Lo triste es que, de vez en cuando, esos feos "es" vienen dados por tu sangre, esa que creías pura, mezcla teutona con aragonés para mejorar la raza. Confieso, mi padre es un naco cuando está borracho. Y no es que no todos lo seamos, pero él lo es más, con unos cuantos tragos encima pierde el glamour y el porte español -aunque prefiero el alemán, es más nice- y comienzan los dijistes, entendistes, enviastes y todos los es que hacen que te de pena ajena. "Y eso es mi sangre", me repito con arrepentimiento de mis pasadas e incisivas burlas.
Me di a la tarea de cambiar mi pensamiento, investigué a profundidad, escarbé en las bibliotecas, recorrí los pasillos de la Real Academia de la Lengua española, me entrevisté con García Marquéz y discutí en diversos cafés con lingüistas de hueso colorado. Obtuve una respuesta al final: el sufijo 's' no es malo: ¡es una deformación del español antiguo, de la tierra de Castilla, de mis antepasados!
Sucede que al conjugar en segunda persona del plural: vosotros o del singular: tu, algún verbo en pasado se termina en eis. Me edsplico (otra deformación de la que me burlo, típica de los altos cerros y ranchos de iletrados -no porque yo sea culto- o huevones):
tu escribísteis - tu escribistes
tu dijísteis - tu dijistes
...sucesivamente al infinito
En fin, después de esta justificación sin valor informativo ni veraz, me seguiré burlando de las conjugaciones pretéritas de lo que he denominado: español para incultos, ignorantes y mi padre, cuando se le pasan las copas.