Eran casi las cuatro de la mañana. Fue la noche más tranquila que habíamos tenido los últimos dos meses, casi no había sentido dolor, no se había quejado. Aunque sus delirios eran constantes, se matuvo tranquila ese día. Todos decidimos darnos un descanso, dejarla con la enfermera. La cuenta regresiva parecía extenderse mucho, pero no tanto.
Dos días antes, en ataque de dolor o histeria o quizá parte de los dos, la abracé. Para ser una mujer desahuciada tenía una fuerza sobrenatural -nada que me sorprenda, todos los aspectos de su vida eran así. Entre lágrimas mías de dolor emocional y suyos de dolor físico, le susurraba al oido que todo estaba bien tal y cómo estaba. Qué gran mentira. Pero yo también necesitaba aferrarme a algo, algo que la mantuviera cerca, que fuera un placebo. Ya no podía con la desesperación, me estaba ganando.
Fue un cáncer de un año; la gente decía "que al menos fue rápido". Rápido. Ellos no lo vivieron. Imbéciles.
A las cuatro y pico de la mañana un calor terrible se apoderó de mí. Estaba dormido en mi cama y sentí nauseas, me desperté con miedo, fui al baño pero ahora sólo una odiosa fiebre me hacía alucinar. Abrí la llave de la regadera, agua helada aliviaba mi pena, mi frustración, mi impotencia. Me acosté otra vez y no podía conciliar el sueño. Toc, toc, toc; tocaron la puerta. Ahí estaba: "Berni, es hora".
Cómo se enferentan estas cosas, sigo preguntando. Durante el mes de su falta de conciencia, la abrazaba, me negaba a despedirme, sigo sin hacerlo. No puedo, no quiero. Lloro. Te extraño, Vicos.
1 comentario:
No la conocí en vida pero sí de la forma que más me encanta conocer a las personas: por medio de la epicidad y leyendas que crea(ó) que llegan a mí por medio de sus cercanos.
"You will see each other again, but not yet...Not yet."
-Juba, Gladiator
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