martes, diciembre 31

Darle de comer al alma

Son dos caballos locos. Se parecen al mito de las virtudes y las pasiones, cada cual jala para su lado y ganará el que más alimentes.

Por un lado, en este caso, está el alma. Callada, pura y feliz. De vez en cuando malograda y frustrada, pero es culpa de su hermana gemela, esa que comienza con ego y se esconde tras varios alias: egoísta, egocentrista, egomaniaca, egotal. El alma se alimenta de pequeños detalles. Sonrisas, alegrías, fugaces encuentros y recuerdos. Al no requerir de mucho es fácil olvidarla, ella se guarda y vive feliz, sin mostrarse, sin vanagloriarse, en silencio. Es un ejercicio constante verla.

Pero su hermana, su linda hermana, es otro cantar. Aunque también se alimenta de "pequeñeces", sus miniaturas requieren demasiado empuje: pleitesia constante, sonrisas vagas y falsas, constantes rumores de grandeza. Pero una vez crecida, es mala. Atenta contra la vida de su hermana, de su ente y de su propia existencia. Siempre quiere más, y más. Y más. Es insaciable. Es fácil confundir la alegría del alma con la aparente promesa vacía del ego.

Y es justo en esa encrucijada que existe este nombre. El 2013 vivió feliz. Lleno de emociones fuertes: matrimonio, graduación, ganar amigos, perder amigos, nuevos retos, dejar el nido, hacer uno nuevo, ganar la confianza, perderla otra vez. Enfocarse en el éxito, pero no el que da de comer y hace a uno feliz, ese éxito que requiere de constantes aplausos. De reflectores y que se mide con el sonido de las monedas.

Así, al cierre de un año increíble, llegó también el sinsabor de la frustración por la malversación de objetivos. Pero en la benevolencia de la vida, de Dios, de cualquier razón que pueda ser, mi ángel me recordó que hay que darle de comer al alma.

Comer de las letras -buenas o malas-, sonreír de los juegos sencillos, de las caminatas en silencio. Vivir feliz con el éxito personal, ese que cada mañana te dice qué hacer y en la noche te dice en qué mejorar sin que nadie te insulte. Ese darle alimentar de cosas buenas el corazón calla al ego, también lo nutre, pero ahí lo deja.

Gracias 2013, por recordarme como alimentar al alma. Vamos, 2014, enséñame a hacerlo, una vez más. Siempre.

Y porque dar gracias también incrementa la paz: Dios, Vic, Brody, Vero, Suebros, Pa-Ma, Pepe, Fer, Germán, Jime, Bernardo, Ce, Arturo, Alejandro, escuincle del mal, Mostro, Alex el escaut, y cuantos todos saben en el alma que aquí los tengo: gracias. Y a ti, Ely, por la vida nueva.

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