Me han dicho que tengo un rojo oculto en mi ser, aunque siempre me he considerado más bien capitalista, pero aún no lo descubro. Quizá soy un social-capitalista.
Sucede que, por mal paso de la vida, un crudo desatento en la glorieta, un idiota que se atravesó frente a mí y una mala alineación de los astros, nos chocaron por atrás. Resultado: cuellos rectificados, medicinas para el dolor, relajantes musculares, placas y demás. Incluyo, aunque no me tocó, el via cruxis para conseguir una incapacidad en el infame seguro social.
Frente a la oficina, el SportCity muestra un gran moño blanco, luto por FM y todo el vuelco político que ha desatado, bien por ellos. No había entendido la razón hasta que, un hombre que no pudo más con la curiosidad, se acercó a mi novia a mí, que relajados fumábamos frente al periódico.
Señalando el exclusivo club-gimnasio-centro recreativo-fundidor de hormonas y proclive a la vigorexia, no dijo:
- Disculpen, llevo una hora aquí parado y he visto a más de 10 personas con collarín, ¿por qué lo traen, tratan de decir algo, es una especie de protesta?
- No, tuvimos un accidente. Contestamos al unísono.
El hombre se retiró consternado. Nosotros también.
Tal parece que los periodistas últimamente han sufrido de muchos accidentes automovilísticos o que usar collarín es, hoy por hoy, una forma de protesta contra los secuestros, la impunidad, la inseguridad. Irónico.