostrarme que podía ser constante. Y sincero conmigo.
Una amiga me decía que los diarios eran buenos para desahogarse, ella lo hacía, por lo que yo también lo hice. Creo.
Escribí en mi cuaderno. Descubrí que tenía fantasmas y eso no me gustó. Demonios horribles que se esconden en la duda, en las indecisiones, en el terror de ser uno mismo. Odié a mis fantasmas. Me odié por tener fantasmas.
Dejé de escribir en el diario. Ahora tengo un blog.
jueves, febrero 7
viernes, febrero 1
El paradigma
En cuatro años de estudiar comunicación no aprendí nada. Bueno tal vez sí pero como la pasé con los ojos cerrados, no recuerdo mucho. Sé escribir, pero eso no lo aprendí en la escuela, está bien, sí aprendí pero en la primaria. Nada más.
El otro día recordabamos en clase de maestría el Paradigma de Laswell, queda claro que al momento no sabía que era. Hoy ya se pero lo aplico para demostrar su equivocidad del mismo.
El paradigma dice: Quién dice Qué a Quién a través de qué Medio con qué Fin y con qué Efectos... hueva.
El paradigma de Ber es: El mundo dice misa a quien le escuche por las formas que conoce por el simple hecho de comunicar y a nadie le impacta. Realidad.
¿Cuál es el paradigma de la realidad? Punto, este si es paradigmático.
El otro día recordabamos en clase de maestría el Paradigma de Laswell, queda claro que al momento no sabía que era. Hoy ya se pero lo aplico para demostrar su equivocidad del mismo.
El paradigma dice: Quién dice Qué a Quién a través de qué Medio con qué Fin y con qué Efectos... hueva.
El paradigma de Ber es: El mundo dice misa a quien le escuche por las formas que conoce por el simple hecho de comunicar y a nadie le impacta. Realidad.
¿Cuál es el paradigma de la realidad? Punto, este si es paradigmático.
lunes, enero 28
algo de mí
Últimamente estoy muy sensible. Bueno, desde que tengo uso de razón soy así, tal vez es un reflejo de haber vivido rodeado de mujeres hasta los 19 años.
En fin, siempre he lloriqueado en las películas cuando las emociones se apoderan de la escena: la pareja se besa, el canceroso muere o Liv Tyler le dice a Bruce Willis que quiere ser como él cuando crezca. También lloro con algunos comerciales, canciones, 'momentos Kodak' de mi vida y de lo que veo.
Aclaro no, no soy gay, nomás estoy muy en contacto con mi parte sensible. O femenina. O quizá si soy un poco gay. O quizá todos los somos pero no lo aceptamos. Total, esta entrada no es para hablar de mis perversiones ni de las del mundo.
Llegué al límite de mi sensibilidad. Vi una película de cancerosos y lloré, bueno no mucho, me tragué las lágrimas pa' hacerme el duro, eso si se me da, hacerme el duro, no ponerme duro; que también, ¿eh?.
Durante el fin de semana escuché una marcha imperial y vi una premiación y volví a querer llorar. Los ojos llenos de agua, el nudo en la garganta, la mándibula apretada y la sensación de asfixia en mi pecho. Parece como un orgaso pero a la inversa.
Me gusta la vida en los extremos... no hay matices entre dos puntos. Se es o no se es. Soy sensible. Aparento una roca. Soy humano.
Soy el colmo.
Y lloro, en silencio, en la oscuridad, gritando para rasgar el nudo. Para liberar las palabras, para independizar mi alma. Con el fin de aceptar mi condición de humano, de llano y fugaz.
De todopodersoso.
Y en las mañanas otra vez soy yo. Duro. Falsamente duro.
En fin, siempre he lloriqueado en las películas cuando las emociones se apoderan de la escena: la pareja se besa, el canceroso muere o Liv Tyler le dice a Bruce Willis que quiere ser como él cuando crezca. También lloro con algunos comerciales, canciones, 'momentos Kodak' de mi vida y de lo que veo.
Aclaro no, no soy gay, nomás estoy muy en contacto con mi parte sensible. O femenina. O quizá si soy un poco gay. O quizá todos los somos pero no lo aceptamos. Total, esta entrada no es para hablar de mis perversiones ni de las del mundo.
Llegué al límite de mi sensibilidad. Vi una película de cancerosos y lloré, bueno no mucho, me tragué las lágrimas pa' hacerme el duro, eso si se me da, hacerme el duro, no ponerme duro; que también, ¿eh?.
Durante el fin de semana escuché una marcha imperial y vi una premiación y volví a querer llorar. Los ojos llenos de agua, el nudo en la garganta, la mándibula apretada y la sensación de asfixia en mi pecho. Parece como un orgaso pero a la inversa.
Me gusta la vida en los extremos... no hay matices entre dos puntos. Se es o no se es. Soy sensible. Aparento una roca. Soy humano.
Soy el colmo.
Y lloro, en silencio, en la oscuridad, gritando para rasgar el nudo. Para liberar las palabras, para independizar mi alma. Con el fin de aceptar mi condición de humano, de llano y fugaz.
De todopodersoso.
Y en las mañanas otra vez soy yo. Duro. Falsamente duro.
jueves, enero 17
nuestras historias
Napoleón no tenía nada para conquistar Europa y, sin embargo, lo logró. Estoy casi seguro que tenía demasiados complejos por aquello de su estatura y siempre pensó que nadie le haría caso.
Seguramente cuando Gandhi nació sabía que sería famélico casi toda su vida, pero no tenía ni idea de que su condición de muerto de hambre le ayudaría a independizar India. El IQ de Fox supongo que no le dio para saber que al decirle a Castro "comes y te vas" y le harían todo un pancho.
Así, aparentemente nada de lo que hacemos lo pensamos y todo aquello que pensamos, nunca lo logramos. Y pese a todo, somos felices.
Concluyo: preocuparnos por mañana quita el tiempo, arrepentirse del ayer está de hueva y vivir el hoy... bueno, no nos queda de otra. Es la historia que a cada día nos tenemos que contar.
Vivir está pasado de moda y sobrevaluado. Lo in es sobrevivir a nuestra historia.
Seguramente cuando Gandhi nació sabía que sería famélico casi toda su vida, pero no tenía ni idea de que su condición de muerto de hambre le ayudaría a independizar India. El IQ de Fox supongo que no le dio para saber que al decirle a Castro "comes y te vas" y le harían todo un pancho.
Así, aparentemente nada de lo que hacemos lo pensamos y todo aquello que pensamos, nunca lo logramos. Y pese a todo, somos felices.
Concluyo: preocuparnos por mañana quita el tiempo, arrepentirse del ayer está de hueva y vivir el hoy... bueno, no nos queda de otra. Es la historia que a cada día nos tenemos que contar.
Vivir está pasado de moda y sobrevaluado. Lo in es sobrevivir a nuestra historia.
jueves, enero 3
De las nalgas, el amor y la dignidad
Mientras yo te tenga en mi corazoncito, qué más qué haga con mi cuerpecito
-Frase popular de los cornadores
Paolo Coelho resume el amor al acto sexual que dura -según él- once minutos en promedio; creo que es un hombre precoz.
Becquer, Sor Juana y Benedetti son unos idealistas posrománticos medio frustrados y seguramente mal cogidos: creen en la metafísica del sentimiento. Yo los apoyo, de vez en vez, cuando me he mantenido fiel. Las demás veces, disfruto de las nalgas y del amor.
Las nalgas, el amor y la dignididad, cruzan muy seguido su camino. Es curioso como las tres son suficientemente importantes en diversos contextos, pero, generalmente, las nalgas siempre quedan al final. El amor va en primer lugar: está sobrevaluado. Luego la dignididad, ésta se permite la humillación por debajo del amor, pero nunca por debajo del cuerpo. La materia es lo último que nos preocupa.
Mamadas. Sí. Que ricas son, también. Algunas declaraciones de la infidelidad, de las nalgas, el amor y esa dignidad que supuestamente va de la mano.
Uno. El amor no tiene mucho que ver con infidelidad. Conozco un experto en el tema, ha sido infiel demasiadas veces y sabe lo que dice: no por meterte con otra vieja dejas de querer a tu mujer. Apoyo la moción, en mi experiencia es cierto.
Dos. La dignidad y el amor no se lleva en las nalgas. Esto me lo dijo una mujer y debo decir que qué mujer. No por lo buena que está sino por la amplitud de su criterio. El trasero es tan solo una parte ínfima de la realidad. Muy atractiva, por cierto.
Empero, estoy de acuerdo con entregar el cuerpo a una sóla persona, a buscarle la felicidad, a ser fiel. Pero somos falibles. Lo se.
Tres. Lo único que queda después de un one night stand es un vació aún más grande del que había, un mal performance de parte de los dos, una sensación falsa de satisfacción y me fusilo la idea: diez mililitros de vida en el interior de una mujer o regados en las sábanas o en el mejor de los casos, dentro de un condón. Esa fue tu aventura.
Maravillosa la infidelidad, qué no.
-Frase popular de los cornadores
Paolo Coelho resume el amor al acto sexual que dura -según él- once minutos en promedio; creo que es un hombre precoz.
Becquer, Sor Juana y Benedetti son unos idealistas posrománticos medio frustrados y seguramente mal cogidos: creen en la metafísica del sentimiento. Yo los apoyo, de vez en vez, cuando me he mantenido fiel. Las demás veces, disfruto de las nalgas y del amor.
Las nalgas, el amor y la dignididad, cruzan muy seguido su camino. Es curioso como las tres son suficientemente importantes en diversos contextos, pero, generalmente, las nalgas siempre quedan al final. El amor va en primer lugar: está sobrevaluado. Luego la dignididad, ésta se permite la humillación por debajo del amor, pero nunca por debajo del cuerpo. La materia es lo último que nos preocupa.
Mamadas. Sí. Que ricas son, también. Algunas declaraciones de la infidelidad, de las nalgas, el amor y esa dignidad que supuestamente va de la mano.
Uno. El amor no tiene mucho que ver con infidelidad. Conozco un experto en el tema, ha sido infiel demasiadas veces y sabe lo que dice: no por meterte con otra vieja dejas de querer a tu mujer. Apoyo la moción, en mi experiencia es cierto.
Dos. La dignidad y el amor no se lleva en las nalgas. Esto me lo dijo una mujer y debo decir que qué mujer. No por lo buena que está sino por la amplitud de su criterio. El trasero es tan solo una parte ínfima de la realidad. Muy atractiva, por cierto.
Empero, estoy de acuerdo con entregar el cuerpo a una sóla persona, a buscarle la felicidad, a ser fiel. Pero somos falibles. Lo se.
Tres. Lo único que queda después de un one night stand es un vació aún más grande del que había, un mal performance de parte de los dos, una sensación falsa de satisfacción y me fusilo la idea: diez mililitros de vida en el interior de una mujer o regados en las sábanas o en el mejor de los casos, dentro de un condón. Esa fue tu aventura.
Maravillosa la infidelidad, qué no.
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