martes, febrero 12

una historia como cualquier otra

La vida es una mierda -lo es, creanlo,
pero cómo vale la pena vivirla.
-yo-

Esta no es una historia de una niña atractiva, de ojos claros y un perfecto cuerpo que estudió una carrera profesional en una universidad de paga, es más bien de una mujer que nació con nada a lo que aferrarse y todo para vivir. Su cuna no vaticinaba miles de dólares, si acaso, en el futuro, unos pocos miles de pesos.
Sus rasgos no son finos, son más bien deformes pero ocasionan una curiosa sonrisa en quien la mira. Es probable que ese sea su único rasgo de lindura.
Tampoco incluye a un príncipe azul con un buen cuerpo, de hecho es panzón, la barba no le cierra bien pero se esfuerza para dejársela. Tiene un trabajo común y sus aspiraciones en la vida ascienden únicamente a llegar al fin de semana, sobrevivir esta quincena y ver qué hay en la tele.
Dan hueva. Lo sé.
No diré que son grotescos, sólo son feos y talvez ni eso, son comunes, no tienen nada de imponente ni impactante. Sus ingresos son superiores al salario mínimo, pero tampoco son exhuberantes. Si acaso se podría decir que son clase media muy baja. Iguales a todos. Igual a tí, a mí.
Resultan invisibles para los ojos que los miran. El desdén es lo cotidiano, la ignorancia su religión y el noticiero de las 10:30 su ventana a la realidad.
¿Y por qué escribir de ellos?
No son protagonistas de nada, a duras penas se dan cuenta de que viven cuando esbozan una ligera mueca que los saca de la cotidianeidad. Caminan porque deben, respiran porque... porque no les queda de otra y, sólo a veces, viven.
Esos ratitos de lucidez son los que valen la pena ser contados.
Y por ellos, solo por ellos, se vive.

8 comentarios:

KL dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
KL dijo...

Es terapia propia o te lo inventaste?????

RIGEL dijo...

Sería interesante saber un poco más de ellos.

Sergio Antonio SG dijo...

Creo que mirar hacia lo cotidiano nos hace grandes. Me agrado que dedicaras un espacio a lo que muchas veces no vemos porque estamos enfrascados en fantasías y aspiraciones propias que dejamos de pensar en los demás que respiran igual que nosotros

Anónimo dijo...

sin importar nombres, no NSE... somos tan invisibles para ellos... como ellos para nosotros... ellos somos nosotros...

Mariana dijo...

¿por qué escribir sobre ellos? porque la literatura es la cotidianidad de hombres comunes que se hace extraordinaria al entrar en las páginas entintadas de un texto.

Anónimo dijo...

Probablemente ninguna historia se habría escrito si no se pudiera encontrar lo extraordinario en lo ordinario. Ellos son de quiénes se hacen leyendas, canciones y mitos, ellos son la realidad de la que parte la fantasía; ellos son el comienzo y el fin...

El Cone Nadín dijo...

Muchas veces en la cotidianidad encontramos rasgos perdidos de una vida que nos asombraba y nos hacía plenos día a día, con la misma seriedad con la que jugabamos cuando eramos niños.
Es el vivir el día a día y disfrutar cada momento...