jueves, marzo 31

Yeah, man!

El trabajo -sí, sufro en demasia, me llevo al Caribe, Jamaica para ser exacto en este día. La leyenda dice que se trata del lugar de agua y madera, mi guía de turistas justifica que lo mejor del mundo viene de esta pequeña isla con una población de 2.7 millones de habitantes. Me temo que se refiere a Bob Marley y a María, su segunda alegría y no comparto su visión a lo que Washington (el guía) responde sin miramientos 'No problem, man'. Sonreimos.

Hoy es 30 de marzo, dos fechas importantes y contrapuestas: por un lado el aniversario luctuoso de mi abuela, de mi tía y protectora durante tres dificilísimos años; 'on the other hand' celebramos los 56 años de otra protectora -diferente y abierta- que en su onomástico la aplaudo por sus formas tan bizarras pero abiertas.

Aprendí, en este importantísimo día que puedo tocar el piano en público otra vez y recibir ovaciones. Que hay aguas curativas. Que los esturios son espacios únicos e inmiginables. Que el barco en el que ahora viajo es pequeño contra el Allure of the Seas al que le cabe la población general de Forthmauth, Jamaica (6 mil pasajeros y 2 mil tripulantes, nomás). Entendí que caminar descalzo libera y relaja al cuerpo. Vivo que amo a mi mujer. Que todo con una sonrisa puede arreglarse y que el dólar gringo se cambia a 84 dólares jamaicanos, lo que representa una ironía, ya que la isla depende de la corona británica, pero su moneda va de la mano con los 'cerdos capitalistas que los mexicanos tenemos de vecinos'. Que una copa de vino tinto diaria es buena para el corazón, pero 3 ya no. Recordé que me quemo en rojo. Que Christel está bien y que Vicos también. Que me fascina lo que hago pese a las viciscitudes. Que nos perdoné el piano. Que quiero pasar mi vida con ella.

Recibí, a lo largo de una hora, la caída gravitacional más alegre de Jamaica en forma de agua turquesa, pura y fresca. Avancé, con un equipo de desconocidos, ahora gente apasionada y diferente con la vida, por un camino nuevo en el que nos apoyamos indiscriminadamente y nos diversificamos cuando la aventura se superó. Entendí que la vida es un ir y venir, así como la marea sube y baja, nuestras circunstancias en ocasiones se transforman por un maremoto así como por un temblor; pero nos erguimos, alzamos la cara y damos el siguiente paso. Que cuando la miro se me llena el alma y quiero ser aún mejor.

Que despeinado me siento niño y con el pelo largo recuerdo la libertad. Que puedo olvidarme del reloj y del grillete de RIM. Que dos frases sacan de contexto a la gente: 'yeah, man' y 'no problem, man'.

Que soy feliz.

1 comentario:

Unknown dijo...

Ber, no sabes el gusto que me da leer esa última frase: "que soy feliz". Eso es lo que, como amiga, puedo desearte. Que seas feliz hoy y siempre y a pesar del ir y venir de la vida.

Un beso.