viernes, septiembre 11
martes, septiembre 8
Un final feliz
A la gente le gustan los finales felices. Disney ha viciado los cuentos que hizo caricaturas con el "y vivieron felices para siempre" cuando en realidad, el final de Blanca Nieves, Cenicienta y Bambi es completamente triste.
Agárrense que ahí les va la verdadera historia de sus cuentos de hadas: Blanca Nieves era violada por 7 mineros chaparritos y feos, Cenicienta no se casa con el príncipe porque una de sus hermanastras le deforma el pie y Bambi se convirtió en barbacoa nórdica. Sí, ya sé, eso no vende. Creo que debería tomar un curso de marketing.
Sin embargo, las noticias sí que venden y tampoco tienen un final feliz. En todo caso, son realistas y la realidad también vende. Si no, entonces porque hay tanto fans viendo Survivor, Big Brother o cuanta pendejada últimamente hay en los medios.
Está bien, confieso, voy a participar en un reality virtual y eso me tiene feliz aunque me vayan a destazar en público. A todos nos gusta un poco de morbo malsano, un deje de realidad alegre, pero es una ironía: mientras que todos queremos el final mágico de Disney, nos encanta ver sufrir a los demás.
Hasta Hollywood ya se dio cuenta de que el "y vivieron felices para siempre" deja lana por un ratito y por eso luego sacan la secuela de que la falacia de la felicidad eterna sólo duro un par de años y que es necesario entrar en nuevos conflictos para llegar nuevamente al punto de quiebra.
Dejo claro que no soy Scrooge, creo que podemos tener un final feliz. Pero también sé que alguien será infeliz y no porque deseé el mal, es porque es realista.
Me preguntan que por qué mis cuentos, novelas y narrativas no tiene un final feliz. Mi respuesta es bien sencilla: porque no existen.
lunes, septiembre 7
forceps
Mi cráneo tiene una forma rara. No es redondo, ni plano, ni nada de eso, de hecho sólo por el pelo parece que mi cabeza es común, pero pues no es así. Tiene una forma ovalada en la parte superior provocada por la presión de las paredes internas del cuerpo de mi madre que me lo deformaron gracias a mi necedad de encaminarme en el canal de salida del cuerpo de mi madre con dos meses de antelación.
La primera vez que me raparon, fuera de bebé, fue a los 10 años. Desde entonces, cual manda, me rapaba en las mismas fechas una vez al año. Sin embargo, no fue hasta hace un par de años que descubrí que en ambos lados, a la misma altura y distancia, tengo dos cicatrices muy feas en las que no me crece el pelo, son las marcas de los forceps.
Tenía tanta prisa en salir del vientre de mi madre que a la hora de la hora, no más no quería dejarme parir y tuvieron que aplicar la fuerza bruta para mostrarme el mundo. Pero eso no es todo, aún hay más: nací enredado en el cordón umbilical y había tirado el líquido amniótico con no se cuantas horas de premura. Total que todo mi cuerpo quería salir, pero a la hora de la hora, me estaba rajando y deseaba quedarme calientito dentro de Vic.
Todavía me duelen las cicatrices cuando me las toco, aunque casi siempre las tengo en el olvido.
domingo, septiembre 6
una más
Me mira altivamente. Ya no tiene argumentos, su dignidad se escabulle rápidamente en el silencio. Puedo dañarla, lo sé.
- ¿Qué vas a hacer entonces?-, me pregunta sin importarle la respuesta, sólo quiere terminar con la entrevista.
- Espero a una amiga que ya no ha de tardar en llegar-, le respondo como si nada.
- Es otra de tus putitas, ¿no?
- Sí, cómo tú-, le respondo.
Espero lo peor, una cachetada, que me escupa o de perdida que me mate con la mirada, parezco el ardido, pero en realidad soy un cínico. Una lágrima le escurre por el ojo, le corre el rímel, niega con la cabeza y da media vuelta.
Sigo con mi taza de café, no pasa nada. Sí, fue una más, una putita más.
jueves, septiembre 3
on any given thursday
No soy entrenador del equipo de Miami ni mi jefa es Cameron Díaz, tampoco me parezco a Al Pacino, pero como un jueves cualquiera, como hoy, te das cuenta de que seas quien seas, tarde o temprano tendrás que limpiar la mierda de un perro que se cagó en la puerta de tu casa, por más emperifollado que te encuentres.
También que un jueves cualquiera, como el actual, puede servir para pedir trabajo dónde uno no lo esperaba. Un jueves común es tan parecido como al anterior por el tianguis que se pone afuera de mi casa, el viene viene que se apaña los lugares de la calle pero que siempre reserva un lugar, de igual manera como que fumo igual que la semana pasada y que hoy se trata de un viernes chiquito.
'On any given thursday' uno puede hacer y deshacer como mejor le plazca... como hoy.
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