Desde siempre ha pasado lo mismo. Se aman, lo niegan en público, pero en el silencio de la ausencia, lo afirman, lo incrementan, lo anhelan para después únicamente tomar un poco, lo mínimo para que no agote. Para seguirse envenenando
La historia de Federico y M es constante, es eterna, única y siempre inconclusa. Desde que fue infectado por M, Fede no la suelta, ninguna pasión es tan fuerte así cómo ningún amor que lo doblegue de nueva cuenta.
Se ven como cometas, esperanzados con la ilusión de un niño mientras ambos hacen sus respectivas vidas en pareja, tienen su secreto y es único. Sí, se han acostado, también hecho el amor y nunca es suficiente para ambos. Y ambos temen que lo sea.
-Bésame, pidió ella en su último encuentro.
Él lo hizo. La respiración de ambos se cortó, las mariposas en el estómago resurgieron, la piel eriza los invadió y el corazón se detuvo.
De nuevo, la estocada letal. Como el primer beso, el veneno penetra, invade, llena y asesina. Obsesiona.
-Hasta la próxima, dice él.
-No creo que haya otra, contesta M.
Ambos saben que no es así. Sonríen.
lunes, abril 27
martes, abril 21
Gracias Charles
Ah, sí
Existen cosas peores que estar solo
pero a menudo lleva décadas darse cuenta
y la mayoría de las veces cuando lo haces
es demasiado tarde
y no hay nada más terrible
que demasiado tarde
El final de una breve aventura (fragmento)
el amor se seca
pensé
sí
se seca aún más rápido
que un charco de semen
en el ombligo de una mujer
Sí, él era un hombre que sabía demasiado.
viernes, abril 17
Simples detalles
Me conmovió hasta el tuétano.
Ahí vamos todos buscando lo que no tenemos, deseando más de lo que anhelamos sin deternos a vivir el momento presente.
El tráfico citadino, el estrés a flore de piel, los sonidos del malestar general y el inmenso calor haciendo aún más díficil la estancia. Horrible.
Un hombre, no es por juzgar, pero sin la mitad de los usos materiales de la gente que le rodeaba, estaba sentado bajo un árbol, a su sombra. Comía un durazo con paz, serenidad, sin prisa y disfrutándolo.
Le envidie. Y se me antojó un durazno, pero aún más, su estado de calma.
Cada cosa a su momento.
Ahí vamos todos buscando lo que no tenemos, deseando más de lo que anhelamos sin deternos a vivir el momento presente.
El tráfico citadino, el estrés a flore de piel, los sonidos del malestar general y el inmenso calor haciendo aún más díficil la estancia. Horrible.
Un hombre, no es por juzgar, pero sin la mitad de los usos materiales de la gente que le rodeaba, estaba sentado bajo un árbol, a su sombra. Comía un durazo con paz, serenidad, sin prisa y disfrutándolo.
Le envidie. Y se me antojó un durazno, pero aún más, su estado de calma.
Cada cosa a su momento.
martes, abril 14
Periodista
Cuando nací, ni por la mente me cruzó ser periodista. Creo que cuando nací me vieron cara de príncipe o rey, pero jamás me pusieron un signo de periodista, escritor o algo por el estilo. Lo más cerca que estuve a algo artistístico fue ser pianista, pero desde ese momento, hasta la fecha, lo que hago ha sido plenamente circunstancial. Sí, decidí esto o aquello, fue por una situación que se me presentaba, pero nada más, opte por ella, pero no me la puedo adjudicar plenamente.
Entonces, cuando ella quería hacer más de mí, quise ser más, demostrar que era, que podía y lo logré. Trabajé como redactor-investigador de un calumnista de un periodico con una aguilita azul.
Emocionado, se lo comuniqué, entre lágrimas le dije que sería más de lo que fui... y desde entonces heme aquí, siguiendo el curso de esa decisión. Y de esa circunstancia.
Entonces, cuando ella quería hacer más de mí, quise ser más, demostrar que era, que podía y lo logré. Trabajé como redactor-investigador de un calumnista de un periodico con una aguilita azul.
Emocionado, se lo comuniqué, entre lágrimas le dije que sería más de lo que fui... y desde entonces heme aquí, siguiendo el curso de esa decisión. Y de esa circunstancia.
lunes, abril 6
Se burla
Está ahí de pie, fornido e inmenso, los años se le ven pero sigue imponiendo. En cada ocasión que puede me insta y provoca a destazarlo, despedazar su armonía, a jugar con él y a usarlo para liberarme. Me niego.
En un tiempo éramos inseparables, se hizo mi aliado y cuando nadie más me comprendía, él sí lo hacía. Su monocromacia lo hace elegante y en el olvido, sabe que no está muerto, entiende mi necesidad, pero se burla, me ataca. No perdona.
En su memoria se han deslizado cantidad de historias exitosas y fracasos rotundos ataviados de un poder que no se controla frente su gran mandíbula chimuela.
Ella lo llamaba tiburón, expectante... un homicida sin control, una adicción y al mismo tiempo, el rescate más inesperado.
Se burla de mí, me ve, espera que me acerque, que lo supere, que lo acaricie y maltrate. Que me deje llevar.
Extraño el sonido que emitía, la disonancia de nuestros encuentros, el frenesí de nuestra coordinación. Anhelo sus abrazos etéreos, el compás de nuestra unión, el grito ahogado que me reprimía, el juego que me liberaba y el odio que desaparecía.
Se burla de mi incapacidad de amar, de mi necedad de razonar, de mi justificación pasional para negarme a sentirlo.
Está ahí, como guardia insoluto, como carcelero del pasado. Me ve, me provoca. Le temo, lo amo: es mi piano.
En un tiempo éramos inseparables, se hizo mi aliado y cuando nadie más me comprendía, él sí lo hacía. Su monocromacia lo hace elegante y en el olvido, sabe que no está muerto, entiende mi necesidad, pero se burla, me ataca. No perdona.
En su memoria se han deslizado cantidad de historias exitosas y fracasos rotundos ataviados de un poder que no se controla frente su gran mandíbula chimuela.
Ella lo llamaba tiburón, expectante... un homicida sin control, una adicción y al mismo tiempo, el rescate más inesperado.
Se burla de mí, me ve, espera que me acerque, que lo supere, que lo acaricie y maltrate. Que me deje llevar.
Extraño el sonido que emitía, la disonancia de nuestros encuentros, el frenesí de nuestra coordinación. Anhelo sus abrazos etéreos, el compás de nuestra unión, el grito ahogado que me reprimía, el juego que me liberaba y el odio que desaparecía.
Se burla de mi incapacidad de amar, de mi necedad de razonar, de mi justificación pasional para negarme a sentirlo.
Está ahí, como guardia insoluto, como carcelero del pasado. Me ve, me provoca. Le temo, lo amo: es mi piano.
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