viernes, septiembre 9

Si fuera vino

Tomar un merlot permitirá, quizá paladear la uva con un deje de dulzura levemente satisfactorio adornado por flores silvestres. Un cabernet, tiene más consistencia, sabor y cuerpo pero tiende a provocar dolores de cabeza severos y a dejar un seco sabor de soledad en la boca. 

En lo personal prefiero un syrah. Ya sabes, suave, ligero con tenor y grandes aspiraciones: unas piernas bien definidas, certera caída y un cuerpo envidable, pero insisto, esa es sólo mi forma de sentir y ver una uva envidiablemente buena. Una con la que me identifico. Una que sabe a saber.

Hay quienes se irían por la garnacha, o pinot. Quizá la denominación de origen sirva de algo, pero en realidad, hasta ahora el mejor vino no es la mezcla de varias uvas sino la presencia intangible de cada una de ellas en cada olor, sabor y textura.

Así, algunas características que describiría podrían ser la amargura que aquí viene de origen, ya ves, tempestades, estrés cotidiano, pero al final el deje de dulzura prevalece cuando se sabe tomar.  Sin embargo, como al primer sorbo el golpe es duro, la boca queda seca y aturde de inmediato los sentidos, por lo que excusan de tomar más. Probablemente se trataría de una vid de color seductor, no rojos vivos, no morados perdidos, sí a una tonalidad siniestra, típica de una gran reserva, limitada; densa y oscura sin perder el carmesí de la pasión.

Una esencia de frutos salvajes protegidos con empeño en barricas de la madera más densa que exhalan un sabor a vieja guardia, de seguridad insalubre contra el aguerrido clima pasado. Una astuta fermentación que más bien se confunde con soberbia excesiva en su porte y aromas estudiados.

Pese a esto, el proceso de maduración ha surtido un efecto positivo. Tanta experiencia en cosecha, en prueba y error, esa guarda en profundas y frías cabas han logrado repulsar esa acidez. El último proceso de destilación limpia de imperfecciones, deslinda el recuerdo de la coraza y se permite respirar con cada nueva apertura.

La destilación es única por envase y se aprende de la última que fue degustada en beneficio de la propia calidad, la de beberlo y la de casa.

Y aún así, prefiero el syrah, es como es.

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