jueves, septiembre 6

Prólogo

Inglaterra no es la gran cosa, pero sí lo es. Es un lugar frío, triste y oscuro excepto en verano, cuando el sol se digna a brillar dos horas al día. Pero es el lugar perfecto para huir de la cruda realidad, esto, porque no hay nada más crudo que Londres, Edimburgo y los ingleses con su humor negro y lastímero, pero cierto.
Aterricé después de 11 no tan agradables horas en el único vuelo entre México e Inglaterra de British Airways que parte todos miércoles en la noche. Bajé del avión un 29 de diciembre y corrí al baño: maldito retorte en el estómago, sufrí mucho, pero no importaba, estaba lejos, en Inglaterra... era libre de todos mis amarres y de mí.
Era la oportunidad perfecta para empezar de ceros, nadie me conocía y ahora podía ser el intelectual frustrado que había viajado para escribir un libro; o tal vez sería el mini ejecutivo que había sufrido un colapso nervioso y por eso tomaba vacaciones obligadas. Pero no, opte por la realidad: un niño-casi-adulto-inmaduro con mucho dinero heredado y pánico por enfrentarse a la vida, huyendo de sus problemas.
En cuanto salí del aeropuerto sentí la frialdad europea. Y la del clima también, eso sí es un invierno y no los 10 grados que nos congelan en el D.F.
Prendí mi primer Camel -como extraño fumar aunque ya no se me antoje- en Inglaterra y miré a todos. Sentí cómo me ahogaba el humo en la garganta y no pude más que sonreir: ahí estaba yo, sólo; por fin conmigo, lejos incluso de la historia que me había contado de mí.
Gran Bretaña, Reino Unido o Inglaterra, no importa el nombre, no es la gran cosa pero sí lo es. Sobre todo cuando estás perdido.

Inglaterra, eres mía. Que equivocado estoy.

Notas al margen del vuelo: subí credo al avión (credo es el estado entre crudo y pedo sin definción). La azafata inglesa me cayó muy mal, la mexicana por el contrario, muy bien, me dio cinco botellitas de vino pa' conectarla y dormir casi todo el vuelo. Londres se me hizo hermosa en el centro y aburrida y común en todos los demás lugares: parece fraccionamiento.

2 comentarios:

RIGEL dijo...

Inglaterra es parte del Reino Unido, lugar que mi sangre llama, aunque pocos lo sepan. Esperto algún día ir y poder prender ese Camel.

Anónimo dijo...

Por alguna razón, cruzar el charco entraña una sensación muy peculiar; como de empezar de nuevo. En especial Inglaterra con esa crudeza y clima oscuro e inhóspito.

No sé a qué se deba, pero sí sé que añoro volver a sentirla y, más allá de eso, explotarla cual fénix.