Cogito, ergu sum... o en español: pienso, luego existo. El pensamiento atenta conta la felicidad, impide el valemadrismo puritano y crea terribles dolores de cabeza, ansias, planes e interrogantes.
Pensar, por otra parte, da la posibilidad de profudizar, aprender, comprender y adentrarse en la vida de lleno, analizar opciones y tomar una decisión que impulse nuestra felicidad. Sin embargo, la otra parte que atenta contra la felicidad es la naturaleza humana, el anticonformismo, las ganas de quere más, las ambiciones. Me pregunto si alguien, alguna vez, ha logrado decir: suficiente, tengo lo que quiero.
La ignorancia, aunque para mí resulta deplorable, permite crear un burbuja rígida, un mundo de ensueño limitado por uno mismo, ese espacio que llaman vida que avanza pero no afecta, nada interfiere y así se deduce que son felices. No se atreven a salir, no saben hacerlo o no quieren. Insisto, en la ignorancia se vive feliz.
La naturaleza humana, además, es perfectible, mejorable, modificable y aunque difícil a una edad avanzada, adaptable. Si dentro de un burbuja surge el pensamiento, la interrogante más simple, la esfera se achica, para quien está dentro el mundo se reduce hasta que comprime al ser que la habita, lo asfixia, y reviente con una nueva bocanada de aire nuevo, fresco y descubre un mundo nuevo. Se paniqueará, inmóvil verá lo nuevo y lo querrá todo para su burbuja inexistente.
Entonces viene la realidad. Se preguntará que pasó con su mundo anterior, entenderá de su mundo nuevo y querrá más, pero entre más quiera, y más se pregunte, y más razone, y más investigue, y más se mueva, y más viva... más sabrá que nunca hay suficiente.
Tal vez la única opción viable ante esta situación es dejar libre el pensamiento y sólo enfocarse en algunas ideas, confortarse con lo que se tiene y cuando se pueda más, tomarlo; e ignorar aquello que influencia el pensamiento y la suficiencia. Es probable que el ejercicio complique más de una mente interrogante, pero finalmente, si en la ignorancia somos felices, por qué en la sapiencia nos creemos ignorantes de lo qué hacemos.
Ergo, piensa lo suficiente, confórtate con lo tangible e ignora lo que nomás afecta lo primero.
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