lunes, marzo 28

Desde el Caribe

Transmito desde Costa Maya, el último rincón de la Riviera Maya, aún en México. Dispongo a aventurarme en el mundo de los adinerados capitalistas para conocer su modus operandi y vivendi a bordo de un crucero con capacidad para 1,400 pasajeros. Pinta bien, de momento. Las fauna, principalmente latinos de ascendecia argetina, uno que otro español de España y una variopinta masa amorfa de mexicanos. La fauna local: completamente internacional. Desde el indonesio, pasando por el indio (de la India), la coreana, los brasileiros, uno que otro latino (de dudoso origen) y ya.

La flora es principalmente arcaica, salvo plantas plásticas de color percudidos, ambientación tipo 60 en el bar principal y comida gringa en un barco pensado para latinos. Mal estudio de mercado.

La llegada, esa fue una aventura. Con un café en la panza y un pan de esos carísimos del Starbucks despegué (a eso de las 8am ) luego de un beso apasionado por parte de mi mujer, bueno, no despegué. Me subí la avión y me bajaron del mismo, medidas de seguridad (me espanté) pero bueno, cuandos nos treparon cual reses al matadero, a la aeronave otra vez, volamos a Cancún, tuve uno de los aterrorizajes de mi vida y me enclaustre, ahora, en un camión terriblemente feo, para llegar a Playa del Carmen. Caminé por 20 minutos hasta el embarcadero del ferry. Me trepé a un barco que más parecía acorazado de guerra para ver a la gente sufrir, volver el estómago y llorar de desesperación por el picado mar que se nos atravesó. Aprendí que los vidrios deben estar tapados para que la gente no se maree. Llegué a Cozumel a eso de las 13 horas muerto de hambre. Subí al crucero del desamor a eso de las 15 horas. Mi hambre se incrementaba. Bebí café americano -americano literal, horroroso-, deglutí albondigas, roast beef, pasta, arroz con almendras y un par de panes rellenos de queso. Me limpié la garganta con un vaso de té negro sabor cococola sin azúcar. Dormí profundamente. Desperté y me encaminé al restaurante principal en el que, para mi sopresa, todo mundo se había emperifollado menos yo, que seguía con la misma ropa de caracter que todo el día. Cené esparragos salados, dos vasos de cerveza y mi plato fuerte, el helado, que nunca llegó.

Dormí hasta las 7 am. Hoy desperté en Costa Maya, mañana navegaré todo el día para el miércoles atracar en Jamaica. Les cuento entonces.

No hay comentarios: