Entonces me decidí a escribir. Pero no sé de qué hacerlo. Diariamente millones de pensamientos invaden la salida, se estorban y no consigo liberar alguna. Cuando después de algún tiempo, la victoriosa sale, rumiada, escupida, analizada, levantada y pensada, se me acabó la iluminación y el entrenamiento parece nulo. Falta claridad.
Necesito escribir como antaño. Quiero escribir en presente. Anhelo un futuro de letras, pero no hay luz al poner un punto. Nomás confusión. Los temas se agolpan, las ideas se abarrotan y el enjambre solo es un barullo de sonidos esquizofrénicos que luchan por superar a los demás.
La guerra comienza, gana una coma, supera un punto, la crónica adelanta mientras que la historia se resume. Las letras se forman,paciente a formarse, las palabras fluyen, austeras sin dirección, el silencio se funde con el eco de resoplo.
Y sólo quiero escribir. No sé de qué, pero sí. Que fluya. Que sea. Que escriba.
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