jueves, marzo 18

Como tú

-Qué más quisiera... Darte lo que tú, sentirte como tú, pensarte como tú, verte como tú, tocarte como tú-, dice.

Silencio.

-Hazlo- piensa él.
-Pero no como yo, hazlo como tú-, medita. Sonríe para su adentros y espera. Sabe que es malo hacerlo. No le importa.

Confía.

Más silencio.

viernes, febrero 12

Bautizo

Una casa recibe el nombre de casa porque el concepto que engloba se entiende como un recinto para habitar, los sentimientos se adjetivan para evitar confusiones y englobar la comprensión en un mismo sentido. El nombre segmenta a la persona, a la cosa, a la experiencia que se vive como única, le da un sentido y ofrece seguridad por conocimiento.
El rito cristiano de bautizar se justifica en el mismo contexto, el nombre que recibe la persona, al ser validado por el ente supremo, lo hace suyo y le abre las puertas del cielo. Al menos hasta la pubertad, cuando ratifica su fidelidad y explota sus instintos. Sin mayores preámbulos, nombrar delimita la cosa en todos sentidos.
Incluso se dice que para poseer algo y hacerlo tuyo es necesario nombrarlo. Quizá por eso las parejas se inventan apócopes que los reafirmen como lo que son. Es justo por ello que los conceptos son necesarios para la supervivencia humana.
La ausencia de adjetivo es confusa.
Lo desconocido da miedo... ergo, la carencia de nombres es caótica.
Aunque la anarquía personal se justifica por el hecho de ser íntima, cuando esta invade a terceros, es necesario encasillar -por más arbitrario e irónico que parezca- bajo un nombre la circunstancia so pena de desquiciarse por la falta de cimientos.
Sí, en efecto se trata sólo de una jugarreta mental. Puede tener una etiqueta clara pero sus acciones son incongruentes y viceversa, las palabras son necesarias para acallar el agobio del silencio.
Con el nombre extiendes la personalización, te unes y bautizas tu propio horror... in nomine.

miércoles, enero 27

yo, el vicioso

Me caen bien los vicios por inmorales y depravados. De ahí se desprende que los viciosos, los adictos y amantes (el amor pasional, como obsesión, es un vicio) son más bien interesantes y su filosofía hedonista omite por completo la fatalidad que los acecha. Todo está bien como está.

En los tiempos de austeridad salubre, como aquellos que a últimas fechas me atacan, el vino se transforma paulatinamente en jugo de manzana, el Jack en limonada y las cubas, en naranjada. Sin embargo, todo mantiene su naturaleza.

El humo del cigarro parece un espejismo de placer y el ansia se convierte a un fanatismo siniestro. La inherente vida que teníamos juntos parece divorcio.

Confieso que el cuerpo agradece la metamorfosis, pero la conversión no ha sido fácil. Los zurcos en la frente siguen igual, las ojeras se mantienen y la no novedad es que extraño el hedonismo.

Definitivamente me gusta más el yo vicioso. Es más natural, depravado e inmoral.

jueves, enero 14

Mito y realidad

Así, de la nada, lo sintieron. Para tratarse de dos mitos, la realidad los superó de manera inexplicable. El contacto dejó de ser etéreo, dejó de ser carnal, los sublimó. Y lo saben.

Los mitos son, racionalmente hablando, la forma intelectual de tratar de explicar lo inexplicable y, justo por eso, cuando lo intangible se materializa, los mitos cobran vida. La trascendencia de estos sucesos -milagros, accidentes cósmicos, fenómenos paranormales- tiene una explicación científica, pero la expectativa del amor lo supera.

Ella indomable, libre y ausente. Siempre cambiante, nómada y presente... es inmortal. Él domina, posee, controla, huye, enfrenta, se entrega... desconfía. Todo es un espejo, penden del pico de su pasión, de ser irracionales. De vivir.

Un mito no es universal. Se resume como mutuo porque va de primeras personas,inexplicable pues es egoísta y, sólo en lo subjetivo, se vive al natural.

La unión, antes terrenal, los juntó en su propio mito con una pasión descarrilada, bajo una existencia paralela. La física superó la química y todo termina con una lágrima antes de dormir. Lo saben, la realidad los superó.

El sentimiento –cualquiera que este sea deja– se transforma de un mito sobrevaluado por muchos y poco valorado para otros, a la cuántica ausente de dos cuerpos. Ciencia y experiencia.

Gruñen, gimen... callan. El silencio sabe mejor, no requieren complicaciones. Lo saben, esta vez fue diferente. Esta vez fue real. Esta vez fueron los que son y no los que decían ser. Esta vez...

Sentir dejó de ser un mito.

miércoles, diciembre 2

Memorias del veneno X

-¿Quién eres tú?-, pregunta ella, desnuda, a la luz del alba, con una ligera sonrisa relajada. Lo ama.
-Lo que quieras que sea-, responde él, mientras su mirada está perdida en las figuras del rugoso techo. La ignora.

Ella, la amante en turno, la que no sabe que él se ira, se abraza con más fuerza a su torso.

Viven una falacia, Federico dice una mentira más. Ella, sin nombre, cree una verdad incoherente. El nuevo amor se apoya en la ausencia de conceptos, se afianzan en sentimientos corruptos, respira sexo insípido.

Ella: entregó su cuerpo y con él su corazón, abrió las puertas de su mente para que él forjara conceptos, ideas y una existencia a su lado. Le dio la llave de su cordura, las lágrimas de su inocencia, el poder de su voluntad y la confianza en sí misma. Mordió el anzuelo.

Él: fue sincero, dijo que era un ente libre, sin compromisos, que estaba abierto a las posibilidades pero que auguraba un mal final. Creó pasión de una mirada, hizo caricias de una ilusión, enterró una espina que la envenenó.

Federico quería un séquito de Fedes, personas igual de enfermas de amor, parejas carentes de compromiso, pero necesitadas de vida. Sabía que de todas, alguien respondería el llamado, alguien estaría igualmente lastimada, una de ellas aplacaría el dolor. Pero no habría más placer.

Despertaron. Ella se fue y una parte de él con ella. Federico se quedó con su inocencia. Ella, sin nombre y sin amor.