Empezó como oficio. Siguió como profesión y ahora se enfrenta a su último aliento y no encuentra cómo sobrevivir. Los juglares cantaban las hazañas y mal vivires de los héroes. Entonaban largas canciones para la posteridad y ensalsaban las proezas unos cuantos: buenos y malos sin discriminar.
Luego pasamos los panfletos, propagandas y gacetillas que sirvieron como plataforma dictatorial para retar al gobierno, discutir a larga distancia y mostrar cierta, inútil, libertad de expresión.
Llegó la época dorada de periodistas que sólo sabiendo letras y un álgido y cínico sentido de la vida, retrataban lo que sucedía en su mundo intentando sobrellevar la realidad con notas disruptivas y el eco de una queja social. Insititucionalizaron las letras. La imaginación quedó cuadrada a fórmulas de pirámides, de triángulos invertidos, de preguntas que sí deben responderse y ángulos multifuncionales para plataformas diversas. Ser periodista consiste en investigar lo que un editor dice bajo los parametros que su consejo editorial indica con una línea clara entre el interés del medio específico.
La libertad de expresión ya no existe. Quizá nunca lo hizo. Los periodistas están muertos, pero aún no lo saben, los que tienen el oficio son ya prostitutas -no por gusto- de sus líneas editoriales. Sus letras dependen del salario que reciben y sus palabras se venden al mejor postor... aún no sabiéndolo.
Las redacciones ahora pertenecen a ingenieros.
Sí, los periodistas no saben del negocio, lo acepto, pero sí de la pureza de lo dicho. Sin embargo, lo dicho no da dinero, es más, casi siempre lo quita. Los administradores reducen los gastos y matan los viáticos. Los periodistas quieren ir sin un centavo. Y, a pesar de todo, el contenido manda. Es el rey. Pero sólo es una figura discreta, supuesta y triste, existe porque sin él todo se iría abajo e intenta manterse a flote por el bien de lo que alguna vez fue. Ya todos son iReporters. Cualquier persona con un celular gana la primera plana. Ya cualquier conglomerado mantiene el contenido porque algo debe decir.. sin importarle qué.
Los grandes pilares del periodismo del siglo XX ahora no quieren contratar periodistas, quieren gente con otras especialidades: economía, política, adminsitración, psicología, artes, etcétera que 'medio' sepan escribir... dicen que es por la especialidad que requeire cada área en este mundo de hoy. La realidad es que es más barato. Y el rey, el contenido, muere acribillado por teclas que rompen la escritura. Por idealistas que no pudieron defenderse en su ramo.
El periodismo está muerto. Su heredero... es esto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario