martes, septiembre 1

el bar de confianza

Seguramente los amantes de la noche y del buen beber tienen un bar de confianza en el cual desahogar sus penas, un rincón en el cual fraguar futuros, compartir con amigos, develar misterios y siempre ser atendidos a bien. 

El bar de confianza se caracteriza por estar siempre en el mismo lugar, con la misma gente y con buenas relaciones con los meseros, cantineros y, por qué no, con el dueño y demás adeptos culturales. En mi caso, el bar de confianza siempre ha estado lo suficientemente cerca para poderme regresar a rastras -cosa que nunca ha sucedido, pero he estado cerca. 

Desde hace casi tres años, los manteles han cambiado una sola vez de tono y siempre han mantenido ese sabor de trattoria italiana en los cubremesas con un ligero toque de kilt escocés corriente. Queen, the Beatles, El Padrino y James Dean son los testigos de todas y cada una de las veces que el bar de confianza me ha abierto las puertas para liberar mis penurias, festejar cumpleaños, coquetear al aire libre y saborear la embriaguez de mis excesos. 

Si las paredes de ese lugar pudieran hablar seguramente dirían que... no sé que tanto dirían, pero me conocen en casi todas mi facetas, desde el sobrio cumplidor que toma limonadas hasta el briago más feliz que canta y baila Rasputín poco antes de clarear. Quizá contarían cómo me hice de amigos nuevos y reencontré a los viejos, comentarían de las despedidas que se fraguaron en un precopeo o de la necesidad de sus bajos precios a la que acudo. Es probable que haya bebido más de 5 veces del mismo vaso en ese tiempo, que haya consumido incontables (mili) litros de alcohol y que me haya enfrentado por primera vez en años a mi padre.

Ese minúsculo recinto de libertad se ha cobrado infinidad de quincenas propias y ajenas, ha atestiguado enemil circunstancias jocosas, lamentables y envidiables. En la mayoría de las veces me ha visto fundirme en un largo vaso de Jack con Coca en la siempre bienvenida compañía de mis falanges, aunque he de decir prefería los vasos cocteleros a los plásticos que hoy usan. 

En principio de cuentas llega el cervezco frío, radiante y lleno que se agota con el paso de las palabras, para después ofrecerse íntegro en un húmedo y largo trago de compañía. En festejos únicos, caballitos de un licor negro con apodo alemán se vierten con bebidas vigorizantes, o de mezcal con la misma pureza de un shoot azul para acabar con la sensibilidad de las manos en una ráfaga con llamas multicolor.

Tres trabajos han pasado por ahí, grandes historias de amistad, amor y desafío se han consolidado entre sus paredes, besos furtivos en algunos rincones, caricias ocultas entre los manteles... pero eso sólo es lo que yo he visto, en el bar de confianza.

Ya saben cuál, es mi bar de confianza.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo he estado ahi.... pero creo que nunca contigo, habra que vernos para tener una historia que contar.

Saludos y Salud.

March La Cinefila Desconocida dijo...

Es un buen bar... pero que me lleven mil rayos, prefiero lugares más nacionales como Los Remedios (pero cuando no es un antrazo para chavitos imberbes).

Me gustó tu descripción, me dan ganas de ir a ese lugar.

Shaman dijo...

No tengo mucho qué decir o agregar, simplemente, hay que ir para darse cuenta...

Mostro dijo...

como estar en casa