Es la misma monserga, eso de levantarse todos los días en la mañana. Muy en la mañana según mis estándares.
Durante casi ocho meses de mi vida -hace un año exactamente- me levantaba las 11 de la mañana. Los días se dividían en desayuno, internet, reflexiones, momentos mínimos dedicados al estudio, convivir con extranjeros-amigos, internet otra vez, lectura, té de manzana con canela 'a la inglesa', jugar squash y beber. Fueron los meses más ebrios de mi vida. Diario me tomaba al menos una cerveza, Carlsberg de preferencia.
Las noches con los amigos de intercambio consistían en pláticas de todo tipo: nuestras aspiraciones, sentimientos, emociones, anhelos y alguna que otra alución contra la nacionalidad de todos los ahí presentes. Me iba a la cama, mi pequeña habitación de 12 metros cuadrados con lavabo personal, a las 2 de la madrugada. Fui muy feliz, no tenía un horario específico, hacía y deshacía lo que quería sin una restricción de tiempo.
No me gusta levantarme temprano. Es una monserga, una desdicha. Empero, la regla social aplicada a la escuela, al trabajo y a casi todo es que hemos de despertar antes de que el sol aparezca. Que no saben que es antipedagógico, antilaboral y de hecho antisocial. Ver la cara de la gente con los ojos hinchados, lagañosos y medio cerrados no es agradable, pero todos invitan a verse, a llegar o pasar lista 'a la primer hora del día'.
Esta mañana me dije a mi mismo: mi mismo sí se puede. El despertador sonó a las 6:15 AM. La porra personal de Bernardo comenzó con ligeros canticos medio desafinados, parecían más bien un susurro y una caricia, un apoyo intrínseco de lo más profundo de mi mismo: '¡sí se puede!, ¡sí se puede!'.
Caminé hacia el baño, abrí la regadera -mentando madres- y pensando en lo incómodo que es no coordinar los movimientos en la mañana. Mientras una oscura nube cubría los ánimos matitunos, que de por si estaban jodidos, la porra alzó un poco más la voz -'¡sí se puede!, ¡sí se puede!'. Me regocijé, tengo apoyo inmediato cada vez lo que necesito. Si me quejo de algo, esa voz me da la razón. Cuando quiero que alguen me apapache la voz se acurruca en mi mente y me habla al odio: te quiero Ber. En fin, esta mañana y desde ya varios días, la monserga viene acompañada por el plus de mi fiel porra. Me siento no tan pesimista por tenerme que despertar temprano.
Estoy preocupado, no se si esta auto-ayuda inconsciente me está haciendo bien o es la antesala al diván del psiquiatra que me diga lo esquizofrénico que soy. Lo que sea, las voces son buena compañía y logran que despierte temprano. Sí se puede.
3 comentarios:
Estimado Ber, dicen por ahí que si oyes una voz interna, es tu conciencia y eso es bueno. pero si oyes muchas voces en tu cabeza, es necesario que hagas una visita al psiquiatra o por lo menos sigue tomando una cerveza diaria para que no molesten.JAJAJAJA, muy bien por tu blog
eso o tener un despertador de motocicleta que te dé lata hasta que te levantes!
Dejemos a Natalia fuera... ;)
b
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