A media noche te despierta un escalofrío reconocido. Hay un deje de sudor en la frente. Una humedad maldita en la piel. El aire se cuela por las sábanas enredadas. Los ojos avispados, la respiración entrecortada, el 'pum-pum-pum-pum' del corazón como percusión infame y esa imagen en la mente. Es sonrisa. Esa mirada, ese sonido, esa ausencia que te roba el aliento.
Te preguntas su origen. Su misticismo. Su realidad. Y la tuya. La espias por todo los ángulos. Descubres que te atrae. Sabes que te hipnotiza. La quieres más. Te gusta, aunque lo niegues. Maldita, te repites.
Cierras los ojos de nueva cuenta. Te pones de lado. Piensas en pensar. Sientes en sentir todo menos ese ajetreo en el pecho, esa incertidumbre en la boca del estómago. Abres los ojos y ves al infinito con tal de no revivir esa imagen. Te descubres saboreando su blasfemia. Te sientas y prendes un cigarro.
Fumas una, dos, tres y cuatro bocanadas al hilo. El nervio se apodera. Esa mirada, esa calma tan secreta. El hallazgo del día. La libélula. Apagas el cigarro a medias, te sientas ante el piano, lo acaricias, suspiras, lo vibras y sientes. Esa octava define el poder, ese acorde entiende tu angustia, esa caída interpreta el conjunto.
El ritmo disminuye. Te recuestas otras vez. Jamás aceptaras la sensación en público, pero sabes que es cierto. Susurras por últimas vez el gusto que le tienes.
Cierras los ojos.
Sonríes.
Te sabes vulnerable, sólo esta noche. Tal vez mañana también.
lunes, febrero 14
lunes, enero 31
Las mujeres, los 30 y mi estrés
Me acerco estrepitosamente a los 30.
La vida cambia radicalmente y esto lo escribo mientras aún veo vertiginoso el porvenir de los 28 (nooooot, 27 aún) a los 30. Seguro me reiré de esto pasado mañana. Quizá mi filosofía postpuberta-preadulta me de la razón. O llegue alguien de 3o a darme un zape, tratarme como niño-adulto-contemporáneo y decirme: ¡relájate!, es la vida haciendo lo suyo. Me disculpo de antemano si alguien se siente ofendido (espero que no).
Pero no puedo negar el temor que me da alcanzar los 3o y todo lo que la presión social dice que tengo que hacer o debería estar haciendo, o se me fue el tren para hacer. Es probable que esta sea la reacción instantánea al café vespertino, a recordar que el fin de semana hablamos de la década de los 30, la muerte de los tes y el precio de los anillos de compromiso. Es probable que todo este texto no tenga sentido alguno. Pero me estresa.
Hace 15 años, las mujeres me atraían porque su cuerpo comenzaba a desarrollarse, no era propio de una mujer, pero dejaba de ser una infanta, era más bien el morbo de la hormona, del hallazago, del pecado transformando la inocencia. Pensar un cuerpo robustecido, me daba pereza, incluso asco: 'demasiado de todo... quizá un tanto flácido', me decía. Me negaba a todo lo que no fuera contemporáneo
Hace 7 años las mujeres tenían que ser de mi edad, poco más grandes, poco (mucho, muy poco) más chicas. Más grandes no porque estaban viejas, dejadas y aburridas. Más chicas, eran una niñas que requerían aún de biberón. Sin embargo, las pequeñas eran demasiado rígidas y las grandes -me parecía- no tenían qué ofrecer, sus experiencias eran, grosso modo, una probabilidad más en mi lista de jareos.
Hoy en día, la vida se perfila de otra manera. Las chicas me siguen aturdiendo, no porque quiera un biberón, sino proque requieren demasiada atención, las hermosas musas de mi edad -algunas- tienen el complejo del tiempo encima, el reloj biológico presionándolas y las más grandes: ahora sí, las de 30 lo tienen todo.
En mi caso, aún no pueden exigirme, sigo en lo tes. Pero me estresa. Sobremanera.
La vida cambia radicalmente y esto lo escribo mientras aún veo vertiginoso el porvenir de los 28 (nooooot, 27 aún) a los 30. Seguro me reiré de esto pasado mañana. Quizá mi filosofía postpuberta-preadulta me de la razón. O llegue alguien de 3o a darme un zape, tratarme como niño-adulto-contemporáneo y decirme: ¡relájate!, es la vida haciendo lo suyo. Me disculpo de antemano si alguien se siente ofendido (espero que no).
Pero no puedo negar el temor que me da alcanzar los 3o y todo lo que la presión social dice que tengo que hacer o debería estar haciendo, o se me fue el tren para hacer. Es probable que esta sea la reacción instantánea al café vespertino, a recordar que el fin de semana hablamos de la década de los 30, la muerte de los tes y el precio de los anillos de compromiso. Es probable que todo este texto no tenga sentido alguno. Pero me estresa.
Hace 15 años, las mujeres me atraían porque su cuerpo comenzaba a desarrollarse, no era propio de una mujer, pero dejaba de ser una infanta, era más bien el morbo de la hormona, del hallazago, del pecado transformando la inocencia. Pensar un cuerpo robustecido, me daba pereza, incluso asco: 'demasiado de todo... quizá un tanto flácido', me decía. Me negaba a todo lo que no fuera contemporáneo
Hace 7 años las mujeres tenían que ser de mi edad, poco más grandes, poco (mucho, muy poco) más chicas. Más grandes no porque estaban viejas, dejadas y aburridas. Más chicas, eran una niñas que requerían aún de biberón. Sin embargo, las pequeñas eran demasiado rígidas y las grandes -me parecía- no tenían qué ofrecer, sus experiencias eran, grosso modo, una probabilidad más en mi lista de jareos.
Hoy en día, la vida se perfila de otra manera. Las chicas me siguen aturdiendo, no porque quiera un biberón, sino proque requieren demasiada atención, las hermosas musas de mi edad -algunas- tienen el complejo del tiempo encima, el reloj biológico presionándolas y las más grandes: ahora sí, las de 30 lo tienen todo.
En mi caso, aún no pueden exigirme, sigo en lo tes. Pero me estresa. Sobremanera.
martes, enero 11
Hurra (SA de CV) (Inc) (Corp)
Ante la perspectiva de que su servidor, estando matrimoniado podría recibir más dinero en efectivo para su manutención y living expenses, me di a la tarea de buscar esposa. Es complicado. Qué digo, es estúpidamente difícil. Ya nadie cree en los sagrados valores del matrimonio arreglado.
Pensé en mi mejor amigo, un hombre con gustos refinados, excelente cocinero que ha recibido en diversas ocasiones este tipo de propuestas por mi parte, sin embargo, y muy a nuestro pesar, lo vimos inviable. La razón: la fundación que financia proyectos de vida fueras (fue a propósito) de México es de una asociación política conservadora que rechazaría la unión de dos hombres. Retrógradas.
Luego pensé en mi muchacha, le daría 25% del incremento de mi apoyo financiero a cambio de que se casara conmigo. El resultado también es inviable, mi muchacha -raro adjetivo- tiene 54 años y la boda, sólo por eso, sería rara. Entonces, persiguiendo el sueño europeo, la clase media perfecta, ser el miembro exótico en una sociedad igualitaria (no lo digo por mí) pensé en mis amigos y así, hacer la diferencia. Me explico:
Ber se casa... mejor no me caso y sólo consigo otro método de financiación estudiantil y además, así, no lo comparto. Bueno, el Chiquis, me acompaña en el arranque del viaje, la razón es porque además de hombre de mundo, a mí no me creerían mucho eso de ser mexicano y menos de vender tacos, a él sí, es una relación ganar-ganar.
La primer sucursal se abrirá en el campus de la Universidad de Aarhus. Cada taco se venderá en 80 centavos de euro y trabajara de lunes a viernes de 9 a 3 en primavera y verano, y de 10 a 2 en invierno. Será un éxito. El Chiquis recibirá un sueldo por su labor, pero la ganancia de la vendimia se dividirá entre el Convoy.
Ahora bien, El Dr. Pulposo se dedicará al financiamiento del proyecto, enviará a los arriesgados misioneros al otro lado del charco, pondrá los medios económicos para el lanzamiento del proyecto de tacos y se encargará de la expansión contundente de El Mexicano en sus primeras fase de franquicias exclusivas para mexicanos.
El Señor El-Ena se encargará de la exportación de nuestro producto básico, la tortilla y sus rellenos, así como las tradicionales canastas. Es más si encuentra cómo enviarlos congelados, mejor.
Mi Cariño impulsará la logística de envíos, recopilación de materias primas, así como del crecimiento no tan moderado en el viejo continente y la inauguración de las franquicias en toda las universidad de la zona continental e insular.
El señor Fritz Gordon hará el plan de marketing para conquistar europeos con tacos sudados y grasientos a .80 euros, con salsa verde, roja y guacamole (se cobrará .20€ extra por guacate). Si fuera poco, además, compartirá con el Dr. Pulposo y el Cariño la administración de tan ventajoso proyecto para beneficio natural del Convoy del Rock que bien podría llamarse Hurra Inc, Hurra SA o Hurra Corp.
El objetivo final es abrir un restaurante delicatessen, gourment y mega fresa en Copenhaguen pa vender como platillo único: 5 tacos de canasta por 50 euros, adornado con una hoja de perejil, más un Boing de Guayaba, por 8 euros por ser mexican curious.
Y todo esto salió porque me casaba. Quizá omitamos esa parte. Su servidor se dedicará a estudiar, hacer PR y lo que el Convoy le solicite.
Otros integrantes: Anders, el danés, verá la parte de los permisos en su país. El Mesie podrá documentar a los emprendedores mexicanos con el fin de recibir premios que paguen por nuestras ideas. La Hostil podría supervisar la receta perfecta de los tacos sudados. El Mostro reporteará y difundirá nuestros éxitos para escribir libros, casos de éxito, entiéndase harás las veces de PR. X quería casarse por puro negocio (sí, nomás la palabra me da miedo), la podemos llevar para abrir la segunda branch de Hurra SA, la venta de artesanías mexicas. El Kalito de Pan se encargará de la publicidad nacional y local.
Por su presencia también está la señorita G que hará un documental sobre el impulso que la venta de artesanías nacionales puede traer en México e intentaremos llevarlo a NatGeo, Discovery o en el peor de los casos, Animal Planet. La señorita M será la narradora oficial.
Pensé en mi mejor amigo, un hombre con gustos refinados, excelente cocinero que ha recibido en diversas ocasiones este tipo de propuestas por mi parte, sin embargo, y muy a nuestro pesar, lo vimos inviable. La razón: la fundación que financia proyectos de vida fueras (fue a propósito) de México es de una asociación política conservadora que rechazaría la unión de dos hombres. Retrógradas.
Luego pensé en mi muchacha, le daría 25% del incremento de mi apoyo financiero a cambio de que se casara conmigo. El resultado también es inviable, mi muchacha -raro adjetivo- tiene 54 años y la boda, sólo por eso, sería rara. Entonces, persiguiendo el sueño europeo, la clase media perfecta, ser el miembro exótico en una sociedad igualitaria (no lo digo por mí) pensé en mis amigos y así, hacer la diferencia. Me explico:
Ber se casa... mejor no me caso y sólo consigo otro método de financiación estudiantil y además, así, no lo comparto. Bueno, el Chiquis, me acompaña en el arranque del viaje, la razón es porque además de hombre de mundo, a mí no me creerían mucho eso de ser mexicano y menos de vender tacos, a él sí, es una relación ganar-ganar.
La primer sucursal se abrirá en el campus de la Universidad de Aarhus. Cada taco se venderá en 80 centavos de euro y trabajara de lunes a viernes de 9 a 3 en primavera y verano, y de 10 a 2 en invierno. Será un éxito. El Chiquis recibirá un sueldo por su labor, pero la ganancia de la vendimia se dividirá entre el Convoy.
Ahora bien, El Dr. Pulposo se dedicará al financiamiento del proyecto, enviará a los arriesgados misioneros al otro lado del charco, pondrá los medios económicos para el lanzamiento del proyecto de tacos y se encargará de la expansión contundente de El Mexicano en sus primeras fase de franquicias exclusivas para mexicanos.
El Señor El-Ena se encargará de la exportación de nuestro producto básico, la tortilla y sus rellenos, así como las tradicionales canastas. Es más si encuentra cómo enviarlos congelados, mejor.
Mi Cariño impulsará la logística de envíos, recopilación de materias primas, así como del crecimiento no tan moderado en el viejo continente y la inauguración de las franquicias en toda las universidad de la zona continental e insular.
El señor Fritz Gordon hará el plan de marketing para conquistar europeos con tacos sudados y grasientos a .80 euros, con salsa verde, roja y guacamole (se cobrará .20€ extra por guacate). Si fuera poco, además, compartirá con el Dr. Pulposo y el Cariño la administración de tan ventajoso proyecto para beneficio natural del Convoy del Rock que bien podría llamarse Hurra Inc, Hurra SA o Hurra Corp.
El objetivo final es abrir un restaurante delicatessen, gourment y mega fresa en Copenhaguen pa vender como platillo único: 5 tacos de canasta por 50 euros, adornado con una hoja de perejil, más un Boing de Guayaba, por 8 euros por ser mexican curious.
Y todo esto salió porque me casaba. Quizá omitamos esa parte. Su servidor se dedicará a estudiar, hacer PR y lo que el Convoy le solicite.
Otros integrantes: Anders, el danés, verá la parte de los permisos en su país. El Mesie podrá documentar a los emprendedores mexicanos con el fin de recibir premios que paguen por nuestras ideas. La Hostil podría supervisar la receta perfecta de los tacos sudados. El Mostro reporteará y difundirá nuestros éxitos para escribir libros, casos de éxito, entiéndase harás las veces de PR. X quería casarse por puro negocio (sí, nomás la palabra me da miedo), la podemos llevar para abrir la segunda branch de Hurra SA, la venta de artesanías mexicas. El Kalito de Pan se encargará de la publicidad nacional y local.
Por su presencia también está la señorita G que hará un documental sobre el impulso que la venta de artesanías nacionales puede traer en México e intentaremos llevarlo a NatGeo, Discovery o en el peor de los casos, Animal Planet. La señorita M será la narradora oficial.
lunes, enero 10
El 'menú' en el que me convertí
Solía ser un sofisticado menú de hasta 5 platos. Incluía desde el aperitivo, pasando por el pan, el tentempié, la ensalada o la sopa, el plato fuerte con su respectiva guarnición; no decepcionaba en el postre, los digestivos eran plenos y siempre el café al final, acompañado del tabaco, dejaban una sensación de plenitud. Así vendí las estrellas de mi cocina.
Por supuesto que no siempre el menú era por completo satisfactorio, los sabores ralos, las texturas diferentes, la combinación de ingredientes como pasión con desdén, de intensidad con ignoracia, no son del gusto de todos... pero si únicos, novedosos y diferentes. No me jactó de inventar el hilo negro, pero sí de preparar excelentes entradas, suculentas ensaladas, deliciosos platos fuertes, ingeniosas guarniciones y relajantes postres.
La triste realidad es que aunque las mujeres (desde ahora comensales) lo nieguen y se digan abiertas, seguras y conscientes de las realidades, ellas quieren seguridad, certeza. Buscan un menú completo y no la sapiencia de un bocado que les puede gustar pero no volverán a tener.
Al darme cuenta de cómo en últimas fechas los comensales me huían luego de probar la ínfima parte de lo que puedo ofrecer, la conclusión final es que dejé de ser un main course, como un jugoso filete a la pimienta con puré de papa y ensalada rusa. Es más ya ni me acerco a una pechuga asada con ensalada de lechuga mal lavada con dos rodajas de jitomateme. Para los comensales ahora soy un canapé debido a mi futuro. Ellas lo dicen. Ellas prueban. Ellas lo prefieren así.
La conclusión es que ahora soy un canapé. Sí, delicioso.
Que se puede chiquitear, pero no abusar de él.
Suculento.
E incompatible con un menú completo.
Soy lo que se sirve cuando se trata de la casualidad. Por un anhelo invisible, ahora me ofrecen antes de que 'llegue lo bueno'. Sin embargo, ante la estacionalidad presente, he decidido no ser un canapé sino un menú de degustación.
Ya que la circunstacia limita por completo la capacidad de la cocina para atender a un comensal de la manera en que se merece, como lo desea y dejando que la experiencia en el servicio hable por si misma, podremos atender varias con un menú de degustación. Va todo. Es todo. Pero no es nada.
Lo mismo, en pequeñas porciones, que no comprometan el apetito, pero si dejen una buena experiencia.
Trabaja orden...
Por supuesto que no siempre el menú era por completo satisfactorio, los sabores ralos, las texturas diferentes, la combinación de ingredientes como pasión con desdén, de intensidad con ignoracia, no son del gusto de todos... pero si únicos, novedosos y diferentes. No me jactó de inventar el hilo negro, pero sí de preparar excelentes entradas, suculentas ensaladas, deliciosos platos fuertes, ingeniosas guarniciones y relajantes postres.
La triste realidad es que aunque las mujeres (desde ahora comensales) lo nieguen y se digan abiertas, seguras y conscientes de las realidades, ellas quieren seguridad, certeza. Buscan un menú completo y no la sapiencia de un bocado que les puede gustar pero no volverán a tener.
Al darme cuenta de cómo en últimas fechas los comensales me huían luego de probar la ínfima parte de lo que puedo ofrecer, la conclusión final es que dejé de ser un main course, como un jugoso filete a la pimienta con puré de papa y ensalada rusa. Es más ya ni me acerco a una pechuga asada con ensalada de lechuga mal lavada con dos rodajas de jitomateme. Para los comensales ahora soy un canapé debido a mi futuro. Ellas lo dicen. Ellas prueban. Ellas lo prefieren así.
La conclusión es que ahora soy un canapé. Sí, delicioso.
Que se puede chiquitear, pero no abusar de él.
Suculento.
E incompatible con un menú completo.
Soy lo que se sirve cuando se trata de la casualidad. Por un anhelo invisible, ahora me ofrecen antes de que 'llegue lo bueno'. Sin embargo, ante la estacionalidad presente, he decidido no ser un canapé sino un menú de degustación.
Ya que la circunstacia limita por completo la capacidad de la cocina para atender a un comensal de la manera en que se merece, como lo desea y dejando que la experiencia en el servicio hable por si misma, podremos atender varias con un menú de degustación. Va todo. Es todo. Pero no es nada.
Lo mismo, en pequeñas porciones, que no comprometan el apetito, pero si dejen una buena experiencia.
Trabaja orden...
miércoles, enero 5
De la paciencia y otras virtudes que no tengo
Supongo que ser paciente no es precisamente quedarse sentado en una sala de espera a que un médico nos revise. O a que algún burócrata pendejo se digne a quitar la torta de salchica de su escritorio para hacerte caso. Quiero creer que ser paciente tampoco va de la mano con la terrible espera de la adolescencia para tener sexo (aquí también podría ser prudencia). Es muy probable que ser paciente no esté directamente vinculado con ver a tus padres, cuando eres un hombre grande de 14 años, mientras te sermonean sobre los peligros de la vida.
Es más, la RAE con sus idioteces últimas, dice que la paciencia es: la capacidad de soportar o padecer algo sin alterarse pasando por un banco del coro para cerrar con un tipo de bollo. ¿Dónde quedó la virtud? ¿el poderío? ¿la calma? Supongo que ser paciente implica no ver mi correo cada 10 minutos esperando una respuesta que se llegará en mayo. Ser paciente, grosso modo es, entonces recibir la acción del verbo...
Que complicado es esto de ser virtuoso.
Como virtud la paciencia es la calma ante los males, pero además, no es sólo la pasividad ante el mundo maligno que nos pisotea cotidianamente, sino apela a la fortaleza, la dignidad y otras pendejadas del tipo psicología new age para la autoayuda personal. Insisito, las virtudes, cómo los vicios, se deben trabajar, pero porque ser virtuoso no es un poco más fácil, como fumar, beber, mentir, jugar, apostar, follar y demás. Empero, a mi favor, la paciencia es una virtud pinchurrienta, nada de aquellas cardinales.
Por otra parte, la prudencia... oh la prudencia es parte de mi talón de Aquiles. Junto con las mujeres, los vicios, los excesos, los libros y el buen vino. También con un poco de Jack Daniel's, un toque de drama, un mucho de pasiones descarriladas y ... otras virtudes que no tengo. En fin, la prudencia significa 'tener buen juicio, además de la capacidad de comunicarse con los demás por medio de un lenguaje claro, literal, cauteloso y adecuado, así como actuar respetando los sentimientos, la vida, y las libertades de las demás personas'... ¿hueva no?
Entonces ahora entiendo por qué dejé de ser virtuoso cuando tuve consciencia de lo difícil que es ser cauteloso, hablar directamente, sin sentidos alternos.
Para mi desgracia ahora tengo que practicar las virtudes, al menos por los siguientes meses, para no volverme loco (un poco más) y que la paciencia, que he trabajado con mis vicios (como las mujeres) me llene y calme. Y la prudencia... bueno, sin comentarios.
Es más, la RAE con sus idioteces últimas, dice que la paciencia es: la capacidad de soportar o padecer algo sin alterarse pasando por un banco del coro para cerrar con un tipo de bollo. ¿Dónde quedó la virtud? ¿el poderío? ¿la calma? Supongo que ser paciente implica no ver mi correo cada 10 minutos esperando una respuesta que se llegará en mayo. Ser paciente, grosso modo es, entonces recibir la acción del verbo...
Que complicado es esto de ser virtuoso.
Como virtud la paciencia es la calma ante los males, pero además, no es sólo la pasividad ante el mundo maligno que nos pisotea cotidianamente, sino apela a la fortaleza, la dignidad y otras pendejadas del tipo psicología new age para la autoayuda personal. Insisito, las virtudes, cómo los vicios, se deben trabajar, pero porque ser virtuoso no es un poco más fácil, como fumar, beber, mentir, jugar, apostar, follar y demás. Empero, a mi favor, la paciencia es una virtud pinchurrienta, nada de aquellas cardinales.
Por otra parte, la prudencia... oh la prudencia es parte de mi talón de Aquiles. Junto con las mujeres, los vicios, los excesos, los libros y el buen vino. También con un poco de Jack Daniel's, un toque de drama, un mucho de pasiones descarriladas y ... otras virtudes que no tengo. En fin, la prudencia significa 'tener buen juicio, además de la capacidad de comunicarse con los demás por medio de un lenguaje claro, literal, cauteloso y adecuado, así como actuar respetando los sentimientos, la vida, y las libertades de las demás personas'... ¿hueva no?
Entonces ahora entiendo por qué dejé de ser virtuoso cuando tuve consciencia de lo difícil que es ser cauteloso, hablar directamente, sin sentidos alternos.
Para mi desgracia ahora tengo que practicar las virtudes, al menos por los siguientes meses, para no volverme loco (un poco más) y que la paciencia, que he trabajado con mis vicios (como las mujeres) me llene y calme. Y la prudencia... bueno, sin comentarios.
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