jueves, octubre 30

Memorias de veneno III

Nuevo horizonte

-Mamá, ¿qué pasa si le pongo el cuerno a mi novia?
-Nada -, respondió ella casi de inmediato. -Si no se entera -, sentenció.

Federico no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, lo único que tenía claro era que su novia, Patricia, era un año más chica que él y nomás no le iba a dejar pasar de un buen faje por un buen rato. Se lo había dejado claro en todas las ocasiones en que se toqueteaban y, desesperados, se manoseaban por debajo de la ropa. Aunque el acercamiento de Denisse con su miembro era un gran paso, él ya quería la torta completa.
Tener novia de manita sudada era algo hermoso, casi casi divino. Pero ¿quién, en su sano juicio desea la divinidad teniendo tantos distractores terrenales y tangibles? y, peor aún ¿quién, a los 16 años quiere tener una relación directa con dios?
Al menos, él no.
Lo más cercano al cielo que había estado no era la mano de su novia, ni siquiera los fajes con ella. Su pasaporte al paraíso había Denisse y le quedaba claro que aún había más después de esa frontera.
Si los fines de semana eran para Patricia, la semana podía ser para alguien más. O alguienes más. Así que armado de curiosidad se dio a la tarea de encontrar mujeres que cortejar, senos con los cuales soñar y vértices cálidos que desear.
La mejor herramienta en ese momento era internet y ya conocía la técnica: un poco de verbo, sacrosantas mentirillas piadosas, una semana de verse en el chat a determinada hora, pasar a ICQ y listo, el momento de la verdad: verse. Si era fea, no pasaba nada. Si era guapa, la historia cambiaba.
Así conoció a María y todo un nuevo panorama se abrió para él. No sólo en cuestión de cornaduras e infidelidades, sino que descubrió en ella una nueva forma de vida.
Después de las introducciones personales, de la plática trivial del tráfico y el clima (que van a saber dos pubertos sobre el tema), hablaron de ellos. Terminó en un beso... magnífico, sin tanta baba, con el tiempo adecuado y la dosis necesaria de lengua. La niña sabía lo que hacía. Y le iba a enseñar.
Al día siguiente, se vieron otra vez y se besaron más. Llegó el fin de semana y cual novio responsable, salió con Patricia, pero no era lo mismo luego de los suculentos, delicados y pequeños labios de María. Disimuló bien con su novia y aprovechó para hablarle de su amiga María, -así no habrá sospechas- pensó.
El siguiente fin de semana no salió con su novia de manita sudada, prefirió a la amiguita que lo hacía sudar. No sudó como esperaba hacerlo porque descubrió que la experimentada María era aún virgen, pero hubo otro hallazgo importante, la gran pericia de la boca y labios de su amante.

-Mamá, ¿ahora que hago con las dos?
-Ahí tu sabrás, pero si por mi fuera, te capo, cabrón -, respondió con una sonrisa cortada.

Iluminado

Mi madre, como casi todas las madres y las mujeres cuando llegan a la menopausia, empezó a buscarle un sentido a su vida. Tomó cursos de superación personal, de semiología de la vida cotidiana -sigo sin entender qué es eso-, acudió a sesiones espiritistas, se hizo regresiones para descubrir qué había sido en el pasado y conoció a una india de la India había estudiado con Osho, quien se había iluminado y ahora ella, Ambu, la que conoció mi madre, viajaba por el mundo transmitiendo el mensaje del iluminado... y de paso, se enriquecía con lo que cobraba por dar a conocer esos mensajes.
Pregunté: ¿por qué los que se iluminan están en oriente nada más? Luego de varias respuestas en las que la gente dice que los Santos son iluminados o el mismo Papa alcanzó el Nirvana católico, no encuentro la relación entre lo que conocemos como "iluminados".
Buda, por ejemplo era humano, encontró la divinidad y se hizo deidad. Pero el pobre de Osho nomás se quedó como un wey muy elevado. Cristo pudo haber sido un iluminado, pero nomás no me imagina a Ratzinger, alias Benedicto 16 como un hombre divino. Me da miedo, se parece al emperador de Star Wars.
La Madre Teresa de Calcuta, que ya merito la hacen santa, fue eso nada más, una santa. No alcanzó la divinidad; nomás, por sus votos, hizo lo que creemos que es la palabra del dios (si, del dios) y ya .Pero con todas sus preocupaciones, problemas y demás, no hubiera podido alcanzar la libertad de la mente ni del alma. Ningún católico pa' dejarlo ahí.
Y qué tal con los musulmanes. Cabrones, ¿poner bombas los ilumina? bueno, no a todos, quizá -seguramente- hay muchos buen pedo. Pero tampoco los veo llegando a lo que sea que esté después y te den como premio por haber sido una buena persona.
A ver, el Nirvana sería como el Paraíso y el reino de Alá. Para llegar a la tierra prometida, todos piden cosas distintas: Buda te insta a que dejes de lado todos tus deseos, los mochos que sigas la palabra del dios y los islamitas que mates a todos los que no sean islamitas.
Me quedaré con la respuesta de mi hermano D. Los orientales son los únicos que se pueden iluminar -como entendemos el concepto-, por que el Sol sale primero por allá. Yo nomás quiero ser una lumbrera.

Sólo en México

Hace frío en la capital. Los meteorólogos dicen que este será uno de los inviernos más fríos. Pero cada año dicen lo mismo, no les creo más.
Minutos después de las 11 de la noche yo caminaba hacia la esquina para tomar un taxi que me llevara a casa.
Un Tsuru en estado aceptable se detuvo y al ver que era un viejito, decidí sentarme al frente para platicar con él a lo largo del breve trayecto. Una vez sentado, el ruco me pide que me identifique y que le diga dónde trabajo, mi primera reacción fue no contestarle pero al ver que estiraba la mano y un reluciente, oscuro y metálico objeto se asomaba no tuve a más que contestar.
En la mano derecha sostenía una 38. Había visto otras del tipo en atracos pasados, así que lo primero que pensé fue "ya me asaltaron... otra vez".
- No se me espante güerito, usté tranquilo. Esto nomás es por seguridad. A estas horas de la noche, un hombre trajeado y de buen porte da mala espina-, me dijo. No supe si fue un halago por lo del porte o un insulto por la mala espina. Más relajado vi como guardaba la fusca en el hueco delante de la palanca de velocidades.
Platicamos de la inseguridad, de mi importantísimo trabajo como periodista y mi deber con la verdad... que bueno que no le dije que me dedico a lo soft, suave y tranquilo, quizá ahí sí me hubiera dado de tiros.
La charla llegó a los malos conductores que hay en la ciudad, de esos que pululan por centenar entre cada semáforo y volvió a sacar la pistola.
-Nombre... cuando se ponen pendejos y ven esto, se ponen como seditas, saben quien es su papá...-, aseguró mientras jugaba con el bélico artefacto.
Asustado, le pedí que avanzara una cuadra más al chofer, no quería que el psicótico hombre supiera donde vivo. Le debía 23.66 pesos. Cuando iba a pagar, el cabrón del taxista seguía jugando con el arma y yo en mi mente seguía pensando que "ora sí, ya me cargo la chingada", pero no fue así. Le pagué, pensé en darle más por si en verdad era un atraco, pero si lo era, tendría que asaltarme... aunque ya lo había hecho.

viernes, octubre 17

Memorias del Veneno II

La despedida

Con escasos 15 años, Federico ya había hecho y deshecho todo con las mujeres. Tenía una imaginación bastante activa y según él, era un as para el sexo. Nuevamente, todo esto en su precoz y pervertida mente.
Un par de años atrás, había quedádose platicando con su hermano menor hasta entrada la madrugada. Con 13 años, ambos ya habían estado "a nada" de coger, se platicaban cómo Fulanita se había echado para atrás en el último momento cuando ya tenían "la puntita en la entrada" y cómo Perenganita había osado tocarse por encima de la ropa incitándolos a tomarlas, pero como buenos caballeros, lo habían evitado.
Puras mentiras, nomás querían probar su machonería, hombría y eso que en la adolescencia duele tanto, no controlar las poluciones y masturbarse como idiotas para satisfacer el creciente instinto animal.
Federico estaba enamorado desde hacía dos años de Denisse, hermosa niña pelirroja, un año más grande que él y bastante recorrida en varios caminos de la vida, desde alcohol, haciendo escala con drogas "lights" y teniendo sexo desenfrenado con uno que otro hombre. La niña había descubierto desde hacía dos años su sexualidad, y la disfrutaba. Y dejaba que otros la vivieran también.
Pese a la supuesta madurez de Denisse, ella frecuentaba muy seguido a Federico, que representaba todo lo contrario a su desfachatez ante la vida. Pero su relación era divertida, caminaban por el parque, jugaban luchitas en el pasto como pretexto para rozarse mutuamente, se mojaban en la lluvia y para entrar en calor se abrazaban y frotaban mutuamente. Todo era premeditado, pero inocente. Al terminar el día, él la tomaba de la mano y la llevaba a su casa.
La última vez que se vieron, él fue de visita a su casa, se les notaba tristes. Iban a extrañar la pureza de su amistad y los secretos augurios que ambos tenían para el otro.
-Te voy a dar algo para que no me olvides. - Dijo ella. -Pero tienes que cerrar los ojos y no abrirlos hasta que yo te diga.
Obediente, lo hizo y espero pacientemente. Imaginaba un cálido beso en la boca y una carta cursi en la que le confesara su amor.
Pero no, sorpresivamente, la tersa y segura mano de ella llegó a su entrepierna, desabotonó el pantalón y bajó el cierre con una pericia insospechada.
-No abras los ojos.- Ordenó al ver la pusilánime pero rápida reacción de su inexperto amigo.
Se agachó e hizo con él lo que quiso. Le dijo que ya podía mirar. Ese fue su regalo de despedida, su primer encuentro sexual real y entendió entonces que todo lo que había imaginado sentir, no tenía comparación.
No se volvieron a ver, pero a veces, él la ve en su mente.

Guilty pleasures y otros artes

4. Ver a un quisquilloso amigo que se encarga de juzgar y criticar cada uno de mis actos. Según él me terapea y se jacta de decirme las cosas duras y fuertes que ningún otro amigo mío es capaz de decirme a la cara. Hasta aquí parece masoquismo, pero aplicando los breves principios de la psicología inversa, todo lo que dice le queda tan bien, que sólo por eso vale la pena escucharlo y ver cómo solito saca a relucir todos sus traumas.

3. Leer los encabezados de las secciones de espectáculos y cada miércoles, leer las babosadas de Marta Figueroa en Reforma. Sigilosamente y como que no quiere la cosa, mientras espero mi turno en las cajas del súper, hojear TV Notas y otras revistas del mismo ámbito.

2. Ahí me tiene, a las 20:30 horas caminando hacia una peluquería para que me corten la greña, me repito a mi mismo que 200 pesos es mucho dinero para un corte de pelo, que no caeré en la tentación, pero no. Me gana el pequeño placer de cada mes de dejar que una señora me lave el pelo, me haga un masaje en la cabeza y me quede amodorrado mientras practica su oficio que más bien, es todo un arte.

1. El peor de todos. En ocasiones y con cierta nostalgia, pienso en lo divertido que era cubrir bodas nice para Club.