jueves, mayo 3

semántica: raro | especial | exótico

Adjetivar es una de las cosas que mejor hacemos las personas. Es una manera sutil de juzgar descaradamente y salir airoso. Sirve para nombrar las cosas, a las personas y, dicho sea de paso, a nosotros mismos, por los demás.

Y con nosotros somos especialmente duros. Y raramente blandos. Nos definimos exóticos. Sin embargo, sólo estamos buscando un apócope extra. Es un hiato de nuestra presentación. Un algo que nos haga diferentes. O iguales. O incluyentes. O que nos dé un algo más, pues.

Los adjetivos que escogemos son adquiridos. Son el vestigio y donativo de la sociedad, verdades que acabamos por creernos, incluirnos y asimilar como parte de nuestra persona. Así me convertí en el que tiene el perfil raro para estudiar un MBA. El que tiene ideas especiales, o el que sirve como muestra exótica de una especie en peligro de extinción, que me gusta creer que lo soy, pero nomás no dejo de ser un humano 'diferente' muy parecido a todos los demás.

Aparentemente, mi perfil profesional es raro y, en términos generales, debo hacerlo especial para quitarle lo exótico de la mezcla de profesiones, oficios, talachas y experiencias acumuladas en un resumé.

Ser raro es como algo feito, que disgusta y medio excluyente. Pero su definición va por otro lado.

Raro: que se comporta de modo inhabitual. Extraoridnario, poco común o frecuente. Escaso en su clase o especie. Insigne, sobresaliente o excelente en su línea. Extravagante de genio y propenso a singularizarse. 

Luego, ser especial es algo así como destacado, atrayente y de buen gusto. A veces como para definir lo políticamente incorrecto. La tendencia se parece al significado, pero resulta monótono al largo plazo, creo.

Especial: singular o particular. Muy adecuado o propio para algún efecto. Que está destinar a un fin concreto. 

Y finalmente, fuera de ser una cabaretera o vedette, ser exótico puede caer mal por su 'especial rareza'.

Exótico: extranjero, peregrino. Extraño, chocante, extravagante. Bailarina de cabaré.


Me parece interesante cómo las acepciones y definiciones se van haciendo más pequeñas y limitadas. Es que las palabras sirven para tanto y a la vez tan poco.

Lo más cruel, al final del día, es que los adjetivos que nos damos son imponentes y nos modelan, sólo hay que aprender a vivir con eso, pero sabiendo, a ciencia cierta, lo que queremos decir con eso. Ahora que se los significados, hasta me siento otro yo. Ya lo que los otros digan, opinen o gestionen o adjudiquen: bienvenido también.

jueves, abril 26

Los hombres de mi vida


Ahora entiendo a las mujeres. Creo entender, en parte, por qué nos odian y, aunque no soy mujer, he vivido rodeado de mujeres desde corta edad y viví todas y cada una de las quejas. En este sentido, soy víctima de esos cabrones –sí: yo, nosotros, pero más que nada, de ellos.

Es que los hombres sólo prometen y prometen, pero nomás nos la meten (me disculpo por el francés). Y a los hombres a los que me refiero ahora son a las figuras paternas que he desarrollado, querido, admirado, pero la gran mayoría de las veces, odiado. Es que son unos cabrones.

Ahí tienes al pequeño yo, de niño, de adolescente, de pre adulto, de joven posmoderno esperando que mi padre me cumpla la promesa que me hizo, esa de llevarme a dar una vuelta en moto, aquella en la que me dijo que ‘nomás le fuera bien’ a mis domingos les iría mejor. Una en la que me dijo que se desviviría por ayudarme. Al final, todas con el mismo resultado: llega el momento de que se cumpla la promesa y no hay respuesta, ni resultado. Es que no puedo, dice. Es que tengo otras cosas más importantes. Es que yo esperaba, yo quería, yo pensaba, imaginaba, anhelaba… pero siempre no.

El problema no es la justificación, ni que el regalo prometido llegue. El problema es el egoísmo de esa persona. Lo sé por que yo he hecho lo mismo.  A mi mismo. A mi mundo. Cuando se cumple el plazo que teníamos para cumplir, preferimos (en este caso mis múltiples tótems) hacer algo personal, desviar la promesa y ocultar la falta de resultado por una promesa más grande, más importante y que, como reses al matadero, creemos, confiamos. Aceptamos.

Nos decepcionan. Decepcionamos.

Creo además, que no quieren hacerlo. Que sí bien tienen la convicción de ayudar, de hacer más, parece que es preferible todo lo demás.

Pero también hay –habemos– otros hombres. Los que si cumplen. Los hombres de mi vida, la mayoría me han decepcionado. Y yo a ellos. Otro hombre prometió las perlas de la virgen para que yo logrará un cometido, se echó para atrás el día que no debía, confié en él y ahora tengo el compromiso en las manos. Me siento como si hubiera dado el tesorito, cuando sólo fue un one night stand.

Sin embargo, ahí estoy, esperando, con los brazos abiertos a que regresen, con una nueva promesa y a sabiendas de que no cumplirán, les creo.

Me parece que todos tenemos esa dualidad, aunque sigo sin entender el origen. Por qué a unos sí, a otros no. Hay otro hombre, que no promete y da por qué sí, se limita a decir que ‘algún día entenderé’, y eso, al menos hace la diferencia.

Las influencias mi vida pueden resumirse en lo que he sido, y ese, aquel que hace sin prometer es, sin temor a equivocarme, el que ha permitido que deje de ser como los demás hombres de mi vida. 

jueves, febrero 2

La soberbia en un pequeño ensayo

Soy lo máximo. En serio, lo soy.

¿Entonces qué necesidad de andarlo divulgando? El ego sirve como defensa. Es realmente útil en la soledad, en la justificación y en la defensa. El ego encasilla los problemas inculcando la culpa a alguien más. A ese que no hizo caso. Aquel que osó ignorarte. El malandrín estupefacto que hoy recibe las palmas y te ignoró. Es funcional en la depresión y sólo por un momento.

La soberbia, por su parte, es maravillosa. Es gloria personal requerida por la inseguridad. Es inseguridad revestida de pereza y es pereza, vil, que apesta a miedo. El mismo miedo que se oculta bajo el manto del ego.

El ego da para el orgullo lo que la soberbia a la revalidación. Son cómplices ineptos, paleros que se prostituyen por los pocos centavos de autoestima que nos dejan. Mientras que el orgullo se escuda de las gracias del ego, la persona, yo y tú, nos quedamos escudadas, mintiendo sobre la verdad que el orgullo achaca a un tercero, a la fantasía absurda de ser intocables. De no equivocarnos.

Maldita revalidación. Nos vemos inmunes hasta que el sudor nervioso marca la frente. Hasta que la diplomacia vence la realidad. La realidad de la soberbia es que es la hipocrecia personal más profunda. Es el juego de las mentiras que nos decimos cada día. Es la confianza sobrevaluada o el amor propio devaluado. Es la palabra que te grita el espejo con la altivez de tu prepotencia. Es el aullido de dolor que pide tu alma.

Es parte de tu ser. Es la humildad siendo ella, sabiendo que no estás tú, ahí, dentro de ese títere. Es la manipulación de creerte lo que eres. Manipula. Sé lo que soy.

Punto.


martes, enero 17

Invierta en mí (communication skills)

Ya en dos ocasiones me han dado clases para dar presentaciones, o hablar en público, sobre todo aquellas dirigidas a hombres de negocios, gente que invertirá en mi idea, en mi futuro. Debo ser convicente al hablar, directo y creativo, tengo cerca de 10 minutos para un presentación eficiente, el tiempo de atención de mi audiencia es de 18 minutos antes de que se distraigan. Además, por si fuera poco, tengo que practicar frente al espejo mi 'elevator pitch' para aprovechar ese minuto maravilloso de atención total.

Como periodista la historia es similar. Incluso puedo aplicar en ambos casos anécdotas, historias y hechos que le den más impacto a mi exposición. Siendo las cosas así, gente, ahora mismo pondré en práctica mi pitch en este medio. Estoy inspirado, además, por el éxito que han tenido ciudadanos 'random' al pedir cosas via internet -uno consigue cita con Kunis, otro un millón de dólares.


Estimados lectores de mi blog, invesionistas, mecenas y gente con dinero para ser altruista, escribo la presente misiva para darles a conocer un proyecto sustentable, con una gran posibilidad de éxito y una tasa esperada de retorno de 100%, se llama: invierte en el futuro de Ber. 

El proyecto es sencillo. Se trata de recaudar la cantidad de 400 mil pesos con la finalidad de que el prospecto de masterito del IPADE (desde ahora el alumno o Ber) termine con sus estudios de posgrado teniendo un nivel de vida decente y no se endeude sobremanera con dicha institución educativa. 

Como bien sabrá usted el IPADE es una escuela de negocios de lo más prestigiada a nivel mundial, y por si fuera poco, con amplio reconocimiento por lo que su inversión en la educación de Bernardo Flores Heymann será muy redituable para usted en un mediano plazo.

El candidato tiene cinco años de experiencia profesional en el ramo del periodismo de negocios, su caracter aunque afable es más bien explosivo y confrontador. No se le conoce por ser sumiso ni callado, sin embargo sabe dirigir a la gente, manejar e interpretar la información, así como analizar muy 'outside the box' las diversas circuntancias de la vida. Solía ser editor en jefe de una reconocida editorial mexicana, presentador de un programa de negocios y articulista para varias publicaciones. La expectativa que se tiene de él es que alcancé una dirección pocos meses después de finalizar su posgrado. 

Con justa razón usted podrá pensar que hay grandes riesgos al realizar esta transacción y le aseguro que en este caso son mínimos. En realidad solo hay tres riesgos actuales: 
A) que Bernardo se salga del MEDE, pero en caso de que usted invierta, dicho riesgo quedará omitido. 
B) que Bernardo sea expulsado del MEDE, cosa que podría suceder en caso de un severo ataque de valemadrismo ilustrado, cosa que le aseguro tiene menos de un 1% de probabilidad.
C) que Bernardo abandone el MEDE por una oferta laboral pero dudo que eso suceda si cuenta con su inversión. 

¿Cómo el alumno Bernardo mitigará estos riesgos? Quizá no parezca muy tangible la respuesta, pero usted sólo tiene que confiar en él e invertir en su futuro. 


Esto no es una broma, es más, tampoco es un simulacro, es una copia barata y personalizada del Teletón, pero para Bernardo. No quiero 400 millones de pesos, sólo 400 mil con la finalidad de omitir presiones extra-escolares, llevar una vida tranquila y tener la confianza de un benefactor que se beneficiará prontamente con su inversión. Por qué mi familia no apoya, qué pasó con mis ahorros, qué hice antes de ser un masterito en potencia, qué pretendo hacer de mi existencia después de los siguientes 18 meses, esto y todo lo que usted guste se podrá responder con una presentación en privado de esta posible inversión para su negocio. 

Si desea conocer más sobre el proyecto, por favor comúniquese con nuestro ejecutivo por medio de un mensaje en esta vía.


Sé que faltaron los gráficos, las entonaciones y un research más profundo sobre las posibilidades de éxito, pero todo se vale. ¿Los convencí? Espero que sí (también espero sus depósitos)

martes, enero 3

363 días más

Se me  hizo tarde para la publicación de la tradicional lista de propósitos de año nuevo, ya sabemos cómo funciona: haré esto, seré fuerte para aquello, omitiré ser así y demás cursilerías y clichés que van de la mano con la constante mejora y perfectibilidad de la naturaleza humana.

Así que, en comparación con el año pasado que mi lista de 13 propósitos era más bien una bitácora de países que quería visitar y de los cuales me quedé a la mitad, además de que no me fui a hacer la maestría a Dinamarca como tenía pensado, pero tampoco estaba en la lista regresar con Elie, este año he decidido que el único propósito por los siguientes 363 días de este bisiesto año es que seré feliz como pueda y como tenga que hacerlo.

Algunos dicen que es más fácil andar de hablador para ser feliz pero que al momento de aplicarlo es mas bien complejo. Estoy en desacuerdo, es más fácil andar poniendo pretextos a lo pendejo para no disfrutar la vida que en verdad dejarse ir así, a lo bestia, por la libre.

Sí, quiero tener más dinero pero esa situación requiere de un chingo de esfuerzo aderezado con algo de suerte. También quiero que no me amarillen en la escuela, pero eso implica que le eche ganas, que no me confíe y que haga lo que tengo que hacer. Por supuesto que quiero estrenar coche, pero regreso al punto número uno para explicar la situación... sin embargo, si no me hago millonario este año, si me amarillan y no me compro un auto nuevo, puedo seguir siendo feliz.

Inténtelo. Vale la pena. Sólo son 363 días más.