lunes, octubre 31

Feminismo tendencioso

Me dispuse, junto con mi asesora vital, a hacer un profundo análisis de una revista femenina para estudiarla desde una perspectiva masculina y me sorprendí de lo que encontré. La víctima fue la Cosmo de este mes.

En efecto estoy a favor del empowerment femenino y cosas de esas, pero los artículos de la revista rayan en lo agresivo y... bueno, ahora llegamos a la cosificación de la mujer. Empecemos: casi todos los artículos tienen que ver con lo desgraciados, infieles y malos que son los hombres. Sí, somos así, pero momento, las mujeres también tienen cola que les pisen. Es más, vámonos con estadísticas: los mujeres son más infieles que los hombres.

Luego, 'qué pasa por su mente cuando pelean contigo'... por supuesto que no atendemos tanto a las discusiones, somos más bien pragmáticos, y aunque sí escuchamos, no lo hacemos cómo ellas quieren, pero el sentido que les dan a los textos raya terriblemente en satanizar al hombre, son tendenciosos y, por ende, terminan en fomentar un feminismo sádico, oscuro y libre de toda culpa. Qué no, en estos momentos de igualdad de géneros (del cual estoy medio en contra, pero luego escribiré de eso), las mujeres también deben aceptar sus culpas, tropiezos y cosas malas. Me indigné.

Si vemos una revista para hombres, H por ejemplo, se puede decir que cosifican a la mujer. Se convierte en un objeto de admiración y culto, además de perversiones modernas, y clichés machistas, pero no por eso la demerita... las revistas para hombres, con fotos y demás, elogian la belleza y hablan de cosas estúpidas pero no tiran la imagen que se puede tener. Entonces a que sí, entramos en un circunloquio de terrible pereza en el que las mujeres se quejarán de que la mostrarlas con poca ropa les quitan la dignidad, que usarlas como objetos de placer es terrible y el hombre dirá que no, que en efecto se trata de ponerlas en un pedestal y verlas como bienes arduos e intangibles y que para hacerlo, nos haremos mejores. Pero es darle vueltas.

A lo que voy es que, después de echar por tierra a los hombres hablando de sus complejos de Peter Pan, de lo incomprensibles que somos para con su género, las mujeres se cosifican -y objetivizan aún más. Esto es: 'Supera a su ex en la cama', 'Olvídate de tu ex... seduce a uno nuevo'. Aunque llamativos, los textos son para que seas justamente la chica que él quiere que seas olvidándose realmente de ser quien debes ser. Forman un feminismo en el que los hombres son el enemigo, pero al mismo tiempo, configuran a las lectoras para que sigan siendo objetos del mismo. ¿Quién las entiende?

Luego leo algo así como: 'qué tan celosa debes estar' ¡por favor! Si ella no estaba celosa, ya le estas dando armas para que arme panchos, para que vea moros con trinchetes en cualquier lugar y para que finalmente, el hombre se convierta en el enemigo. Si el feminismo predica con la igualdad, que no entonces la mujer y el hombre deben ser pareja (de parejos).

El feminismo tendencioso es peligroso, se convierte en feminismo crítico y cae en el anarco feminismo en el que la lucha de géneros continuará, y más aún, si las propias mujeres se cosifican, antes de dignificarse plenamente. 

Mi asesora dice que me ardí. ¿Será?

miércoles, octubre 19

Cuidado con tus obsesiones

Se sienta en el diván y empieza a hablar. Me habla de una persona que sólo existe para él, alucina, considero. Aquí su relato:

Ella es la pesadilla de un lustro y la luz del mismo. Es la idea que asesinaba la esperanza de un bien mejor y la suicida de sí misma. Cada noche, cada día, ella acechaba el momento para apasionarse otra vez con una idea tan virulenta como enfermiza. 


Se apiadaba con distracciones pero siempre latente, recordaba la pasión. Perturba el ánimo. Ella trastornó el mundo para hacer de cualquier intrimisión un ente adictivo para su beneficio, alimentándose de ilusiones para convertirlas en una red que le permitía sobrevivir. Su tenacidad me mata cada segundo pues se resiste a irse. Pensé que al encontrarle distractores ya no estaría más, pero no, el distractor era una nueva relaciónq ue podía hacer para conmigo y acabé por dejarla fluir. Suponía que así me dejaría en paz. Si no la molestaba, ella no me molestaría a mí. Quedaríamos en una relación de pertenencia lejana, de respeto mutuo, sin embargo, ella no lo respetó. 

-¿Cómo empezó esto?- pregunté con plena sinceridad.

Un día llegó de la nada, arremolinada y devastó por completo mi pensamiento. La dañaba para alejarla, pero de cada herida inflingida, ella se sobreponía y se hacía más fuerte. Le decía que se fuera, que me dejará en paz, pero no quería. Y yo le permitía quedarse. Hacía su voluntad a medias. Si ella decía que la pensara, me negaba, pero en el proceso de negación, la pensaba por no pensarla. Empecé a verla en cada momento, hasta que, como te dije, la deje a su aire. Fue cuando empezó a mejorar todo, su resistencia fue bajando, pero ahora era yo quién me negaba dejarla ir. 

-¿Quién es ella? -inquisité realmente sorprendido.

La idea -respondió él.  La idea fija de tenerla, de amarla, de volver. La obsesión. 

-Cuídate de tus obsesiones- le pedí, ahora asustado.

No, ya no. Porque la idea se fue. Pero ella, la verdadera, volvió y esa era, de principio, la idea. Cuídate de tus obsesiones, porque entonces, las haces realidad. 

Sonrío y se fuE -La obsesIón. dejó El camino abierto para la compulsión (la pasión e inclinación por alguien). Por ti.

sábado, octubre 1

Ser normal

Ahí me tienen sentado. Después de pie. Ahora me acerco al mostrador mientras veo como una señora -también frente al mostrador- de mediana edad, ataviada como wannabe ejecutiva, con un acento de esos posh que últimamente se escucha entre los crecientes humanoides que trata de diferenciarse 'de la plebe'.

La acompaña su hija quien hace hasta lo imposible porque su progenitora le de un upgrade a su iPhone 3. La madre -intuyo- vive bajo mucho estrés. Le habla golpeado a su hija, la trata mal y la niña sigue sonriendo, trata de convencerla de que le cambien su teléfono celular. La señora se niega.

Me atienden y pido que revisen mi móvil. La respuesta llega inmediatamente, no saben qué tiene, lo mejor  será dejarlo a revisión. Sonrío y agradezco sus atenciones. El técnico me dice que hará una prueba inmediata para diagnosticar la situación. Una mirada penetrante me ataca. Cuando volteo, dicha mujer alzada tiene cara de sorpresa y, sin ton ni son, dice:

-¿Por qué estás tan feliz? Eres la primer persona que conozco que deja se celular con una sonrisa en la cara. Ash.

Le sonrió pues no tengo razones para estar molesto, el teléfono está jodido y no me hará mucho bien enojarme.

La mujer ataca de nuevo.

-¡¿Por qué no puedes ser una persona normal y estar de malas?! ¿Qué te crees? Ash.

Su hija se ríe. Los empleados del mostrador bajan la cara para reír también.

Pienso que la señora es la anormal y no se da cuenta que su arranque de furia nos regala un poco de felicidad. Quizá tuvo un mal día, pero más bien me parece que se la ha olvidado el otro parámetro de ser normal. Ese de fluir. Ese que su hija mantiene. Ese que espero recupere antes de que la saliva le sepa a metal y su sonrisa fingida la trabe como muestra de insensatez.

Mi celular no pereció. Ni qué hacerle. Me despido diciéndole a la señora que sea feliz.

Hace algún tipo de aspaviento extraño, como diciendo que no le interesan mis nimiedades. Es normal que los aparatos se descompongan. Es normal que haya gente triste.

Qué es ser normal, me pregunto mientras escucho como la señora le alza la voz a su hija.

sábado, septiembre 17

Masteritos de Pavlov

El condicionamiento es una de las estrategias más antiguas para repeler lo que es considerado mal comportamiento o fomentar ciertas actitudes en nuestros círculos. Además, todo en nuestra vida es condicionado. Desde niños: 'si no tiendes tu cama no sales a jugar', entonces ahí vas a tender tu cama y finalmente acabas siendo un poco ordenado para poder tener un rato de libertad.

Cuando estás en la pubertad todo es condición de algo más, si tienes barros eres repelente, por ende te cuidas; si no tienes dinero no vas al cine; si no ayudas en casa no sales, si no esto, no aquello. Los papás te lo traducen como una simple y sencilla negociación, pero va más allá de eso. Ellos tienen el poder de que hagas lo que quieren que hagas muy a tu pesar y acabas modificando tu voluntad. Así como todos lo hacemos con los demás.

Ya más entrado en la adultés contemporánea, los condicionamientos siguen y cada vez peores: si no llevas suficiente a casa, no hay pleasant time, si no tomas tu café de las seis de la mañana tu movimiento intestinal se atrofia y por ende tu día. Es odioso.

Ahora, el colmo es cuando una sifuciencia de seres humanos, maduros, los futuros líderes de sí mismos son condicionados por una campana puntual, certera, uniforme y condicionante. Ahí tienes a 80 y pico individuos esperando con ansias el momento de descansar, de fumar, de estirar las piernas luego de incontables conocimientos adquiridos en sesiones de 80 minutos promedio para verse histerizados por un sonido peculiar al cual deberán adaptar su vida por los siguientes 22 meses.

Un repiquetear lejano indica la hora de seguir alimentando la mente, de seguir hambreando su sed de grandeza, de entrar a un aula tipo estadio para continuar con su aprendizaje experimental. Somos como ratas en un laberinto, como perros de Pavlov, pero en humanos. Nosotros no salivamos con el sonido, sólo nos estresamos, nos miramos con frenesí y corremos al salón a sabiendas que tenemos cinco minutos más para disfrutar. El laberinto es mental, es un juego de terror donde las marañas y caminos se crean dentro por un interlocutor ajeno. Un intruso que toca la campana.

Me parece interesante -y divertido- que siendo autónomos, personales y autosuficientes dependamos de un sonido para que nuestros níveles de alerta aumenten. Sabemos que tenemos tiempo extra, pero no, ahí vamos corriendo a sentarnos y mostrar nuestras ganas de más... ¿martirio? ¿sapiencia? ¿conocimiento? ¿experiencia? ...lo que sea. Me incluyo en el terror de aquel sonido. Me gusta, pero me asusta.

En fin, estudiantes de MBA dependemos de una campana. Sabemos lo que significa... ¿qué sería de nosotros sin ella? Seguro habría otro terror.

Somos masteritos de Pavlov. (gracias Cris por la terminología)


viernes, septiembre 9

Si fuera vino

Tomar un merlot permitirá, quizá paladear la uva con un deje de dulzura levemente satisfactorio adornado por flores silvestres. Un cabernet, tiene más consistencia, sabor y cuerpo pero tiende a provocar dolores de cabeza severos y a dejar un seco sabor de soledad en la boca. 

En lo personal prefiero un syrah. Ya sabes, suave, ligero con tenor y grandes aspiraciones: unas piernas bien definidas, certera caída y un cuerpo envidable, pero insisto, esa es sólo mi forma de sentir y ver una uva envidiablemente buena. Una con la que me identifico. Una que sabe a saber.

Hay quienes se irían por la garnacha, o pinot. Quizá la denominación de origen sirva de algo, pero en realidad, hasta ahora el mejor vino no es la mezcla de varias uvas sino la presencia intangible de cada una de ellas en cada olor, sabor y textura.

Así, algunas características que describiría podrían ser la amargura que aquí viene de origen, ya ves, tempestades, estrés cotidiano, pero al final el deje de dulzura prevalece cuando se sabe tomar.  Sin embargo, como al primer sorbo el golpe es duro, la boca queda seca y aturde de inmediato los sentidos, por lo que excusan de tomar más. Probablemente se trataría de una vid de color seductor, no rojos vivos, no morados perdidos, sí a una tonalidad siniestra, típica de una gran reserva, limitada; densa y oscura sin perder el carmesí de la pasión.

Una esencia de frutos salvajes protegidos con empeño en barricas de la madera más densa que exhalan un sabor a vieja guardia, de seguridad insalubre contra el aguerrido clima pasado. Una astuta fermentación que más bien se confunde con soberbia excesiva en su porte y aromas estudiados.

Pese a esto, el proceso de maduración ha surtido un efecto positivo. Tanta experiencia en cosecha, en prueba y error, esa guarda en profundas y frías cabas han logrado repulsar esa acidez. El último proceso de destilación limpia de imperfecciones, deslinda el recuerdo de la coraza y se permite respirar con cada nueva apertura.

La destilación es única por envase y se aprende de la última que fue degustada en beneficio de la propia calidad, la de beberlo y la de casa.

Y aún así, prefiero el syrah, es como es.